domingo, 31 de enero de 2010

Trenes

La tristeza de los trenes pasando en la noche, dejando estelas de luz mortecina en los páramos oscuros habitados por pueblos habitados por el olvido, acallando la voz de los sapos en celo, espiado por cárabos insomnes desde torres en ruinas. 
Atraviesa el tren la madrugada con gritos de animal agonizante. 
Y el sueño llegándole al viajero como si fuera una muerte pequeñita.

sábado, 30 de enero de 2010



El escarabajo pelotero es el Sísifo del reino animal.
Para Antón Castro

Me acuerdo de Lee Remick diciéndole a Jack Lemmon en Days of wine and roses: “Un día soñé que me mataron. Fue allí, junto al embarcadero. Mi padre vino a recoger mi cuerpo en su vieja furgoneta de reparto”.










La carga




Como serones en los costados, cargamos con dos cosas en la vida que, por mucho que lo intentemos, nunca podremos quitarnos de encima.
Una es impuesta, la otra adquirida; aquélla prosaica, ésta poética: la herencia genética que te haya tocado en suerte y el equipo del que te hiciste de pequeño en contra de toda lógica.

Y esto es así, sin vuelta de hoja, tanto para lo bueno como para lo malo.

viernes, 29 de enero de 2010

Elogio del brasero y la badila

Me acuerdo del tufo malsano de los braseros de picón, la calefacción de los pobres. También de la rejilla protectora y de la badila para remover las brasas.



El frío ya no es lo que era. No sé si será por eso que dicen del cambio climático, la radiación de los microondas o los móviles, los programas basura de la tele o yo qué puñetas sé, pero que ya no el mismo de años atrás me parece evidente. Porque antes sí que era una cosa seria: el frío llegaba mordiendo de a poco, como quien no quiere la cosa, casi con delicadeza; como cuando saboreas a sorbitos un buen vino, o besas despacio esos labios que no quisieras abandonar nunca. Pero el caso es que la copa de vino y el beso en algún momento se acaban, y el frío, con todos sus avíos y sinsabores llega, vaya que si llega. Y entonces no queda otro remedio: hay que plantarle cara, aprestarse a la contienda, defender la posición hasta el último aliento que nos quede. Porque el frío no perdona, no hace prisioneros ni deja heridos en el camino: detrás de él, el habitual paisaje después de la batalla con cadáveres insepultos y tierra quemada.


En el tiempo que digo, aquél que ahora recuerdo, las armas para combatirlo eran pocas y, si se me permite la expresión, cobardes: algún jersey con más polilla que lana, calcetines con "tomates", gorrillas de paño pobre, guantes escasos de gramaje que se rendían a la primera acometida del termómetro en dirección al suelo... Nada, en fin, que pudiera detener su empuje con las mínimas garantías y la vista puesta en la primavera salvadora.


Y es que el puñetero venía bien pertrechado y con su estrategia bien ensayada: después de enviarnos a sus emisarios -los generales Octubre y Noviembre- en forma de lluvia o viento, que ya nos dejaban tiritando y con la guardia baja, hacía acto de presencia en su forma más temible, ésa que no se ve mientras ataca pero que, con la luz del día, mostraba su eficacia desoladora: charcos con la dureza del espejo, carámbanos amenazantes -cual lanzas camufladas en los aleros, cual saetas de hielo-, sabañones en las orejas y los dedos haciéndonos la puñeta...


Sobrevivimos; quienes sufrimos sus temibles y astutos y traicioneros embates, sobrevivimos. Y lo hicimos gracias a una eficaz arma secreta y nunca derrotada que se ocultaba -heroico caballo de Troya- entre las patas de la mesa camilla: el brasero. En aquellos momentos de calma alrededor del humilde mueble (madre limpiando de piedras y algún posible gorgojo las lentejas del día siguiente, el jilguero cantarín acurrucado y hecho una bola de plumas en un rincón de la jaula colgada en la pared, tú intentando resolver los deberes para la escuela del día siguiente, la radio emitiendo sin parar las canciones dedicadas: "Peticiones del oyente", programa patrocinado por Joyería y Relojería Enrique Busián, o "el parte"...), no había mejor arma que un buen brasero de picón -tal que un caballero andante desfacedor de entuertos e injusticias-, la alambrera como cota de malla, y el más persistente y fiel de los escuderos: su majestad, la badila.

Porque si había algo ante lo que el frío se estremecía de golpe -como si un frío mortal, quintacolumnista y traicionero, se le hubiese metido hasta el tuétano de los huesos- y con lo que adivinaba su cercana derrota, si no definitiva, parcial al menos, era esa inocente frase que alguien pronunciaba de pronto como si nada mientras echaba mano a la badila:

"Voy a echar una firmita".

jueves, 28 de enero de 2010

Así


Para Lali

Con la delicadeza y discreción de las flores de vilano -paracaídas suaves meciéndose en el aire-; así me gustaría llegar hasta ti.

