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martes, 25 de noviembre de 2014

El Aula de Badajoz y Ángel Campos Pámpano


Hoy se cumplen seis años del prematuro e injusto fallecimiento de Ángel Campos Pámpano (1956-2008), mi querido maestro y amigo. 
Dentro de la ingente labor cultural que desarrolló en esta tierra, no es la menor la fundación en Badajoz del Aula de Poesía "Enrique Díez-Canedo", germen y espejo de las restantes Aulas Literarias que florecen desde entonces por la extensa geografía de esta región. 
Por ellas ha pasado lo mejor de la poesía y la literatura española, portuguesa y extremeña.

Precisamente hoy, coincidiendo con esa nefasta fecha de su muerte, y bajo la dirección de José Manuel Sánchez Paulete y Enrique García Fuentes, se llevará a cabo en el Salón de Actos del MEIAC la lectura nº 136 del Aula a cargo de Marta Sanz, quien de esta manera inaugura las correspondientes al curso 2014-2015 y en las que intervendrán también Abelardo Linares (29 de enero), Ruy Ventura (3 de marzo) y Santos Domínguez (16 de abril).


Por otro lado, el pasado viernes, en la Asociación Cultural "Vicente Rollano" de San Vicente de Alcántara -pueblo natal de Ángel-, se llevó a cabo un homenaje a su persona donde se leyeron poemas suyos e intervino como ponente Miguel Ángel Lama, profesor de la UEX experto en la poesía extremeña contemporánea, y uno de sus más queridos amigos y compinches.

En dicho acto se presentó también la convocatoria del Premio de Poesía "Ángel Campos Pámpano", dirigido a estudiantes de bachillerato de Extremadura y Portugal.

Dos hermosas maneras de recordar su memoria. 
A él, estoy seguro, le hubieran gustado.


lunes, 25 de noviembre de 2013

Crónica de un encuentro (A. C. P.)


La de ayer, tan certera y exacta, de Álvaro Valverde en su blog, acerca del encuentro de hace tres días en San Vicente de Álcantara con motivo de los cinco años de la muerte de nuestro querido Ángel Campos Pámpano. Tras leerla, he eliminado la que iba a incluir yo pues me veo incapaz no ya de mejorarla, sino ni siquiera de acercarme a ella. Pinchad en el nombre de Álvaro y podréis comprobarlo.

Pero como no quiero dejar pasar este día sin celebrar su nombre y su recuerdo, reproduzco aquí el primero de los poemas manuscritos e inéditos incluidos en una plaquette -Blanco comienzo (La luz en "Sarteneja"- que Emilio Torné tuvo la generosidad de imprimir y regalar a todos los asistentes para conmemorar ese encuentro citado. Una edición tan delicada como bellamente ilustrada en su portada por Javier Fernández de Molina de los poemas que Ángel escribió a raíz de la muerte del padre de Javier en 2003. 

1
Las palmeras conocen
la desnuda blancura de la casa

Son alma si las miras
cuerpo y luz en la sombra de tus ojos

Anticipan la huida
hasta verter el cielo en sus raíces

Memoria que se da de tanto ser mirada

En la imagen, de Elena Fernández de Molina, cuatro de sus mejores amigos: de izquierda a derecha, José Juan Cuño, Miguel Ángel Lama, Javier Fernández de Molina y Emilio Torné.


jueves, 21 de noviembre de 2013

Ángel Campos Pámpano, siempre


El próximo lunes, 25 de noviembre, se cumplen cinco años de la muerte de Ángel Campos Pámpano. Para quienes tuvimos la suerte de conocerlo de cerca, de sentir su poesía y su abrazo, su generosidad y ánimo, una fecha marcada en el calendario con el negro más riguroso. Su temprana e inesperada muerte produjo una herida en nuestros corazones que nunca podrá cerrarse. Su recuerdo crece a cada instante en nuestra memoria.
Mañana viernes 22, a las 20:00h., la Asociación Cultural “Vicente Rollano”, que él impulsó para el desarrollo cultural de su pueblo, organiza un encuentro alrededor de su figura y su obra. En la ermita de Santa Ana de su pueblo natal, San Vicente de Alcántara, nos reuniremos familiares y amigos para recordar a quien tanto nos regaló de palabra y obra, a quien tanto hizo por la dignidad de esta tierra.
Os esperamos.

viernes, 10 de mayo de 2013

Ángel en el recuerdo


Si la vida hubiera sido con él, y con nosotros, algo más generosa de lo que acostumbra, mi amigo y maestro Ángel Campos Pámpano hubiera cumplido hoy 56 años. No pudo ser: la muerte, codiciosa y amarga, vino a por él antes de tiempo dejando a quienes lo quisimos tanto, a quienes tanto lo seguimos queriendo, una pena honda y larga.

