viernes, 28 de marzo de 2014

General


General. En todos los ejércitos del mundo, uno de los más elevados rangos en su escala jerárquica. Petulantes hasta decir basta, los sujetos encuadrados en esta categoría de la milicia gustan de hacerse notar con profusión de estrellitas y entorchados varios en hombreras, cuello y bocamangas, amén de fajines, borlas y condecoraciones, y padecen de una acusada querencia por rígidas gorras de plato, sustituidas cuando la ocasión así lo requiere por boinas, cascos y quepis.
En general, un general no genera nada útil ni de provecho; no obstante lo dicho, y de manera incomprensible, lleva adosada al cargo una, cuanto menos absurda, expresión de tratamiento de respeto para dirigirse a él so pena de arresto inmediato de los inferiores en rango bajo su mando: “Mi general”. Y no digo falsa a humo de pajas, sino basándome en esa partícula monosilábica que revela posesión.
Te explico: si el general fuese tuyo, como stricto sensu la frase parece indicar, el general del general serías tú y no ese inepto con galones que se regodea y envanece chupando de nuestros impuestos mientras colecciona medallas y fajines en espera del pase a la reserva con su correspondiente y jugosa paga de jubilación.

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