Los amigos (Chema Cumbreño)

Un blog es también un lugar para hablar con, entre, sobre y hasta de los amigos.
En las pocas entradas que lleva éste ya he hablado de algunos.
Pero si por un momento has pensado que te ibas a escapar, estabas equivocado, forastero; ahora te toca a ti.
Desenfunda.



Tareas de Chema Cumbreño
Ordenar la incertidumbre, progresar en los límites, urdir estrategias, dudar -siempre- de los diccionarios.


miércoles, 27 de enero de 2010

Paraguas


Hacedme caso; si os encontráis un paraguas por la calle, no lo cojáis, dejadlo estar. Lo más probable es que su legítimo dueño lo haya abandonado a propósito, harto de él.
Puede parecer inofensivo, un regalo caído del cielo, pero la mayoría de ellos tienen vicios adquiridos que son imposibles de corregir.
Ignorad este consejo, y la próxima vez que llueva os mojáis seguro.

Mira el pajarito


Música dodecafónica

El negro graznido de los cuervos junto al cadáver del erizo aplastado en el asfalto.











lunes, 25 de enero de 2010

Lealtad

Me gustan las fotografías de gente con sus perros; de gente y perros comunes, quiero decir; en ellas, generalmente, y aunque luego no todo sea de color de rosa, se aprecia, mucho mejor que en ésas otras de gente con gente, ese sentimiento llamado lealtad.



Halcón



Para Ángel Campos Pámpano (in memoriam), que me ayudó
a despojarlo de todo aquello que lastraba su vuelo.

Cayendo desde lo alto,
el más pequeño error supone
morir, quebrarse contra la piedra.

Es de admirar su arrojo.



domingo, 24 de enero de 2010

Belleza

(Foto Elías Moro)

El sol de la tarde iluminando las piernas de una mujer que lee bajo un sombrero en una playa de Portugal.

sábado, 23 de enero de 2010

Tranvías

Para José Ángel Cilleruelo.

Me acuerdo del estrépito metálico de un trío de tranvías. Y de una fotografía de un cruce de Praga que desprende ese sonido.


viernes, 22 de enero de 2010

"La verdad no tiene casa".
Adam Zagajewski

A la intemperie

Los días pasan por nuestra vida dejándonos a la intemperie.

jueves, 21 de enero de 2010

José Viñals (in memoriam)



El hijo del panadero
A José Viñals, maestro en la vida.

Este es el hijo del panadero, el que tuvo caballos cuando niño, aquel que se quedó sin padre cuando más se necesita. El que abrió los brazos y le cupo la vida entera, el que amó toda su existencia a la fuerte tejedora que sostiene sus vaivenes, el que, caracol errante por el mundo, ha soportado treinta mudanzas como treinta monedas de plata que tintinean sobre sus años fecundos, igual que late la vida, circular y limpia, en la madera del álamo.

Este es el tiempo del humo blanco del frío en los ollares de las bestias, el del cálido aliento del estiércol en el fondo de la cuadra, el de la simiente en los deseos de quien escribe sus versos sentado en una tumba e ignora la lluvia que empapa sus palabras, porque sabe que la tristeza pasará como esa nube que se aleja.

Esta es la hora, amigo, hermano: ya tienes la altura necesaria para entregarle tus manos.
Elías Moro

miércoles, 20 de enero de 2010

Uso de razón

Yo creo que se adquiere eso que hemos dado en llamar “uso de razón” (que apenas usamos y que algunos no alcanzan jamás), no a esa edad inconcreta de cuando dejamos de ser niños (cosa que, por otra parte, nunca dejamos de ser), sino cuando tomamos conciencia de la muerte.

El muerto


¿Recuerdas el tumulto ante el restaurante la noche de nuestra cita, el grosero plantón ante tu espera?
Tendrás que perdonarme de nuevo por última vez.
El muerto era yo.

"Recuerdo"

Gotán

En el tango, según Juan Carlos Copes (y esta es una de las más acertadas definiciones que he oído nunca al respecto), “el hombre propone y conduce y la mujer dispone y seduce".

Callejón

En el callejón del silencio, las palabras han hallado su mejor morada.


Paisanaje (1) Cuentan los anales...



PREFACIO A MODO DE ADVERTENCIA A LOS SUFRÍOS LECTORES, QUE NO TIENEN CULPA DE NÁ, Y EN QUIENES REPERCUTE MALAMENTE LA PEREZA Y DESFACHATEZ DE CIERTOS OPERARIOS ENCUMBRAOS EN SU INCOMPETENCIA

Cuentan los anales de la tauromaquia y los mentideros de la Villa y Corte de una famosa ocasión en que al maestro Rafael Guerra, "Guerrita", tras una gran tarde de toros en Las Ventas, "La Catedral del Toreo", y en la fiesta subsiguiente a su triunfo en el hotel donde paraba, le fue presentao don José Ortega y Gasset, entonces en el apogeo de su celebridad.
-¿Filósofo? -preguntó el matador-. ¿Y eso qué es? Cuando le explicaron que un filósofo es alguien que trabaja sobre las ideas y el pensamiento, el "Guerrita", con esa retranca tan de Córdoba, sultana y mora, y asombrao de que pudieran existir sujetos y profesiones semejantes, dejó caer, como al desgaire y sin despeinarse, tal que trincherazo de cartel de feria a un morlaco de cuidao, esta perla verbal que ya ha pasado, con todas las de la ley, al acervo común y al lenguaje popular y que lo mismo sirve pa un roto como pa un descosío: “Hay gente pa tó”. Toma filosofía, Pepe.

