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sábado, 25 de octubre de 2014

"Las cabras" (un poema de Eugénio de Andrade)


Las cabras

En cualquier parte donde la tierra sea pobre y alta, ahí están ellas, las cabras, negras, muy femeninas en sus saltos menudos, de piedra en piedra. Me gustan estas desvergonzadas desde pequeño. Tuve una que me dio mi abuelo y, él mismo me enseñó a servirme, cuando tuviese hambre, de aquellos odres llenos, tibios, donde las manos se detenían morosas antes de arrimar la boca, para que la leche no se perdiese por la cara, por el cuello, por el pecho tampoco, lo que ocurría a veces, quién sabe si a propósito, el pensamiento en la vulvita olorosa. Se llamaba Maltesa, fue mi caballo y no sé si mi primera mujer.

Traducción: Antón García

viernes, 20 de junio de 2014

Cinocéfalo



30. Se me ocurre ahora hablar de los siguientes datos que se refieren a los cinocéfalos. Si uno de ellos obtiene algún alimento con alguna clase de cubierta -como son las almendras, las bellotas o las nueces-, arroja esa cáscara, después de romperla con especial cuidado, y no ignora que lo de dentro es lo que se come y que se tira lo de afuera. Le gusta tomar vino y se da un hartazgo cuando le ofrecen carne asada o cocida; asimismo, le resultan agradables las comidas con mucho condimento y se molesta cuando están mal preparadas. Si se pone alguna ropa, cuida de ella, y también hace las cosas que he señalado antes. Cuando todavía es de poca edad, si lo ponen cerca del pecho de una mujer, mama como si fuera un bebé.

Claudio Eliano (De natura animalium, libro X)

jueves, 24 de octubre de 2013

Jirafa



Tú hablas de tú 
a los árboles,
penetras con tu pregunta
entre las ramas,
no quieres nada de los pájaros,
como no quieres nada de la hierba;
tú sólo quieres lo que sabe
a verde sin tristezas,
quieres el verde más inalcanzable.

Eres la gran apasionada de las hojas,
la gran apasionada de lo intacto,
buscas el verde que no existe en esta tierra,
eres la gran platónica.

Fabio Morábito  
(De lunes todo el año, Ed. Joaquín Mortiz, 1992)

miércoles, 24 de julio de 2013

Unos crían la fama...


...y otros cardan la lana.


 Ave de Hornbill

 Aye-aye

 Babirusa

 Equidna

 Facóquero

 Murciélago orejudo

 Ratopín

 Tarsero de Borneo

Uakarí

¡Y luego dicen del ornitorrinco!


viernes, 26 de octubre de 2012

Elefante


Uno acaricia la áspera piel del elefante y se deja los dedos en el empeño. Pero a través de las yemas puede sentir la prehistórica nobleza de sus latidos, el oculto poder de su mirada, un cálido vestigio de pisadas estableciendo sus rutas y rastros por el mundo.

sábado, 16 de junio de 2012

Pene cantor


No es lo que parece.
Suena raro, tal vez, soez a los oídos,
pero este milimétrico insecto
que corteja a la hembra frotando su miembro
contra su propio abdomen,
es el más ruidoso de cuantos pueblan el orbe.
Habita bajo el agua,
y su canto estridente en decibelios
equivale a una orquesta con sus sonoros trances.
Pertenece al orden
de los hemípteros,
familia de los corixidae.
Nombre científico:
Micronecta scholtzi.

Mario Lourtau

martes, 31 de enero de 2012

Bestiario de Rexroth


Ciervo

Los ciervos son tiernos y elegantes
Y tienen ojos bellos.
No hieren a nadie sino a sí mismos,
Los machos, y sólo por amor.
Los hombres han inventado varias
Miles de formas de matarlos.


León

El león es llamado el rey
De las bestias. Hoy en día hay
Casi tantos leones
En jaulas como fuera de ellas.
Si te ofrecen una corona, recházala.


