Hace 6 años
sábado, 3 de septiembre de 2011
viernes, 2 de septiembre de 2011
Meteorología

Para Mariano Medina, Paco Montesdeoca,
y José Antonio Maldonado, mis “hombres del tiempo”
Alardeaba prepotente ante la cámara de no fallar nunca en sus pronósticos.
“Chubascos intermitentes en el noroeste, nieblas matinales en el interior, levante fuerte en el Estrecho. Gracias al persistente anticiclón anclado en las Azores, buen tiempo en el resto de la península para lo que resta de mes”.
Dos años me tiré ahorrando hasta la última peseta para aquel viaje.
La ilusión de mi vida: avión, hotel, traslados, excursiones…
Todo organizado hasta el último detalle.
Y se tiró lloviendo, sin faltar ni un día, las dos semanas.
-Toma isobara, toma altas presiones, toma humedad relativa en el ambiente… -le recité sus inútiles tecnicismos mientras le clavaba el paraguas una y otra vez en la garganta y en directo.
Ahora, la información meteorológica la presenta una señorita con menos humos.
jueves, 1 de septiembre de 2011
Necrologías

¿De verdad hay tanta gente que haya leído al difunto? Permitidme que lo dude. Porque yo no. Empecé aquel libro suyo y no fui capaz de acabarlo (seguramente por mi incapacidad de lector de entonces). No he vuelto a leer nada salido de su pluma. No digo que no fuera un grandísimo escritor, que sin duda lo sería, no soy quien para opinar lo contrario. Pero lo que sí digo es que a muchas de las personas con las que trato, buenos lectores y escritores, gente de vasta cultura y experiencia la mayoría, casi nunca les he oído citar al finado como uno de sus autores de referencia. Con honrosas excepciones, por supuesto. Si alguna vez lo citaban a él o a sus obras, era de pasada, y acaso por no descolgarlo del todo del catálogo de los exiliados de la guerra civil.
Ahora se muere a una edad venerable y son todo ditirambos, panegíricos, lisonjas, alabanzas, colas interminables ante el ataúd… de gente que, a buen seguro, ni siquiera lo trató en vida. Incluyendo en ese trato el acercamiento a su obra.
Yo creo que ya va siendo hora de que seamos honestos y no nos subamos a carros para los que no tenemos billete, ni invitación, ni nada.
Deberíamos tener la decencia de no arrimarnos al cadáver, a cualquier cadáver, como buitres o hienas, para salpicarnos con algún despojo a modo de condecoración.
miércoles, 31 de agosto de 2011
5 fragmentos
Sobre los pedazos irregulares y dispersos, tirados por el suelo, de un espejo roto, y proyectada nuestra imagen en sus múltiples superficies; acaso fuera esa la mejor manera, la más apropiada, al menos, de contemplar en verdad cómo somos, de comprobar de manera palmaria nuestra exacta presencia en el mundo: frágil, fragmentaria, fugaz.
Una vez, en mi lejana juventud, creí estar cerca de la verdad. Pero me pareció tan improbable, tan inaudito y arbitrario, que atribuí esa sensación a la soberbia de la poca edad.
La juventud es soberbia porque tiene mucho tiempo por delante. O eso cree.
¡Son tantos los libros y películas -como cajas chinas, como matrioscas rusas-, donde la primera idea, la trama, el asunto clave se van empequeñeciendo, y empobreciendo, capítulo a capítulo, secuencia a secuencia hasta hacerse invisibles e incomprensibles a ojos del que mira, del que lee!
Hablamos de soledad absoluta porque no contamos a, o con, nuestros fantasmas.
Tal vez porque si lo hiciéramos, nos parecería estar en el centro mismo de una muchedumbre furiosa y a punto de aplastarnos como justo castigo a nuestros pecados.
Acabo de darme cuenta de que por mucho que escriba, nunca escribiré el libro que tengo en la cabeza.
Pero esto no es cierto; esto ya lo sabía de antiguo.
En realidad, de lo que acabo de darme cuenta es que es la primera vez que escribo esto. Acaso para tenerlo presente cuando las demás cosas se me empiecen a olvidar.
martes, 30 de agosto de 2011
Elogio de la lectura
Para Isabel Sánchez
“Cuando se lee no se aprende algo,
sino que se convierte uno en algo”.
