lunes, 31 de enero de 2011

Animaladas (3 greguerías)

Para Isabel Román


El caracol es la mascota de los perezosos.



Los grillos siempre tienen la misma conversación.


  
El erizo ha reñido con todos los peines.

domingo, 30 de enero de 2011

Armadillo de madera



Sabido es de todos que el armadillo es animal de antiquísimo origen. Mas lo que muchos ignoran es que existe en Anad una variedad de armadillo que, al igual que una cebolla o el tronco de un árbol, cuenta su edad por el número de anillos que alberga su cuerpo. Cada generación añade un nuevo anillo, una nueva capa de escamas a la armadura con que se protegen de sus enemigos. Para saber su edad y el número de sus antepasados es preciso cortar su cuerpo por la mitad, como se hace con un árbol, lo que por otra parte causa su muerte instantánea. Por esta razón, lo nativos se han impuesto como norma sacrificar a un solo armadillo por año: a tal fin, han de eliminarse una por una las diferentes capas de escamas, labor realizada exclusivamente por mujeres, hasta llegar al tronco, cuya carne es de una dulzura y delicadeza incomparables. No obstante, en los ejemplares más recientes, el peso y grosor de la armadura con que nacen es tal que difícilmente madre e hijo sobreviven al parto, o incluso a los últimos días de gestación. Algunos nativos emprendedores se han especializado en la limpieza y posterior tratamiento de las escamas, con el objeto, entre otros, de librar a los armadillos de su pesada carga: tienen la creencia -no demostrada aún- de que adheridas estas escamas a su ropa, su vida ha de prolongarse indefinidamente y jamás llegarán a viejos.

Jordi Doce

sábado, 29 de enero de 2011

La plancha



Cuatro horas sudando la gota gorda, matando arrugas con un dolor de espalda horroroso, los críos gritando y crispándome los nervios, la cena sin hacer, y cuando llega de la taberna con los zapatos llenos de barro, apestando a tabaco y vinazo, hecho un adán, se sienta encima de la ropa recién planchada, tan pancho, a contarme gilipolleces y tontunas de sus amigotes.

Como si a mí me importara un pimiento lo que hagan o dejen de hacer esos inútiles.

Le pegué con el pico de la Philips en toda la frente.

No volvió a decir ni pío.

viernes, 28 de enero de 2011

En la cocina

Cuando me ven con el cuchillo en las manos, las cebollas se echan a llorar.

jueves, 27 de enero de 2011

Perros



Perros. Animales domésticos de compañía con una habilidad extraordinaria para mover el rabo a velocidad de vértigo; amén de una potencia en las mandíbulas y el olfato que ya las querría yo para mí.
Estos cánidos emiten un pertinaz sonido de variados registros y tonalidades (vulgo, ladrido), con el que, y a pesar de su simpleza, manifiestan mejor que muchos de nosotros con las palabras su estado de ánimo.
De manera incomprensible e irracional (es que no me entra en la cabeza), término que suele utilizarse como insulto.
Y que esto sea así no es más que otra prueba de la barbarie intrínseca del hombre.


Imagen: Robert Doisneau

miércoles, 26 de enero de 2011

Litoral - Escribir la luz



Ayer, cuando llegué a casa, mi buzón guardaba una joya: una joya literaria, fotográfica, tipográfica, de diseño...

En edición de Antonio Lafarque y José Antonio Mesa Toré, el último número (250) de la revista Litoral, es un festín para los sentidos.

En un hermosísimo maridaje, la fotografía y la literatura van de la mano en una armonía pocas veces vista por quien esto suscribe.
360 páginas espléndidamente editadas que se pasan una a una, de asombro en asombro, con la boca abierta.

Los buenos amantes y catadores de cualquiera de estas dos artes no deberían perderse este número de una de las revistas más antiguas y con más solera de España.

Dentro de una apabullante nómina de artistas, en la que descubro algunos amigos queridos y maestros admirados desde siempre, y escoltado por dos magníficas poetas como Amalia Bautista y Aurora Luque, los editores -mi mayor agradecimiento a ambos- han considerado que un poema mío -escrito hace ya casi treinta años- merecía un lugar en la misma.


