viernes, 15 de junio de 2018

jueves, 7 de junio de 2018

Cortejo


Ese cortejo de los pájaros en el aire, ese vuelo enloquecido y esperanzado, ese alado frenesí.

jueves, 31 de mayo de 2018

La mosca de Tosansan


“Mosca, emblema atroz de la perseverancia”.


lunes, 21 de mayo de 2018

Truenos, gorjeos



Ayer cayó en Mérida una chupa de agua -mezclada con algo de granizo- bastante curiosa.
Y me acordé de este breve texto de Algo que perder:

"Cuando el trueno se calla se sigue escuchando el gorjeo de los pájaros. O lo que es lo mismo según la sabiduría popular: Después de una gran tormenta, una gran serenidad".

domingo, 20 de mayo de 2018

Naufragios


Esas naves desdichadas que nunca llegan a buen puerto. 
Y quien dice naves, dice vidas.

domingo, 6 de mayo de 2018

Nómada en Béjar y Plasencia


Ayer estuve nomadeando un poco por las tierras altas extremeñas y las bajas salmantinas: con la fresca de la mañana me puse en marcha desde Mérida camino de Béjar para encontrarme después de más de un año con mi querido Luis Felipe Comendador, alias "Pipe". Fui a llevarle unas cajas de libros fruto del expurgo que vengo haciendo en mi biblioteca desde hace tiempo y contribuir de esta manera con mi granito de arena (también me traje algunas cosillas de su mercadillo -un Max Aub, un Baroja, un jugador de futbolín de plomo, un pequeño hipopótamo de ébano, cojo de la siniestra, para mi bestiario particular...) al proyecto solidario (SBQ El Humanismo Pequeñito) en, y con, el que lleva batallando desde hace un montón de años casi sin tregua.

Alrededor de la hora del vermú, ya me encontraba en la Feria del Libro de Plasencia para presentar mi "De nómadas y guerreros" bellamente editado (aunque a Gonzalo no le guste el interlineado entre versos, jejeje) por Mario Quintana en LeTour1987.

Ofició de maestra de ceremonias con tino, suavidad y cariño, Judith Rico (me gustó mucho esa referencia a mi nacencia vallecana), a quien con estas líneas le doy las gracias por sus amables palabras. Y por allí mariposeaba también con su inquietud habitual Nagore, hija de Judith y mi "pequeño amor" placentino.

En la presentación, hice una especie de lectura comparada y compartida entre mi libro y esos otros dos de la imagen final ("Estampas de ultramar", de Aníbal Núñez y la "Antología de Poesía Primitiva", compilada por Ernesto Cardenal) y de los que le considero deudor en gran parte.

Entre el público, muy queridos amigos (Álvaro Valverde y Yolanda, Gonzalo Hidalgo Bayal, Álex Chico, Nicanor Gil y Julia, Juan Ramón Santos y Fátima, Jorge Ávila, Puri y Manuel -padres del gran Víctor Peña Dacosta-...) y un buen puñado de espectadores anónimos y atentos.

Rematamos como mejor supimos (procuré no alargar la cosa para no cansar al respetable), firmé algún que otro ejemplar y luego nos fuimos de bares y tapas, ea. Entre unos y otros, la cosa se alargó hasta las 2 de la mañana, no os digo más.

Muchas gracias a todos por regalarme tan hermosa jornada en vuestra compañía.


martes, 24 de abril de 2018

Greguerías en "La Rinconada"


Este pasado domingo celebré de manera medio imprevista y sorpresiva un fantástico Día del Libro por anticipado. Rodeado de la estupenda gente que veis en la fotografía (miembros todos del Club de Lectura de la Biblioteca "Torrente Ballester" de Salamanca), y en el lugar que dicen "La Rinconada", nos metimos entre pecho y espalda una barbacoa de mar y monte: verduritas variadas, chocos, pollo a la portuguesa -con cilantro- y costillas a la brasa, regadas todas las viandas con cerveza y el rico vino de la tierra extremeña.
Luego, en la sobremesa, improvisamos una especie de "taller literario" con la lectura de algunas de mis "morerías" y la escritura por parte de los oyentes de las suyas propias: la autora de la greguería ganadora -Mari Luz- se llevó como premio el libro "liliputiense" firmado por todos los asistentes.
La sobremesa, con la tarde dulce pasando lentamente, se alargó casi hasta las nueve de la noche entre risas, cante de coplas y romances, historias varias de unos y otros y viejas palabras en desuso.

Reproduzco a continuación el total de greguerías que surgieron "al amor de la lumbre", con la ganadora en primer lugar.

El juego que más le gusta a mis llaves es el del escondite.

Los zánganos son los gigolós de la naturaleza.

Los libros son las ventanas a las que nos asomamos para evadirnos de nuestro destino.

La corchea le dijo a la negra “nos vemos en el tresillo de tu casa”.

Las alubias con liebre es una comida muy ligera.

Por falta de ingenio, aflojas la mosca.

¡Cóncavo¡ ¡Convexo!, discutían uno enfrente del otro.

Tus ojos son las gafas de cerca con las que me miro. Mis gafas son los ojos de lejos con los que me miras tú.

El cielo es el lienzo de los poetas nocturnos.

No todas las preposiciones son deshonestas.

La falta de ideas se plasma en el papel en blanco.

La música es literatura que no necesita de traducción.

¡Mil gracias a todos -con mención especial a mi queridísima Isabel Sánchez, perfecta anfitriona en tan bello lugar- por el regalo de este maravilloso día, una de esas jornadas para atesorar en la memoria.


domingo, 22 de abril de 2018

Por la boca...


