sábado, 15 de mayo de 2010

Aparatos matafuegos



Hace unos días, directamente desde Barcelona y a través de mi amiga Leonor, llegó hasta mis manos un curioso libro que el próximo año cumplirá una centuria de edad:
Recetario Doméstico -Enciclopedia de las familias en la ciudad y en el campo- (Gustavo Gili, Editor, Barcelona, MCMXI), una compilación de "recetas para todas las necesidades de la vida" y todo tipo de situaciones hogareñas.
Compiladas por (transcribo fielmente) "el Ingeniero I. Ghersi y el Doctor A. Castoldi", encontramos en sus casi mil páginas anotaciones y remedios caseros sobre Adorno de la Casa, Substancias Alimenticias, Combustibles e Iluminación, Licorería, Animales Dañinos, Masillas y Cementos, Cristalería, Abonos...

Después de una cura de urgencia (venía herido por el tiempo y la incuria, con las pastas y el lomo con profundas heridas y cicatrices, que necesitó incluso de su paso por la UCI), y luego de una leve estancia en planta para su convalecencia, ya está en disposición de entregarnos sus secretos.




2539. Aparatos matafuegos. Para la extinción de incendios, se ha generalizado, de pocos años á esta parte, un aparato de forma cónica, especie de gran sifón metálico, en cuyo interior se produce una solución de ácido carbónico, con la cual, rociando el fuego en el momento oportuno, se consigue dominarlo rápidamente.
Dentro del aparato va contenida una solución de bicarbonato de sosa y en su parte superior una botellita de vidrio llena de ácido sulfúrico; mediante una palanca adecuada, se rompe la botella en el momento de usar el aparato, cae el ácido sobre la solución de bicarbonato y se produce el desprendimiento del gas carbónico, el cual cumplirá un doble efecto, esto es, dar presión para la salida del agua formando un chorro enérgico y ahogar la combustión por acción química.
Existen muy diversos modelos y sistemas de estos aparatos, que se van generalizando rápidamente.


Los números indican el orden de las entradas en el libro y se ha respetado fielmente la grafía de las mismas.

viernes, 14 de mayo de 2010

2 microrrelatos domésticos


Escoba 
Desde que tuve aquel percance, todo el mundo parece haberse puesto de acuerdo en que ya no soy el mismo. No les negaré la razón. Lo cierto es que a partir de ese momento adopto precauciones que rayan con la paranoia, cuando no me niego en redondo a realizar semejante tarea.
Pero es que cuando me puse a barrer por debajo de la cama y saqué la escoba, y solamente salió el palo de madera con marcas como de mordiscos, me dio un ataque de histeria. Por supuesto, el conjunto de cerdas de plástico azules y grises nunca apareció. Desde entonces, esta es la situación.
Y cuando mi mujer me dedica su mejor mueca de desprecio tildándome de cobarde sin decir palabra mientras me arranca la escoba de las manos y enfila el camino de nuestro dormitorio, albergo la secreta esperanza de que no regrese de la habitación y así sepa lo que es bueno.

 
Toallas 
-Un cierto olor a moho ha empezado a adueñarse de mi superficie. Hace días que voy de mano en mano sin consideración alguna y, entre sudores de unos y humedades de otras, mi elegante aroma a lavanda ha desaparecido por completo. Yo, que hasta hace nada era tersa y suave como una caricia, he llegado a un estado deplorable de lasitud y abandono. Tengo la horrible sensación de que en esta casa todo el mundo me falta al respeto, de ser usada como si mi vida les importase un pimiento. Incluso vosotras, que os decís mis amigas y con las que estoy todo el día de palique, me rehuís sin disimulo, con un mohín de asco.
Ayer, sin ir más lejos y ante mi ya lamentable aspecto, fui usada para lo más bajo que se puede caer dentro de nuestro gremio: para secarse los pies.

-La verdad, no sé de qué te quejas tanto -le dijo con su vocecita infantil su colega del bidé-; si yo te contara….

jueves, 13 de mayo de 2010

Economía

Imagen: EL Roto



Sueldo. Limosna legal del patrón para que no mueran de hambre los eslabones de su cadena productiva y entorpezcan, por este nimio motivo, su lucrativo negocio.
El monto de dicho y de común escaso sueldo, tras una absurda pantomima que recibe el nombre de negociación suele venir recogido en un curioso documento denominado, pomposamente y por ambas partes, convenio.
Documento que, dicho sea de paso, el patrón suele pasarse por “el arco del triunfo” cuando le viene en gana, adquiriendo entonces la condición de "papel mojado". 
O "higiénico", a elegir.


Extorsión. Contrato suscrito entre un ingenuo y una corporación, sea ésta bancaria, inmobiliaria, industrial, mercantil, o de cualquier otra índole, y en el que una de las partes, siempre la misma, no falla, nunca sale bien parada.


Hacienda.
Finca pública donde se localiza la cueva del tersoro de Alí Babá.
En cuanto a los ladrones que saquean sus arcas impunemente, yéndose de rositas, prefiero no manifestarme con respecto a su número porque me quedaría corto, seguro.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Vacas (2)




VACAS

Mi madre siempre tenía una vaca. Morena o Marela solían ser sus nombres más frecuentes. Tenía un carro para una sola vaca, y en él íbamos casi todos los días a un prado, cruzado por un regato que bajaba hacia el valle desde lo alto de la montaña. Aparecía y desaparecía entre juncos y zarzas, y se remansaba primero al pie de un pequeño vado y luego en la espesura del bosque. Creíamos que era un bosque fantástico: mi madre me decía que en su interior había pájaros misteriosos y una dama encantada que irrumpía desnuda, con un espejo en la mano, al atardecer. Decía también que en la parte más oscura había una manada de lobos. A veces se oía su aullido interminable.


Mi madre dejaba la vaca con el carro y recogía la hierba. Volvíamos a casa, y yo siempre iba entre los haces frescos. Me decía: “Si tienes miedo, canta”. Y yo cantaba lo más alto que podía. El eco de mi voz se multiplicaba. Cuando llegábamos a las primeras casas, me decía: “El miedo ya ha pasado. Deja de cantar”.

Mi abuelo paterno era tratante de ganado y albéitar, curandero de animales. A él le gustaban, sobre todo, los terneros. En una ocasión, nos trajo una pequeña becerra azafranada. Era preciosa y menuda, pero muy rebelde. Cuando iba a entrar en el establo, se revolvió, se zafó de la cuerda y se marchó a las montañas. Y allá fueron varios hombres y mi abuelo, y yo con ellos. La buscaron durante varias horas: por las minas abandonadas, por la explanada de guijarros, por la floresta tupida, en el arenal de la playa de Barrañán. Dieron con ella y regresaron lentamente a casa. Miraba a mi abuelo Jesús con los ojos preñados de emoción. Aquel hombre silencioso y firme era mi héroe. Cuando entró en la cuadra, yo iba detrás. Intentó escaparse de nuevo, pero no lo logró. Lo que sí hizo fue soltarme una coz terrible con sus primeras herraduras que me impactó en el pómulo izquierdo, muy cerca del ojo. Empecé a sangrar. Mi abuelo me cogió en sus brazos, me llevó a la cocina y me aplicó agua. Cuando vio que ya se me había pasado el susto, me dijo: “Siempre tendrás una historia que contarle a tus nietos. Esa señal la llevarás de por vida”.