La foto de rigor

esta cartulina sepia tiene árboles en floración
sobre un fondo de granitos, aves migrando
hacia el norte y alguien de espaldas
al agua en calma, donde ya nadie mira

muy al fonfo, el cielo derrama
lentamente una garúa mezquina
y sobre el rostro de la mujer en pose,
una capa de polvo se afana borrando
vestigios, recuerdos, ésas cosas

y mirándola, ajada y con los bordes sucios
como mi memoria de ti,
lloro en silencio, de oído,
como nos dijo Vallejo
que hay que derramar la lágrima




Imagen: Alexander Gardner - Lewis Payne
(Conspirador en el asesinato de Abraham Lincoln,
antes de su ejecución)
1865

martes, 25 de enero de 2011

Corte de pelo (4) La Reme



La cruz mayor del Benito era la de ser el único peluquero del barrio, por lo que, quieras que no, todo el personal masculino adulto acababa pasando por su sillón, cada uno con su curiosidad insatisfecha y sus ganas de sonsacarle alguna información fidedigna para hacerse con la exclusiva del misterio a base de darle la tabarra. Con deciros que había quien se cortaba el pelo tres veces al mes os lo digo todo. Y es que descubrir su secreto se había convertido en una obsesión para algunos.
Como torpes conspiradores de botica, como espías escasos de asuntos de enjundia y, al tiempo, insatisfecha sed de secretos, los parados y ociosos tenían su sanctasanctórum, su tabla redonda, su ábrete sésamo en las sillas de enea del local, dispares y cojas las más de ellas, cada una de su padre y de su madre. Bien de mañana, y sin nada mejor que hacer fuera de rascarse las bolas o estorbar en casa, y previa parada en la taberna del Sebas para coger fuerzas con la copa de cazalla o el sol y sombra, allá que se iban, a ver que se cocía por la pelu; no fuera a sonar la flauta precisamente hoy y les pillara en fuera de juego, con el paso cambiado, a la luna de Valencia...
Allí, impertérritos hora tras hora y salpicadas gorras y hombreras por las plumillas y cáscaras de alpiste o cañamones que los canarios expulsaban de sus jaulas, cuando no de alguna nívea o parda cagarruta, sacaban la petaca y el librillo, liaban el cigarrito con la picadura y, calada va, calada viene, procuraban por todos los medios calentarle la lengua al maestro y sonsacarle algún dato, algún indicio, algún cabo que les permitiera tirar del hilo que condujese a descubrir, de una vez y por todas, el porqué de sus misteriosas y periódicas desapariciones.
Benito, claro, perro viejo que los veía venir a la legua, escudado en su adustez no les hacía ni puñetero caso y los miraba como pensando "valiente pandilla de imbéciles y tocapelotas" mientras se afanaba, profesional siempre, que una cosa no quita la otra, en su labor. Pero es fundamento de todo negocio dar un poco de carrete a los habituales clientes y dejar que se desahoguen de sus manías. Un peluquero que se precie de tal, más que saber cortar el pelo, o rapar barbas, que también, y si con arte, mejor que mejor, tiene que tener al menos dos cualidades si no imprescindibles sí aconsejables y que nunca están de más: discreción y paciencia. Sin echar en saco roto un poco de mala hostia por si algún descerebrado, por lo que fuere, que vaya usted a saber dónde y cuándo salta una liebre puñetera, se pone farruco y faltón. Un buen peluquero tiene que saber cuándo hablar y cuándo callarse, cuándo escuchar o cuándo intervenir en la charleta insulsa de los parroquianos, cuándo tirar de la lengua a alguno o cortar la cháchara de otro si ésta va tomando mal rumbo. Un buen peluquero, en fin, no deja de ser una especie de confesor, alguien a quien se da conversación sin cuento y se convierte, como a lo tonto y casi sin querer, en un estupendo receptor de información de los más variados asuntos y chismorreos. Las más de las veces sin sustancia ni fundamento lógico, pero qué le vamos a hacer, esto también se lleva en el cargo.

