miércoles, 21 de octubre de 2015

La mirada oblicua 4 ("Escrito en engro")


4

Murió el Bizco del Borge de dos tiros en el corazón, oliendo la aceituna y soñando con un bar en Madrid. Le dio el alto el guardia Manuel Luciano y contestó con dos disparos que marró. Su vista torcida ya no era de lince. Le acertaron los civiles José Sánchez y Cristino Franco y le dejaron seco, tumbado en el olivar, con sus ojos estrabones junando en asimetría y sus cuentas con el diablo sin abonar. Le envolvieron en una manta y lo cargaron en un carretón. Lo enseñaron en Lucena y al tercer día apestó como el odre: las moscas le cumplieron el velatorio. Quieto no pareció tan fiero. El juez instructor mandó que lo vistieran con un terno gris y como no tenía encima la filiación ordenó que le retratasen. Le fueron a sentar pero el Bizco estaba tieso de mojama por el rigor mortis y hubo que romperle las piernas con un martillo a la altura de las rodillas. Le desmadejaron a porrazos, para que entrase en plano, y le sacaron una foto en la que salió retador, norteando la barbilla con chulería pero boquiabierto del pasmo que otorga la muerte cuando no se la espera.

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