Goethe
Me resulta muy difícil, casi extraño, catalogarme como escritor. Aunque, bien mirado, y si hacemos caso a la definición que de escritor da el diccionario en su primera acepción, cualquier persona no analfabeta lo sería y yo, por tanto, al igual que vosotros, estaría incluido en ese rol.
Bien es cierto que me gusta escribir, y que de vez en cuando -muy de vez en cuando, si queréis que os sea sincero- me sale un poema que no va a dar directamente a la papelera, o un texto que junto con otros van dando forma, poco a poco, a un pequeño volumen, o relleno algún viejo cuaderno con historias que se me ocurren… En fin.
Pero si de algo puedo estar seguro, es de que soy un lector: fervoroso, impenitente, caprichoso, vago, pasional, infiel, desordenado… un puñetero pajarillo -algunos dicen que de pajarillo nada, que pajarraco y gracias- que va picoteando de aquí y de allá, que salta de autor en autor, que revolotea de género en género y que, como no podía ser menos, alguna que otra vez aterriza herido por la belleza o el horror, por el placer o el dolor de lo leído.
Y si no hay libros a mano pues revistas, o periódicos, o folletines, o manuales, o qué sé yo. Haciendo caso, en un momento de debilidad, a un amigo mío -que un poco raro sí que era, para qué nos vamos a engañar- hasta prospectos de medicinas he leído. Pues bien: este sujeto sostenía que semejantes espantos acaso sean lo más importante que podamos leer porque, en determinadas circunstancias, pueden acabar salvándonos la vida. Una teoría, como podéis suponer, completamente absurda, cercana al desatino y, sin embargo, y aunque parezca contradictorio, no carente de su pizca de razón.
Porque si uno de los mejores destinos que puede tener el ser humano es el de la adquisición de conocimientos que, al fin y al cabo, conformarán su acervo cultural para mejor enfrentarse al mundo -y que en la mayoría de los casos también le harán mejor persona- el camino de la lectura es uno de los más acertados y agradables de transitar. Hay más, por supuesto; así, a bote pronto, yo diría también que el cine, o la música, o el teatro, o la conversación, que como todos sabéis es el arte de opinar con mesura y saber escuchar a los demás. Pero ese sendero de la lectura goza de un estatuto particular, al menos en mi caso, que lo hace mi preferido, el que tomo más a menudo para que me lleve a no sé dónde.
La lectura es un hecho transgresor, rebelde, un acto aparentemente pasivo que, sin embargo, implica una gran valentía: la de la búsqueda en vez de la aceptación. Leer, por tanto, no es sólo instrucción, conocimiento; también es la otra cara de la realidad, aquella que -tantas veces dura y terrible- se nos oculta y a la que sólo se consigue llegar con la imaginación y el sueño.
Porque aquí donde me veis yo he sido faraón en Egipto, escudero de Aquiles en la guerra de Troya, gladiador en Roma, arquero en las Cruzadas, vikingo en Islandia, pícaro en Flandes, cortesano en Versalles, minero en Polonia, explorador en África, samurai en Japón…
He sido señor y vasallo, leal y traidor, víctima y asesino, esposa y amante, erudito y charlatán, prostituta y heroína, ladrón y policía…
He bajado al centro de la Tierra, subido a la Luna, navegado por el Amazonas, peregrinado a la Meca, buceado en el Pacífico, escalado el Everest, cabalgado en las estepas, caminado los desiertos…
Y todo esto tan ricamente, sin sufrir ni un rasguño, y por obra y gracia de esos libros y autores que por deseo de la diosa Fortuna -¡bienaventurada por siempre sea!- los hados pusieron en nuestro camino.
Borges, que imaginó el universo como una biblioteca, decía que gracias a los libros tenemos recuerdos que no hemos vivido. Pues eso, que gracias a ellos, leyendo sus páginas, podemos ser todo lo que queremos y ansiamos, aquello que soñamos y anhelamos y que de otra forma nos sería casi imposible de conseguir.
Bendita locura ésta de la lectura: nunca olvidéis que Don Quijote, aquel loco maravilloso, desfacedor de entuertos, paladín de damas en apuros, sostén del afligido, luchador incansable contra la injusticia y la crueldad, muere cuando recobra la razón y deja de serlo.
Imagen: Iman Maleki
lunes, 29 de agosto de 2011
Nomenclatura y Apología del Carajo
La lengua castellana es tan copiosa,
en voces y sinónimos, tan rica,
que con nombres diversos, cualquier cosa
o con varias metáforas explica.
