lunes, 11 de abril de 2016

Pena mulata


Ayer -hace un ratito, como quien dice, y en contra de lo que pudiera hacer pensar el título de esta entrada- pasé un magnífico día -sin ninguna pena, vamos- rodeado de buenos amigos tangueros: algo de lluvia tras los cristales, chimenea encendida, comilona "pa habernos matao", risas y abrazos, baile milonguero...

En el baile posterior a la cuchipanda no sonó esta milonga del título, milonga a la que le tengo un especial afecto porque era una de las preferidas por quien fue uno de mis maestros, José Viñals, pero eso es lo de menos.

Os dejo aquí la letra completa (de Homero Manzi, uno de los mayores poetas del tango) aunque en esta versión sólo se canta un trozo de la letra. Pero de todas las que conozco, esta de Carlos di Sarli con Roberto Rufino es la que más me gusta.

Que la disfrutéis.

Pena mulata
que se desata
bajo la bata
de broderí;
dolor de milonga
que apenas prolonga
con queja tristonga
la noche de abril.

Como un espejo
bruñido y viejo
brilla el pellejo
del bailarín;
clavel escarlata
que el ansia delata
temblando en la bata
su mancha carmín.

Tu madre murió de amores
en el Barrio del Tambor;
le abrió caminos de ausencia
el puñal de un cuarteador.
Tu padre murió a la sombra
por vengar esa traición;
mulata, nació tu estrella
en un cielo de crespón.

Luz de locura
brilla en la oscura
mirada dura
del bailarín;
alcohol de añoranza
que al son de la danza
calienta venganzas
debajo la crin.

Pobre morena,
brotó en tus venas
una serena
flor carmesí;
rencor en acecho,
pincel del despecho
pintando en tu pecho
la mancha carmín.

Tu madre murió de amores,
alma blanca y piel carbón;
mulata, fueron sus labios
el rencor de un cuarteador.
Tu padre murió a la sombra
por vengar esa traición;
mulata, nació tu estrella
en un cielo de crespón.

Pena mulata
que se desata
bajo la bata
de broderí;
dolor de milonga
que apenas prolonga
con queja tristonga
la noche de abril.


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