Y es cierto, aún la llevo y le cuento a quien quiera oírme que una vez me pateó una ternera, que se hizo vaca y que llevaba el carro al prado. Mi madre, con un palo, la refrenaba al grito de “Amodiño, amodiño, Marela”. Despacio, Marela. Despacio.


Antón Castro




Je me souviens d´un fromage qui s´appelait "la Vache sériuse" ("la Vache qui rit" lui a fait un procès et l´a gagné).

(Ed. Hachette, París, 1990)
Georges Perec




Me acuerdo de un queso que se llamaba "la Vaca seria" (la "Vaca que ríe" los llevó a juicio y ganó).

(Ed. Berenice, Córdoba, 2006)
Trad: Yolanda Morató



Foto ordeño vaca: Andrés Deinum

martes, 11 de mayo de 2010

Me acuerdos - Emilio Pedro Gómez



De un tiempo a esta parte, tengo una estrecha, intensa y muy querida relación con un grupo de escritores aragoneses -gente magnífica y que sabe muy bien lo que se hace con la pluma o el teclado-: Cristina Grande, Fernando Sanmartín, Antón Castro, Miguel Mena, Javier Barreiro, Julio José Ordovás, Santiago Gascón… Casi todos ellos, de un modo u otro, han ido apareciendo -y lo seguirán haciendo-, por aquí. A casi todos he tenido la suerte de conocerlos personalmente. Quien no lo había hecho todavía es Emilio Pedro Gómez, ese tipo de la foto con pinta de tuareg bonachón, y a quien no conozco en persona a pesar de haber sido el primero en el tiempo.

Nuestro primer contacto fue a raíz de una curiosa circunstancia, de una hermosa casualidad: en el breve espacio de nueve meses -un parto-, y ya digo que sin conocernos de nada, tanto Emilio como yo publicamos sendos libros con el mismo título, “Me acuerdo(s)”, e idéntica temática: la memoria. Ambos en la estela de los archiconocidos libros homónimos de Georges Perec y Joe Brainard. Otro amigo común, Hilario J. Rodríguez Gil fue quien nos puso en contacto.

Aquel volumen mío era un totum revolutum, recuerdos anotados sin orden cronológico ni temático. El de Emilio sí estaba dividido en capítulos. Catorce, concretamente: costumbres, juegos, personajes, tebeos y canciones, lugares…

Abro esta selección de sus “Me acuerdos” -uno por tema- con la cita de José Manuel Caballero Bonald que encabeza su libro:
El escritor es su pasado
.


Me acuerdo del olor a gasolina que desprendía el rito de poner en acción un chisquero.

Me acuerdo de que la mano derecha de Franco, durante los sermones que nos echaba en Navidad, parecía trasplantada de un títere.

Me acuerdo de los paquetes de “Ideales” y “Bisonte” que nunca me atreví a desprecintar.




Me acuerdo de que el latín no era una lengua muerta. Se amontonaba en la liturgia, se sufría en las clases, se rezaba.

Me acuerdo de una vibración verde aquella vez que miré a Imelda.

Me acuerdo del reclamo penetrante del afilador. Animaba la calle su música, y el desnudo quehacer de su trabajo.




Me acuerdo de las peleas con espigas verdes de trigo haciendo diana en los jerseys.

Me acuerdo de la cansina tarea de quitarle las piedrecillas a una bolsa de lentejas.

Me acuerdo de que cualquier torero que se preciara tenía su pasodoble y película particulares.

Me acuerdo de que todo parecía preparado para encerrarnos a cal y canto en el catolicismo.

Me acuerdo de los baches, como volcanes naturales del asfalto.

Me acuerdo de las historietas de "Zipi y Zape". Los envidiaba. Sabían ser cobardes de una forma mucho más ingeniosa de cómo lo era yo.




Me acuerdo de que las niñas eran ángeles de carne y miedo.

Me acuerdo de que antes de recitar una poesía para Radio Popular de Astorga, tuve que hacer propaganda del “Chocolate Milagritos”.






Emilio Pedro Gómez nació en Astorga (León), si bien lleva más de tres décadas ejerciendo como profesor de Secundaria por las tierras de Aragón.

Su primer libro de poemas “Heridario”, publicado por Endymión, significó el alumbramiento de una poesía lúdica, espontánea y certeramente emocional.
En su segundo libro de poemas “Solamor”, nos muestra una visión lírica personal de la vivencia amorosa.
Su tercera entrega “Álbum de rotos” (Huerga & Fierro editores) recoge poemas a modo de instantáneas retrospectivas e introspectivas, que añoranza y misterio, infancia y muerte, delimitan.
Posteriormente obtuvo el premio “Isabel de Portugal” (Diputación de Zaragoza) por su poemario “La nieve horizontal de los vilanos”, en el que, a través de la blanca mirada de su madre, se adentra de puntillas en los parajes desolados de la demencia senil.
“Me acuerdos”, recupera setecientos instantes aparentemente banales, que al ser comunes para la gente cuya infancia y adolescencia transcurrió en las décadas del 50 y 60, configura -tal vez sin pretenderlo- un lírico paisaje de la educación sentimental de una generación.
En el poemario “Sílabas blancas”, fiel a su expresivo manantial de emociones, retorna al misterio de su madre invadida de olvido.
En “Haikus de la casa” (Editorial Eclipsados) deja clavadas domésticas mariposas del instante, leves muestras del aliento secreto de las cosas.

lunes, 10 de mayo de 2010

Ángel Campos Pámpano, maestro y amigo

Para Carmen, Paula y Ángela.



Ángel Campos Pámpano hubiera cumplido hoy 53 años. En algún momento de este día hubiera recibido mi llamada para darle un tirón de orejas, un abrazo desde la distancia, y también para recordarle que seguía siendo casi tres años más viejo que yo, él, que era tan coqueto.
No podrá ser: su muerte impide las llamadas: mas no su memoria, el eco de su voz, su constante presencia en mi vida.

Conocí a Ángel apenas un año y medio después de mi llegada a Extremadura. No recuerdo la fecha exacta, pero en todo caso sería en los meses finales de 1983. Lo único que yo tenía por aquellas fechas era una difusa vocación literaria -acaso esto sea un tanto pretencioso, digamos que me gustaba mucho leer y que de vez en cuando perpetraba poemas sin ton ni son-, pero escasos conocimientos de la materia por la que sentía una inexplicable pasión.