-Manolito (o Pepito o Juanito o como se llamase el chavea a cargo del mandado)-, vete a buscar  a tu padre, que ya está la comida casi a punto. Si no está en la taberna del Sebas echando la partida y gastándose las perras, seguro que está donde el Benito con la tontuna esa del espionaje. Que hay qué ver estos hombres, qué cruz, dios mío, por qué me casaría yo con este bodoque, si ya me lo advirtió mi madre, que en gloria esté -nos encomendaban, lamentándose de su mala suerte matrimonial, nuestras madres.
-Con Dios, Benito -se despedían los hombres al punto cuando llegaban los chiquillos, presurosos en su busca con la encomienda materna.
-Hasta más ver, tú -respondía el aludido con su laconismo de costumbre.
-Papa, límpiate
la chaqueta que la tienes toa cagá de los canarios- advertíamos a nuestros padres no bien salíamos de allí-; que luego la mama se enfada y al final me la cargo yo.

El fin del turno mañanero del Benito venía señalado por la aparición de la Reme secándose las manos en el delantal, un espantoso trapajo hecho de retales que alguna vez tiempo ha, en su más mocita juventud, pudo ser blanco. En un acuerdo tácito, y sin necesidad de cruzar palabra, aparecía por la puerta que comunicaba el negocio con la vivienda. Su presencia bajo el quicio con el ceño fruncido y los brazos cruzados bajo las tetas poderosas, aunque ya un tanto perjudicadas por la gravedad innata al paso del tiempo sobre los cuerpos, era la señal inequívoca de partida de los ociosos, que se marchaban de nuevo cabizbajos con las manos vacías, rumiando otro día más el sabor amargo del fracaso en sus indagaciones.
El Benito, en cuanto barruntaba de reojo a la parienta, apuraba el trámite en lo posible y, aunque sin desmerecer la faena, el último cliente matutino era despachado con más prisas de las habituales, que no era la mujer del barbero precisamente paradigma de la paciencia.
Entre los que aún esperaban el apaño capilar, siempre había algún temerario que iniciaba un conato de protesta por la pérdida del turno, pero la mirada de la Reme (feroz, irreductible, casi homicida) no admitía más allá del primer conato de réplica y el respondón, al cabo, terminaba desfilando junto a los demás con el rabo entre las piernas.
Si el Eusebio andaba enredando por allí era el encargado de limpiar, siquiera fuera someramente, los estantes de los útiles con un gurruño de trapo y darle un barriscón al suelo amontonando los pelillos en una esquina. Si no, se quedaba tal cual y era la Reme la encargada de hacerlo después de comer, mientras el hombre de la casa se echaba la conocida por "siesta del obispo", ésa que dicen de "padrenuestro, pijama y orinal".
Esto de la siesta el Benito lo llevaba a rajatabla; ahí sí que no transigía ni con su padre, ya se podía poner la Reme como un basilisco si le daba la gana. Se conoce, y se comprende, que era uno de los escasos momentos en que las tontunas del personal y el marcaje de la costilla le importaban una higa. Su par de horitas no se las quitaba nadie.
-Sufre mucho de los pies, el pobre, son muchas horas plantado dale que te pego a las tijeras, y los callos y los juanetes lo traen a mal traer -se defendía la Reme cuando vecinas y comadres le afeaban lo consentido que lo tenía, el mal ejemplo que daba a las demás.

lunes, 24 de enero de 2011

Microscopio



Biológicamente, bajo la lupa inquisitoria del microscopio, todos, desde el genio más rutilante hasta el más ignorante patán, no somos más que fluidos, órganos sangrientos, nervios en desorden, células errantes multiplicándose porque sí.

domingo, 23 de enero de 2011

Amarillo



Amarillo

en los deseos de las muchachas en sazón,
en el desconsuelo de los actores,
en el ardimiento fugaz del azufre,
en la orfandad de la oropéndola,
en la quietud del mediodía,
en la extensión de los desiertos,
en la humildad silvestre de los lirios,
entre la agonía de los insectos.

sábado, 22 de enero de 2011

Sábado, sabadete



Secretos*

Mi mujer es ninfómana. Y una mentirosa de campeonato. Y una actriz de primera.

Años haciéndose la mojigata y, a pesar de mi insistencia de kamikaze, a lo más que llegué fue a tocarle las tetas por encima del sujetador y el culete por encima de las bragas. Si el pudor tuviese nombre, sería el suyo. O eso creía yo.

