jueves, 29 de septiembre de 2011

Dichos de Luder 5 (J.R.Ribeyro)


21 - Un libro magistral- dice Luder- puede ser un agregado de frases banales, del mismo modo que con una sucesión de frases geniales no se hace un libro magistral.
En el arte literario, curiosamente, el todo no es la suma de las partes.

22 -Lo que tú dices suena a viejo- le reprochan a Luder-. Esa música ya la hemos escuchado.
-Sí, pero no con el mismo instrumento.

23 -¡No, por favor! -protesta Luder, cuando vienen a buscarlo una vez más para que firme un manifiesto humanitarista o participe en un mitin a favor del pueblo oprimido-.
Amar a la humanidad es fácil, lo difícil es amar al prójimo.

24 Se tropiezan con Luder que camina velozmente por los malecones del Sena:
-¿Adónde vas?
-A la plaza de la Concordia. A mediodía le cortan la cabeza a Luis XVI.
-¡Pero eso ocurrió hace dos siglos!
-¡Ah, caramba!- dice Luder mirando su reloj.
Veo que llevaba un ligero retraso.

25 -Hace tiempo que no se lee nada tuyo- le dicen a Luder. ¿Has dejado de escribir?
-Les responderé con más precisión: he abdicado.

"Tablero de sueños" (Presentación)


Hace unos días, en esta misma ventana, daba noticia de la aparición de una nueva colección en la editorial La Isla de Siltolá: los Inklings.

Pues bien, hoy se ponen de largo con la presentación de su primer volumen, este Tablero de sueños, de José María Jurado.


Inklings fue una tertulia de académicos y escritores ingleses vinculados a la Universidad de Oxford entre los años treinta y los sesenta del pasado siglo. Los Inklings eran entusiastas de la literatura y defensores de su difusión. Sus principales componentes fueron Tolkien, Lewis, Barfield, Dyson, Bennett, Hardie o Stevens.
Este original club de autores celebraba sus reuniones en las habitaciones de Tangye-Lean en el University College, y en ellas cada miembro debía leer en voz alta composiciones inéditas, fundamentalmente poemas y cuentos cortos, que eran criticadas de manera inmediata por el resto.
Si bien los Inklings dejaron de reunirse en 1962, su tradición continúa hasta hoy a través de varias asociaciones repartidas por el mundo.
Ediciones de la Isla de Siltolá ha rescatado el término y el espíritu del cenáculo en los Inklings de Siltolá. Los libros de esta colección serán presentados en un acto público y posteriormente leídos ante un círculo cerrado de invitados.


José Mª Jurado nació en Sevilla en 1974 y es Ingeniero de Telecomunicaciones.
Autor del libro de poemas La memoria frágil, editado por la Diputación de Cáceres (2009), en 2004 dio inicio a la publicación digital "El Lector de Almanaques"
(http://www.jmjurado.org/) donde cultiva la miniatura histórica bajo la forma del poema en prosa.
En la editorial La Isla de Siltolá ha publicado Plaza de Toros (2010), obra ilustrada por Pablo Pámpano, y Cúpulas y Capiteles (Colección Álogos, 2011), selección de textos sobre arte y literatura de su blog "La Columna Toscana".

En colaboración con los poetas Jesús Cotta y Javier Sánchez Menéndez ha preparado, también en este sello, la antología Poesía para niños de 4 a 120 años (2010).
Tablero de Sueños, que va precedido del ensayo "Un templo en el Oído" -una reflexión sobre la naturaleza de la creación poética-, reúne una amplia muestra de su obra publicada e inédita.

Josef Sudek
(Últimas rosas. Desde mi ventana)

Ha llegado la noche a tu ventana: sobre la superficie turbia del cristal pasan luces errantes como sueños, resplandores mojados de tristeza, flores de vidrio y bruma abiertas en los tranvías. ¿De qué lado del alma está la rosa? Para la hiedra vacilante de la luz y los espejos velados por la escarcha arde en blanco y negro la memoria. Ha llegado la noche a tu ventana por las ramas retorcidas de la nieve y los arbustos salvajes y erizados, a través de lámparas difusas y del hermético puente de piedra sin sonido. Pero más allá del objeto y de su sombra, ¿de qué lado del alma está la rosa? El alma, ¿de qué lado de la luz?



Haced uso de la invitación y no os lo perdáis.
Tanto el libro como la compaña merecen la pena de largo.

