domingo, 7 de agosto de 2016

Celos



Aquella pregunta que le rondaba la cabeza como moscarda perniciosa no le dejaba vivir.

¿Con quién lo estaría haciendo?

No pudo soportarlo ni un minuto más: se lo arrancó de las manos y empezó a golpearla con él hasta que se quedó inmóvil del todo, el charco de sangre creciendo en el piso.

Después llamó a la policía, lo limpió a conciencia con un paño de cocina y colgó el teléfono en su sitio.

Hablaba más por él que con él.

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