
Una cuestión que me bulle en el magín, me persigue de continuo y, casi, casi, no me deja reposo, es la siguiente: ¿vosotros os habéis preguntado alguna vez qué sería de nuestros pueblos y aldeas, de nuestras villas y ciudades sin esa figura señera y castiza de la cotilla? Pues ya os lo digo yo, no os canséis: que nos íbamos a aburrir como ostras en un acuario de juguete.
Menos mal que aquí, en Cascajos de la Quinta (de la “Quinta Puñeta”, la prima del “Quinto Coño”, que dicen los malparíos de Porrones creyendo que tiene gracia), la tradición se mantiene firme y podemos presumir de una de las mejores de la comarca, cuando no de la provincia. Y no digo de la región pa que no me llaméis exagerao.
¿Qué sería de nosotros (me interrogo en mis soledades) sin los titánicos afanes de Asunción, alias “La Prensa”, por mantenernos al corriente de asuntos que, si bien lo miras, nos importan un comino, pero sin los cuales, que así de contradictorios y puñeteros somos los humanos, nada sería lo mismo?
“La Prensa”, que a duras penas pudo acabar la primaria (o sea, que no se puede decir que tenga muchas luces), se erigió ella solita desde bien chica, sin que nadie se lo pidiera, y siguiendo una tradición familiar que se remontaba a su tatarabuela (“De casta le viene al galgo”, que dice el refrán), en la investigadora y portavoz de cuanto suceso acaeciese en nuestras calles y corrales, en nuestros comercios y minifundios, en nuestras alcobas y oficinas.
Asunción Mochales Porrete, una pertinaz y muy digna representante de esa tradición oral de toda la vida (Sabes que… Oye, que me han dicho… Te has enterao de… Pues no va y me dice…), añeja precursora del periodismo de investigación más chabacano y amarillista, también conocida como “la técnica de las tres ces”: cotilleo, chismorreo y chinchorreo.
Mira, la cosa va así, ahí van unos ejemplos pa que te quede claro: imagínate que tú compras unos olivos, vendes una cochina de cría, arriendas una parcela, te “pillas” un buga guapo, apalabras una boda o un bautizo… No sé, cosas normales, cotidianas; pues antes de que vayas al Registro, la sacristía, o el concesionario de la capital, ten por cuenta que ya está “La Prensa” voceándolo en tiendas, peluquerías, tabernas, colmaos, y demás negocios proclives al parloteo y la cháchara, que a ver cómo coño se entera la tía antes que nadie.
Hay veces que parece medio bruja, o una vidente de esas, porque si no, no se entiende.
Y no digamos ya si le has dao una alegría clandestina al cuerpo esperando que no se enterara tu marido o tu mujer. Se relame con la perspectiva, la jodía.
Anda que no le dio juego ni ná (y, de paso, contento a nosotros) la escandalera (con muerto de por medio) del Manolito y la Pruden, y el juicio, y la absolución.
“Por aquí, secretitos, los justos, que es de mala educación”, es su lema.
Aunque lo bueno que tiene el asunto, puestos a buscar, que algo bueno tendrá que tener, es que hoy te toca a ti, pero mañana le tocará a otro. Y alguien tiene que hacerlo, nos guste o no, estemos o no de acuerdo, vamos, digo yo.
Y que lo mismo le da esto que lo otro: cualquier cosa le vale a “La Prensa” como blanco y diana para ser puesta a caldo y en trance de despelleje: el traje de la comunión del nieto (vaya mierda), la minifalda de la niña (un escándalo), la melena greñuda del imbécil del Ramiro (valiente gamberro), la charca de purines (qué asco), el precio de las alubias (menudo robo), el coche nuevo del vecino (a saber de dónde habrá sacao las perras el muerto de hambre ese… ).
Es que si no fuera por estas cosillas, esto sería un plomazo de no te menees.
Cierto es que pocas cosas hay (la romería de la Patrona, algún funeral señalao, el encierro de los toros… y para de contar) que unan tanto a vecinos y paisanos como lo que por estas tierras se denomina, con una cierta retranca y en emulación del maestro Machado (don Antonio, que éste sí que es merecedor del don), “los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa”. Pues “La Prensa”, con pelos y señales, y por lo menos una semana antes, ya te cuenta cuál va a ser este año el vestío de la Virgen, el árbol genealógico del finao y la desgracia que lo llevó hasta el hoyo, o el hierro y la traza de los morlacos, que le quita toa la emoción.