Imagen: Josef Sudek

miércoles, 28 de septiembre de 2011

6 palabrerías 6


Cada verso una perla, un eslabón de plata, una cuenta de aguamarina.
Pero como nunca encontraba el hilo con que engarzarlos, se le iban perdiendo los poemas por el camino.
Y al cabo, en fin, ni orfebre, ni poeta.


Un poeta es un equilibrista tembloroso sobre la cuerda o el alambre: cada paso, un verso; cada tramo recorrido, una estrofa.
Un paso en falso, y adiós plataforma, adiós poema.


Al poeta le crecían las palabras en las manos, en la voz, en el papel, sin saber qué hacer con ellas.


Yo, eterno descreído, escéptico militante en tantas cosas, poseo sin embargo una certeza inamovible: con respecto a la poesía, y así muramos centenarios, no dejamos nunca de ser párvulos con mocos llorando en el recreo.


Entre lo que piensas y lo que escribes, el abismo.
Atrévete a saltarlo.
O calla de una vez.


Cuando las palabras se lo piensan dos veces en los aledaños de tu boca, en la superficie de la página, están queriendo decirte que te calles y no les hagas pasar más vergüenza.
Yo les haría caso.

martes, 27 de septiembre de 2011

La partida


Ligeramente encorvado sobre la mesa, el hombre viste un traje gris, jersey rojo sobre una camisa blanca. No se aprecian los zapatos, pero los imagino vulgares, anodinos y cómodos. El brazo derecho en flexión con el codo apoyado en el muslo, el dedo gordo sujetando el mentón poderoso y firme. Entre el índice y el corazón, un cigarrillo que desprende una voluta de humo blanco, casi macizo. La mano izquierda, abierta, descansa sobre la otra rodilla. El gesto de la cara (una ceja enarcada, la boca contraída levemente, pronunciados pómulos...) denota al mismo tiempo preocupación y esperanza. Un cierto desaliño (el cenicero con colillas, las piezas fuera de juego aquí y allá...) preside la mesa donde descansa el tablero que ocupa toda su atención.

No se ve a su contrincante, si es que lo hay.

Si yo fuera el hombre y me tocase mover, daría jaque al rey en 4 torre y a continuación (a lo sumo dos o tres jugadas más tarde) coronaría el peón pasado. Las blancas parecen estar perdidas y a la vista de lo que hay, su resistencia tiene más de numantina que de razonable. De modo que quizás lo que realmente denote la apariencia del hombre que fuma y mira, sea un anticipo del sabor de la victoria.

Mi mujer dice que el hombre se parece a mí con algunos años más.

Y puede, como casi siempre, que no le falte razón.

Imagen: Willi Neubert

lunes, 26 de septiembre de 2011

Días



Para Francisco Javier Irazoki
Hay días que parecen salidos de una cadena de montaje: relucientes y, sin embargo, mortecinos; a estrenar y, no obstante, como oxidados.
Días con taras en las hechuras, con los bolsillos cerrados en falso, con las solapas colgando de un hilo, pespunteados de miedo.
Días arrinconados en un almacén en las afueras de la vida, rematados de saldo en algún mercado de baratillos del extrarradio, arrojados a la trituradora infame del olvido.
Días que nos atacan con la bayoneta calada, que nos apuntan con la pistola en la sien y el dedo en el gatillo, con sus víctimas a cuestas, pasados por las armas.
Días de contrabando, que no nos pertenecen, fuera de nuestras posibilidades.
Días con roña entre las uñas, con sospechas bajo los párpados, con llagas en las axilas.
Días con estruendo en las pisadas -asesinas del silencio-, días con la voz aguardentosa y rota de las desolaciones y los gritos, con el odio en la mirada.
Días partidos por la mitad, sangrando por las heridas, supurando por sus cicatrices, llagados en todos sus minutos.
Días como harapos sin color, como papeles rasgados de golpe, quemados en los bordes.
Días tirados a la basura, huyendo por el sumidero, ahogados en las cloacas, asediados por las ratas y las escolopendras en el fango.
Días en que hasta la aurora es sospechosa de romper el toque de queda, días emborronados por las sombras del delito, días en que las mañanas son susceptibles de ser detenidas in fraganti, días a los que es mejor darles esquinazo antes de que vengan a por nosotros. 

