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domingo, 16 de junio de 2013

Mapache: el engaño de lo aparente


Ese antifaz de caco bonachón
y travieso es un truco:
no os equivoquéis,
huid, huid.

Detrás de él se agazapa
el mayor de los asesinos.

De Casi humanos (bestiario), 2001

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Narvales


Como todos los seres con cuernos
son objeto de la humana codicia.
Llamadas unicornios de los mares,
no son más que amables ballenas
amantes de las profundidades
y enemigas tan sólo de las sepias,
de las cuales se alimentan.

Por dos motivos bien distintos
-su carne en un caso, su cuerno
(en rigor, un diente anómalo y excesivo) en otro-,
los esquimales, las orcas,
las odian con ceguera.

De Casi humanos (bestiario) Germanía, 2001

jueves, 3 de mayo de 2012

Búho: la virtud de lo quieto


Nictálope, hierático
como un caballero inglés
de otro siglo, el búho trata
de no perder jamás la compostura

(ello podría alertar a sus presas)

martes, 31 de enero de 2012

Bestiario de Rexroth


Ciervo

Los ciervos son tiernos y elegantes
Y tienen ojos bellos.
No hieren a nadie sino a sí mismos,
Los machos, y sólo por amor.
Los hombres han inventado varias
Miles de formas de matarlos.


León

El león es llamado el rey
De las bestias. Hoy en día hay
Casi tantos leones
En jaulas como fuera de ellas.
Si te ofrecen una corona, recházala.


Buitre

Santo Tomás de Aquino pensó
Que los buitres eran lesbianas
Fertilizadas por el viento.
Si buscas los hechos de la vida,
Los intelectuales papistas
Pueden ser de muy poco fiar.


Kenneth Rexroth
A bestiary (1956)

sábado, 27 de agosto de 2011

La filosofía del puma


Para Miguel Ángel Lama



A enemigo que huye,

zarpazo en el lomo.

sábado, 8 de enero de 2011

Haiku de los estorninos



A picotazos,

maduran en el aire

los estorninos.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Onagro, lobo, toro



Abstinencia. Cuando el asno salvaje vaya a beber a la fuente y encuentre turbia el agua, por mucha sed que tenga, se abstendrá de beber y esperará a que el agua se aclare.




Castigo. Cuando el lobo penetra cautamente en un establo y pone por acaso el pie en falso, causando ruido, se muerde el pie para castigar su error.




Locura. Como el toro salvaje odia el color rojo, los cazadores se valen de este ardid para vencerlo: envuelven el tronco de un árbol con un paño rojo; el toro atropella con gran furia, clavando sus cuernos en el tronco, y esto permite a los cazadores matarlo a mansalva.

Bestiario Leonardo Da Vinci

sábado, 6 de noviembre de 2010

Madrigal de los tigres


Dame la línea negra de tu pecho de hembra,
la luz naranja de tu ternura salvaje.
Oculto bajo la fronda te acecho
con restos de carne entre las garras.

Cuando te encuentre tendremos
muchas camadas de cachorros.


De Casi humanos (bestiario)

miércoles, 13 de octubre de 2010

El axolotl (o ajolote)


Para Carlos Medrano, que ha vuelto a traerlos a mi vida.

Hace unos días, a raíz de su comentario -un "álogo"-a una de las entradas de este blog (“2 poemas sobre manatíes”), un buen amigo trajo de nuevo a mi memoria un curioso animal del que hacía años no oía hablar: el axololt, o ajolote (Ambystoma mexicanum), un extraordinario representante de la familia de los anfibios, endémico de las cuevas, charcos y lagunas de México.

Cruzamos algún correo sobre el asunto (la fonética y grafía del nombre era distinta para ambos), y me envió un texto de Cortázar (que yo creía recordar en el “Bestiario de Aloys Zötl”, pero que resultó ser de “Final del juego”) donde este extraño batracio es el protagonista absoluto del relato.

Con su aspecto de entre pez y lagarto (sin ser ninguno de los dos) y sus curiosas características morfológicas (dedos con uñas, branquias exteriores como plantas de coral, ausencia de la muda de su piel, ojos sin párpados…), que pueden inducir tanto a la ensoñación como a la pesadilla, es un perfecto candidato para ser trasladado a la gran literatura.

Pero acaso su aspecto más característico es que pueden alcanzar la madurez sexual y capacidad reproductora sin variar su aspecto larvario, por lo que también se le compara con ese personaje literario que es Peter Pan.


