jueves, 5 de enero de 2012

Lira


Lira. Instrumento musical de insulsa presencia que los despiadados bardos de la lírica clásica griega y romana trocaban en un suplicio insufrible en cuanto ponían los dedos en sus cuerdas y tañían los primeros acordes. Lo usaban para anestesiar a sus víctimas a fin de asestarles, sin protestas ni interrupciones por su parte, inverosímiles relatos de disparatadas epopeyas, ora marítimas, ora terrestres, casi siempre con dioses y monstruos imposibles de por medio, recitadas en hexámetros o, peor aún, en dísticos elegíacos o en pentámetros yámbicos.
Prácticamente extinguida en la actualidad, la cítara y el laúd son su parejita de descendientes, también, y afortunadamente para nuestra salud auditiva y mental, en trance de desaparición.
No así, para nuestra desventura y tormento, los herederos menos dotados de los bardos, también llamados juglares, vates y rapsodas al correr de los años; estos sujetos sin entrañas se reproducen sin tasa multiplicándose en maléficas oleadas en su cruzada inmisericorde y sin desmayo contra la poesía, a base de publicaciones y recitales sin cuento.

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