Buitre

Santo Tomás de Aquino pensó
Que los buitres eran lesbianas
Fertilizadas por el viento.
Si buscas los hechos de la vida,
Los intelectuales papistas
Pueden ser de muy poco fiar.


Kenneth Rexroth
A bestiary (1956)

viernes, 23 de septiembre de 2011

Libélulas


1.- En este verano que acaba he echado mucho de menos la cromática sinfonía de las libélulas, su vuelo perfecto y centelleante, el mudo asombro de su presencia bajo el sol, su cópula en el aire.

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2.-Luciérnagas, mariposas, libélulas, ¿dónde estáis?

domingo, 11 de septiembre de 2011

Ovejas negras: las ballenas


Las ballenas son los miembros extraños
que se encuentran en todas las familias:
ésos que
-al cabo sin saber la razón-
se suicidan.

sábado, 27 de agosto de 2011

La filosofía del puma


Para Miguel Ángel Lama



A enemigo que huye,

zarpazo en el lomo.

sábado, 30 de julio de 2011

Programa para hoy (Serenata bucólica)



Diana floreada con gallo al fondo y vacas mugiendo.

Coro de perros, opus 28.

Concierto de chicharra y pájaros en sol mayor.

Zarabanda de golondrinas y vencejos.

Danza de murciélagos.

Suite nocturna para mochuelo, cuatro grillos y una rana.

Bis: Solo de lechuza.

2º bis: Repique de cigüeñas.



domingo, 13 de marzo de 2011

¿Qué es una vaca?


Ejercicio de redacción escrito por un niño y que se conserva en el Museo Pedagógico de París. El tema propuesto era: describir un mamífero o un ave.

"El pájaro del que voy a hablar es el búho. El búho no ve de día y de noche es más ciego que un topo. No sé gran cosa del búho, así que continuaré con otro animal que voy a elegir: la vaca.

La vaca es un mamífero. Tiene seis lados: el de la derecha, el de la izquierda, el de arriba, el de abajo. El de la parte de atrás tiene un rabo, del que cuelga la brocha. Con esta brocha se espantan las moscas para que no caigan a la leche. La cabeza sirve para que le salgan los cuernos y, además, porque la boca tiene que estar en alguna parte.

Los cuernos son para combatir con ellos. Por la parte de abajo tiene la leche. Está equipada para que se la pueda ordeñar. Cuando se la ordeña, la leche viene y ya no para nunca. ¿Cómo se las arregla la vaca? Nunca he podido comprenderlo, pero cada vez sale con más abundancia.

El marido de la vaca es el buey. El buey no es mamífero. La vaca no come mucho, pero lo que come, lo come dos veces, así que ya es bastante. Cuando tiene hambre, muge, y cuando no dice nada, es que está llena de hierba por dentro. Sus patas le llegan hasta el suelo. Las vacas tienen el olfato muy desarrollado, por lo que se las puede oler desde muy lejos. Por eso es por lo que el aire del campo es tan puro".

viernes, 4 de marzo de 2011

El crepúsculo de los búfalos


Los búfalos se han ido.
Se han ido quienes vieron a los búfalos.
Quienes los vieron por millares avanzando en la hierba de la pradera hasta pulverizarla con sus pezuñas, con sus grandes cabezas inclinadas, avanzando en un gran desfile de polvo.
Quienes vieron los búfalos se han ido.
También los búfalos se han ido.