Días de no vivir.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Compinches


Los sueños de los niños inventando países

Cuando paso frente de un local donde exponen
pinturas de niños, sigo de largo.
Batlle Planas

Porque el niño conserva todos los libres bríos
de la invención, baraja sus monstruos increíbles
y sus enloquecidos ángeles.
La bárbara inocencia sin prejuicios de la primera pureza
y el espléndido caos, el delirio de la razón, la fantasía.

El niño es el primer surrealista.

Y crece y es hombre, y sigue viviendo más no sabe
y quien lo lleva adentro así lo ignora.
A veces, de manera sutil, eso supongo,
en cada acto adulto la infancia nos vigila
-una voz, un suceso rotundo, familiar, una lámpara,
una paloma herida con mensaje-.

Todo hombre en el final minuto de su invierno
piensa en algo lejano cuando muere.

Y la muerte es el último país que el niño inventa.

Raúl González Tuñón

sábado, 24 de septiembre de 2011

Secreto


Secreto. Confidencia que alguien nos confía confiando en que defraudemos su confianza. Para que tal revelación se produzca, es preceptivo que ese alguien nos interrogue, siquiera sea someramente y como por compromiso, pues es firme su determinación de hacerlo, acerca de nuestra capacidad para guardar dicho secreto antes de confiárnoslo; pregunta por demás inútil, cuando el emisor del mismo está convencido de que no seremos capaces de tenerlo a buen recaudo a pesar de nuestras vehementes afirmaciones en contrario.
Lo más curioso de todo esto es que puede suceder incluso en contra de nuestra voluntad manifiesta de no querer saber nada del asunto.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Libélulas


1.- En este verano que acaba he echado mucho de menos la cromática sinfonía de las libélulas, su vuelo perfecto y centelleante, el mudo asombro de su presencia bajo el sol, su cópula en el aire.

********************************************************************

2.-Luciérnagas, mariposas, libélulas, ¿dónde estáis?

jueves, 22 de septiembre de 2011

Cosiendo palabras (Sueños)


En el estupendo blog de Juan Yanes (Máquina de coser palabras), con tan sugerente mezcla de textos e imágenes, esos Sueños míos del título, ilustrados con una inquietante imagen de Willy Marthinussen, han encontrado un cálido y acogedor refugio.

Si queréis echarles un vistazo, pinchad aquí.

Gracias, Juan.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Vitrina de charcos (presentación)


Mañana por la tarde, en la FNAC Plaza España de Zaragoza, a las 19:30 horas, se presenta Vitrina de charcos de José Ángel Cilleruelo (PUZ, col. “La Gruta de las Palabras”).
Oficiará de maestro de ceremonias Fernando Sanmartín, director de la colección.

Es evidente que a José Ángel le gustan los charcos, mirarse en su reflejo, chapotear en ellos hasta empaparse como un niño para el que estos espejos peligrosos del abismo* son un juguete donde se sumerge como pez en el agua.
En 2009 dio a la imprenta un volumen, Galería de charcos (Polibea), hermano mellizo de este. Entre aquella "galería" y esta "vitrina", un pequeño y hermoso libro ilustrado, Una sombra en Pekín (Traspiés). Y justo después del que hoy nos ocupa, Ladridos al amanecer (Paréntesis).
(Apunte al margen: ¡qué bien titula este hombre!).
En la nota distribuida por la editorial, leemos que “esta Vitrina de papel expone una colección de poemas en prosa -y algunos en verso- que hereda las viejas estrategias de la métrica áurea, aunque erosionada por el paso de los siglos. Así, cada poema forma un pequeño «charco» de cien palabras exactas con las que se evocan historias poéticas -entrañables unas, ásperas otras-, se registran mínimas vivencias urbanas o se celebra el gozo con el que la mirada piensa la realidad”.

Dividido en siete secciones -Baúl de voluntades, Maletín de paisajista, Naturalezas muertas, Vitrina de charcos, Vida de ciudad, Chanson d´amour y más Naturalezas muertas- este vitral literario, este calidoscopio poético, este poliedro intemporal formado por sesenta y tres facetas, cada una con su intención y destino, es también un ejercicio de estilo muy del gusto del autor, de contención formal sin renunciar a la profundidad de lo dicho.

A mí, como a él, también me gustan mucho los charcos, esas efímeras y leves lagunas caídas del cielo donde la lluvia de ahora -agua sobre el agua- canta en los charcos de ayer una extraña melodía.
Para abrir boca, os dejo aquí como muestra el último texto del libro.

