miércoles, 19 de diciembre de 2012

Los peligros del hojeo


Hojeo indeciso, indolente, algunos libros que llevan conmigo más de treinta años -entre sus páginas, sepultos, ajados billetes de metro o autobús, entradas de cine de sesión doble, fotografías ya casi sepias de gente que apenas reconozco o he olvidado, invitaciones de boda, exóticas postales…-, y constato de manera fehaciente -como si hiciera falta- que, de entre todos, el único que de verdad ha envejecido sin pausa he sido yo.
Porque ellos siguen tan frescos y lozanos como si hubieran sido escritos esta misma semana, esta misma mañana.
Aquí, está visto, quien acumula la mugre oscura de los años soy yo, su feliz ¿poseedor?

1 comentario:

  1. Los libros nunca envejecen, bueno, algunos si.

    Un saludo

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