domingo, 26 de mayo de 2013

De forenses



Mi amigo forense me contaba cosas de los muertos que nunca querría haber sabido.

Autopsia
El que uno esté muerto no quiere decir que no afilen el bisturí o pongan un poco más de maña y dedicación a la hora de cortar y coser.
El que uno esté muerto no les da derecho, me parece a mí, a andar enredando como si nada en mis partes pudendas.
El que uno, en fin, esté muerto, no les autoriza a tratarme como si fuera un yogur caducado o un escalope de carne que se mete sin más en el frigorífico.
Me parece, cuando menos, una falta de respeto, qué quieren que les diga.


Forense
No, no, amigo, que te quede claro: aquí, y por lo menos en mi turno, el que entra muerto, sale muerto.
Así que no me vengas con el cuento de que estabas cataléptico.

sábado, 25 de mayo de 2013

"Morería" del buzo



El buzo emerge de las aguas con el abismo en la mirada.

viernes, 24 de mayo de 2013

Milonga de la ganzúa



 Letra de Raúl González Tuñón
Música de Juan Carlos Cedrón



Los ladrones usan gorra gris,
bufanda oscura y camiseta a rayas;
y si no, no;
alguno lleva una linterna sorda en el bolsillo.
Por otra parte, se enamoran de robustas muchachas,
coleccionan tarjetas postales y a veces
lucen un tatuaje en el brazo izquierdo:
una flor, un barco y un nombre: Rosita.
Todos los ladrones están enamorados de Rosita,
y yo también.
Los ladrones saben silbar,
bajarse de los coches en movimiento
y bailar el vals.
Aman sobre todo a su madre anciana
y cuando ésta se les muere
cantan un tango, lloran desconsoladamente
y de las cosas dejadas por la muerta
a repartirse entre los hermanos eligen…
una virgen de plata y el canario.
 

Vengan a verlos por las mañanas
con la gorra hasta las orejas:
han desvalijado a las viejas
del asilo de las Hermanas.
Dilapidarán sus dineros
con mujeres y malandrinos
en tugurios y merenderos,
en milongas y clandestinos.
Oirán un tango de Pracánico
y en lo del Pena, ole con ole,
mientras sueñan con Rocamboles
las muchachas en el Botánico.
Del parque Goal, los versolaris
humedecerán sus mejillas
cantando sombrías coplillas
a la manera de Olivari.
A la noche, con la mamúa,
irán de pura recalada
a besar la crencha engrasada
que cantó Carlos De La Púa.
Y son humanos, inhumanos,
fatalistas, sentimentales,
inocentes como animales
y canallas como cristianos.
Ninguna angustia los desgarra,
cada cual vive como quiere;
cuando la madre se les muere
le ponen luto a la guitarra.


Escuchar aquí

jueves, 23 de mayo de 2013

miércoles, 22 de mayo de 2013

Desconcertante



Al entrar en la plaza me topo de repente frente a un espectáculo insólito: un grupo de niños jugando al fútbol. Siéndolo ya de por sí en estos tiempos -niños jugando en la calle un partido en un suelo de granito y una multitud de señales de tráfico y mobiliario urbano como únicos testigos-, lo más extraño no es el partido en sí sino el desconcertante silencio que reina en la plaza y que casi se mastica mientras el balón rueda entre las piernas de los jugadores dando tumbos inconcretos de acá para allá. 
Seriecitos y formales, casi estoicos, patean el balón sin sentido alguno ni destino concreto, con la indolencia propia de quien nada espera de sus actos. Se diría que lo hacen casi por compromiso cuando pasa por su lado, como si golpearlo fuera un trámite obligado que se realiza sin ninguna pasión, igual que si trataran de alejar de su lado algo molesto y perturbador.
El descorazonador espectáculo -he visto a esos niños como adultos vencidos- me ha acompañado mientras cruzaba la plaza a toda prisa buscando escapar de él cuanto antes.
Ese silencio de los niños jugando me ha amargado el día.