lunes, 15 de agosto de 2011

Escribir


Podría haberme estado calladito -mejor me hubiera ido-, pero me puede el impulso de insultar a gritos a las palabras que me abandonan en mitad del acto.
De escribir, aclaro.
A ellas, es obvio, no les importan un pimiento los insultos y amenazas que les lanza este inútil: siguen cantarinas y danzantes su camino y me dejan como herencia de su paso un poema huérfano, cojo, disminuido para siempre de fondo y forma.
Y así me va.


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Desde que aprendemos las primeras letras y números, los que al final nos inclinamos por la escritura no deberíamos olvidar nunca, amén de las propias del oficio, una de las primeras reglas aritméticas que aprendimos en las aulas tristes de la infancia; más exactamente la segunda, aquélla que nos enseñó a restar.
Y es que escribir no es más que eso: sustraer del texto torrencial y primigenio (minuendo, sustraendo) a base de tachaduras y borrones, para quedarnos, al cabo, con la exacta diferencia del relato, del poema.


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Para quienes presumimos, envaneciéndonos tontamente, de escribir y publicar de vez en cuando, la lectura debería ser algo más que un mero entretenimiento; a mi modo de ver tendría que ser, antes que nada y también, un paso previo, una suerte de entrenamiento específico para lo que se quiera escribir, sea esto lo que quiera que sea.
Porque de nuestras lecturas, no tengo ninguna duda de ello, sale lo fundamental de nuestra escritura.
Y no todo vale por igual.

********************************************************************Escribir, escribir, escribir a pico y pala, sudando la gota gorda amarrados al banco de trabajo, limpiándonos la frente con el dorso de la mano, negra de tinta.
Y echar mano al botijo de cuando en cuando para pasar el mal trago lo más deprisa posible y recobrar fuerzas antes de seguir con la tarea.

domingo, 14 de agosto de 2011

Prensa


En mi cafetería habitual, en una mesa contigua a la mía, codo con codo uno con otro, casi siameses, dos tipos que ya no van a cumplir los setenta examinan cachazudos el periódico.
Estoy deseando que acaben el escrutunio y lo dejen libre para mí.

Ceñudos y serios, se les ve cabecear progresiva y negativamente página tras página, desde Internacional a Deportes, desde Sociedad a Economía, y pasando por Política hasta llegar a los programas de televisión, los horóscopos, las esquelas -lagarto, lagarto- y los anuncios de contactos.
Donde, por cierto, y con rijosas y casi desdentadas risitas cómplices, más tiempo se detienen.
Con razón dicen que la esperanza es lo último que se pierde.
Tras cerrarlo de golpe, casi con furia, uno de ellos comenta, mordaz y dubitativo:
-No me gusta como caza la perrina.
-Ni la orina del enfermo -remata el compinche la fiesta.
Y se me quitan al punto las ganas de hojearlo.


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El periódico se ríe de nosotros todos los días con las mentiras que nos cuenta.

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El periódico de anteayer, doblado de cualquier manera bajo la mesa del salón, parece llevar cien años muerto.
Y no digamos ya del rimero de diarios empaquetados en el sótano; entonces ya no hablamos de noticias, de vagos sucesos olvidados desde hace meses, sino de arqueología, de restos muertos de nuestra vida que algún día sorprenderán a alguien.


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Si no hay erratas de por medio jodiendo la marrana más de la cuenta, hay que reconocer que todos los periódicos llevan, aunque casi siempre sean las únicas, dos verdades fehacientes: la fecha y el precio.


sábado, 13 de agosto de 2011

Cines de verano



Me acuerdo de los cines de verano, ilusión de los sábados: el Manchego, el Nevada, el Veracruz.
Y del bocadillo, la gaseosa, las pipas de girasol, el regreso a casa de madrugada.








viernes, 12 de agosto de 2011

Perros en tres líneas


R. Pleynet, natural de Annonay, de catorce años, ha mordido a su padre y a un compañero suyo.
Hace dos meses, un perro rabioso le lamía la mano.