Los aztecas le otorgaban la facultad de cambiar de forma para escapar de la muerte. Hasta qué punto sea esto verdad queda a la imaginación y la fábulo o a la credulidad en las leyendas. Lo que sí se sabe de cierto es que tiene la capacidad de regenerar partes de su anatomía externa e interna (cola, patas, ojos, incluso partes del corazón) en pocos días. De ahí, quizá, el mito indígena.

Por mi parte, y en justa correspondencia, hoy le dedico esta entrada sobre ajolotes encontrada en el “Bestiario” del gran Juan José Arreola.


El ajolote

Acerca de ajolotes sólo dispongo de dos informaciones dignas de confianza. Una: el autor de las Cosas de la Nueva España; otra: la autora de mis días. ¡Simillima mulieribus! exclamó el atento fraile al examinar detenidamente las partes idóneas en el cuerpecillo de esta sirenita de los charcos mexicanos.
Pequeño lagarto de jalea. Gran gusarapo de cola aplanada y orejas de pólipo coral. Lindos ojos de rubí, el ajolote es un lingan de transparente alusión genital. Tanto, que las mujeres no deben bañarse sin precaución en las aguas donde se deslizan estas imperceptibles y lucias criaturas. (En un pueblo cercano al nuestro, mi madre trató a una señora que estaba mortalmente preñada de ajolotes).
Y otra vez Bernardino de Sahagún: “… y es carne delgada muy más que el capón y puede ser de vigilia. Pero altera los humores y es mala para la continencia. Dijéronme los viejos que comían axolotl asados, que estos pejes venían de una dama principal que estaba con su costumbre, y que un señor de otro lugar la había tomado por fuerza y ella no quiso su descendencia, y que se había lavado en la laguna que dicen Axoltitla, y que de allí vienen los acholotes”.
Sólo me queda agregar que Nemilov y Jean Rostand se han puesto de acuerdo y señalan a la ajolota como el cuarto animal que en todo el reino padece el ciclo de las catástrofes biológicas más o menos menstruales.
Los tres restantes son la hembra del murciélago, la mujer, y cierta mona antropoide.

 

Juan José Arreola (Bestiario)
Coda: Desgraciadamente, y como muchos otros de sus colegas del reino animal, estos fantásticos seres se encuentran en peligro de extinción gracias, cómo no, a la estupidez humana.

lunes, 27 de septiembre de 2010

2 poemas sobre manatíes



Ocaso de sirenas

José Durand desconfía
de quien emplee el adjetivo “libresco”
para oponerlo ¿a qué?: ¿a la ignorancia?

Todos somos cautivos de la ignorancia.
No tiene objeto fomentarla. Por otra parte,
la realidad está en los libros,
los atraviesa y los funda.

Así los conquistadores,
al llegar devorados por las novelas,
creyeron ver sirenas en donde sólo
retozaban los manatíes.

Bajo la inmensa noche Durand y yo
navegamos en busca de manatíes.
Y no encontramos ya ninguno con vida.

Hoy no existen sirenas ni manatíes.
Ha perdido el planeta dos fantasías.


José Emilio Pacheco
(El silencio de la luna)





Manatí

Su fealdad está más que recompensada.
Nunca ser tan poco agraciado
atesoró tan hermosos atributos.

Vive en las marismas del trópico
(los manglares),
allí donde crecen sin tasa
bejucos y árboles en el agua salada.

Profesan a sus crías un amor desmedido
y en esa época, de sus pechos
mana la leche más nutricia.

Pertenece tan notable animal al orden
de los sirenios y se ignora
el nombre que utilizan para citarlo
los indígenas de la zona.


Elías Moro
(Casi humanos (bestiario)

domingo, 29 de agosto de 2010

Serpientes de agua



7. Megástenes me ha hecho saber que, en el Mar Índico, vive un pez invisible en vida, quizá porque habita en las profundidades, pero que sube a la superficie a su muerte. Quien lo toque se desmaya en un primer momento, para morir a continuación.
Si alguien pone el pie encima de una serpiente acuática, aunque no reciba ninguna mordedura, pierde la vida sin remedio, según afirma Apolodoro en su obra Acerca de animales venenosos, porque sostiene que con el mero contacto se produce la corrupción; por cierto, que a quien trata de curar o de cuidar al moribundo, sea como sea, le salen llagas en las manos, tan sólo por haber tocado a quien pisó una de esas serpientes. Aristóxeno narra que, cierta vez, un hombre dio muerte a una víbora con la mano y, a pesar de no haber recibido ninguna mordedura, perdió la vida; también agrega que la túnica que ese hombre vestía al matar al reptil se pudrió al cabo de poco tiempo.