“Te llevas una joya, ladrón”, me susurró mi inminente suegro al pie de altar con un tonillo sospechoso.

Ya, ya, menuda joya. De ochenta quilates.

¡Qué cabrón, mi suegro! Seguro que lo sabía.

La noche de bodas, Virginia me descubrió su verdadera naturaleza. La esperé en la cama con la bayoneta calada como un campeón, pensando "ahora sí te vas a enterar, cariño". Pero aquella fiera me dejó hecho unos zorros. Tuve que suplicarle que parara.

Dos años llevamos así, dale y dale y dale que te pego sin faltar ni un día, a cualquier hora, en cualquier sitio, en las posturas más inverosímiles…

Pero la verdad es que no puedo culparla; ella tenía su secreto y yo también tengo el mío: soy un necrófilo.

Y esta noche voy a hacer realidad mis sueños.
Con ella.

Y me importa un rábano, es más, me la trae floja si esto es una parafilia o una perversión, o algo contra natura, o vaya usted a saber qué.

Pero de hoy no pasa; ahora me toca a mí.

*El presente relato está incluido en el libro Perversiones (Breve Catálogo de Parafilias Ilustradas), editado por la editorial Traspiés en su colección Vagamundos de libros ilustrados.
La ilustración original es de Martín Pardo, a quien no puedo sino darle las gracias por su magnífica ilustración.

viernes, 21 de enero de 2011

de la luna libros (aniversarios)


Esta noche, bajo la luna de Mérida, que se ha sumado a la fiesta con su descaro habitual, la editorial de la luna libros -Ana y Marino, Marino y Ana, que tanto monta- celebra dos importantes aniversarios:

su mayoría de edad -18 años- y su centena de publicaciones: el nº 22 de la revista del mismo nombre, en esta ocasión dedicada a Quevedo.

En el Centro Cultural Alcazaba, a las 20:00 horas, se inaugura una exposición con todos los libros y revistas publicados -100 números / 11 montajes-, con el añadido espléndido de una representación teatral de los textos incluidos en la revista "quevedesca".

Se espera la presencia de un importante número de "alunados" -pintores, fotógrafos, escritores, actores...- que han colaborado durante todos estos años.

Muchos de nosotros hemos velado -como quien dice- nuestra primeras armas artísticas en ella y siempre hemos encontrado un acomodo cálido y generoso entre sus páginas, entre sus brazos.

Gracias Ana, gracias Marino.

jueves, 20 de enero de 2011

Kafka versus Monterroso


Aquella noche, en Praga, el oficinista tuvo un sueño muy extraño: después del trabajo, regresaba a su casa por la ciudad vieja y vacía, asediada por la niebla y la nieve (hasta el Moldava fluía en un silencio temeroso), y en cada esquina, en cada rincón, encontraba pegado a las paredes un cartel con un insólito texto escrito en un extraño idioma.

Aunque lo más extraño de todo era que estaba firmado por alguien que no había nacido aún, alguien al que, sin embargo, le parecía conocer de toda la vida: un pequeño (de estatura) escritor guatemalteco llamado Monterroso, -al que sus amigos apodaban “Tito”-, y cuya endeble apariencia física (retaco, alopécico, feas gafas de pasta...) no hacía sospechar su enorme talento literario, el cual, pasando el tiempo, escribiría también un brevísimo cuento universal sobre sueños y dinosaurios.

El texto del pasquín, apenas unas escasas y turbadoras líneas, comenzaba al modo de los cuentos infantiles, llevaba por título "La cucaracha soñadora" y decía así:

Érase una vez una Cucaracha llamada Gregorio Samsa que soñaba que era una Cucaracha llamada Franz Kafka que soñaba que era un escritor que escribía acerca de un empleado llamado Gregorio Samsa que soñaba que era una Cucaracha.





Después de leer aquel texto decenas de veces durante su camino, el oficinista llegó a su casa y se acostó con una rara e indefinible sensación; en su sueño -inquieto, desasosegante-, ese dinosaurio que surgía del futuro también estaba dormido, soñando.

Y cuando el dinosaurio de Monterroso despertó de su sueño, se había convertido en un escarabajo.