En los alrededores de Noisy-sous-École, el señor Louis Delilleau, de setenta años, cayó muerto: una insolación.
Con gran rapidez, su perro Fidel le comió la cabeza.


El lionés Frachet, mordido por un perro carlino al que se consideraba curado (Instituto Pasteur), quiso morder a su esposa y murió de rabia.

Félix Fénéon



Por obra y gracia de esos misterios informáticos que a uno se le escapan, Blogger ha decidido, por su cuenta y riesgo, trasladar la barra de este blog (archivos, enlaces, información del autor...) al final de la página.

Se aceptan soluciones para volver a la situación anterior.

jueves, 11 de agosto de 2011

Añil


Añil


en la determinación del huérfano de madre,
en el semblante vertical del hipocampo,
en la irreductible voluntad del cardo salvaje,
en el espíritu perverso del zafiro,
en la muerte repentina de las tardes,
en la precisión de los documentos de guerra,
en la torva despedida de los huéspedes,
por el enigma sin explicación del beso.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Relojes y engranajes


4694.- Limpieza. Para la limpieza de relojes de pared ó de torre y engranajes de toda clase, se prepara una lejía de sosa bien caliente, compuesta por una parte de sosa y 20 de agua. Se atan con un alambre las ruedas y demás piezas que deban limpiarse y se suspenden en la lejía durante unos 10 minutos. Las incrustaciones y la grasa desaparecen rápidamente aún de los sitios donde están más adheridas. Se extraen entonces las piezas del baño y se lavan con mucha agua, sumergiéndolas acto seguido en otro baño compuesto de 1 p. de cianuro potásico (muy venenoso) disuelto en 20 p. de agua. Esta última operación tiene por objeto el impedir la formación de óxido sobre el latón. Se lavan de nuevo las piezas con agua y se secan entre serrín caliente ó salvado. Finalmente, se pasa por cada pieza un cepillo suave. Mediante este procedimiento, todas las piezas aparecen como nuevas, sin que puedan estropearse ni las partes más delicadas.

4695.- Se pueden limpiar muy bien las máquinas de reloj y los rodajes en general, por medio de la siguiente composición, útil especialmente para el latón, y que no ataca los ejes de acero.

Agua............................. 80 gr.
Acido oxálico................. 3 gr.
Alcohol......................... 20 gr.
Amoníaco..................... 10 gr.
Jabón............................ 15 gr.

4696.- Los relojes pequeños y los de bolsillo se limpian dejando las piezas en bencina y frotándolas con un cepillo.


martes, 9 de agosto de 2011

Cagadas


Seguramente no tiene nada que ver, pero no sé, no sé, a veces estas cosas nos juegan malas pasadas en los momentos más inoportunos.
Aunque me he aliviado a conciencia antes de salir de casa (como si ya me diera en la nariz algo así), después de pasar un rato viendo cuadros que no lo son, esculturas que no lo parecen ni tampoco lo pretenden, “instalaciones desinstaladas”… en el Museo de Arte Moderno, cuando me enfrento sin anestesia ni nada a una fotografía gigante de esa imagen que veis (mierda -literal, no metafórica- enlatada del "artista"), cuando contemplo estupefacto semejante espanto y gilipollez, siento de golpe unas ganas irrefrenables de orinar y la compaña (que decía mi abuela): me meo patas abajo, me voy de barilla, he de tirar ya mismo de bragueta y calzoncillo, voy a darle trabajo a los esfínteres, no me aguanto ni un minuto más.
Tengo que salir del museo casi a la carrera porque no me atrevo a hacerlo allí dentro, en los lugares que supongo habrá dispuestos al efecto para las urgencias excretoras del personal, tanto mayores como menores.