Esta lapidaria sentencia del califa de los ruedos puede aplicarse sin rubor ni enojo al caso que nos ocupa, a saber: el del corrector de pruebas, nefasto y prepotente elemento del noble gremio de las Artes Gráficas que, amparao en la impunidad de su covacha (-Gabinete, please -reprende él con una pomposidad irritante), hace y deshace a su capricho en los textos que los ilusos plumíferos dejan a su cargo y atención. En este opúsculo que el sufrido lector tiene en sus manos, el corrector de pruebas de estas jocosas semblanzas “se ha pasao tres pueblos”; porque no sólo, y a buen seguro, vamos, me juego el cuello, habrá dejado vivita y coleando alguna errata de bulto que afeará el texto de por vida para baldón del autor, sino que se ha dao, sin permiso de nadie y por su cuenta y riesgo como si dijéramos, un atracón de cursivas y comillas, así se atragante y reviente el mamón hijoputa.

El cronista, que de otra cosa no, el Señor me libre de la soberbia, pero que sí puede presumir de amigos y amigas (éstas, para otros menesteres más gozosos y apetecibles) que velan por su fama y buen hacer, no puede por menos de felicitarse de que tales sabandijas rastreras reciban su “recompensa”.

De manera que el escarmiento que le han dao, y que no ha merecío ni una línea aun en la prensa más abyecta (lo que más le habrá dolío, seguro, pues es un figurón de cuidao y seguidor acérrimo de la máxima “que hablen de mí aunque sea para mal”), era lo menos que se estaba buscando. Gran noticia ésta acerca del zurramiento de badana, para alivio de mi pesar, y que, según se comenta, le aplicaron a base de bien hace un par de noches a la salida de un puticlub una tropilla de borrachos. Según el parte médico, aunque tampoco es para fiarse mucho del documento (menudos son también los de la bata verde), tiene como poco, si ná se tuerce y tó va bien, pa un par de semanas de hospital y tres meses de convalecencia en casa con su escayola y sus puntos.
Pues poca cosa me parece, qué quieren que les diga: si llego a entallarlo yo, lo desgracio pa toa la vía, vaya que sí.

Señor corrector de pruebas, dos puntos: en negrita y pa que me entienda: los textos de este cronista no se tocan. Las cursivas y las comillas, las negritas y las helvéticas, o la puta que las parió, me las deja en su sitio y no donde a usted se le pase por el forro de las criadillas. Hágase cuenta, señor mío, de que este texto es para usted como la palabra del Papa, infalible. Más le digo: como si fuera el Código de Hammurabi o las Sagradas Escrituras, El Corán o El Talmud. O juntitas, y en amor y compaña, la partida de bautismo de su señora madre y el certificao de defunción del que dicen que era su padre, asunto éste que nunca estuvo muy claro. Porque, según dicen las malas lenguas, candidatos
había varios. Que lo que está escrito, escrito está, y así se quea. Y si yo me zampo las “des” cuando se me antoje, o quito y pongo tildes al voleo,o apocopo según mi gusto, o me cisco en la sintaxis y micciono en la gramática, usted chitón, punto en boca, oídos sordos, manos quietas y pies pa qué os quiero. ¿Okei?

En cuanto al señor impresor y sus mancebos de los tipos, otros que tal, que se anden también con ojo con el gramaje del papel, la mezcla de las tintas y el corte de la guillotina si no quieren recibir también su poquito de estopa. porque ya puestos, comprenderéis que lo mismo me da ocho que ochenta.


Así que ya sabéis, figuras. Última advertencia: que no se vuelva a repetir ningún desmán con mis letras o este asunto pasará a mayores. Por mis muertos que no respondo.

Que el que avisa no es traidor y a buen entendedor con pocas palabras bastan.

Lengua

Lengua. Parte comestible de los vertebrados que ya tenemos en la boca.
Órgano imprescindible, con sus compinches las cuerdas vocales, para la emisión de la voz.
Cuando ésta se produce, y dependiendo de quién, cómo y con qué fines la origine, puede ocasionar cefaleas, otitis, somnolencia… Y en casos verdaderamente graves, idiotez supina.
Un antiguo y eficaz remedio contra esta lacra, denostado injustamente en nuestros días, consistía en arrancarla de cuajo para solventar el problema de una vez por todas.