Monarca Soberano, y Rey... ¡qué encanto!
Todo es un mismo nombre repetido;
y tres veces también con un sentido
son, Pontífice, Papa, y Padre Santo.
Pero hay de grande aprecio entre los hombres,
un cierto pajarraco, o alimaña,
que tiene más sinónimos, y nombres
que títulos tenía el Rey de España.
Yo, por tal de evitárosle trabajo
de una investigación algo penosa,
diré que esa alimaña, o quisicosa
no es el Papa, ni el Rey sino... ¡el Carajo!
Miembro Viril, o miembro solamente
le llama el diccionario... ¡Qué Mezquino!
Sus nombres en el uso más frecuente
son el nabo, el zurriago, y el pepino
el cimborio, la tripa, y el virote
(flores son de la Lengua Castellana)
el visnago, la pica y la macana
son como la mazorca y el cipote.
El príapo, la porra, y el chorizo
el rábano, la pija, y el badajo;
picha y ciruela en Español castizo
son sinónimos todos del Carajo.
El vergajo; la guasca, y mango
el tarugo, el lenguado, y la banana
el pito, y el vitoque... es cosa llana
que equivalen al chocho, y al zanguango.
La butifarra, el tronco, y la batata
o el lagarto, le llama cualquier topo,
el aquello, o la cosa, la Beata
y el Fraile, la correa, y el hisopo.
Muchos suelen llamarle, el trompo, el sapo
otros, el motillón, y el calabrote;
los músicos, la flauta, o el fagote
y el artillero espeque, o sacatrapo.
Siguiendo a la metáfora la hebra
llámanle el narigón, el nene, el chato,
el tramojo, el merengue y de barato,
van péndulo, panal, bicho y culebra.
La berenjena, la pistola, el dómine,
bien lo sabe cualquiera chuchumeco
todos vienen a ser Carajo "in nomine"
lo mismo que el gazapo, y el muñeco.
En el estilo vulgar, llámanle el rabo
y algunos el peludo... ¡Impropio nombre!,
pues por más pendejudo que sea un hombre
no tiene tales pelos en el nabo.
Tiene otros cien apodos que no cuento
que aplica cada cual, según su antojo
como el corvo, la pieza, el instrumento,
el mondongo, el apéndice, el hinojo.
El negocio, la polla, y la poronga
van como suplemento... y pica punto
que no falta purista que suponga
que esto el miembro, y cojones todo junto.
He aquí en todas sus fases, y conforme
a la ley, por el uso sancionada,
con setenta y tres nombres señalada
aquella quisicosa-multiforme.
La cajeta de nombres menos rica
no puede competirle y alza moño
aunque ostenta sus títulos, de Chica
o de raja, argolla, concha y coño.
Lejos de competirle, queda abajo
en buena hora, le añadan papo, y chocho,
nombres de morondanga... Ellos son ocho
y entre todos no valen un ¡Carajo!
Yo, en cualquiera emoción, desahogo el pecho
cuando un fuerte ¡Carajo! desembucho...
Interjección potente del despecho
que si es echada a tiempo, vale mucho.
Del sexto en los sentidos corporales,
es el carajo la mejor prescea;
y más si es de esos miembros burricales
que ostentan a la par Fajardo y Zea.
Palabra comodín, que entra al destajo
en todo, pues se dice sin reproche,
fría como un Carajo está la noche
o caliente está el sol, como un Carajo.
Un buen gallo contenta a cien gallinas
y a diez hembras, cualquier mameluco,
y por ser bien armado, el Rey Nabuco,
se preñó a cuatro cientas concubinas.
No me vengan hipócritas devotos,
tratando de indecentes mis razones,
ellos dicen, testículos y escrotos,
y se asustan de huevos y cojones.
El venerable Astete, sin reparo,
y en verdad que ninguno lo acrimina,
no fornicar prescribe en su doctrina
que es decir, no joder hablando claro.
Masturbación... ¡satánico delito!
clama el predicador; pero un galopo
sigue en la tanda de sobarse el pito
¿Por qué? Porque no entiende aquel piropo.
En asunto de nabo, o de cajeta
pan, pan, y vino, vino, es lo acertado;
dígase claramente que es pecado
el hacerse la paja o la puñeta.
El profeta Ezequiel, dis que Doliba
se entregaba a cualquiera rodaballo
con tal de que le arrimasen panza arriba
verga de burro, y chorro de caballo.
