domingo, 26 de junio de 2022

3 antiguos "me acuerdo"

 


Me acuerdo de que el león de la Metro sobrevivió a un accidente de aviación durante un viaje promocional. Cuando tuve noticia del suceso no pude evitar pensar lo de “Siete vidas tiene un gato”.


Me acuerdo de que el Capitán Cook, aquel osado marino, avanzadilla del Imperio Británico en los mares del Sur, fue descuartizado por los caníbales.


 Me acuerdo de haber podido leer a Kafka gracias a la deslealtad de su amigo Max.


jueves, 26 de mayo de 2022

Hablar con extraños (30)

 


81. Su hermano me dijo que usted me ofrecería casa y comida por un mes o dos, hasta que yo solucione mi problema en este país. ¿Sabe lo que tengo que solucionar? Vengo a ver si me puedo cambiar de sexo. Aquí podrían dejarme preciosa. Hay mucho arte en España. Yo quisiera parecerme a la maja de Goya. A la desnuda, no a la vestida. Hoy la he visto en El Prado.

(En mi casa de la calle Abtao, Madrid)


82. Mi número de calzado es el 41, pero a mí me gustan que los zapatos me estén grandes, así que siempre me los compro del 42 o 43. Pero estos me enloquecieron y me los compré del 38. Para mirarlos de noche, no se crea que para bailar.

(En la estación de autobuses de Málaga)

martes, 26 de abril de 2022

Intérprete

 

Intérprete. Individuo experto en alguna, o varias, de las múltiples lenguas e idiomas que los sujetos comunes somos incapaces de hablar o entender.

Lleva adosado al título el estigma de ser objeto permanente de desconfianza por parte de sus interlocutores, pues, al ignorar lo que traduce, nunca podemos estar seguros de si lo que transmite en nuestro nombre o nos traslada en nombre de otro es en verdad aquello que hemos dicho tanto uno como otro.

Su mayor aspiración es conseguir un empleo bien remunerado en algún organismo supranacional.

En los terrenos teatral, cinematográfico y televisivo, aquellos que dicen ser actrices o actores.

En literatura, traductor, último y peor pagado eslabón de la cadena.


viernes, 22 de abril de 2022

Canto XXI (Tonino Guerra)

 


Las hojas del albaricoquero comenzaron a caer

en julio y siguieron cayendo en agosto y en septiembre.

Nos divertíamos recogiéndolas una por una

y contándolas en voz alta;

uno decía: mil, mil una, mil dos y mil tres

y el otro continuaba: mil cuatro, mil cinco y mil seis.

Era una cantinela que duraba de la mañana a la noche.

Y así llenamos tres sacos.


Pero una mañana mi hermano dejó de trabajar 

por razones que no quiso confesarme;

después supe que se había enfadado conmigo

porque yo, bromeando, le había dicho cretino

por una hoja que no había contado.

Yo había dicho: dos mil dos, y él: dos mil cuatro;

¿dónde había ido a parar la dos mil tres?

Conque, nada, estuvimos diez días sin hablarnos. 

Nos levantábamos dándonos la espalda 

y comíamos con la cabeza agachada;

mientras tanto, las primares nieblas y la llovizna

iban tejiendo un velo de agua fina sobre los abrigos.

Por la noche echábamos en la lumbre aquellas hojas,

un puñado cada uno, y nos quedábamos mirando las llamas.


(La miel, 1981)


domingo, 27 de febrero de 2022

Tragaperras

 

Yo siempre había pensado que aquello era una leyenda urbana.

-Bah, eso son cuentos chinos -respondía incrédulo y mordaz cuando los colegas me decían que sí, que sí, que aquello era para verlo.

-Créetelo -insistían.

Como santo Tomás, hasta que no lo vi con mis ojos y lo sufrí en mis propias carnes no me lo creí del todo. Un día tras otro me dejaba una fortuna en la tragaperras y el que se llevaba la pasta era el chino cuando yo, harto de perder y cabreao como un chino, nunca mejor dicho, me alejaba de la máquina maldiciendo mi mala suerte y cagándome en los muertos pasados, presentes y futuros del cálculo de probabilidades.

Entonces el fulano aquel, que había esperado horas al final de la barra mareando la copa con esa paciencia oriental tan ponderada por los insulsos (la paciencia… pues como todo, según cómo y con quién), se acercaba despacioso a la máquina con esa sonrisilla cargante que tienen todos los amarillos y a la segunda o tercera jugada, clinc, clinc, clinc, clinc, el premio especial, las monedas cayendo en cascada en la bandeja metálica, la puta musiquilla sonando burlona en mis oídos, toda la peña de la barra mirándome con conmiseración y algunos hasta con desprecio.

Mucha casualidad lo del chino, ¿no?

No tuve paciencia para esperar a que me lo hiciera otra vez.

(De, "Hasta que la muerte nos separe", Eolas Ediciones, 2021)