Y es que nunca se sabe; no vaya a ser que, sin querer, orine, o defeque, o ambas cosas al tiempo, inmisericorde y placentero (con ese deleite inenarrable -quien lo probó, lo sabe- que se experimenta al liberar con premura lo que nos sobra y molesta en los entresijos), sobre la obra de arte de algún posmoderno -los retretes públicos son cada vez más raros y difíciles de uso-, el artífice que expone se lo tome a mal, y montemos un escándalo por una tontería.
Estoy por sospechar -dado mi apremio intestinal no he podido comprobarlo in situ, pero no me extrañaría ni un pelo de estos fulanos- que junto a los excusados, los organizadores hayan provisto un buen suministro de latas ad hoc por si algún visitante se sintiera epígono del “maestro”, enlatara allí mismo la suya propia después de proceder a modo, la cediera gustosamente a los fondos del museo, y éste, oliéndose el negocio, pudiera seguir sacándole unas perrillas a los incautos con una nueva exposición organizada ex profeso con las deposiciones más recientes y novedosas inspiradas por "el clásico transalpino".
Que nunca se sabe donde salta la liebre y cosas más raras se han visto. 
"Obra de arte": Piero Manzoni

lunes, 8 de agosto de 2011

La barca

Oigo, o sueño, no sé bien, en lo profundo de la noche, un golpeteo seco y monótono, rotundo, una percusión de sólidos antiguos, de piedra contra madera.
A oscuras y en silencio, atento al sonido venido de repente en la madrugada, pienso al pronto en alguna pequeña barca de remos en ruinas, de fondo plano y ya casi esponjoso por la humedad topando, repetitiva y tenaz, contra el muro de alguna escollera fluvial, impulsada por el agua que se mueve, despaciosa y rítmica, hacia la orilla antes de hundirse en el fango.
Me levanto a ver qué sucede. Pero desde la ventana de mi cuarto, ay, no se ven los muelles del Moldava.

domingo, 7 de agosto de 2011

Sombras



Sin su sombra, las cosas no existirían. 


La llevo pegada detrás, incansable y sórdida, arrastrándose por las aceras y los charcos al ritmo de mis pisadas durante toda la vida.
Estoy ya un poco cansado de ese acoso insistente, así que para librarme de ella varío de improviso la dirección de mi camino intentando despistarla: rápidamente, doblo dos esquinas en ángulo recto, y con esa simple maniobra soy yo quien se convierte de golpe en su perseguidor.
Es un remedio, lo sé, transitorio y fugaz, inútil al cabo.
Ella no comprende el por qué de mi gesto repentino, mi caprichosa traición a su lealtad de siempre, pero ahí está de nuevo, ahí sigue estando, terca, a merced de mis pies y mis intenciones. Pegada a las suelas de mis zapatos, es ella ahora la que, para variar, tiene miedo de mí.

Y durante esos pocos momentos, me río yo de mi sombra.

 

Ni siquiera en la más absoluta oscuridad podemos desprendernos de nuestra sombra.


Por la noche, a la intemperie, nuestra sombra nos abandona dejándonos, ahora sí, en la más completa oscuridad; y ésta, entonces, se hace aun más densa y oscura, más terrible y amenazadora.



Existen sombras que no sabemos de dónde emergen, cuál su oculto origen; son esas presencias que unas veces amenazan y otras acompañan.





Imágenes: George Krause

sábado, 6 de agosto de 2011

Mis rubias


A pesar de esos labios fríos como el cristal, un punto agrios, y, al tiempo, tan refrescantes, besan bien, muy bien.

Son todas rubias, fáciles de conquistar, y sus líquidos roces no me faltan a diario.
No me quejo.

Tienen unos nombres, vaya usted a saber por qué, algo extravagantes y exóticos, como de diosas alegres y lujuriosas de alguna saga nórdica, arduos de pronunciar después de unos cuantos de sus besos hechiceros: Voll-Damm, Heineken, Carslberg, Mahou



viernes, 5 de agosto de 2011

Justicia


Justicia. Entelequia, ensueño, fantasía.
Altiva señorona con la que es aconsejable tener el menor trato posible, pues de la forzosa relación con ella y sus adláteres a sueldo no acostumbra a resultar nada bueno.
Suele venir representada con una venda sobre los ojos, una balanza en una mano y un espadón en la otra. Al ir a ciegas, reparte mandobles a la buena de dios sin reparar en quien pueda ser inocente o culpable de vaya usted a saber qué, razón por la cual la justicia brilla por su ausencia en la mayoría de las ocasiones.
A mí lo de la balanza se me antoja un estorbo innecesario, pero, en fin…
Ya lo dicen los gitanos: “Juicios tengas y los ganes”.