Honro su memoria con un poema suyo y un breve texto mío surgido del corazón.

Miraduoro de Santa Lucía

Si todos los colores son el blanco,
cómo decir el gesto, la ventana
o esa nube encendida 
sobre el río que es luz 
que no se nombra y arde
y pasa y ya es olvido.

(De La ciudad blanca, Pre-Textos, 1988)

******

Me acuerdo de Ángel Campos Pámpano cuando estaba escribiendo La ciudad blanca.
Y de cómo supo transmitirme el amor por una ciudad desconocida hasta entonces.

martes, 2 de abril de 2013

Sintra


La subida es un goce entre la niebla menuda.

El encanto del bosque y la firmeza
del verde en la luz húmeda de las hojas:
un vuelo de raíces y de ramas.

En mitad de la fronda,
un jardín con estanque.

La tierra huele a lluvia entre helechos
y humo de hojarasca: aquí se quedan
las tormentas que vienen del océano.

La subida es un goce entre la niebla más densa.

(Arriba hay un palacio, o mejor,
un capricho inglés del diecinueve).

Ángel Campos Pámpano
De La ciudad blanca, Pre-Textos, 1988

domingo, 30 de diciembre de 2012

Un poema de Ángel Campos Pámpano


No se me ocurre mejor manera de ir despidiendo este año nefasto que con un poema de mi maestro y amigo. Cualquiera de los suyos enriquecería sin dudar este cuaderno, esta ventana, pero hoy ha sido este el que se me ha venido a la memoria y las manos.
Gracias, querido Ángel, por tu presencia generosa en mi vida.

IV
Anochece. Tu voz o tu silencio
-escrito a la intemperie contra el viento-
no es una comprensión
sino una misteriosa disciplina,
una necesidad tal vez, un balbuceo
que se pierde en la dureza del aire,
calcinada labor contra la muerte.
(De La vida de otro modo, Calambur, 2008)
Imagen: El paisaje inicial de la mirada LIV
 

domingo, 25 de noviembre de 2012

Elegía para Ángel (Antonio Gamoneda)



Hoy hace cuatro años que nos dejaste, amigo: huérfanos, desorientados, con la memoria rota y el dolor royéndonos.

Hace unos días encontré este poema de tu amigo Gamoneda (él inauguró en Badajoz el hermoso proyecto de las Aulas Literarias que tú abanderaste en Extremadura, con él estuvimos juntos la última vez que te vi.)

Con sus versos rindo homenaje a tu memoria, a sus bellas palabras me sumo.


Querido Ángel: no vas a recibir esta carta que no es una carta. Es un pliego de ausencia.

                                     
no estás en ti, no fermentas
ni descansas envuelto
en sábanas ni sombras.
                                           Te recuerdo, sin embargo,
lleno de paz.
                     Ahora, extrañamente,
no estás, pero gritas
en mi espacio arterial.
                                    No lo entiendo.

                                                                     Y yo,
¿estoy yo en mí? ¿Qué hago yo en este instante ¿Estoy mirando el lauro y las glicinias inmóviles?

                                                                                  No
sé. Realmente,
no sé.

Aún conservo la bufanda que con tus grandes manos pusiste en mi garganta. Fue un día blanco de Lisboa. Yo tenía fiebre. Tú pensabas en el metal de Villanubla.

                                                                                                                Cuánta
inocencia.

                   Morir.

Sucede, sí, pero sólo es apariencia. Tú no lo sabes aunque lo comprendas. (Necesariamente, ésta es tu única comprensión.)

                                                      En fin,
vuelvo a mis términos y a mis extinguidas
eminencias febriles.