El oficinista, que, lo diremos ya, se llamaba Franz Kafka, se despertó sobresaltado, bañado en sudor, y lo aplastó de un zapatillazo.





Ilustración: Luis Scafati

miércoles, 19 de enero de 2011

Globos y poesía (para niños de 4 a 120 años)



Esta tarde, en la Casa del Libro de Sevilla (C/Velázquez, 8), presentación del libro

Poesía para niños de 4 a 120 años
(Antología de Autores Contemporáneos)


publicado por La Isla de Siltolá, bajo el exquisito cuidado de Jesús Cotta, José María Jurado y Javier Sánchez Menéndez.

Se me ocurren pocas cosas mejores para la tarde de un miércoles: habrá buena poesía, santa compaña, a buen seguro que también alguna bebida espirituosa y globos hasta que se acaben.

Aquí, más detalles.

Venga, hombre, animaos.


martes, 18 de enero de 2011

Joan Margarit en Mérida



Hoy, en el Parador de Mérida, a las 20,30 horas, y dentro de las actividades del Aula Literaria "Jesús Delgado Valhondo", Joan Margarit i Consarnau, Premio Nacional de Poesía 2008 por Casa de misericordia, hará una lectura comentada de sus poemas.

Como siempre, está abierta al público en general y a los amantes de la literatura y la poesía en particular.

La presentación correrá a cargo de José María Cumbreño.

Os esperamos.


Tranvía

Bajo la lluvia, cuando ya es de noche,
los coches vuelven hacia sus garajes.
Mi padre no volvió jamás en coche.
Con zapatos de goma y gabardina,
bajaba de un tranvía cuyo ruido
de hierro aún resuena en mi cerebro.
Volvía siempre y yo no sé volver
a donde está mi hija.


(De Casa de misericordia)


lunes, 17 de enero de 2011

Presentación de Los bosques de la mirada


Mañana, en la Biblioteca Pública de Cáceres, los amantes de la buena poesía tienen la oportunidad de degustar, presentada por dos escuderos de lujo (Álvaro Valverde y Miguel Ángel Lama -autor del estudio introductorio con su rigor y sapiencia habituales-), una de las poéticas más sugerentes que a uno le ha sido dado leer desde hace años; la de Basilio Sánchez, que acaba de reunir en un esplédido volumen publicado por Calambur Editorial su poesía completa bajo el hermoso y seductor título de Los bosques de la mirada.





Un poema de muestra:

Primero fue el otoño cubriendo la obsidiana
de los parques vacíos.

Después, el hombre solo,
el hombre que camina
de espaldas a la luz y nada dice
porque nada confiere mayor veracidad a su silencio
que el ruido de sus pasos.

Es el hombre que escribe
en la última página del libro de las horas,
el que intuye palabras
como pulpa o diadema o roca o víspera,
pero no las pronuncia.

Es el hombre dormido sobre un banco de piedra,
junto a las flores secas de los setos
y los vasos volcados
de la celebración.

Porque aquí está el origen, la razón de este otoño
que ahora deja sus hojas amarillas
en las proximidades del olvido.


(De La mirada apacible)


domingo, 16 de enero de 2011

Cartas

Carta (1)

Han pasado los meses, los años, todas las primaveras necesarias para olvidarme y olvidarte, y sin embargo, estás presente en los tangos, en las lluvias, en todas las voces de muchachas con el pelo rizado.

Ha pasado todo lo imprescindible: tenemos ausencia, cartas cada vez más separadas, miles de esquinas y calles entre tú y yo, infinidad de accidentes de tipo natural y artificial, y sin embargo, aún tenemos pensamientos, todavía sobrevivo en ti a través de poemas nocturnos y tristes y mal escritos, y por otra parte, es una lástima o una rabia no poder olvidar.

Después de todo, se nos ha vuelto estrecha la distancia y el tiempo se ha quedado pequeño para nuestros propósitos.


Carta (2)
Amor mío:
Con la presente pretendo que no haga falta escribirte la correspondencia insulsa que aún reposa en los bolígrafos.


Carta (3)

Las cartas que no llegan nunca son las que más tiempo se esperan.

