miércoles, 11 de abril de 2018

Un casco lleno de piojos (Simic)



El mundo estaba envuelto en llamas y yo me dedicaba a sacarle ruidos chirriantes a mi violín. El niño Nerón. Una vez, de camino al mercado, pasé junto a una cuneta llena de gente a la que le habían cortado el cuello. Después cogí piojos por ponerme un casco alemán.
Esta es una historia que se contaba siempre entre los miembros de mi familia. Recuerdo aquellos inviernos posteriores a la guerra en los que pasábamos hambre y frío. Nos acurrucábamos todos en torno a una estufa de carbón y charlábamos preocupados sobre nuestra situación hasta altas horas de la noche. Tarde o temprano, inevitablemente, alguien sacaba a colación mi casco alemán infestado de piojos para relajar el ambiente con un toque de humor. A los mayores se les llenaban los ojos de lágrimas de tanto reír. Un muchacho lo bastante tonto para andar por ahí con un casco alemán lleno de piojos. ¡Está plagado de ellos! ¡Hasta un ciego los habría visto!
Yo les escuchaba sin decir nada, fingía que me hacía tanta gracia como a ellos, afirmaba con la cabeza mientras para mis adentros me decía que no eran más que un puñado de imbéciles. Ellos, por supuesto, no tenían ni idea de cómo me había hecho con el casco y no iba a ser yo quien se lo contase.
Fue al día siguiente a la liberación de Belgrado. Estaba en el recinto ferial junto a la iglesia de San Marcos con unos muchachos mayores que yo, sin mucho que hacer, husmeando por ahí. Entonces, de pronto, los vi: dos soldados alemanes, obviamente muertos, tendidos en el suelo. Nos acercamos para verlos mejor. No tenían armas. Les faltaban las botas, pero había un casco que había caído al suelo. No recuerdo qué hicieron los otros, pero yo fui directo a por el casco. Me acerqué de puntillas procurando que los soldados muertos no despertaran, mientras mantenía la mirada apartada. No llegué a verles la cara, aunque a veces tengo la sensación de que sí se la vi. De todo lo demás que sucedió en aquel momento guardo un recuerdo intensamente claro.

De La vida de las imágenes (Charles Simic), Vaso Roto, 2018



jueves, 29 de marzo de 2018

Cuero / Sebo


Me acuerdo de que el cuero nuevo de las botas de vino se ablandaba con sebo de caballo.

viernes, 16 de marzo de 2018

Dos poemas de Verónica Aranda


AL LIL*

I

He aprendido a nombrarte bajo los apagones,
cuando sabemos que la noche es llaga,
patio interior, furtivos alhelíes.

No se explican los claustros
sin la fragilidad de los ayunos
y versículos nómadas. La lluvia
cayendo torrencial sobre los bulevares
no impide que nombremos el amor
en ciudades extrañas
donde asumimos dos identidades:
laurel, nocturnidad, que nos arraigan
en la raíz del miedo primigenio.


II

Vendrá la noche y me traerá tus ojos,
pequeños intervalos de licor,
toda la lejanía de las lenguas semíticas.

Vendrá la noche cruel y tabernaria,
seremos como extraños que se dan cita a ciegas
en el café París. Vendrá la culpa,
unos besos furtivos
en algún mirador de la montaña,
donde la oscuridad del arrabal
nos hace vulnerables
y nos ladran los últimos mastines
y somos fugitivos
por la cornisa de los jazmineros.

*  Del árabe, la noche.


miércoles, 14 de marzo de 2018

Lawrence


Me acuerdo de que Lawrence de Arabia, después de haber sobrevivido a guerras e intrigas, se mató en un estúpido accidente de motocicleta durante un paseo por la campiña inglesa.

jueves, 1 de marzo de 2018

"Ciudad Corvina" (Francisco Ferrer Lerín)


DEFINICIÓN DE POEMA

Un poema es el espacio en el que el aire queda atrapado
en el que se conserva el habla de las aves
y donde habita el gran rey de los desiertos
San Onofre sin duda
con la venia de Andrés de Claramonte.

Un poema es el espacio que no permite pensar en mí
sin pensar en él
que no permite expresiones como
vigilaré las obras
o este sitio no es seguro.

Un poema incomoda con la duda
a quien alimenta a las tórtolas turcas
a quien seduce incólume al emisario
a quien saluda al sargento engalanado
y a quien apacigua al gitano herbáceo.

Un poema es el conjunto de hombres displicentes
que ven en el mal ajeno un recurso recomendable
hombres displicente diestros como nosotros
en el ejercicio de la muerte sobre las estólidas masas
ya que somos fieramente humanos
y nos bañamos en las aguas del desacuerdo
en la sangre de las citas a deshora
en la bibliofilia desaforada
y en el detalle áspero.