MALEZA
Abandona el sendero que ensanchan las acémilas con su tránsito de palabras y se encamina hacia la alberca lírica abriéndose paso entre la maleza. Al poeta le gustaría contemplar reflejado su rostro en el agua. Sobre la superficie flotan hojas, la pinaza que ha arrastrado el viento, un breve remolino de insectos, la invasión de una enramada. Con un palo busca apartar los estorbos, pero sus movimientos solo consiguen remover viejos lodos y turbiedades. Por más que se esfuerza, no consigue ver en el agua estancada quién es. Abre el cuaderno que ha traído, y dibuja. Poesía, la dicción extraña.

Hasta llegar a esta "maleza", otras sesenta y dos vitrinas que mirar despacio, charcos en los que recrear los ojos y mojarse los pies con regocijo y placer lector.

Me va a dar mucha rabia no poder estar allí con estos dos grandísimos amigos, pero espero que no falte ni uno solo de vosotros.
 
*José Viñals Correas

martes, 20 de septiembre de 2011

Javier Fernández de Molina


De caballos y de gatos

¿No has sentido alguna vez el galopar de unos caballos en el pecho?
¿Qué extraño poderío levantó su aparición?*


De caballos…

Estos hermosos versos de Amancio Prada, ese juglar que, en palabras de Rafael Pérez Estrada, tiene alas en la voz**, podrían tomarse como una metáfora de la pasión amorosa, pero son fácilmente trasladables a esas otras pasiones, a esas otras sensaciones que pueden experimentarse ante cualquier obra de Javier Fernández de Molina.

Trátese de la serie que se trate -y ahora, a bote pronto entre otras muchas, se me vienen a la mente las dedicadas a las mazorcas, a Lisboa, a los flamencos, al periplo de Don Quijote sobre su flaco rocín por esos caminos de Dios, al Camarón, otro que volaba con la garganta…-, la pintura de Javier está atravesada por una pasión inconcreta, llena de sutiles matices que, a poco que nos pongamos a ello, no dejará de provocarnos todo un rosario de emociones dichosas: ternura, sosiego, delicadeza, seducción…

Hay también contradicción en su pintura; en un mismo lienzo puedes encontrarte, sin que te choque en lo más mínimo -lo que es otro de sus méritos-, tras una explosión de color, una pincelada tenue, tras una masa compacta, un espacio diáfano, cabe decir un caballo galopando y otro que pace, paciente, en la penumbra del establo, un percherón arrastrando una carreta y un alazán paseando a una amazona, una yegua alumbrando un potrillo y un semental a lo suyo, feliz de su destino, afortunado cuadrúpedo.

Y es que de todo hay en el establo (en el estudio) de Javier: tú te plantas delante de sus obras y ves o no ves, pero no puedes dejar de mirar: siempre hay algo que reclama tu atención, algo que no puedes pasar por alto y que en el fondo es lo que te atrapa en la contemplación de esa realidad inventada por su mirada.


madrigal de los caballos
(Sugerencia a Charles Darwin)

Ven a mi lado. Los caballos
galopan por el cielo de los libros
por el mar de los sueños
y en los óleos de amor bajo los álamos.
Ven a mi lado en este abril pagano
cuando potros y yeguas se acarician
con corazón y gesto de centauros.***

…y de gatos

Gato

Ven
acércate más
Eres mi oportunidad
de acariciar al tigre
-y de citar a Baudelaire ****


Gatos, gatos, gatos pardos, negros, atigrados, blancos, cenicientos…
Sombras sigilosas en un mundo de colores que el nictálope contempla y desdeña con la indolencia que da el saberse de una estirpe poderosa y sutil, con una gandulería engañosa, con esa terrible agilidad que se oculta en el músculo hasta el justo momento de la sangre.

Míralos, ahí están, tan ricamente, jugando a funámbulos entre cornisas y tejados, ignorando tu asombro ante sus hazañas, tramando un estropicio en el descanso de las aves, lamiendo con su áspera lengua alguna imperfección en el pelaje, dejando que la luz dibuje una raya vertical en sus pupilas, exigiendo cuando les apetece que les rasques el lomo o la barriga, soltando bufidos de desdén, ronroneando melosos, dándote la serenata con sus maullidos en el celo, rondando indecisos la silla de enea donde te sientas…

Así Javier y su pintura. Mas no temáis, acercaos sin miedo: los caballos están domados, los gatos dormitan con las uñas en sus fundas.
Javier, que pinta con sus pinceles poemas con plumas****, jamás os pondrá a los pies de los caballos, nunca -y esta es una certeza de las que no admiten discusión- os dará gato por liebre.

