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jueves, 16 de mayo de 2013

Sangre de pichón (3)



El verdadero sangre de pichón no es un rubí, ni tampoco una metáfora de orfebrería para señalar el rojo de una piedra preciosa, sino un pájaro único cuyo vuelo en el aire lo confunde con una llama. Entre pavesa y ave, este hermoso animal nace de la pasión de los amantes dichosos cuya fortuna vigila. Su comportamiento en pareja es similar a los inseparables de Fischer, y mientras permanecen juntos, así también permanecerán sus protegidos. En las tribus del Pacífico suele encerrárseles en jaulas para de esta manera formar y propiciar el destino de sus dueños. Tiene la extraña virtud de incendiar con sus aleteos los ocasos de junio, a los que prestan el resplandor de su plumaje.


Rafael Pérez Estrada

martes, 10 de agosto de 2010

Pájaro de las indecisiones (2)



Nace el pájaro de las indecisiones de las entrañas de los espejos y se alimenta de la reflexión y refracción de la luz. Su vuelo es el inicio de toda cristalografía, y su canto filosóficamente pertenece a la exaltación emblemática del yo. Esta ave suele volver de vez en cuando a su espejo de origen, en el que se sumerge y del que obtiene su alimento, amarillentas imágenes de adolescentes perdidos en la búsqueda de su identidad. Y ovan en los brazos de los narcisos y las ofelias que navegan en los ríos de siempre.
Rafael Pérez Estrada

lunes, 14 de junio de 2010

Molusco sapiente (1)

Para Isabel Sánchez y sus "Miradas"

La concha de este molusco no es más que el fósil del salto fallido de una ola que intentase alcanzar las estrellas. Su laberinto está todo él fabricado de espejos, que pueden desvelar el misterio del amor y la vida a los que son capaces de mirar cara a cara al esplendor de su brillo. Este caracol deja a su paso no la inmundicia de la baba de la especie común, sino el líquido valor de la argenta, y con su huella borda las iniciales de los amantes próximos, siempre que sean tímidos y no se atrevan a proclamar su pasión en público. Muerto el cuerpo de este hermoso animal, su materia acaba por descomponerse, formando una extraña nube mañanera, y si algún curioso acerca el oído a la concha, sólo escuchará el fragor de la tierra en los instantes en que los terremotos la hacen temblar como a una muchacha sorprendida. 

Rafael Pérez Estrada (Bestiario de Livermoore ,1988)
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