domingo, 6 de diciembre de 2015

"Fé de herratas"



"Verlas, tié que aberlas, balla que no, me juego el kueyo".  
El corredtor.


Y un divertido y ameno libro a propósito:

sábado, 5 de diciembre de 2015

Máscara



¿Qué máscara me pongo hoy?

viernes, 4 de diciembre de 2015

Campaña electoral

 
Obsérvese la pícara mirada y la medio sonrisilla del can mientras se apresta a la micción; no se porqué me da en la nariz que a ese del cartel no le vota.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Expósito



Expósito. Retoño de pocos días abandonado con nocturnidad y alevosía por sus progenitores al cuidado de un establecimiento benéfico o no, según se mire, antaño generalmente en torno de convento aunque a veces también en quicio de mancebía.

Puede parecer una desgracia que mueva a pena o compasión o una desventaja insalvable para la peripecia vital eso de crecer rodeado de extraños y sin familia, pero tal y como se comportan entre sí los miembros de infinidad de éstas no me atrevería yo a defender esta tesis hasta el final con demasiado empeño ni fundadas expectativas de éxito.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

80 de Woody


Al día siguiente de morir Fernando Pessoa en un hospital de Lisboa, nacía en Brooklyn (Nueva York) Allan Stewart Königsberg, conocido universalmente como Woody Allen. 
Dos genios del siglo XX que apenas coincidieron en el tránsito entre la vida y la muerte, entre el hola y el adiós, entre el entrar o salir mientras cruzaban accidentalmente una puerta giratoria.

Si el primero nos dejó O livro do desassossego y los poemas eternos de sus heterónimos, el segundo, admirado y detestado casi a partes iguales, nos ha legado un puñado de películas para la historia de la cinematografía.
Yo soy de los primeros; quiero decir, de quienes lo admiran.

Gracias, Woody, por los buenos momentos que me has hecho pasar en la sala oscura.

Me acuerdo de que Woody Allen no fue a recoger su Óscar porque aquella noche era lunes y tenía que tocar el clarinete.
 




Ruido y escatología


Estoy convencido de que existe lo que podría llamarse la conspiración del ruido: el petardeo insufrible de las motos, ese estruendo que se reputa de música, las voces que no conversan sino que chillan...    
Ni siquiera en el cuarto de baño, mientras nos dedicamos a nuestras abluciones e intimidades, se nos permite pensar. Si abro la ventana que da al exterior para no sucumbir al hedor de mis heces, un sonido insoportable en forma de chirridos se cuela por la abertura, atacándome los nervios.
Pero, ¿qué queréis? Prefiero sucumbir solo y en silencio.
Al menos el olor no suena.

martes, 1 de diciembre de 2015

Retórica y estulticia



Supino ignaro de exiguo talento, llamó, en endecasílabo barroco, el retórico al tonto.