sábado, 5 de noviembre de 2016

Consejo



Consejo. Parecer de otro con respecto acerca de cómo, por qué, cuándo o de cual manera, deberíamos hacer, o no, algo. Quieras que no, y arteramente camufladas en ellos, siempre habrá quien se empeñe en endosarnos insidiosas moralejas de oculto veneno, vengan o no a cuento y hayan sido o no solicitadas.

Cuando escuches decir a alguien dirigiéndose a ti, “Mira, yo no soy amigo de dar consejos, pero…”, huye, por todos los santos escabúllete, toma las de Villadiego, pon pies en polvorosa, sal pitando…

Es bien sabido, por lo demás, que los hay de dos categorías: los del resto de la gente (también llamados “consejas de vieja pelleja”, y que no son más que una retahíla de embustes, patrañas y engañabobos) y los míos, sentenciosos y cabales, cercanos, y me quedo corto, a la máxima filosófica.

Y mirad, escuchadme; aunque yo no soy amigo de dar consejos, por una vez, y sin que sirva de precedente, haced caso de este: No hagáis caso de los consejos.

Ya lo decía el Antiguo Testamento: “Guárdate del consejero”.

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