Un Carajo de un seme, grueso y sano
es digno de coronas y guirnaldas
Así ante tan potente soberano
las nobles y plebeyas, caen de espaldas.
Hay de Carajos, variedad bastante:
largos, cortos, redondos, puntiagudos,
derechos y torcidos, servigudos,
y romos y de punta de Diamante.
Si el miembro de botón, como el de un perro
se engancha al fornicar y es un estorbo
y es bueno que sea duro, como un hierro
y es mejor es derecho, que no corvo.
En fin, aquí termina mi trabajo;
si algún censor severo lo condena
que me eche un buen Carajo... en hora buena.
¡Qué más quisiera yo, que un buen Carajo!
Francisco de Acuña y Figueroa
domingo, 28 de agosto de 2011
De laberintos
La mejor prueba de su excelencia construyéndolos es que se perdió en su propio laberinto.
El vigilante del laberinto tampoco consiguió nunca salir de él.
"El laberinto es, en verdad, la patria de los indecisos".
Gonzalo Hidalgo Bayal
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Perlas cultivadas
sábado, 27 de agosto de 2011
viernes, 26 de agosto de 2011
Borrachera
Borrachera. Ensayo de eutanasia activa, no exenta de regocijo y escándalo, a base de destilados alcohólicos sin que nos importe demasiado el origen, la graduación o la legalidad de los mismos. “Se bebe para olvidar”, dicen algunos buscando justificar su vicio.
Nada más cierto: estos devotos de la dipsomanía practican con fervor la filosofía del gorroneo y tienen la molesta costumbre de olvidarse de pagar las múltiples consumiciones alegremente trasegadas para llegar a tal estado.
jueves, 25 de agosto de 2011
miércoles, 24 de agosto de 2011
Cuerpo a tierra
Esa expresión, tan militar, de “cuerpo a tierra”, que siempre se pronuncia de manera tajante e imperiosa, encierra más peligro y veneno del que aparenta a simple vista; no hay más que fijarse en que a muchos de quienes la obedecen sin chistar, sin pensar, los arrastra también y sin remedio hasta su última y fatal consecuencia: quedarse cuerpo a tierra para siempre.
martes, 23 de agosto de 2011
2 del Far West
"En estas tierras, un hombre es una de estas tres cosas: rápido, duro o cadáver".
(George Montgomery en Masterson de Kansas,
de William Castle, 1954. Guión de Douglas Heyes)
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A propósito del cine del Oeste, Alfonso Reyes -el mejor prosista en lengua española del siglo XX, según Borges (abro un paréntesis para las disensiones)- le dijo en cierta ocasión a Carlos Fuentes -entonces un mozalbete de 18 años- después de invitarlo a una sesión triple y ante el escaso interés mostrado por éste por tal género cinematográfico:
-Te equivocas. El western es la épica contemporánea. Homero está ahora en el cine del Far West.
lunes, 22 de agosto de 2011
Un poema de Kavanagh leído en Portugal
Carretera de Inniskeen: tarde de julio
Las bicicletas pasan de dos en dos, de tres en tres.
Hay baile en el granero de Billy Brennan,
y el código de medias palabras del misterio,
y el lenguaje de guiños del encanto.
Ocho y media, ni un alma en una milla,
ni una sombra que pueda revelarse
como hombre o mujer, ni una pisada
que revele secretos de la piedra.
Tengo aquello que odian los poetas,
pese al discurso solemne de la contemplación.
Alexander Selkirk conocía el aprieto
de ser rey, gobierno y nación.
Carretera, una milla de reino: rey soy
de orillas y de piedras y de cada florecer.
Patrick Kavanagh
(La hambruna y otros poemas)
Trad: Fruela Fernández
miércoles, 17 de agosto de 2011
martes, 16 de agosto de 2011
Dudas
¿Sabríamos qué hacer si supiéramos qué pasa?
Entre el paréntesis cartilaginoso de las orejas, sobre la simetría de los hombros y la breve columna del cuello, adornada buenamente con los ojos y las fosas nasales y en contradicción casi permanente con las palabras y argumentos que salen de mi boca, esta cabeza coronada de dudas, sembrada de indecisiones.
No tengo ninguna duda de que estaríamos mucho mejor -tú, yo, el mundo en general…- si algunas ideas no hubieran encontrado nunca las palabras para expresarse.
Poética
Antes del poema, lo sé; al terminarlo, lo dudo.
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