                                 En fin,
ciertamente hacía frío. En Villanubla, ciertamente,
se congela el olvido.

                                  No
tengo nada más que decirte.
                                                  No
te devolveré tu bufanda.

Tengo aún mucho frío.

(De Canción errónea, Tusquets Editores, Barcelona, 2012)







sábado, 20 de octubre de 2012

Hay gestos...



... que llegan al alma despacio, suaves como seda, hojas cayendo sobre el limo donde quedan para siempre.
Gestos bellos como el que ha tenido ese parisino de Lesaka, navarro junto al Sena, Francisco Javier Irazoki, con mi maestro y querido amigo Ángel Campos Pámpano, cercanos ya los cuatro años de su temprana muerte, tan injusta, tan desoladora.

Su artículo en Radio París es un hermoso abrazo de consuelo para quienes fuimos sus amigos y tanto lo añoramos.

Gracias, querido Zoki, por tus sentidas palabras, tan cercanas a lo que importa.

Imagen: Juan Mayo

miércoles, 9 de mayo de 2012

Ángel cercano a lo que importa


Mañana, 10 de mayo, mi maestro y mentor, mi querido y añorado Ángel Campos Pámpano hubiera cumplido los 55. Va camino de cuatro años que su ausencia nos pesa todos los días, que su poesía nos acompaña a cada momento. Para quienes tanto le quisimos, mañana será un día muy especial: tres de sus mejores amigos, Álvaro Valverde, Miguel Ángel Lama y Tomás Sánchez Santiago -tanto monta- presentarán al alimón, Cercano a lo que importa, una antología poética publicada hace unos meses por la Diputación de Salamanca, ciudad ésta tan ligada a su vida. Para completar un cuarteto cordial, un póker de ases, no podía faltar a la cita, Javier Fernández de Molina, autor de la delicada ilustración de la portada.

Con prólogo del profesor Lama -y "mejorando lo presente", como suele decirse-, el mejor especialista en su obra, este volumen que mañana se presenta en Badajoz es un completo recorrido que va desde los poemas en prosa de su primer libro, La ciudad blanca, hasta los tankas -forma poética que él tanto amaba- del último publicado en vida, Por aprender del aire, con el feliz añadido de algunos poemas de juventud fechados en Salamanca mientras cursaba sus estudios de Filología y algunos inéditos sólo recogidos hasta ahora en su obra completa, La vida de otro modo, editada por Calambur a finales de 2008. 

A las 20,30 horas, y en el Aula de Cultura "Esteban Sánchez", Avda. Antonio Masa Campos, 26, es la cita.

No se me ocurre mejor manera de celebrar su memoria.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Campos Pámpano vuelve a Salamanca


Hoy, a las 19:00 horas, en el Aula Magna del Palacio de Anaya de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Salamanca, se presenta la antología de Ángel Campos Pámpano, Cercano a lo que importa, publicada por la Diputación de Salamanca.

En Salamanca cursó Ángel sus estudios de Filología Hispánica y allí, en compañía de otro de sus grandes amigos y también magnífico poeta, Aníbal Núñez, dio comienzo a su labor como poeta y participó en la fundación, como punto de partida de su extraordinaria labor como dinamizador cultural allí por donde pasaba, la revista El Callejón del Gato.

Miguel Ángel Lama y Tomás Sánchez Santiago también eran amigos de Ángel. Amigos de verdad. La amistad no excluye el rigor en el juicio, es más, yo creo que es conditio sine qua non de ésta, por lo que esta antología, preparada por ambos, no podía estar en mejores manos. Gracias a Tomás, precisamente, se incluyen cino inéditos de su etapa como estudiante universitario.

Tampoco podía dejar de estar presente en esta ocasión, como en tantas otras, otro gran amigo suyo, Javier Fernández de Molina, autor de la ilustración de la portada del volumen.

Tres años después de la publicación por Calambur de La vida de otro modo, su poesía completa, este Cercano a lo que importa -título de unos de los poemas de La voz en espiral- nos permite recuperar de nuevo la voz poética de Ángel a quienes ya gozamos de su poesía y ojalá sirva para descubrírsela a los que aún no la conocen.