Conocer a Ángel lo cambió todo para mí; justo desde ese momento, él se erigió en mi maestro, mi mentor, me mostró el camino a seguir con sus atajos y dificultades, me tomó a su cargo, como suele decirse. Desde sus manos llegaron hasta las mías escritores de los que jamás había oído hablar y que se han convertido en imprescindibles, lecturas y obras de otros autores que me prestaron sus versos o sus párrafos para que yo intuyese la materia y la maestría de que estaban hechos.
Durante años fue cotidiano mi peregrinaje vespertino hasta sus casas en Mérida -en la Travesía de La Rambla, en la calle Morerías-, más que nada para empaparme de sus palabras y su sabiduría poética y vital. Casi siempre salía de allí con al menos un par de libros en la mochila; libros que, en el plazo tácito de una o dos semanas -más o menos, aquí había una cierta flexibilidad tácita-, yo le devolvía ya leídos. Comentábamos aquellos libros y, según su gesto, ya podía yo sospechar si su lectura me había supuesto algún enriquecimiento. Me hacía ver mis muchos errores, mis pocos aciertos, con una inusual sinceridad -no era dado al elogio gratuito que tanto halaga los oídos y tanto socava- y, al tiempo, con una delicadeza que nunca podré olvidar.
Sin pedir nada a cambio, sin tributos ni peajes, fui acogido en su vida con una generosidad digna de mayores empeños que el de enseñar a un casi iletrado, dio sentido a la palabra amistad.

Gracias a él conocí también a algunos de quienes también se han convertido en magníficos amigos -que me perdonen los demás, que saben que también los quiero, pero quiero citar aquí expresamente al pintor Javier Fernández de Molina, casi otro hermano para él, y con quien creó algunos de los más bellos libros -Cal i grafías, Toros, Por aprender del aire...- que uno ha podido contemplar-, aquellos que también le lloran todos los días desde entonces.
Poeta -La ciudad blanca, Siquiera este refugio, La voz en espiral, De Ángela, Como el color azul de las vocales, La semilla en la nieve (una estremecedora y bellísima elegía escrita a raíz de la muerte de su madre y que le dejó desolado largo tiempo), La vida de otro modo…-, traductor -Fernando Pessoa, Carlos de Oliveira, Sophia de Mello Breyner, Eugenio de Andrade…-, editor -Los Libros del Oeste-, profesor en diversas localidades extremeñas y en el Instituto Español de Lisboa, director literario -Espacio/Espaço Escrito, Hablar/Falar de Poesía, fundador de las Aulas Literarias en Extremadura…-, su extraordinaria labor en la difusión de la cultura, su entusiasmo en promover y llevar a cabo actividades relacionadas con la literatura y la poesía, su incansable trabajo de gestión en el hermanamiento entre España y Portugal a través de su faceta de traductor, su propia labor de creación poética, son hitos en la historia literaria de esta Extremadura donde tuvimos la suerte de conocerle.

Su temprana y casi súbita desaparición hace un año y medio, justo cuando estaba en su mejor madurez intelectual y poética, me ha hecho perder del todo el respeto a la muerte. Esa muerte a la que, por su empeño en llevarse siempre a los mejores antes de tiempo, sólo puedo calificar de inepta además de injusta.

En sus poemas y en las miradas de Carmen, Paula, Ángela nos queda lo mejor de Ángel.

Gracias eternas, “Pámpano”.

Como recuerdo de su memoria, dejo aquí el poema más doloroso de cuantos he escrito, el poema que nunca me hubiera gustado escribir.

Fue publicado en el número extraordinario de homenaje de la revista Espacio/Espaço Escrito que él fundó y dirigió hasta su muerte, y leído por primera vez hace apenas unos días en el I.E.S. "Eugenio Futos" de Guareña, donde Ángel trabajó unos años en los ochenta, y donde Ana del Mazo ha organizado unas jornadas para recordar su paso por allí.

Poema con Ángel

y mañana no estarás;

como quien es esclavo de un destino que se le ha impuesto,
como cuando exagero el dolor para ver si alcanza al dolor que siento,
como un gusano horadándome el pecho y las manos,
mañana no estarás

mas sí, para siempre en la memoria, ese verso que me mostrabas
sobre lo excesivo de una estatua en la ciudad que aprendí a amar a lo lejos
mientras tu escribías sobre do Carmo y yo enredaba en tus estantes
robándote libros a plazos semanales

porque uno nunca sabe qué hacer con la muerte,
dejarla inerme a los pies, enterrarla bajo una capa de olvido,
ahora es este quedarme aquí tan solo,
pensando en la alta alegría del poema
de haber podido caminar a tu lado

ahora, fiebre y dolor, no soy más que lo que dejaste atrás;
estos versos apenas si contienen
el aliento de tu voz rotunda,
tu amistad sin aristas ni dobleces

(tú has dicho mi nombre
con tu letra,
con tus labios,
con tu abrazo)

ahora, desamparo y tristeza, ya sabes que la muerte era eso:
apenas unos gramos de ceniza sobre el agua,
al pie de un árbol en la frontera,
entre la mirada entre perpleja y errática de los amigos
y el llanto inconsolable de las hijas

herido por el hombre, este tiempo de errores y tropiezos
se desquita con la inquina de los mediocres

qué sola se queda
-ahora sí-
la casa de la madre

domingo, 9 de mayo de 2010

Cementerio Alemán (2)


Ayer sábado, durante el Día del Bibiófilo, celebrado en el marco de la Feria del Libro de Almendralejo, se homenajeó a Santiago Castelo, presidente de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes y subdirector desde hace años del diario "ABC".
Poeta de extensa y dilatada trayectoria, José Miguel Santiago Castelo es también alguien muy cercano y querido, uno de esos rara avis que pueden considerarse profetas en su tierra.

Mi manera de sumarme a ese merecido homenaje, es publicar este hermoso poema de su autoría, incluido en su libro Quilombo (Editorial Point de Lunettes), agregándolo a esa antología en marcha en esta ventana sobre el Cementerio Alemán de Yuste.
Por este libro, Santiago Castelo fue galardonado con el "Premio Extremadura a la Creación" en 2009.

Enhorabuena, Santiago.



HUERTO DE CRUCES
(Cementerio alemán de Yuste)

Para Antonio Gallego y Gallego

“Tiene la muerte una medida exacta”.
Álvaro Valverde

¡Qué silencio en la suave mañana del otoño!
El aire se ha parado sin clave de derrota.
Canta un pájaro al fondo y en la sierra florece
la barba encanecida del César moribundo.
Aquí quedan sus nombres en la medida exacta,
tan lejos de su tierra, tan cerca de su sino
y nadie sabe cómo ni para qué murieron
cuando aún eran jóvenes y hermosos y soldados...
Héroes desconocidos que quizás nadie evoque
en el reloj perdido de la vieja Germania,
aquí habéis encontrado una cuna de olivos
con viñedos dorados y castaños de sombra.
Que nadie nos pregunte por vuestra historia herida,
dormid, rubios soldados, en la paz de este huerto...
También hasta aquí vino, al lado de esa tapia,
a morir el que fuera Emperador del mundo.
Sólo queda el silencio y el pájaro que aún canta
y hay un suspiro hondo en la zarza desnuda
evocando una Europa que quizás nunca exista...
Aunque siempre nos quede vuestra muda palabra.