Carl Sandburg
(Versión de J. E. Pacheco)


domingo, 20 de febrero de 2011

Rattus norvegicus



Dichosa con el miedo que provoca, la rata parda de Noruega
(nacida en Tacubaya y plural habitante
de nuestro barrio más bien pobre), en vez de ocultarse
observa con ojillos iracundos las tristes armas
-escobas, palos, cacofónica avena venenosa-
que no podrán con su astucia.
Sentada en su desnuda cola y en la boca del túnel
que perforó para ganar la calle o la casa según convenga,
la rata obesa de exquisita pelambre, la malhechora
que se come el cereal del pobre, la muy canalla
que devora recién nacidos arrojados a los baldíos,
parece interrogarme: “¿Soy peor que tú?”,
con sus bigotes erizados la oronda en tensión suprema.
“También tengo hambre y me gusta aparearme y no
me consultaron antes de hacerme rata y soy más fuerte
(comparativamente) y más lista. ¿Puedes negarlo?
Además las ratas somos mayoría: por cada uno de ustedes
hay cinco de nosotras. En esta tierra
las ratas somos los nativos; ustedes
los indeseables inmigrantes. Tan sólo vean
la pocilga y el campo de torturas que han hecho
de este planeta compartido. El mundo
será algún día de las ratas. Ustedes
robarán en nuestras bodegas,
vivirán perseguidos en las cloacas.”
El gato interrumpió el monólogo silente
y de un salto de tigre cayó sobre la rata y la hizo
un cúmulo de horror y sangre y carne palpitante.

José Emilio Pacheco (De Desde entonces)

domingo, 31 de octubre de 2010

Escolopendra



Un animal cuya sola presencia -en realidad, ni siquiera me hace falta verlo, me basta con imaginármelo- me produce escalofríos, temblores, sudoraciones... toda la gama de síntomas asociados con las fobias: la escolopendra.
Incluso, creedlo, me está costando un disgusto escribir su nombre ahora mismo.
Pero sólo escribiendo su nombre puedo intentar vencer esta fobia.

sábado, 29 de mayo de 2010

Zoología doméstica



"Paquita"

Después de mucho tiempo oculta en sus cuarteles de invierno, hoy he vuelto a ver a “Paquita”.  
“Paquita” es una salamanquesa (o saltarrostros, que dicen algunos) de la que ignoro si es macho o hembra, que se apodera a partir de estas fechas de la pared del patio, y donde no admite rival.
Su primera misión en cuanto hace acto de presencia consiste en reconocer la zona palmo a palmo, establecer su coto privado, recorrer arrogante sus dominios, y despejar el terreno de cualquier posible rival, reptil o no, que proyecte rivalizar con él, o ella, en lo que considera su cazadero.
Nada más encender el farol, se aposta justo en el límite entre la luz y la sombra y pone en marcha uno de sus mecanismos depredadores más eficaces: la inmovilidad casi absoluta. Los demás son la paciencia y la rapidez.
Su bocado preferido son las polillas que despiertan de su descanso diurno en los setos y macetas de los arriates y revolotean, erráticas como bailarinas enloquecidas, alrededor de la bombilla; en cuanto las ve, empieza como a relamerse, a sacar la lengua para limpiarse con ella los ojos en una especie de tic. Sin despreciar, por supuesto, otras piezas menores, pero también apetitosas y nutritivas (mosquitos zumbones, santa teresitas, hormigas con alas…). Que no están los tiempos como para dejar pasar las oportunidades de llenar la andorga.
Y en cuanto alguno de estos incautos, fatigado de tanto vuelo indeciso, se para a descansar y entra en su radio de acción, el resorte de sus patas la proyecta, súbita y veloz, en un ataque mortal.
De diez intentos, al menos ocho culminan con éxito.
Yo creo que “Paquita” es una campeona de lo suyo.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Vacas (2)




VACAS

Mi madre siempre tenía una vaca. Morena o Marela solían ser sus nombres más frecuentes. Tenía un carro para una sola vaca, y en él íbamos casi todos los días a un prado, cruzado por un regato que bajaba hacia el valle desde lo alto de la montaña. Aparecía y desaparecía entre juncos y zarzas, y se remansaba primero al pie de un pequeño vado y luego en la espesura del bosque. Creíamos que era un bosque fantástico: mi madre me decía que en su interior había pájaros misteriosos y una dama encantada que irrumpía desnuda, con un espejo en la mano, al atardecer. Decía también que en la parte más oscura había una manada de lobos. A veces se oía su aullido interminable.