Claudio Eliano
De natura animalium, Libro VIII

miércoles, 25 de agosto de 2010

Zánganos



9. Nacido entre las abejas, el zángano se esconde de día en el panal, pero por la noche, cuando las abejas reposan, invade el terreno en que ellas trabajan y se comporta como un vándalo en la colmena. La mayoría de las abejas duermen, por el mucho cansancio que experimentan, pero algunas montan guardia, de modo que cuando observan lo que ocurre, apresan al bandido, le dan una paliza más o menos leve y lo echan fueran de la colmena. Pero los zánganos no se corrigen ni siquiera de esta forma, ya que son holgazanes y glotones por naturaleza, es decir, doblemente desdeñables. El zángano escapa del panal y se esconde; más tarde, cuando las obreras vuelan en busca de alimentos, entra en la colmena y se aprovecha del tesoro dulcísimo para saciar su gula. Cuando las obreras regresan de sus tareas y ven a los zánganos entregados al pillaje, ya no se muestran condescendientes, sino que atacan con toda agresividad y ponen fin a la vida del inútil, que paga con su último aliento la voracidad sin límites, haciéndose pasible de una pena que nadie osaría considerar excesiva.
Esto cuentan los apicultores y yo creo en su palabra.

Claudio Eliano
De natura animalium, Libro I

lunes, 26 de julio de 2010

Ornitología

Para Ferrer Lerín, ornitólogo y poeta.


Si digo ave, pienso en cigüeña,
avestruz, ñandú, pingüino…








Pero digo pájaros, y el aire se llena al punto
de gorriones, petirrojos, mirlos, colibríes…





jueves, 15 de julio de 2010

Dos animales del agua




4. Incluso los peces son pacíficos y domesticables; se acercan con rapidez cuando se los llama y hasta aceptan la comida que se les da, como por ejemplo la anguila sagrada de la fuente de Aretusa. Se dice que una murena, cuyo amo era el romano Craso, había sido adornada con aros y collares de piedras preciosas, como si fuera una doncella; esa murena acudía al llamado de Craso, cuya voz reconocía; salía a la superficie y aceptaba de buen grado lo que su amo le presentaba, con rapidez y de buen grado, y se lo tragaba. Según se refiere, Craso lloró la muerte de la murena y le dio sepultura. Cierto día, Domicio lo increpó: “Desdichado, ¿lloras por una murena muerta? Craso replicó diciendo: “Yo lloro por un animal, mientras que tú ya enterraste a tres esposas sin llorarlas”.






Unos egipcios me refirieron que los cocodrilos sagrados son dóciles, que están domesticados y toleran sin inconveniente que sus cuidadores los toquen por todas partes, que mantienen la boca abierta cuando les limpian los dientes y les quitan las fibras de carne que les hayan quedado adheridas. También sostienen los egipcios que los cocodrilos tienen el don de augurar y lo prueban con este relato: Tolomeo (esos egipcios sabrán de qué Tolomeo se trata) llamó al más dócil de sus cocodrilos, que no hizo caso ni quiso comer lo que el amo le ofrecía; los sacerdotes estuvieron de acuerdo en señalar que el cocodrilo rechazó la comida porque había comprendido que el fin de Tolomeo se aproximaba.

Claudio Eliano
De Natura Animalium - Libro VIII

domingo, 27 de junio de 2010

2 antídotos



Mamba negra (1)

Su picadura es mortal.
Excepto si alguien, prevenido,
se unta con grasa de elefante
antes de hollar sus dominios.

En este caso,
la sierpe huye.






Alacrán (2)

Anticipo mortal es su danza.

Contra él y su ponzoña,
frotamientos de pólvora
y lavanda.


(De Casi humanos (bestiario) )

jueves, 3 de junio de 2010

Zoología (2 poemas)



Bisontes: los indios

De las grandes manadas
de siglos pretéritos,
tan sólo sobreviven
algunos ejemplares
libres por lástima en reservas,
zoos, parques naturales
y demás cárceles.

Cazados y cazadores,
unidos por el destino
hasta la última masacre.




Tucán

No más de tres o cuatro
aves, ciertos peces de colores
y algún exótico mamífero
podrían competir en belleza
con su pico imposible y excesivo.