Notas:
* De Emboscados. Oratorio para dos voces. Amancio Prada. Sonifolk. Madrid 1994.
** Dedicatoria de El libro de los espejos y las sombras. Rafael Pérez Estrada. “Col. Poesía J.R. Jiménez”. Huelva, 1998.
*** De Cancionero doble. Guadalupe Villarreal y Anónimo de Yuste. “Col. Palinodia. Edición de J. M. Rozas”. Cáceres, 1985.
**** De Irás y no volverás. José Emilio Pacheco. Letras Mexicanas, Fondo de Cultura Económica. México, 1973.
***** Dedicatoria del poema Colibrí: elogio de lo breve, en Casi humanos (bestiario). Elías Moro. Ed. Germanía. Alzira, 2001.

Texto publicado en el catálogo Alta Vista do Carvalhal.

Javier Fernández de Molina. Portugal, 2002.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Ruptura


Por carta, me ha dejado por carta, como los antiguos, como si aún viajáramos en carruajes de postas, vistiéramos miriñaques o lleváramos camafeos de marfil prendidos en el pecho.
Así no, por favor, así no.
Ni siquiera ha tenido la valentía no digo ya de soltármelo a la cara, porque se la hubiera partido, pero al menos de llamarme por teléfono.
Cobarde, cobarde y mil veces cobarde.
Que ya no me quiere, que todo ha sido un error, que somos tan distintos, que lo nuestro no tiene futuro…
Mentira, todo mentira; nada más que lugares comunes para no confesarse a sí mismo que me sigue deseando a su pesar, que lo nuestro le perseguirá toda la vida, que siempre me querrá aunque ahora lo niegue.

He roto la carta en mil pedazos, tantos como su cobardía, y he tenido que sentarme a la mesa de la cocina para que no me diera un mareo.
Y porque sentada lloro mejor.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Sobre el tiempo


Puede que tú no sepas qué hacer con tu tiempo, pero no tengas ninguna duda de que él sí sabe de sobra qué hacer contigo.


Eso de que “el tiempo está loco”, cada vez lo entiendo mejor; y es que oír dentro de la cabeza ese tic tac continuo, insomne, eterno, puede acabar volviendo loco a cualquiera.
Aunque a lo mejor sería bueno que no fuera tan terco y cambiara la letanía de cuando en cuando.


Venganza 

Matamos el tiempo tantas veces, y de tan mala manera, que no es de extrañar que acabe, harto de nosotros, tomándose su venganza.
Así que esto es lo que nos espera de aquí en adelante: años al acecho, taimados y rencorosos, esperando su oportunidad de echarnos la zancadilla y el guante, de tirarnos a tierra de una vez y para siempre.


El tiempo corroe el hormigón con la paciencia y tesón con que un anciano sin dientes se dispone a la batalla contra el garbanzo tostado.


Sicario  

¡Ah, el tiempo, el tiempo, ese eficaz esbirro de la muerte, el más ladino de ellos!


La firmeza del paso del tiempo que nunca tropieza, ni trastabilla, ni se cae.
Eso lo deja para nosotros, sus víctimas.


Tiempos verbales 

Ya fuimos, ya somos, pero, ¿qué seremos?

sábado, 17 de septiembre de 2011

35 años sin Sudek



Me acuerdo de Josef Sudek buscando imágenes por las calles de Praga, el gabán de paño contra el frío casi hasta los pies, la boina gastada, cargado de hombros con la cámara y el trípode a cuestas, con su brazo de menos.




















viernes, 16 de septiembre de 2011

Un poema de Tomás Rodríguez Reyes


En Lisboa. Sentado en un café
de la Rúa dos Douradores,
soporto la mirada
de Fernando Pessoa.
Acaba de salir de su oficina.
Arranca su zancada de centauro
con el negro macizo de su traje.
En sus páginas ciegas
la claridad
es de otro tiempo,
de un estado cercano a las bondades
de lo que quiso ser
entre los hombres que no fueron.
Como una orquesta oculta
sus pasos le conducen
al margen de su vida,
como una orquesta sorda y paramera.
Entre su vida un silbo se proclama:
era el son de los sueños
que lo habitaban
un son que predicó
a un hombre solo.

Tomás Rodríguez Reyes
(De El huerto deseado, Siltolá, 2010)