Mi madre dejaba la vaca con el carro y recogía la hierba. Volvíamos a casa, y yo siempre iba entre los haces frescos. Me decía: “Si tienes miedo, canta”. Y yo cantaba lo más alto que podía. El eco de mi voz se multiplicaba. Cuando llegábamos a las primeras casas, me decía: “El miedo ya ha pasado. Deja de cantar”.

Mi abuelo paterno era tratante de ganado y albéitar, curandero de animales. A él le gustaban, sobre todo, los terneros. En una ocasión, nos trajo una pequeña becerra azafranada. Era preciosa y menuda, pero muy rebelde. Cuando iba a entrar en el establo, se revolvió, se zafó de la cuerda y se marchó a las montañas. Y allá fueron varios hombres y mi abuelo, y yo con ellos. La buscaron durante varias horas: por las minas abandonadas, por la explanada de guijarros, por la floresta tupida, en el arenal de la playa de Barrañán. Dieron con ella y regresaron lentamente a casa. Miraba a mi abuelo Jesús con los ojos preñados de emoción. Aquel hombre silencioso y firme era mi héroe. Cuando entró en la cuadra, yo iba detrás. Intentó escaparse de nuevo, pero no lo logró. Lo que sí hizo fue soltarme una coz terrible con sus primeras herraduras que me impactó en el pómulo izquierdo, muy cerca del ojo. Empecé a sangrar. Mi abuelo me cogió en sus brazos, me llevó a la cocina y me aplicó agua. Cuando vio que ya se me había pasado el susto, me dijo: “Siempre tendrás una historia que contarle a tus nietos. Esa señal la llevarás de por vida”.

Y es cierto, aún la llevo y le cuento a quien quiera oírme que una vez me pateó una ternera, que se hizo vaca y que llevaba el carro al prado. Mi madre, con un palo, la refrenaba al grito de “Amodiño, amodiño, Marela”. Despacio, Marela. Despacio.


Antón Castro




Je me souviens d´un fromage qui s´appelait "la Vache sériuse" ("la Vache qui rit" lui a fait un procès et l´a gagné).

(Ed. Hachette, París, 1990)
Georges Perec




Me acuerdo de un queso que se llamaba "la Vaca seria" (la "Vaca que ríe" los llevó a juicio y ganó).

(Ed. Berenice, Córdoba, 2006)
Trad: Yolanda Morató



Foto ordeño vaca: Andrés Deinum

sábado, 10 de abril de 2010

Vacas



Vaca. Cornúpeta rumiante, personificación de la paciencia.
Como una dama decimonónica de las granjas, como una señorona de los prados, como una diva de los establos, lleva con elegancia y resignación el hecho de que sus tetas casi arrastren por el suelo.
Despensa móvil de leche, cuero y filetes.



Un libro: Un millón de vacas, de Manuel Rivas.




Una canción: Tengo una vaca lechera,
Los Melódicos
.






Una peli: Vacas, de Julio Medem.


martes, 23 de marzo de 2010

Milagro

Para Mila Bodas y sus vencejos



Al alero de mi tejado le ha crecido un mirlo. 

sábado, 6 de marzo de 2010

Rinoceronte


"El rinoceronte, pobre mío, puede parecer torpe y estúpido, pero te aseguro que de torpe no tiene un pelo. Y de estúpido, menos. Si quisiera, ahora mismo podría arremeter contra ese cercado que lo encierra y derribarlo de un soplo, como quien dice, sembrando el pánico entre quienes lo miramos.

¿Que por qué no escapa? Porque sabe que sería atrapado casi al instante y volvería de nuevo a su prisión, esta vez a una a prueba de fugas, con muros de hormigón, alambre de espinos, foso de agua y demás.

Y para semejante horizonte, pues se ahorra el esfuerzo.

Lo que te digo; ni un pelo de tonto".