Imagen bisontes: Jim Tew

domingo, 16 de mayo de 2010

Cabras

14. Sin duda, la cabra tiene gran pericia para poner remedio a esa película blancuzca de los ojos a la que los asclepíadas denominan cataratas, y, según se afirma, los seres humanos han aprendido de ella el modo de curar tal enfermedad.
El método es el siguiente: cuando la cabra advierte que su vista se entorpece, se acerca a un zarzal y se hurga los ojos con una espina; dicha espina pincha la superficie del ojo, del que se desprende el humor, la pupila no queda sentida ni dañada y el animal recobra la vista, sin apelar a los conocimientos ni a las curas de los hombres.

Claudio Eliano
De natura animalium - Libro VII


Cabra
Yo soy el animal que te alimenta,
el que pace mansamente y espía
los desechos que te engordan,
y soy terca y poseo la astucia
necesaria para engañarte.

Mis pezuñas aman las crestas
y allí, desde las rocas,
te miro con desafío
proclamando independencia.

Voy a la muerte sin miedo
y antes de morir te dejo
mi orgullo en el corazón.

El tercero de mis estómagos
se llama, curiosamente, libro. 

Elías Moro
Casi humanos (bestiario)

miércoles, 28 de abril de 2010

Hiena (Definición y poema)

Hiena. El perro soñado por Quasimodo, patrón laico de los jorobetas.
Este cánido salvaje, feo como un dolor y astuto como un banquero, emite una especie de sonido gutural, de risa macabra e inquietante que da bastante que pensar, pues es muy posible que esté riéndose de nosotros por anticipado mientras trama alguna sucia jugarreta de las suyas.




Cuarteto para hiena sola

Incierta la estupidez que aparenta
y la cobardía que se le atribuye.

Quasimodo de la sabana,
no logro entender de qué se ríe.

miércoles, 7 de abril de 2010

Camaleón



Camaleón

Como los hombres culpables,
troca su aspecto con el fin
de hacernos creer que él no ha sido.

Prudente hasta la exasperación,
con la mirada dispersa
en todos los puntos cardinales,
el negro es su color preferido
si se siente atacado por el pánico.

Es hermosamente incierto
que sólo viva del aire,
como afirman algunas leyendas.

jueves, 18 de febrero de 2010

Dos poemas

Justo enfrente de mí, mientras tecleo estas líneas, a través de la ventana veo la siera de Arroyo de San Serván con su copete de nubes compactas. Hoy llueve seguro. Es una predicción más fiable que la de cualquier instituto meteorológico. Si la sierra de Arroyo tiene copete, llueve en los alrededores como que me llamo Elías. Y sin saber bien por qué -no tiene nada que ver- recuerdo que hace un año, tal día como hoy, a esta misma hora yo tomaba café en un hotel de Granada momentos antes de partir a recorrer los pueblos de La Alpujarra en compañía del poeta Antonio Carvajal quien, por mediación de Jesús García Calderón, me había invitado a realizar una lectura de poemas en la Cátedra García Lorca de la Universidad de Granada. Bajamos de la sierra al mar, comimos en Motril -recuerdo con especial agrado una exquisita sopa de mero que aún enamora mis papilas-, y regresamos con tiempo de sobra para una siesta y un paseo antes de la lectura. En el salón de actos del Colegio Mayor donde me alojaba -un edificio del siglo XVI- leí, entre otros, estos dos poemas que ahora os traigo.

Serpiente

A ti te puse serpiente, te dí el frío en la mirada, te condené a vagar pegada a la tierra y te otorgué el privilegio de dar la muerte de golpe en una centésima de segundo

Por eso mismo, cada cierto tiempo tu piel te repele y te abandona, y te he negado también las lágrimas y el abrazo, te he partido la lengua para que no puedas aliviarte con la humedad de las palabras

Excepto tus hermanas del agua más letales y siniestras eres, de entre todas las bestias de tierra, la que más temores sucita



Otros

Ahora ya somos otros: acaso
como aquellos que envidiábamos
mientras sonaban las canciones de moda,
los que nos causaban espanto
con sus atuendos tan formales,
su exquisita educación para con las mujeres,
su manera de fumar en silencio,
aquel estilo de alzar la copa o sorber el café
que nos servía de diversión y burla
para toda la semana

habrá que resistir a esta mezquina
venganza de la memoria, a este dolor
como un cáncer en la conciencia,
a la lenta humillación a que nos somete esta edad
en que ya somos como aquellos otros
que en secreto despreciábamos