Si el martes andáis por Málaga, a la hora del crepúsculo y ya con la fresca, el violín y la poesía, como gatos rondando la belleza, andarán de la mano por los tejados.
Anoche en un dulce sueño
me fui a la “Peña del Cielo”
para buscarle consuelo
a mi espíritu porteño.
Puse mi mayor empeño
para poderme elevar,
cuando me llegué a parar
ante un gran portón de acero…
de adentro salió san Pedro
que me empezó a interrogar:
¿Qué hacés por estas regiones?
me dijo todo enojado,
y contesté abatatado:
¡Vengo en busca de emociones!...
Si no tenés relaciones
no vengas a armar burdel,
que está cantando Gardel
en esta “Sagrada Peña”…
si no tenés contraseña
pedile permiso a él.
En un palco revestido
de brillante oro y plata tocaba Roca Tagliatta Mi Buenos
Aires querido. De pronto se oyó un gemido que me hizo erizar la piel, y dentro de un carrusel su figura destacaba: era el mago que cantaba, el gran Carlitos Gardel.
Entre nardos y amapolas
Carlitos volcaba el resto;
lo acompaña el Pibe Ernesto,
Greco, Pacho, Eduardo Arolas;
a un costao formando cola,
Barbieri con Riverol,
y Aguilar con todo amor
vierte su nota sincera para que Alfredo Le Pera vuelque su verso mejor.
Y cuando volví a la vida,
mis ojos volcaban llanto
de rogar por el encanto
de muerte tan escondida...
Y en mi guitarra querida
busqué la nota glacial,
lo sublime, espiritual,
lo enorme de mis ensueños
para darle a los porteños
¡la milonga celestial!
Confesionario.
Habitáculo de madera, tosca o finamente labrado según la capacidad económica de
la diócesis correspondiente, emisor-receptor de mentiras en ambas direcciones.
Otra más, y no de las menos dañinas, de
las cámaras de los horrores de la religión católica.
Elías Moro (Madrid, "cosecha" del 59). Jugaba al baloncesto. Ahora quiere a sus mujeres (4) y a sus amigos, lee lo que le dejan, escribe como puede, baila salsa (aunque lo que le gusta de verdad es el tango). Algún enemigo tendrá también por ahí, no voy a decir que no. Estado actual: escéptico.
TESTIGOS DE CARGO
"Cuando escribes te manchas de ti mismo". Tomás Sánchez Santiago Foto de Guillermo Gallego