Como a la gran mayoría de los que presumen de matones y perdonavidas se le ha ido la fuerza por la boca, nunca mejor dicho.
Día sí, día también, iba largando por ahí a quien quisiera escucharle que en cuanto me encontrara me iba a hacer no sé qué y no sé cuántos, que si esto, que si lo otro...
Unas amenazas espantosas, no os podéis figurar las barbaridades que soltaba por esa boquita.
Menudo fanfarrón.
Tuve que cerrársela para siempre con el bate de béisbol.
¿Se lo estaba buscando o no?

Foto: Weegee

miércoles, 11 de abril de 2018

Un casco lleno de piojos (Simic)



El mundo estaba envuelto en llamas y yo me dedicaba a sacarle ruidos chirriantes a mi violín. El niño Nerón. Una vez, de camino al mercado, pasé junto a una cuneta llena de gente a la que le habían cortado el cuello. Después cogí piojos por ponerme un casco alemán.
Esta es una historia que se contaba siempre entre los miembros de mi familia. Recuerdo aquellos inviernos posteriores a la guerra en los que pasábamos hambre y frío. Nos acurrucábamos todos en torno a una estufa de carbón y charlábamos preocupados sobre nuestra situación hasta altas horas de la noche. Tarde o temprano, inevitablemente, alguien sacaba a colación mi casco alemán infestado de piojos para relajar el ambiente con un toque de humor. A los mayores se les llenaban los ojos de lágrimas de tanto reír. Un muchacho lo bastante tonto para andar por ahí con un casco alemán lleno de piojos. ¡Está plagado de ellos! ¡Hasta un ciego los habría visto!
Yo les escuchaba sin decir nada, fingía que me hacía tanta gracia como a ellos, afirmaba con la cabeza mientras para mis adentros me decía que no eran más que un puñado de imbéciles. Ellos, por supuesto, no tenían ni idea de cómo me había hecho con el casco y no iba a ser yo quien se lo contase.
Fue al día siguiente a la liberación de Belgrado. Estaba en el recinto ferial junto a la iglesia de San Marcos con unos muchachos mayores que yo, sin mucho que hacer, husmeando por ahí. Entonces, de pronto, los vi: dos soldados alemanes, obviamente muertos, tendidos en el suelo. Nos acercamos para verlos mejor. No tenían armas. Les faltaban las botas, pero había un casco que había caído al suelo. No recuerdo qué hicieron los otros, pero yo fui directo a por el casco. Me acerqué de puntillas procurando que los soldados muertos no despertaran, mientras mantenía la mirada apartada. No llegué a verles la cara, aunque a veces tengo la sensación de que sí se la vi. De todo lo demás que sucedió en aquel momento guardo un recuerdo intensamente claro.

De La vida de las imágenes (Charles Simic), Vaso Roto, 2018



jueves, 29 de marzo de 2018

Cuero / Sebo


Me acuerdo de que el cuero nuevo de las botas de vino se ablandaba con sebo de caballo.

viernes, 16 de marzo de 2018

Dos poemas de Verónica Aranda


AL LIL*

I

He aprendido a nombrarte bajo los apagones,
cuando sabemos que la noche es llaga,
patio interior, furtivos alhelíes.

No se explican los claustros
sin la fragilidad de los ayunos
y versículos nómadas. La lluvia
cayendo torrencial sobre los bulevares
no impide que nombremos el amor
en ciudades extrañas
donde asumimos dos identidades:
laurel, nocturnidad, que nos arraigan
en la raíz del miedo primigenio.


II

Vendrá la noche y me traerá tus ojos,
pequeños intervalos de licor,
toda la lejanía de las lenguas semíticas.

Vendrá la noche cruel y tabernaria,
seremos como extraños que se dan cita a ciegas
en el café París. Vendrá la culpa,
unos besos furtivos
en algún mirador de la montaña,
donde la oscuridad del arrabal
nos hace vulnerables
y nos ladran los últimos mastines
y somos fugitivos
por la cornisa de los jazmineros.

*  Del árabe, la noche.


miércoles, 14 de marzo de 2018

Lawrence


Me acuerdo de que Lawrence de Arabia, después de haber sobrevivido a guerras e intrigas, se mató en un estúpido accidente de motocicleta durante un paseo por la campiña inglesa.

jueves, 1 de marzo de 2018

"Ciudad Corvina" (Francisco Ferrer Lerín)


DEFINICIÓN DE POEMA

Un poema es el espacio en el que el aire queda atrapado
en el que se conserva el habla de las aves
y donde habita el gran rey de los desiertos
San Onofre sin duda
con la venia de Andrés de Claramonte.

Un poema es el espacio que no permite pensar en mí
sin pensar en él
que no permite expresiones como
vigilaré las obras
o este sitio no es seguro.

Un poema incomoda con la duda
a quien alimenta a las tórtolas turcas
a quien seduce incólume al emisario
a quien saluda al sargento engalanado
y a quien apacigua al gitano herbáceo.

Un poema es el conjunto de hombres displicentes
que ven en el mal ajeno un recurso recomendable
hombres displicente diestros como nosotros
en el ejercicio de la muerte sobre las estólidas masas
ya que somos fieramente humanos
y nos bañamos en las aguas del desacuerdo
en la sangre de las citas a deshora
en la bibliofilia desaforada
y en el detalle áspero.

Francisco Ferrer Lerín (Cuadernos 21V, Valencia, 2018)

Foto del autor: Vicente Almazán


miércoles, 28 de febrero de 2018

Bombillas


Esas bombillas de antes, casi ciegas a falta de vatios, colgando del cielo raso de un cable forrado de tela y cagado con saña por las moscas, como un fruto paso, renegrido ya y sin sustancia, se me antoja una metáfora de cómo nos vamos apagando a poco que vivamos un poco más de la cuenta.

martes, 20 de febrero de 2018

Recuerdo, eternidad


“El recuerdo es un poco de eternidad”.