Carta (4)

Mucho más descorazonador, mucho más desasosegante y terrible que un anónimo cobarde, es recibir una carta en blanco de alguien a quien conoces.
Carta (5)
Escribo una carta en blanco y sin destinatario.
La franqueo debidamente y la pongo en el correo.
A los tres o cuatro días, el buzón amanece lleno de respuestas.
 
Carta (6)
Moho
En mi archivo de correspondencia, algunas de las cartas han empezado a criar un moho pernicioso.
Voy a tener que deshacerme de ellas urgentemente porque las demás corren el peligro de contagiarse.

sábado, 15 de enero de 2011

Walser, paraguas y locura



“No vine aquí para escribir;
vine aquí para estar loco”.

“Es absurdo y grosero,
sabiendo que estoy en un hospicio,
pedirme que siga escribiendo libros”.

Robert Walser, a un visitante en el manicomio de Herisau.

Allí se había presentado para ingresar
voluntariamente en enero de 1933,
con sólo una maleta ("Una maleta es toda tu casa en este mundo",
dejó escrito en algún sitio.) en las manos.






Y acaso también con un paraguas;
hay varias fotografías suyas en las que aparece
retratado con un paraguas.





El día de navidad de 1956 lo encontraron muerto
en la nieve no lejos del manicomio.

Había salido a dar un paseo.

viernes, 14 de enero de 2011

Diplomacia


Comentario de un mandarín chino tras contemplar, diplomático y estupefacto a un tiempo, un partido de tenis en los albores de este deporte: 

“Suponiendo que exista alguna oscura razón que no acierto a imaginar para llevar esa pelota de un lado a otro, no comprendo cómo actividad tan irrelevante no se encomienda a los criados”.

Y se quedó tan pancho el tío.

jueves, 13 de enero de 2011

Animales domésticos



Mi biblioteca es como un perrillo al tiempo curioso y dócil, inquieto y paciente. Los libros están siempre por ahí, de jarana, hoy aquí, mañana allí, pero acuden prestos cuando los llamo buscando a diario consuelo o sabiduría, gozo y sosiego.

lunes, 10 de enero de 2011

Estampa antigua



Bien encajado en la cintura,
las piernas colgando sobre la falda,
acunado entre el pecho
y el hombro de la madre,
el niño duerme.
(Inédito)

Imagen: Dorothea Lange

sábado, 8 de enero de 2011

Haiku de los estorninos



A picotazos,

maduran en el aire

los estorninos.

