viernes, 8 de julio de 2016

Ultramarinos, librastrófilos y chamarileros



Cuando casi estaba convencido de que la nave ultramarina que navegaba hacia puerto Naumaquias -y cuya singladura me había sido anunciada tiempo atrás por su armador Malabia- habría naufragado en el proceloso mar de Correos o en algún océano ignoto en la ruta de las especias por obra y ¿gracia? de alguna imprevista borrasca; cuando casi había perdido la esperanza de ver aparecer sus velas amistosas en lontananza con viento a favor, finalmente, la anhelada nave de papel impreso ha llegado a destino: en su bodega (léase, dentro del sobre) la carga de tesoros de los que aquí dejo constancia gráfica como prueba para incrédulos: dos libros de poemas de Luis Santana (Carta no enviada y Leyendo la fuga), la obra teatral Et in arcadia ego, original de Bruno Marcos, la hoja volandera Librastófilos, octava entrega de la novela en marcha Mortisaga, y en la que se da cuenta, en una minuciosa y divertida crónica, de la presentación de la última entrega, por ahora, de la revista La Galerna, y una bella edición de La canción de disidente, título del pregón escrito y leído por mi queridísimo Tomás Sánchez Santiago con motivo de XXXIX Feria del Libro de León.

En un par de hojas sueltas de su cuaderno de bitácora, la tripulación al completo, de forma manuscrita, envía muestras de su afecto a este lejano letraherido de un suroeste tierra adentro.

Y uno no puede sino celebrarlo a modo y agradecer semejante derroche de generosidad.

¡Larga vida a esa cofradía de ultramarinos y chamarileros del papel impreso que campan a sus anchas por tierras leonesas!

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