Santiago Castelo


Foto de Santiago Castelo: Alonso Gil, Diario "Hoy".

sábado, 8 de mayo de 2010

Aniversario





Hoy, ocho de mayo, se celebra el sexagésimo quinto aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial en Europa. Sesenta millones de muertos. La más terrible guerra en la historia de la humanidad, fruto de políticos megalómanos y políticos pusilánimes que no supieron dar un puñetazo en la mesa cuando tuvieron la ocasión.

Que no aprendimos nada de aquella catástrofe mundial, me parece evidente; el final de la misma, en contra de lo que la razón aconsejaba, dividió el mundo en bloques antagónicos que se mantuvieron en guerra permanente durante otros cuarenta y cuatro años, hasta la caída del Muro de Berlín.
Item más; yo creo que sus secuelas aún perduran, que aún seguimos en guerra en buena parte del mundo.

De que aquello no vuelva a repetirse todos somos responsables.


Me acuerdo de la batalla de Gallipoli, de Waterloo, de Stalingrado, de la sinrazón de los ejércitos.




Matanzas (sigloXX)
Armenia, Verdún, España, Stalingrado, Vietnam, Camboya, Srebenica, Ruanda…
Basta, basta; estoy lleno de sangre.



viernes, 7 de mayo de 2010

Buzón (2)



Acabo de levantarme de la siesta, de la que soy acérrimo practicante y fervoroso partidario. Pero ésta, desde luego, no ha sido de las mejores: la consabida llamada intempestiva que te pregunta si tienes internet en casa -¿y a usted qué coño le importa?-, o la de la encuesta insustancial, o el tipo que se ha equivocado de número y ni siquiera se disculpa. Así no vamos a ninguna parte; ¿a qué clase de genio se le ha ocurrido que si me despiertan durante la siesta con sus timbrazos y gilipolleces les voy a contratar algún servicio? No, no ha sido de mis mejores siestas.

Menos mal que al despertarme lo primero con que se encuentran mis ojos es la pila de libros que he recibido durante estos últimos días, bien en el buzón de casa, bien de manos de sus autores: libros que parecen estar diciéndome “léeme, léeme”, en franca batalla con los demás para ser los primeros.
Pero lo primero es un café; lo siento, amigos libros, pero si no me tomo ese café vespertino recién levantado, soy incapaz de haceros caso. Uno -qué le vamos a hacer- tiene sus pequeños y cotidianos ritos -insustanciales, dicen algunos, insanos, opinan otros- y, en la medida de lo posible, procura serles lo más fiel posible.

Ahora sí, ya estoy aquí con vosotros: cafelito, cigarrito…
A ver, vayan pasando:

El tiempo circular, de Pilar Galán, una reedición de los cuentos reunidos con el mismo título hace diez años, aumentada con algunos relatos posteriores.





El escondite, de Irene Sánchez Carrón, una feliz recuperación de los dos primeros libros publicados por la autora ("Porque no somos dioses" y "Escenas principales de un actor secundario", -Premio Adonáis, 1999-), ya prácticamente inencontrables en sus ediciones originales.



Retórica para zurdos, de José María Cumbreño, un volumen de aforismos y breves textos ensayísticos y metaliterarios que se bebe de un trago, pero que deja en la boca un regusto que perdura durante mucho tiempo gracias a la inteligencia y rigor de su escritura.



Agua quieta, de Cristina Grande. Un precioso libro de artículos ilustrados de la escritora aragonesa que ya dio sobradas muestras de talento anteriormente y donde uno, gracias a la generosidad de Cristina, ve su nombre impreso en el texto de contracubierta.



Vivir del aire, de Antón Castro, su primera y acertadísima incursión en el terreno poético después de dejarnos para nuestro regocijo, y entre otros muchos, títulos como "Golpes de mar" o "Fotografías veladas".



¿Qué hago, por cuál me decido? Como no soy capaz de elegir, me erijo en Salomón y los voy hojeando alternativamente: un cuento de Pilar, un poema de Irene, un artículo de Cristina, unos aforismos de Chema, otro poema de Antón…
Y, "nada por aquí, nada por allá", gracias a la magia de sus palabras, ya ni me acuerdo de quienes se empeñan en hacernos la vida más difícil despertándonos de la siesta.

Gracias, amigos.


Referencias:
Los tres primeros títulos en
Editora Regional de Extremadura.
"Agua quieta", en Ed. Traspiés, Col. Vagamundos.
"Vivir del aire", en Olifante. Col. Papeles de Trasmoz.

jueves, 6 de mayo de 2010

El oso




Si siempre nos parece sorprendente la actitud de esos perros que, una vez muertos sus amos, se dejan morir ellos mismos a los pies de las tumbas donde fueron enterrados, o esos otros que, abandonados y perdidos, aparecen al cabo del tiempo, a veces tras varios meses o años, en las casas de donde salieron, el suceso que ha llegado a mis oídos no debería preocuparme como lo hace desde que tengo noticias de él. En cierto zoológico europeo, el mismo día en que hubo que sacrificar por parte de los cuidadores un ejemplar de gamo hembra deformado y casi inmóvil por la falta de espacio y actividad, un enorme oso pardo de la jaula de enfrente atacó y despedazó a todos sus compañeros de cautiverio y a punto estuvo de arrancar, con una fuerza descomunal, las puertas de su prisión. Tuvo que ser abatido de dos certeros balazos.


Tan extraño comportamiento del plantígrado, hasta ese momento muy apreciado por cuidadores y visitantes por su mansedumbre, no ha podido ser explicado en modo alguno por los más afamados especialistas en el comportamiento animal. Como les hemos negado a los animales la posibilidad de la locura, porque ella implica la pérdida de la razón, que también les hemos negado, alguien aventuró la hipótesis, medio en serio, medio en broma, de que el oso, contraviniendo toda la teoría de la evolución y los instintos genéticos, se hubiera “enamorado” -así se dijo, “enamorado”-, de la hembra gamo y que no pudiendo soportar su ausencia, actuara como lo hizo para procurar su propia muerte. De modo que enamorado y suicida. Pero eso, nos dicen, es imposible, los animales no tienen esa clase de sentimientos. Y sin embargo, no puedo dejar de darle vueltas a este asunto.

El establecimiento, uno de los más prestigiosos del continente, permanece cerrado al público desde entonces y no por falta de atractivos -existen en él ejemplares de algunas de las más raras especies (cabe decir de las más amenazadas de extinción)-, sino por el absoluto mutismo e inmovilidad del resto de los animales que se niegan, en la mayoría de los casos, a salir de sus cubiles.


