Así como todo túnel comienza siendo un simple agujero, todo poema se
inicia y sustenta con una humilde palabra. Luego, para llegar sano y salvo al final de
ambos, hay que excavar y escribir, sostener y corregir de firme, con afán y
dedicación. Pero sobre todo, y tanto para el uno como para el otro, lo
importante es saber en qué lugar y con qué herramientas iniciar la perforación, la escritura, para
que no se vengan abajo, así el túnel como el poema, a las primeras de cambio.
Escribe uno por si acaso, a salto de mata, manos arriba, sin orden ni
concierto, en cuerpo y alma, a la contra, sin vuelta de hoja, pese a quien
pese, manga por hombro.
Chucho mendigo. Perro policía. Gozque radar, de caza, lazarillo. ¡Tuso, cabrón! Listillo de cursillo. Can de socorro. Chusma de jauría. Petardo mártir de artillería. Nazi. Titiritero. De colmillo vengador. Enamoradizo pillo. Lugarteniente de la tiranía.
Hidrófobo, hidatídico, sarnoso. Fonda de pulgas y otros delincuentes. ¡Ladrón! Amor. Sagaz. Tonto del higo.
Rastrero con el déspota y odioso con los enclenques y los indigentes. Fiel y cruel. Amigo y enemigo.
(Del Bestiario Baonza/Romero, Universidad Popular S. S. de los Reyes, 1991).
Elías Moro (Madrid, "cosecha" del 59). Jugaba al baloncesto. Ahora quiere a sus mujeres (4) y a sus amigos, lee lo que le dejan, escribe como puede, baila salsa (aunque lo que le gusta de verdad es el tango). Algún enemigo tendrá también por ahí, no voy a decir que no. Estado actual: escéptico.
TESTIGOS DE CARGO
"Cuando escribes te manchas de ti mismo". Tomás Sánchez Santiago Foto de Guillermo Gallego