Francisco Ferrer Lerín (Cuadernos 21V, Valencia, 2018)

Foto del autor: Vicente Almazán


miércoles, 28 de febrero de 2018

Bombillas


Esas bombillas de antes, casi ciegas a falta de vatios, colgando del cielo raso de un cable forrado de tela y cagado con saña por las moscas, como un fruto paso, renegrido ya y sin sustancia, se me antoja una metáfora de cómo nos vamos apagando a poco que vivamos un poco más de la cuenta.

martes, 20 de febrero de 2018

Recuerdo, eternidad


“El recuerdo es un poco de eternidad”.


domingo, 18 de febrero de 2018

Letra de médico


Me acuerdo de que tener “letra de médico” significaba escribir mal. 
Los del gremio de farmacia eran los únicos capaces de descifrarla.

domingo, 4 de febrero de 2018

Billy and Pat


-Date por muerto, Billy; tus fechorías han llegado a su fin!
-¡Ni lo sueñes, Pat Garret; no hoy, por lo menos!

viernes, 26 de enero de 2018

Proust


Ayer, mientras hacía tiempo fumando un cigarrillo antes de entrar en una consulta médica con mi mujer, me entretuve observando un rato a un grupo de muchachos que jugaban al fútbol en la calle: un partidillo de esos que en mi barrio llamabámos "gol regañao", un tres para tres con todo el asfalto y las aceras como campo de juego.
Lo hacían bien los mozalbetes. En todo el tiempo que estuve pendiente de la deportiva refriega, el resultado saltaba de empate en empate: marcaban unos, marcaban otros, marcaban unos, marcaban otros...
Tentado estuve de sumarme a uno de los grupos para inclinar la balanza pero, afortunadamente, me contuve a tiempo.
Cuando entré en la consulta, la cosa seguía empatada.
Cuando salí, ya se habían marchado.
Fue mi magdalena de Proust del día.

martes, 23 de enero de 2018

Nicanor


Cuando muere un gran poeta, el mundo llora palabras sin consuelo.

In memoriam Nicanor Parra (1914-2018)

sábado, 20 de enero de 2018

Su puta madre


“Yo a mis amigos no les cuento mis penas; que los divierta su puta madre”.

Antonio Gamero, actor

domingo, 7 de enero de 2018

Códigos



Los códigos de barras son una pesadilla para quien estuvo preso. 

viernes, 5 de enero de 2018

Insultos


En mi vida de lector, pocas veces, por no decir ninguna, me he tropezado con una sarta de insultos tan rica, tan extensa, tan con mala leche como esta del peruano Alberto Hidalgo dedicada al dos veces presidente del Perú Luis Miguel Sánchez-Cerro e incluida en este raro volumen, una edición privada que se editó en Buenos Aires en 1937.
No parece, no, que el de Arequipa tuviera en mucha estima al militar limeño.

Ahí va esa retahíla.

Esto es mucho. Basta ya de él. Hay que darle de una vez, como a los toros, el golpe de puntilla. En cuanto lo nombro, siento bajarme hasta la pluma, desde todos los extremos del alma, un tropel de adjetivos para califi­carlo mental, física y moralmente. Recitador de los dis­cursos que otros escriben, Sánchez-Cerro es el esfínter por donde se evacúa la estupidez de los secretarios. Por eso es chato, anodino, difuso, cursi, adocenado, digresi­vo, soporífero, ecoico, diluente, huero, ripioso, enriscado, banal, estólido, estulto, filatero, gárrulo, fruselero, gedeónico, blando, ezquerdeado, gelatinoso, vacío, hila­rante, burdo, bellaco, ignorante, charlatán, majadero, chirle, dengoso, zafio, diárrico, inane, cándido, latero, inconcino, minúsculo, nulo, insípido, farragoso, nescien­te, orillero, remedón, trefe, volatero, insignificante y ramplón. Es roñoso, pestilente, grosero, pusilánime, cochino, adefésico, eclámptico; fétido, escolimoso, hirsuto, fotófobo, zullón, lechuguino, currutaco, sotreta y huevón. Es arribista, pícaro, rapaz, trepador, venal, avieso, pi­llo, tunante, gregario; fanfarrón, embustero, tenebroso, hipócrita, taimado, escatológico, marrajo, cenagoso, men­daz, cínico, cocador, nocivo, atrabiliario, coccígeo, estú­pido, zorronglón, intruso, inmoral, deyectado, nepótico, zolocho, ambidextro, equívoco, zopenco, dingolondango­so, ruin, falaz, trapacero, fraudulento, lacroso, lúteo, intérlope, pravo, fecal, mazorral, lordósico, infando, im­púdico, histrión, siniestro, simulador, rastrero, pérfi­do, vitando, esquizofrénico, perillán, abyecto, mezquino, torpe, miserable, necio, ridículo, truhán, bribón, vene­noso, turbio, adulón, artero, apostático, servil, alevoso, epiléptico, perverso, funesto, protervo, cobarde y cana­lla. Todavía le hacen falta unos sustantivos: es un ba­cín, un microbio, un rufián, una bazofia, una calamidad, un cacaseno, un estropajo, un bufón, un cachivache, un sirle, un turiferario, un camaleón, una úlcera, una cloa­ca, un carnaval, un juglar, un Rigoletto, un insulto, un agravio, un cabrón, un comodín, un fariseo, una cu­caracha, un estantino, un gargajo, un piojo, un homini­caco, un monigote, un payaso, una posma, un vituperio, un ultraje, un galafate, un parásito, un sayón, un esbi­rro, un sátrapa, un fronterizo, un retardado, un esqui­zoide, un traidor, un degenerado, un baldón, un lacayo, un impostor y un perro.
Sé que lo he muerto. Sé que este artículo es su tum­ba. Ahora, encima de esos adjetivos y sustantivos que lo retratan de cuerpo entero, para que le sirva de lápida pongo una capa de mierda. Y luego, a fin de que el pa­sante advierta su presencia y se descubra, si quiere, planto una cruz sobre su fosa.