lunes, 6 de mayo de 2024

Hablar con extraños (35)



95. O gato o canario. Tuve que optar y opté por el gato que me garantizaba el silencio. Pero he perdido el amarillo dorado.

(En la Biblioteca Nacional de Madrid)


96. ¿Ustedes conocen a alguien más idiota que a un obrero de derechas?

(A Felipe Morente y a mí en el bar Heildelberg de Jaén)


97. Mire amigo, nosotros los rojos no podíamos ganar la guerra porque saltábamos una trinchera y nos hacíamos la señal de la cruz.

(En la inauguración de la Casa del Pueblo en Huelma, Jaén)






sábado, 11 de noviembre de 2023

Grulla del silencio

 


Sabida es la leyenda de la grulla que, temerosa de verse arrastrada por los fuertes vientos que rodeaban su nido, volaba de un lado a otro con una piedra entre las garras. Con el tiempo, aprendió a llevar esa misma piedras en su pico para evitar ser oída por sus enemigos, a los que un simple graznido hubiera bastado para atraer. Este símbolo de prudencia y anticipación se hizo justamente famoso entre nuestros antepasados, que inmortalizaron a la grulla con grabados y emblemas de toda naturaleza. Pero de la grulla de Anad nadie sabe que aprendió a guardar silencio y a volar contra el viento sin necesidad de piedra alguna. Al contrario, la guardó en su nido y durante días y noches aprendió a dialogar con ella en la más absoluta mudez, hasta que algo semejante al silencio creció en su interior como una piedra y creyó entrever una salida a su soledad desde el centro mismo de su soledad.

Jordi Doce

domingo, 13 de agosto de 2023

Hablar con extraños (34)

 


91. Antes de matar una gallina, mi mamá mataba primero un gallo. Tenía horror a la viudez.

(A Roberto Burgos y a mí una mañana de domingo en Bogotá)

92. ¿Doña Otilia? Yo conocía a Doña Otilia. Cuando joven bailaba muy bien, sobre todo bailes españoles. Ahora con 92... ¿92 me dijo? ¡Querida señora! Me encantaría peinarla.

(La peluquera de mi madre, en Buenos Aires)

93. Una coincidencia significativa sería que yo tuviera ojos verdes y usted rojos. Completamente. ¿Me capta?

(Una profesora de la escuela Garzón Agulla de Córdaba, Argentina)

94. Maldita lluvia. Me ha desteñido el sombrero.

(En Arbuniel, Jaén, un amigo de Juan Matres)


domingo, 21 de mayo de 2023

Gorrión íntimo

 



Entre las muchas aves que habitan los parques de la capital no es imposible advertir el vuelo recoleto y porfiado de este gorrión, cuyas alas abren un hueco en el aire, una espiral incipiente en la espiral del mundo. Como todos los gorriones, es ave de saltos bruscos y fugaces, apenas una mota que confunde las predicciones de la mirada. Pero lo que en verdad le distingue es su habilidad para ampliar la extensión del aire, perdiéndose en espesuras que él mismo desvela. Le gustan los bancos de piedra, los setos de aligustre, los columpios de madera tosca y atada con maromas: un triángulo que reproduce el triángulo de sus patas y en cuyo interior se mueve con tímida perseverancia. Su vuelo circular e impredecible abre caminos y rumbos, desovilla un cielo mínimo en el que incluso se vislumbran despuntes de azul, la semilla de un mundo dentro de este mundo. El gorrión vuela y el triángulo crece hacia dentro, se adensa y ahonda, es un pozo que sus alas exploran y ensanchan sin medida. Como si corriera el telón del aire, la estela de su vuelo lo oculta a nuestros ojos, que ya hemos aprendido a concebir la transparencia como una red de aleteos invisibles y superpuestos.

Jordi Doce

sábado, 8 de abril de 2023

Hablar con extraños (33)

 


88. ¡Qué grande es la matemática! Es tan perfecta como una chicuelina de Curro Romero.

(En Carmona, en casa de mi amigo Víctor Barrera)

89. Si sabe curtir, yo le regalo una piel de lagarto. Tengo una veintena de pieles de lagarto, macho y hembra. Me gusta más el color de los machos, es más profundo, más vertical.

(A Miguel Ángel Lama y a mí en la ciudad amurallada de Cáceres)

90. Había un cuadro que se llamaba "Rojo antiguo" y que era de Marcelo Bonevardi. Perfecto el título; no vi nunca un rojo más antiguo que ése. Yo tengo propiedades o si se quiere facultades para el conocimiento del color. A mí me dicen azul elefante y sé perfectamente de qué me están hablando.