Y en estas circunstancias, que de prolongarse en el tiempo supondrá la muerte para muchos de ellos, los visitantes, que en los días y semanas posteriores al suceso antes citado se multiplicaron morbosamente, no encuentran el más mínimo atractivo para su visita.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Comisarios eran los de antes




[Los documentos que presentamos a continuación, una serie de actuaciones de la comisaría de Las Flores del año 1909, nos han sido enviados por nuestro colaborador Leonardo Castagnino.
Se ha respetado la ortografía original. No tienen desperdicio]



Comisaría de: Las Flores ATUACIÓN POLICIAL Nros 3 DE 1909 Del Señor Comisario Don Marcos Andrade.

Denuncia de Angélica Solores contra Bonifacio estrella, acusándolo de aber abusado de ella y de sus dos hijas.

El día de oy, 15 denero de 1909 se presenta ante mí, Marcos Andrade, Comisario de Policía de Las Flores, una mujer que dijo venía a levantar una denuncia, y que respondiendo a las preguntas que le hizo contestó llamarse Angélica Flores, viuda (no sabe de quién), santiagueña de treintaiocho años deedá quien vive en una casa blanqueada de verde que ay al otro lao de la estasión, en el camino que va pal matadero. Dispues deso "le pasé" la palabra a eya y dijo: que la primera me se casó con Francisco Carreño, de quién tuvo dos hijas, la Micaela, y la Dolores, de 18 y 15 añios deedá cada una deeyas, que eran mui felises pero un día el se fue a trabajar a la cosecha, pero como estuvo cuatro años sin volver palas casas ni dar señales de vida, eya creyéndolo muerto se volvió a casar con el Casimiro Reyes, con quién tuvo otros tres hijos más.
Que no sabe porque causa Reyes también la abandono hace ya mucho tiempo, y como no está sigura si dos maridos están muertos o no, es que no sabe de cuál deyos es viuda. Que hace un añio se conoció con el Bonifacio Estrella, foguista de tren, quién quiso casarse denseguida con ella, pero ladisente de miedo que le pasara lo mismo que con los otros maridos no le dio el sí y solo le asetó vivir arrimada con él pero guardandole el rispeto, como si fuera su esposo endeveras, que el Estrella se portó bien al prinsipio, era cariñioso con sus hijas y corría con los gastos de la casa. Pero muy pronto la disente, sedio cuenta que entre él y la Micaela, haiba algo y no está desasertada porque cuando aclaró las cosas resultó que su hija ya estaba gruesa y que el sedutor era su propio marido.
Que por supuesto ubo un gran baruyo entre ellos, pero como se habían acostumbrado a vivir todos juntos, arreglaron las cosas, pero como marido de la Micaela, con ella "nihablarse". Claro que eya sentía perderse un marido jóven y con empleo como Estrella, pero dispuso de lo que pasara "que iba aser" que la disente le entregó a la pareja su cama matrimonial y eya se fue a dormir en el catre que usaba antes la Micaela, que las cosas siguieron bien un tiempo nomás, porque el cartero Prutorio Gómez al verla libre a la disente empesó cortejarla, pero al enterarse Estrella de esos amores, le proibio Gómez, que se llegara a las casas, alegando que mientras él sostuviera la familia él mandaba.
Que la disente reconoce que Estrella tiene rasón en parte, pero que eya también la tiene, porque ya que él la dejó por su hija no puede proibirle a que eya busque la felicidad al lao de otro ombre. Que apesar de sus protestas Estrella se impuso y la disente le izo caso porque comprendía que apesar de sus caprichos el ombre no es malo del todo y le desía que por ay le acía unas caídas pero la disente no aflojó. Y cuando después de tantas desilusiones pensaba renunciar a los ombres buscando felicidad del nieto que la Micaela esta con filo, risulta que el Estrella se le manda mudar llevándose a la otra a la Dolores, de quinse añios deedá, y de yapa media sonsa, porque si nó no se explica como puede haberseido con un ombre así. Que si la disente etubiera en otras condiciones no pediría nada pero obligada a dar este paso teniendo en cuanta a que dispué de lo ocurrido es muy difícil encontrar otro ombre que se quiera ser cargo de la familia.
Que por eso presenta esta denuncia pidiendo a la autoridad que le hagan justicia obligando a Estrella a volver a la casa y que se cace con cualquiera de sus hijas. (subrayado en el original) asi se ciente más obligado a cumplir sus compromisos y que si el no quiere casarse con las muchachas la disente a pesar del resentimiento que le guarda estaría dispuesta a sacrificarse casándose con él nada más que para salbar el honor de la familia. Está todo lo que ha dicho, di por terminada la denuncia, firmando la disente conmigo y los testigos son Froilan Sombra, mas conocido por el Rengo Sombra, el peluquero Vitorio Avalos, vecinos de esta comisaría y ombres de toda mi confianza.

Fdo: Marcos Andrade Angélica Solores Vitorio Avalos Froilan Sombra Nombrese: Al sargento Feliciano Troncoso para que pida prestados dos cabayos y en cuanto pueda salga atrás de la pareja y la agarre ande aya.

Fdo: Marcos Andrade

La Flores, veinte de enero de milnovecientos nueve: Abiendo vuelto el Sargento Troncoso trayendo la pareja que se disparó, resuelvo que se presenten ante mi presencia, para tomarle declaración.

Fdo: Marcos Andrade

Un rato mas tarde la ago trair a mi escritorio a la menor Dolores Carreño que estaba detenida por averse mandao a mudar con el marido de la hermana y habiendo prometido que contaría todo lo que hab sucedido, empesé por preguntarle por cuantos años tenía y las demas cosa que se preguntan a las personas que cain presos, contestando yamarse como ya lo dijo al principiar, hija de su madre Angélica Solores, santiagueña tamien, como toda la familia, tiene no mas de quince añios y no sabe escribir cartas ni leerlas y si firmar. El suscrito tiene la obligación de dejar constancia que la muchacha bien desarroyada y que a pesar dela edá que confiesa, ya es mujercita y buena. Prieguntada si sabe por que a caido presa contesta: que sabe que la an tomao poraberse fugado con Bonifacio Estrella , preguntada para que cuente todo lo que aiga pasado contesta: que eya lo quiere a Estrella deside que lo conoció y que el le correspondió denseguida pero como ella era algo chica todavía y el tenía compromiso con su madre y su hermana la Micaela, resolvieron esperar; que ase una semana Estrella la a probao como mujer y está muy conforme con ella y que si no la quieren creer que se lo pregunten a Estrella. Preguntada para que diga si está o no arripentida del paso que a dao contesa: que no se arripiente de nada, que Estrella ya ha cumplido con su madre y su ermana y bastante que a debido esperar mientras el las atendia a eyas antes que a la disente y lo justo es que aura se lo dejen a eya siquiera por un tiempo para que el pueda conocerla mejor y dispues diga con quien quiere quedarse. Que su madre ha hecho esta denuncia por despecho y no quiere desir otras cosa piores para que la gente no able. Ante la repentina salida de la muchacha termino con eya firmando los dos con los mismos testigos que usé la primera ves.