Como te lo digo. Y no me preguntes cómo -ya te digo que tiene que ser medio bruja-, porque yo tampoco me lo explico, pero de tó se entera la jodía la primerita: Mata Hari, a su lado, una vulgar aficioná; James Bond, un becario del montón; la Condesa de Romanones, una mindundi; Karla el enigmático, un párvulo con mocos.
Se la puede criticar, vale, que hay veces que se sienta a comer donde no le han dao cuchara, o se pone un vestío que no es el suyo, pero lo que no se le puede negar es talento ni vocación. Porque hay que tener talento para sacarle punta por igual, y sin discriminar los temas, a los ricos menús de la Brígida, las andanzas nocturnas del sacristán (menudo pájaro), o el peculiar parentesco entre el cura párroco y la joven y lozana señorita con la que convive desde tiempo ha en la casa rectoral.
Señorita -dicho sea de paso- que nos fue presentada cuando llegó como “Aquí, mi sobrina segunda”.
Ya, ya, sobrina. Sí, sí, segunda. Miau. A otro perro con ese hueso.
¡Ay, don Senén, don Senén!, que seremos brutos, pero no gilipollas, hombre, que no nos hemos caío de un guindo, ni nos chupamos el deo.
Volviendo a la Asun, que los asuntos del clero tienen mucho peligro; lo más sorprendente es su respuesta cuando le preguntamos por su empeño en meterse donde no la llaman, si no tiene miedo a que le aplaudan la cara en las dos direcciones (p´acá y p´allá), o le partan las piernas, o, puestos ya en algo más gordo, que le peguen fuego a su casa con ella dentro.
La tía responde sin inmutarse que “asume el riesgo, que lo hace por nosotros, y en aras del sacrosanto derecho del ciudadano a una información veraz”. Veraz, dice. Que lo pone en la Constitución y que, para legal, legal, la hija de su madre. Y que si no nos gusta, ya sabemos el viejo remedio: ajo y agua, a joderse y a aguantarse, que a ella le da igual el orden porque no altera el producto. Y que no piensa tirar por la borda una tradición familiar de tanta solera “por los escrúpulos hipócritas de cuatro cantamañanas”.
-No nos olvidemos -afirma rematando la monserga (y aquí se pone misteriosa de la muerte) que la información es poder.
Sí, poder joder a los demás si se tercia, no te amuela la reportera intrépida.
La verdad es que la mayoría hacemos el paripé de sentirnos muy ofendidos, y a su derecho a esa “información veraz” que no se le despega de los labios como supremo argumento de sus cotilleos, le oponemos, bien que con la boca pequeña y sin mucha convicción, el nuestro a la intimidad y la propia imagen.
-La cosa no está clara; al no haber jurisprudencia clara, y/o definitiva al respecto, no sabemos a ciencia cierta cuál de ellos prevalece sobre cuál -dictamina.
Que no piensa bajarse de la burra está claro, y además, aquí entre nos, y llegados a este punto crucial, yo creo, la verdad, que la tía tiene las de salirse con la suya.
¿Qué por qué digo esto, que parece que me pongo de su parte? Pues porque en el fondo todos llevamos un cotilla oculto, que sí, no pongas esa cara, que te lo digo yo; nos gusta estar al cabo de la calle y que nos lo den todo masticao.
Y eso ella lo hace como nadie, hay que reconocerlo.
Hombre, bien es cierto que no todo el mundo se toma a buenas eso de que metan las narices en sus asuntos sin venir a cuento, menos sin haber dao motivo; que más de un sopapo y algún tirón de pelos se ha llevao por pregonar, pongamos por caso, el absurdo color y diseño de las bragas de alguna, o los calzones con “palomos” de otro, la impotencia de aquel o la ligereza de cascos de aquella.
-Porque vamos, Asun, coño -le digo yo cuando se tercia: eso ya es vicio, no me digas tú a mí.
Y en esas estamos y así pasamos el rato: que tú me levantas un falso, pues yo te mato al perro; que tú malmetes en mi contra, pues yo te parto la boca; que me ofendes a la madre, pues yo me cago en toa tu parentela pasada, presente y futura.
O viceversa.
O como le dije en otra ocasión:
-Ahora en serio, Asun, de verdad te lo digo: si te atreves con mi suegra, nos vamos las dos de compras a la capital. Yo invito.
Un toma y daca, que se dice.
Vamos, versión "corregida y aumentada" de La vieja'el visillo del Sr. Mota. Y es que en todas partes cuecen habas.
ResponderSuprimirCómo me gustará leer estos "Paisanaje" algún día de un tirón, uno tras otro. Seguro que cobran, aunque parezca mentira, aún más fuerza.
Un abrazo.