lunes, 25 de agosto de 2014

Etapa reina



Para Antón Castro, que sigue pedaleando en la bicicleta de la literatura y los afectos.

Etapa reina


Apenas tres míseros segundos nos separaban en la clasificación para el primer puesto de la general.

Vigilándonos por el rabillo del ojo, casi codo con codo dábamos las pedaladas con el ansia del sediento que tiene a la vista el oasis salvador.

En las rampas más duras del categoría especial, él demarró creyendo que yo desfallecería.

Respondí al ataque con elegancia y tranquilidad.

Y cuando le iba a pasar y dejarle clavado en la ascensión, con un crujido terrible que me puso los pelos de punta, se me salió la cadena de golpe.

Me pegué un costalazo de padre y muy señor mío.

Su sarcástica sonrisa y su cara de culpable lo decían todo cuando se volvió para mirarme.

Claro, que no le dio mucho tiempo a celebrar el triunfo.

Cuando llegué a la meta con la bici al hombro, sin poder contener la rabia le enrollé la cadena en el cuello y esprinté con ella todo lo que pude.

Se le puso la cara del color del maillot de la montaña. 



¡Feliz cumpleaños, amigo!

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