Fdo: Marcos Andrade Dolores Carreño Vitorio Avalos Froilan Sombra

Dispues lo ago pasar al causado que fue tomado prisionero junto a la mujer que disparó con él y como el ombre me prometiera decir la verdá de todo, emprincipié por preguntarle quien era, contestándome en presencia mía y del Sargento Troncoso que no me deja mentir, yamarse Bonifacio Estrella, Santafesino como de veinticinco añios, casado, bien parecido y buen empleado del Ferrocarril del Sur.
Apriguntas si se a estao preso y tiene antesedentes contesta: "nunca". Preguntao si sabe por que a caido preso contesta que sabe que loemos agarrao por lo que a echo y se pone a disposición de la autoridad. Preguntao para que cuente como an pasao los cosa, contestando: que lo único que a echo es fugarse con la Dolores porque la quiere y eya lo corresponde. Preguntado si antes vivía con la Micaela Carreño, contestó que es verdá, que ella está por tener un ijo del disente y que la quiere mucho tambien porque la muchacha es buena y no se habria sentido animada a meterlo en este enriedo sino que la madre qui a echo todo el baruyo enojada porque al prinsipio vivía con eya y dispues la dejó.
Preguntado si le ha dado palabra de casamiento a alguna de eyas, contestó que no, porque el disente ya es casado con la Rimualda Bustos, pero que si la mujer muere pronto como tiene esperansa, porque la pobre asi viendo questá enferma, entonses talves piensa cumplir con la Dolores, aunque sea, pero con la vieja nunca. Preguntado si su esposa sabía de sus relaciones con las Carreño, contesta: que sabía todo, pero que el disente cumple con sus obligacione y no tiene ningun visio, antes de ande chupando y jugando por los boliches, su mujer permite que tenga esas distracciones ajuera de la casa, pues como es mujer es sensata, comprende que esta eya enferma y siendo el disente ombre sano y joven, tiene que tener tentaciones. Preguntado si no se le a dao de decir alguna cosa contesta: que quiere desir ante al autorida que no se ciente culpable de nada, y que si bien reconoce que a echo vida marital con la Angelica Solores y sus dos hijas, tambien es cierto que sostenía a toda la familia con su trabajo y entonces lo justo es que eyas le pagaran de alguna forma el servicio que el les asía. Como ya se a echo tarde y no tenemos velas en la comisería terminamos con esta declarasión firmando los tres con el sargento Troncoso, porque los testigos que usamos siempre nos pidieron que los dejemos descansar por esta vuelta y les emos dado con el gusto.

Fdo: Marcos Andrade Bonifacio Estrella Troncoso Sargento

Las Flores, 25 de enero de 1909
Pareciendo al suscrito que la mujer Dolores Carreño se a disparado por su gusto con su sedutor Bonifacio Estrella y que entre eyos se quieren, resuelbo largarlos al los dos, ya que viviendo juntos no an echo mal a naides pues ay que tener en cuenta que aunque sea casado, su mujer es inferma y no le sierve para nada. Pero para que mi consencia quede tranquila voy a mandarle el sumario al mismo Jefe de Policía del Departamento para que lo rebise y diga si está bien o no lo echo por mi.

Fdo: Marcos Andrade

Las Flores, 25 de enero de 1.909

Señor Jefe de Policia Don Liberato Monje Querido Compadre: ……………………………Con el cartero Gomez que va a Mercedes a comprarse ropa y hacerse retratar para antes de casarse te mando la denuncia que a levantao nuestra comisaría doña Angélica Solores, viuda (no sabe de quien) contra Bonifacio Estrella, un buen muchacho de que a sido marido de la denunciante y de sus hijas, la Micaela y la Dolores, para que rebises el sumario y me digas si está bien o mal lo que el suscrito a resolvido por su cuenta. Como me parece que al tal Estrella le gusta mas la Dolores que es la mejor de las tres, yo los e dejao en libertá a los dos porque me parese que a nosotros que alguna ves fuimo tambien potros no tenemos derecho a estropear la felicidad de naides. Vos arás la que te paresca, porque para eso sos el jefe, pero mirá, pa mi que la vieja a echo denuncia por despecho nomas, dispue que el mosito la cambió por sus hijas y por eso me parese que si los dejamo en libertá, se an de volver arreglar entre ellos otra ves. Es sierto que el a sido marido de todas, pero pensá tambien que si el ombre les daba de comer, no es justo que las tres comieran de sus costiyas y de arriba nomas.
Total: que si lo metemo preso a él ellas se van a arreglar con el primer projimo que se arrime a pararles la oya y entonces, ante que anden cambiando de monta, me parese lo mejor dejar las cosas como están, asi eyas siguen viviendo con Estrella no mas y el cuidando la decencia de las casas (Que decis vos)

Escribime. Tu compadre.

Fdo: Marcos Andrade Jefatura de Policia Departamento de Mercedes Enero 26 de 1909

Y visto: El sumario instruido por denuncia de Angélca Solores acusando al Bonifacio Estrella de abusar de eya y de sus hijas.

Y considerando: que tanto la denunciante como sus dos hijas son tan mujeres en estado de merecer, las que deben ya saber lo que le conviene y puesto quean vivido muy a gusto con el acusado mientras él les daba de comer, y solo se quejan aora cuando cansado de sostener la familia las abandona para quedarse con una sola, lo que me parece muy bien echo, puesto que según se mire el abuso es mas de eyas que del él.
Resuelvo: Aprobar lo procedimiento del comisario de Flores Don Marcos Andrade y disponer el archivo de estas atuaciones. A ruego del Señor Jefe de Policía Don Liberto Monje por no saber hacerlo, firmado
Emilio Demilio Secretario y Comisario de Ordenes

Es copia fiel del sumario original.


Fuente: http://www.elortiba.org/

martes, 4 de mayo de 2010

Miscelánea


Deposición. Acto consistente en exonerar el vientre de una masa oscura, viscosa o fluida según casos y situaciones, y maloliente en extremo, en que se transforman por igual los alimentos ingeridos y algunas grandes ideas.
Su liberación en grandes dosis y al unísono por una masa de crédulos, puede ocasionar enormes problemas a la red de alcantarillado público, al entorno ecológico, y a la convivencia pacífica.
Justo después de nacer, deponer es una de las primeras cosas que hacemos, lo que ha llevado a muchos eximios pensadores a la conclusión de que dicho acto pudiera ser una temprana y profética metáfora de lo que nos espera en la vida.


El tirachinas

Les juro, señores, que no doy crédito a lo que ha sucedido. Yo estaba tan tranquilo practicando con mi tirachinas contra unas latas viejas, usando como munición esas piedritas que saco del río porque son las que mejor vuelan, cuando ese tipo apareció de repente dando voces, provocando:

-¿A que no me das, a que no me das? -decía el imbécil, mientras cruzaba corriendo de lado a lado mi campo de tiro, como esos impasibles patitos de chapa dando vueltas y más vueltas en las casetas de feria.
 