jueves, 4 de agosto de 2011

Ajax


Me acuerdo del caballero blanco que regalaban con el detergente Ajax.
Nosotros los pintábamos de colores -cada ejército su color- y librábamos con ellos cruentas batallas de mentira que duraban toda la semana.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Reflejos condicionados (2)


Hacía mucho tiempo que no me tropezaba con esta escena de hoy: una mujer en el patio de su casa con un pañuelo viejo en la cabeza, delantal, alpargatas, y, en la mano, el azotador de mimbre para sacudir de las alfombras del invierno esa caspa invisible de polvo y pavesas, de huellas y pisadas, de miguitas y cenizas... residuos minúsculos e inútiles que el tiempo del frío deposita sobre ellas, silenciosos y leves.

Ha sido verla fugazmente mientras pasaba por delante de su puerta abierta, y el resorte de la memoria, como un mecanismo rancio y oxidado al que le hubieran puesto aceite limpio y dado cuerda de nuevo, ha empezado a desperdigar ante mis ojos, como fotogramas en sepia de un viejo rollo de película pasados a cámara lenta, otros muchos personajes de la vida de entonces, gentes y profesiones ya arrumbadas por la técnica y el progreso en una esquina de la vida y caídos casi en el olvido: el que estañaba las sartenes y pucheros con un soplete tosco que más parecía instrumento de tortura que herramienta sanadora; el que iba por las casas vendiendo hielo con la barra al hombro y el picahielos en la cintura -tal un espadín de juguete-; la viuda con zapatillas negras de paño que tiraba del carrito de las berenjenas en vinagre y las aceitunas y las guindillas (encurtidos y variantes, le decían a estos productos, a esta industria); el tendero de colmao con el mandil a rayas verdes y negras…

Y por último, y en una extraña asociación mental con el acto de azotar, también se me han venido a la mente los que vareaban la lana de los colchones en patios, aceras y descampados cobrando su labor en moneda o en especie.

martes, 2 de agosto de 2011

Reflejos condicionados


Es curiosa la manera en que se manifiestan a veces los recuerdos de la infancia, ese oculto poder que tienen a su disposición y ante el que sólo podemos rendirnos, las más de las veces, sin condiciones que valgan.

Hoy, por ejemplo: mientras iba por la calle camino de mis quehaceres matutinos (una kafkiana gestión municipal, tomar un café con mi amigo Luis -él toma té con limón-, acercarme a PuntoAparte a ver si ya había llegado el libro que pedí, reclamar contra una abusiva comisión bancaria…), he visto carámbanos en los aleros y, en un reflejo automático, como de perro de Pávlov, las yemas de mis dedos, mis orejas, han recordado de golpe los crueles sabañones de los inviernos de antes, cuando el frío sí que era una cosa seria y no estos inviernos cobardes y comodones de ahora, que parece que les diera vergüenza molestarnos o se hubieran vuelto perezosos para bajar de los 0º.

El ataque ha sido tan imprevisto, virulento e inmisericorde, que he tenido que pararme en mitad de la calle y rascármelas a conciencia, a dos manos con ritmo sostenido, y con los ojos casi en blanco por el placer de atenuar el picor.

La gente que pasaba junto a mí me miraba de una forma muy rara mientras se apartaban de mi lado, discretamente algunos, con prisa y aprensión los más por si las moscas.

No fuera a ser contagioso.

lunes, 1 de agosto de 2011

Chicas, chicas, chicas (refrescantes)

Hacía mucho tiempo que no colgaba aquí ninguna de estas chicas; cada vez que abría la carpeta donde las archivo parecían mirarme con un cierto reproche, como si pensaran que las había olvidado, desagradecido de mí.

Nada de eso, monadas: hoy os llevo a que os refresqueis.

Al fin y al cabo, estamos en el mes playero por excelencia.

Y vosotras, a la vista está, bien os lo mereceis.