viernes, 7 de enero de 2011

7 de enero, o el que avisa no es traidor



He dejao pasar un día antes de escribiros de nuevo por última vez, porque con el calentón de ayer -que todavía no se me ha pasao del tó, que conste- no estaba yo pa coger la pluma.
¡La madre que os parió, cabrones! Me la habéis liao parda, me la habéis metío doblá hasta el fondo, me habéis hundío en la miseria. Estaréis contentos.
Toa la noche sin dormir, comiéndome la uñas de los nervios, aguantándome las ganas de saltar de la cama -que he estao a puntito de mearme encima- y atacar como un cosaco borracho los paquetes de regalos, y ¿qué me encuentro por la mañana?: una bolsa de chuches del quiosco de la Paca -que va a ir directamente a la basura, desde ya os lo digo-, un plumier con regla en la tapa -una mariconá se mire por donde se mire-  y lápices Alpino de seis colores na más, que ahí tampoco os habéis estirao mucho que se diga, unos zapatones pal barro más feos que pegarle a un padre con un calcetín sudao y un ladrillo dentro, un chándal del Atleti -a mala leche, no me digáis que no, que tó el mundo en el barrio sabe que soy del Rayo- y una bufanda que parece una pitón o una camisa de fuerza, que me da tres vueltas completas a tó el cuerpo.¡Ah, sí, que se me olvidaba lo mejor!: y unos calzoncillos del Pato Donald con el pico dibujao ahí mismito. Que no sé la puñetera manía que os ha entrao con mis calzoncillos -eso os lo tenéis que hacer mirar-, pero tós los años me cae alguno igual de feo.
-¡Pero qué guapo que está mi niño, pero qué guapíííísimo...! Es que me lo como con papas -repetía mi madre en un rapto de enajenación mental sin dejar de besuquearme a lo loco, que me puso pingandito de saliva, mientras me envolvía con la bufanda pa hacerme una foto de recuerdo. Sin olvidarse de darme una buena ración de pellizcos pa colorearme los mofletes. Y el mamoncete de mi hermano el chico descojonándose de mí por lo bajini (luego, vis a vis, ajustaré cuentas con él, a ver si se sigue riendo igual el enano desgraciao cuando haya acabao de zurrarle).
Me miro al espejo con el calzoncillo por encima del pantalón -al chándal pienso meterle cerilla a la primera que pueda en el descampao, eso no me lo pongo yo ni muerto-, los zapatones y la bufanda, y no sé si parezco una momia en una despedía de solteras, el muñeco ese del Michelín pasao de copas, o el primo gilipollas del Superman.
Y encima, que la joía bufanda pica de cojones: como si tuviera por dentro un puñao de avispas cabreás, que se me van a gastar las uñas de tanto rascarme.
¿Pero quién coño os ha pedío estas chorradas? ¿Es que no sabéis leer, o es que estáis piripi con tanto anís? ¿Y vosotros vais por ahí fardando de Reyes Magos? Y una mierda pinchá en un palo como el sombrero un mejicano. Otro año que no me habéis hecho ni puto caso. Ni uno, pero es que ni uno, que ya os vale, de los regalos que os pedí en la carta; que bueno, de acuerdo, que sí, que a lo mejor me he pasao una mijina poniendo cosas, pero uno cualquiera... ¿Tanto os costaba, mamones? 
Pero lo que más me duele, lo que no voy a perdonaros en la vida, que lo sepáis, es lo de la Nancy. Entre tíos esto no se hace, hombre. Medio camelá que me la tenía ya a la Chelo, que estaba la muchacha ilusioná que no veas con la mierda de la muñeca. Si hasta me confesó que si se la regalaba se iba a poner unas bragas nuevecitas pa la ocasión (-No hace falta que sean nuevas ni te gastes las perras en eso, guapa, con que estén limpias me conformo -le dije yo, caballeroso y galante) Pues por vuestra culpa me he quedao otra vez sin el premio gordo.
Hace un rato, cuando iba an cá mi agüela -otra que tal, ya verás tú la castaña de regalito de la vieja, me temo lo peor-, me he cruzao con ella (estaba chupando una piruleta churretosa sentá en el umbral de su casa, expectante y ojerosa -seguro que tampoco ha dormío-) y se ha quedao casi a punto del llanto cuando me ha visto pasar de largo sin la muñeca.
Joé, machos, si es que no me habéis traío ni la Barriguitas.
No he podío ni mirarla a la cara. Conque a las bragas, ni os cuento.
Así que ya sabéis; pal año que viene, no esperéis misiva del menda: me paso al del traje rojo y los renos -a ver si se portan mejor que los camellos, por probar que no quede- como que me llamo Curro. Y no me digáis que no estabais avisaos.
Y a vosotros, y a los putos camellos, y a los pajecitos de los cojones, que os vayan dando por donde amargan los pepinos.

Hala, a Parla a mamarla.

jueves, 6 de enero de 2011

Un caballo de cartón

 
Me acuerdo de un día de Reyes en que me regalaron un caballo de cartón, un caballo similar a los que usaban entonces los fotógrafos por la calle. Monté en él y desaparecí.
Me encontró mi madre tres horas más tarde con el festín a punto de acabar; faltaba medio caballo, y en ese preciso momento me estaba comiendo una oreja, tan ricamente.

miércoles, 5 de enero de 2011

Canción



Escucho en la radio del coche, mientras conduzco del trabajo a casa, una vieja canción* de mi adolescencia y rememoro en un instante ciertas calles, algunas tardes, los viejos amigos que dónde estarán, el primer amor…
Detenido en un semáforo, no aguanto más y me pongo a cantar a grito pelado. Los demás conductores -rostros tras un cristal- me miran como si estuviera loco. Cuando se pone en verde, arrancan como alma que lleva el diablo para alejarse cuanto antes. Se podría decir que huyen.
Llego a casa purificado, el cansancio de un rato antes ya no existe, ha desaparecido como por ensalmo. Llevo todo el día tarareando esa música. No consigo sacármela de encima y ahora que lo pienso, quizás ni siquiera lo desee.
De hecho, tararear es la otra cosa que hago mientras redacto estas líneas.