Pues le di, vaya si le di.

Pero quién iba a pensar semejante cosa.

Si todo el mundo sabe que soy el peor tirador del mundo, que hasta los pájaros se ríen de mi puntería.

Todavía no salgo de mi asombro.

¿Están ustedes seguros de que está muerto?





¿Y tú qué miras?

lunes, 3 de mayo de 2010

Paisanaje (7) Roque



Que tenía tendencia al engorde, como los gatos capaos, era algo que saltaba a la vista, no podía negarlo. Desde que los mocos -verdes, espesos, gelatinosos...- le colgaban mansamente de la napia (y ya ha llovido, que hace una pila de años de eso), los kilos de grasa habían ido conquistando fronteras en su estuche de piel que antes ni sospechaba que existieran y que le fueron confiriendo poco a poco, con disimulo y como quien no quiere la cosa, una apariencia ovalada, casi esférica. Para ver de ponerle coto al desmán físico Roque había intentado de todo: desde dietas supuestamente infalibles (la de la alcachofa, la de la zanahoria, la de los pomelos, la de los hidratos…) hasta remedios de todo tipo inventados por mercachifles locos, a  cual más peregrino e inútil, y que se veía de lejos que no eran más que engañabobos. Con vistas a encubrir en lo posible su aspecto morcillón a ojos de los demás, el Roque no dudaba en comprarse la ropa bien holgada, al menos un par de tallas más grandes de lo necesario, de lo que nos enterábamos presto por boca de “La Prensa”, la cotilla más fiable del escalafón. Más de un choteo, y más de dos, tuvo que aguantar el gordinflas a cuenta de ello: -Roque, o te bajas el culo o te subes los pantalones, decídete de una vez que nos tienes en un sinvivir -le tirábamos con cartuchazos de sal en cuanto aparecía. -¿Y esa camisa? ¿Se la has quitao a los gigantes y cabezudos?

Cosas así, inocentonas y joviales, que tampoco era cuestión de hacer sangre de más con la desgracia ajena. Incluso, e impulsado acaso por el hartazgo ante nuestras constantes pullas irónicas, se apuntó a un gimnasio (ese invento del maligno fuente de tantos pesares y agujetas, de tanta concupiscencia y adulterio, de tanta ruina y encedad) donde mortificaba sus músculos tres horas al día, cinco veces por semana, en desigual e inútil batalla contra las arrobas sobrantes de manteca. Bueno, lo de gimnasio es un poco exagerao: iba a un establo medio en ruinas que habían arreglao buenamente entre unos cuantos, tan zumbaos como él,  pa practicar su tontuna. Aparte de eso, también compraba en la teletienda todo tipo de artilugios del género trapacero: medidores de grasa corporal, cinturones milagrosos  (y feos de cojones) que prometían reducir la papada, el abdomen y las cartucheras sin más esfuerzo que el de enchufarlos a la corriente, pelotitas esponjosas de tacto divino pa aliviar el estrés… Menudos camelos.

Cuando se le calentaba la lengua después de hincarse un par de copazos de cazalla, el Damián recetaba el remedio a lo bruto: -Un pico y una pala le daba yo a ese tragón. Y venga a picar y a palear hasta que los desgastara. Y de menú, pan y agua día sí, día no; ya veríais como se le quitaban de golpe las pamplinas y le bajaban los sebos a toa mecha.

Bien es cierto que el Roque tenía sentido del humor, que es una cualidad que empieza por saber reírse de uno mismo y no tan valorada como debiera, por lo que echaba en saco roto nuestros consejos, sin rencor ni mala baba, con razonamientos de esta guisa:
-Esto no es barriga, caballeretes, que no entendéis de la misa la media: esto es que me s´ha caío el pecho y entoavía no he tenío tiempo de levantarlo -nos soltaba tranquilo, acariciándose la tripaza a dos manos como un fraile zumbón satisfecho tras la cuchipanda. O este otro, muy bueno, y en nada parecido al anterior en cuanto al léxico se refiere: -Yo no estoy obeso, señores: soy rotundo y armónico de formas, como del canon helénico. Admirar, no sin envidia y estupefacción, la elegancia sin parangón de mi curva abdominal y praxiteliana. Y ahora, discúlpenme usías el mutis repentino; es la hora de mi deposición vespertina y he de dirigirme al excusado con premura pues me noto el intestino con una leve, mas ciertamente insidiosa y molesta, turbación. Con permiso.
¿Ein? ¿Mande? Boquiabiertos nos dejaba con su labia cambiante.

¿Tenía sentido del humor el tío o no? Eso sí, siempre y cuando no le salieras con aquello de “El perro de san Roque no tiene rabo porque Ramón Ramírez se lo ha cortado”. Le ponía de los nervios el puto chascarrillo. Le encabronaba el genio hasta no te imaginas cuánto y arremetía sin ton ni son contra cualquier bocazas puñetero que le buscara las cosquillas por ese lado.

Un día apareció alardeando por la taberna sin el anillo de casao, lo que le costó un disgusto de los gordos con la parienta: -Que no hay que ir presumiendo de cónyuge, ni dando pistas al enemigo, que se espantan las solteras, macho -decía el tío, displicente y feliz, con esa pachorra tan suya. Habló el Adonis, no te jode. Si todos sabíamos que se lo había quitado el “Roy” en su taller porque ya no le cabía en el deo, que casi se le gangrena por la presión; una morcilla de Burgos parecía el anular.

Pero lo peor de todo, y en lo que había un acuerdo casi unánime en el pueblo, era el terrible impacto visual (y emocional) que provocaba su cotidiana actividad: ver al Roque embutío como al vacío en plástico de envolver o en papel de plata arrastrando su exceso de arrobas con ese trotecillo cansino y cochinero, enfundao en un chándal zarrapastroso del año del cancán morado y amarillo (mira, como Los Ángeles Lakers), vuelta va y vuelta viene sudando la gota gorda, congestionao como un gorrino cuando ventea al matarife, y a la vista de quien quisiera verlo, era una experiencia difícil de olvidar: nos ponía los pelos igual que bics de punta fina, un nudo corredizo y bien gordo (como de ahorcao en noche de luna llena) apretando la nuez, y el ánima tal que racimo de uvas pasas. Una experiencia, ya te digo, que no se la deseo ni a mi peor enemigo por mu mal que se haya portao.
-Ponme otro chato, Tomasín, que me s´ha quedao la boca seca como el esparto con la visión.