(En el taller de Martha Viñals en Buenos Aires)

sábado, 25 de marzo de 2023

Tolstoi

 


Me acuerdo de que Tolstoi aprendió el oficio de zapatero remendón, que murió de pulmonía en la cama de un jefe de estación, y que su humilde tumba está excavada en la tierra, perdida en medio de un bosque en su amada Rusia.

jueves, 16 de marzo de 2023

Eructo

 


Eructo. Soez, y a menudo fétida, manifestación de una opinión mal digerida.

De naturaleza gaseosa, la contundencia del grosero sonido resultante durante su repentina y alevosa expulsión, se aproxima a la solidez de un tarugo apropiado para dar fin con él a cualquier debate o polémica por la vía rápida.


Canto XXIII (Tonino Guerra)



Esta mañana mi hermano iba buscando
algo en los cajones: ha hurgado
en el armario, en los bolsillos de las chaquetas,
de los abrigos, ha metido la cabeza y las manos
en la cómoda y lo ha sacado todo.
Ha puesto patas arriba incluso la cocina.
Iba de una habitación a otra
sin mirarme.
Cuando se ha puesto a escarbar en mi cama
le he preguntado: ¿qué quieres?
No lo sé. Primero buscaba un clavo,
luego un botón, después quería hacerme un café
y ahora quiero que tú me digas algo, 
aunque sea una tontería.
 
(La miel, 1981)

martes, 28 de febrero de 2023

Hemingway

 


Me acuerdo del sonido de aquel disparo de escopeta con el que Hemingway se quitó la vida en su casa de Idaho.

Foto de Robert Capa


sábado, 25 de febrero de 2023

Sábanas

 


Me acuerdo del enloquecido ballet de las sábanas húmedas secándose al viento y al sol en balcones y terrazas, de su olor a nieve y sal, de su dulce y blanca tersura.

Imagen: Marcel Gautherot

jueves, 16 de febrero de 2023

Pordioseros

 

Me acuerdo de cuando los mendigos pedían la limosna por amor de Dios. Pordioseros, les llamaban.



martes, 17 de enero de 2023

La sirena

 


La sirena


En el domingo de la plaza la feria

y la barraca y el acuario con tristes

algas de plástico fraudulentos corales


Cabeza al aire la humillada sirena

acaso hermana de quien cuenta su historia

Pero el relato se equivoca:

   De cuando acá

las sirenas son monstruos

o están así por castigo divino


Más bien ocurre lo contrario

     Son libres

son instrumentos de poesía


Lo único malo es que no existen

Lo realmente funesto es que sean imposibles


José Emilio Pacheco (De Islas a la deriva, 1973-1975)

sábado, 17 de diciembre de 2022

El algodón no engaña (25)

 

¿Es nuevo? No, lavado con Perlán.



Eso, eso… Chocolates Hueso.


viernes, 16 de diciembre de 2022

Hablar con extraños (32)

 


85. He perdido mucho, casi todo. Ya ni atiendo al teléfono porque no oigo nada. Yo sé que aunque me curaran, que no me curarán, nadie me devolverá a Juan Sebastián Bach. Así que no merece la pena que me curen; al menos me ahorro oír estupideces o los infames ronquidos de mi marido.

(En Madrid, en el ambulatorio de la calle Ibiza)

86. Las palomas son malas para muchas cosas, por ejemplo, para el cocido. Y hasta como símbolo de paz o para volar después del diluvio con una ramita de olivo en el pico. Siempre las bajan a tiros, se lo digo yo.

(En el Parque del Retiro de Madrid)

87. A mí me encanta, soy feliz amamantando. Y es como si no diera leche sino un licor de cerezas aunque blanco. Me gustaría dar leche de menta o yerbabuena, ser una verdadera nodriza ecológica.

(A Antonio Pereira y a mí en la maternidad 12 de Octubre, en Madrid)


sábado, 5 de noviembre de 2022

Golondrina del viento

 


Una de las leyendas más encantadoras que escuché en Anad concernía al origen y naturaleza de los vientos, y se lo oí contar a un guía en uno de los múltiples descansos que su pereza le imponía, entre sorbos de vino y comentarios soeces que contrastaban vivamente con lo que allí se narraba. Según la leyendo, no había existido viento sobre la tierra hasta que un día una golondrina emprendió el vuelo y hendió el aire con sus alas, dejando un rastro de perfección inimitable. El aire, herido y orgulloso, quiso imitarla, y echó a volar en su busca, persiguiéndola en vano, copiando su más mínimo gesto, cada nimio detalle de su cuerpo. Una tras otra, las golondrinas emprendieron el vuelo, y allí estaba el aire, dispuesto a seguirlas, dispuesto a imitarlas sin más audiencia que la mudez del cielo. Hasta que un día las golondrinas decidieron descansar, y desde su mirador en lo alto de una torre contemplaron cómo el aire, confundido y nervioso, perdido ya el rastro de su presa, volaba en todas direcciones, empujaba sombras y cuerpos, entraba en cada pequeño resquicio negado a la luz y a los pájaros.

Jordi Doce