* Tu frialdad


martes, 4 de enero de 2011

Perros y radio



Me acuerdo de un setter irlandés que respondía por Stalin: el terror de los gatos del barrio. Tenía una estampa magnífica con su pelo largo y marrón flameando bajo el viento. Murió atropellado por el motocarro del hielo una tarde de verano.
Le hicimos un entierro digno de un rey junto a las vías.





Me acuerdo de los seriales de la radio a mediados de los sesenta, y especialmente de uno que se llamaba Matilde, Perico y Periquín.

Ver vídeo. (Tomado de la página de Rafael Castillejo)

lunes, 3 de enero de 2011

Meteorología de andar por casa



3726.- Pronósticos en el campo.- Es un indicio de lluvia inminente, el hecho de que las palomas domésticas regresen durante el día, ó se mantengan en las cercanías de la casa.
Cuando las gallinas escarban en el polvo, erizando las plumas, es indicio seguro de un próximo temporal. Entonces los gallos sacuden las alas y cantan á horas insólitas.
El mismo pronóstico puede hacerse cuando chillan mucho los patos y las ocas, ahuecándose, batiendo las alas y solazándose en el agua, ó cuando los pavos reales gritan encaramados en los árboles.
Es un indicio de próxima lluvia el que los pájaros se limpien las plumas, las golondrinas vuelen rasando la tierra y los gorriones se reúnan en grandes bandadas sobre el terreno, charlando y gorjeando animadamente.
Igualmente es indicio de próxima lluvia, el que los peces salten fuera del agua, canten las ranas y se escondan los lagartos; los caracoles grandes se ponen en movimiento y las moscas se muestras importunas en exceso.
Si, por el contrario, se avecina el buen tiempo, las palomas tienden largamente su vuelo, regresando tarde á sus palomares, se levantan las golondrinas hacia las altas regiones de la atmósfera y el ruiseñor canta toda la noche. Los mosquitos, en grandes enjambres, emprenden sus aéreas danzas crepusculares.
Indicaremos todavía que en otoño la escarcha señala lluvia y el rocío buen tiempo. Si la luna se ve rodeada de un círculo turbio, es probable la lluvia; si el círculo es rojizo indica viento; si nuestro satélite aparece blanco y brillante sin aureola de ninguna clase, es casi seguro el buen tiempo.

domingo, 2 de enero de 2011

Casa de Salud

 
Te quiero locamente.

Con locura, te quiero.

Me tienes loco, loco, loco de remate.

Perdóname, no sé decírtelo de otra manera.

Pero es que estando en el manicomio ya me dirás cómo si no.

sábado, 1 de enero de 2011

Un calendario (Enero)

Enero
Por fin ha llegado enero. Con sus pies planos deja un rastro en los campos. Un rastro plateado como un sonido de campanas. ¡Campanas de mi aldea! ¿Seréis quizás un lugar común? Pero mi aldea, que vive únicamente en mi cabeza, es un sueño que duerme. Y yo velo al caer la tarde. Mañana tal vez me despierte la angustia con el canto de un gallo. Y todo, en fin, es nada en este atardecer campestre en el que sueño con ser otro que viaja a través del vasto mundo mientras la luz, importunada por los rayos, se ausenta y retorna como el guiño del ojo de una amante que fue nuestra en otro tiempo.





Gennaio
Eccolo arrivato, il gennaio. Con i suoi piedi piatti lascia una striscia sui campi. Una striscia argentata come un suono di campane. Campane del mio villaggio! Sarete forse un´idea chic? Ma il mio villaggio, che vive solo nella mia testa, è un sogno che dorme. E io veglio alla fine della sera. Domani forse mi sveglierà l´angustia con un canto del gallo. E tutto infine è niente in questa sera di campagna in cui sogno di essere un altro che viaggia attraverso il vasto mondo mentre la luce, disturbata dai lampi, manca e ritorna come lo strizzare d´occhio di un´amante che fu nostra in un altro tempo.

Antonio Tabucchi