Entre la era del tío Cirilo y los perales de la Antonia (cosa de media legua a ojo de buen cubero), el bueno del Roque, a fuerza de zapatilla y perseverancia, a base de trote y sudor, entre idas y venidas, había hecho un surco mu aparente en el trayecto. Nos puso el apodo en bandeja: “El Arao”. Roque “El Arao”. ¡Virgen santa, qué jartera de reír se pegó cuando se lo dijimos la primera vez apoyaos en la barra de la taberna! Se le bamboleaban la tripa, la papada y los mofletes cosa fina. El chato de tintorro que se estaba tomando se le fue por el camino equivocao y le dio un ataque de tos que daba miedo. Temblaban hasta los vasos. No te digo más que estuvo a punto de pegarle una congestión. ¡Qué tío! Más salao que las pesetas era. Tan en gracia le cayó el mote que cuando se repuso del percance hasta nos invitó a unas rondas y unas raciones, él, que siempre fue de los de la Cofradía del Puño Cerrao y la Cartera Apretá. No salíamos de nuestro asombro. Verlo pa creerlo.

Pero cuando la cosa está de pasar… Y mira que se lo machacamos mil veces del derecho y del revés: -“Arao”, hombre, déjalo ya. No te obceques. No marees más la perdiz. Si el que ha salío gordo, gordo se va a morir. Y además, y pa que te enteres, según unos estudios de la Universidá de (y aquí nos inventábamos un nombre cualquiera, pero en inglés, que da más credibilidad, porque la verdad es que no teníamos ni puñetera idea, sólo tratábamos de quitarle esa obsesión insana de la cabeza), está más que demostrao científicamente que los gordos son más felices que el resto del personal. Pues disfruta, coño, Roque, carpe diem; hazlo aunque sólo sea por nosotros, que nos tienes en un sinvivir. 

Pues de nada nos valió el argumento, no hubo manera humana de que diera marcha atrás. Y es que cuando la mente se trastoca y te pica la araña del desvarío…

Así que cuando habló de pasar por el quirófano y pronunció las palabras líftin y bótox (-Pa quitarme lo que sobra, poca cosa, un poquino de aquí y otro de allí, un pinchacino en esta parte pa alisar las arrugas… -argumentaba convencío de su razón), tuvimos que ponernos serios y tomar cartas en el asunto:
-Eso sí que no, Roque; hasta aquí hemos llegao. Sandeces, las justas. Si a nosotros nos gustas así y te tenemos buena ley, que eres mu entretenío y buena gente. Déjalo estar como está, que vete tú a saber si sales con bien de la anestesia o los del bisturí te cortan lo que no deben, que no serías el primero que casca o se desgracia pa los restos por esa tontá -pontificó el Miguelillo en nombre de todos.
Pero como no daba su brazo a torcer, que también era más terco que un mulo cojo, no hubo más remedio que mover algunos papeles en el juzgao de la capital e ingresarlo en la Casa de Salud. En el manicomio, vamos. Valiente chalaura, un líftin. Una pena, porque nos perdimos lo de tapear de gorra de cuando en cuando a su costa,  pero es que el asunto era ya de fuerza mayor, un tema de conciencia. Y por un amigo ya se sabe: lo que haga falta.

El perímetro de la institución lo tiene pateao, pero a base de bien, de arriba a abajo y de pe a pa, como un topógrafo recién diplomao en su primer currele cartografiando al milímetro una finca virgen.

Las monjitas se ocupan de él con abnegación y le dejan tranquilo con su tontuna: le dieron unas playeras, un niqui y un consejo: -Hala, a correr, “Arao”, que el airecillo de la tarde topando contra el rostro viene mu bien pa la circulación y despeja los malos pensamientos.

Dicen las hermanas que no da ni miajita de guerra: se hace su circuito por el huerto y los claustros, llega, se ducha, cena lo que toque de rancho esa noche y se mete en la piltra a dormir como un bendito.

Y mientras no moleste.


domingo, 2 de mayo de 2010

Un baile a beneficio (La podrida)



Milonga (1950)

Música: Juan Carlos Caccaviello
Letra: José Alfredo Fernández


Con el lungo Pantaleón,
Pepino y el Loco Juan,
el Peludo Santillán,
Tito y el Chueco Ramón
salimos con la intención
de ir a un bailongo fulero
a beneficio de un reo
que se hallaba engayolao
en Devoto, y acusao
por asuntos del choreo.

Resulta que el loco es de buena familia,
pero tiene un inconveniente el hombre:
es coleccionista de gallinas.


Al buffet por la bebida
fui yo, Tito y el Peludo,
que ya estaba medio mudo
de la curda que tenía.
Pero allí encontré una cría
chupando que daba gusto;
estaba el guitarrero Augusto,
Gatillo, el cortao Potranca,
y el Sordo tenía una tranca
que de verlo daba susto.

Este amigo siempre borracho.
¡Y pensar que nació en La Martona, el loco!


En el ambiente de minas
estaban las de Mendieta,
con la flaca Pañoleta,
la Paja Brava y la China,
Pichuta la golondrina,
la mechera Encarnación,
la gorda del corralón,
Sarita de la cortada,
la grela de Puñalada
y la parda 'el callejón.

Era un ambiente bastante,
bastante somería, el ambiente.


Entre el baile meta y ponga
que era brava la negrada,
y entre cortes y quebradas
se mandaban la milonga.
Una negra media conga,
bailando con un chabón,
le dio al Loco un pisotón
propiamente en el juanete...
Si Santillán no se mete
el Loco, el Loco le da un piñón.

Pero hay que ver amigo, siempre le pisan el juanete al Loco.
También, si el Loco tiene un juanete que parece una milanesa.

Pero el chabón muy careta
al Loco le dio un sopapo,
cayó el Loco como un sapo
haciendo sonar la jeta.
Intervino Pañoleta
para aliviar la cuestión,
el chabón para un rincón
se las quería picar,
pero lo hizo sonar
de un tortazo Pantaleón.


Pronto se armó la podrida,
piña, trompada, tortazo,
Santillán tiró un balazo
con un chumbo que traía;
toda la gente corría,
quedó la casa pelada.
Pa' terminar la velada
yo me chorié un bandoneón,
un piloto Pantaleón,
y el Loco la jeta hinchada.

Ver aquí

sábado, 1 de mayo de 2010

Un calendario (Mayo)


Mayo
Ha llegado mayo. Estalla con las glicinias en el emparrado del jardín. Son corolas violetas, como campanas violetas. Campanas de mi aldea, pregunto a las glicinias, ¿por qué no sonáis ya? Me responden las campanas de Metato, al otro lado del río, diciendo: delelén, delelén, adivina quién es. ¿Quién es?, pregunto yo. Y ellas responden: delelén, delelén, delelén, adivina quién es.




Maggio
Ecco arrivato ilmaggio. Scoppia col glicine nella pergola del giardino. Sono pigne violette, come campane violette. Campane del mio villaggio, chiedo al glicine, perché non suonate più? Mi rispondono le campane di Metato, dall´altra parte del fiume, che dicono: delelén, delelén, indovina chi è? Chi è?, chiedo io. E loro rispondono: delelén, delelén, delelén, indovina chi è?

Antonio Tabuchhi