Muchas gracias a todos aquellos que la han hecho posible.

sábado, 14 de enero de 2012

Estampas de ultramar (1) Aníbal Núñez


Como a tantos otros grandes poetas y escritores, llegué a la poesía y la figura de Aníbal Núñez de mano ¡cómo no! de Ángel Campos Pámpano. El primer libro suyo que leí fue Estampas de Ultramar en la edición de Pre-Textos de 1986. En el 2007, la Diputación de Salamanca publicó una preciosa edición ilustrada del mismo libro con estudio de Fernando R. de la Flor y grabados de Germán Labrador Méndez.

Estampas… es un libro que algunos de los exégetas de Aníbal reputan como menor en su obra. Puede ser; "doctores tiene la iglesia", que vino a decir el de la triste figura. Pero a mí me descubrió todo un mundo poético que ni siquiera sospechaba. Su lectura fue posiblemente el germen de no pocos de mis primeros poemas publicados y me atrevería a decir que aún se presenta, como un invitado imprevisto, en algunos de los textos que ahora escribo. Me gusta pensarlo así.

Aunque no llegamos a conocernos en persona, poco antes de su muerte llegué a cruzar algunas cartas con él, hablamos un par de veces por teléfono, intercambiamos algunos libros y revistas... Hasta le envié un ejemplar original y numerado (el 43) de su plaquette Trino en estanque, publicada en la colección Cuadernillos de Madrid en 1982, que conseguí en una caseta de Moyano, y del que él no tenía ninguno. Antes hice una copia cuasi facsímil de la misma porque ya entonces atesoraba todo lo suyo.

Hace poco, a través de mi amiga Isabel Sánchez, conseguí otro hermoso libro suyo, una preciosa edición facsímil del manuscrito y su transcripción de Primavera soluble, publicado también por la Diputación de Salamanca en 2003.

Este introito, que ya acabo, es solamente para decir que hoy comienzo a publicar aquí, en estricto orden, los poemas de aquel libro que me abrió un mundo.

(Atendiendo no solo a las órdenes de la
Administración Holandesa)



No tengo aquí que transportar bagajes
ni pertrechos, soldados, municiones,
mujeres. No preciso tres canoas
ni procurarme otra o dar recados

Puede que la partida se haya fijado para
las cinco de la tarde
(El sultán de Tidor prometió ayuda)
Puede ser que ni sea necesario
apagar la citada insurrección

No sé qué hacer con el papel
donde apunté: “los mercenarios
cobrarán del botín”

Lo que de veras necesito
es abrir un paréntesis.





Coda: Me encanta esa fotografía de Aníbal pellizcándose levemente la barba, con esa mirada socarrona y la sonrisa un punto escéptica.
Desde hace más de veinte años ocupa un lugar preferente en mi lugar de trabajo, donde tecleo estas líneas.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Ángel, tranvía, memoria


Hoy hace tres años que moría Ángel Campos Pámpano. Ya he dicho en alguna ocasión de mi sentimiento de orfandad entonces, de lo injusto de su muerte tan temprana. Ese sentimiento sigue presente en mí cada día, cada vez que me acerco a cualquiera de sus libros, cada vez que sorprendo su perfil en la foto que tengo enfrente de donde tecleo estas líneas.

Os dejo con un poema suyo de La ciudad blanca, su primer -y para mí, con La semilla en la nieve- su mejor libro.

Desde Cacilhas, el transbordador cruza lentamente las aguas oscuras del Tajo. A un lado, tras los pilares del puente, la lámina rosa del cielo ocupa casi todo el paisaje. La línea final del agua se desvanece entre la bruma del fondo. Sopla un aire frío, salado, mineral, mientras contemplo afuera la embocadura. Enfrente, contra la silueta desvaída de la ciudad, las luces, ligeramente azuladas, puntean y recortan la colina. Va cayendo la noche, húmeda, como un fruto ya hecho.

Una vez en tierra, el chasquido metálico de un tranvía me devuelve la perspectiva en fuga, el trazo rectilíneo de la Baixa, al tiempo que suben al transbordador otros viajeros, cansados, silenciosos, para quienes el recorrido ya no será el mismo.



El próximo día 2 de diciembre, en San Vicente de Alcántara, su pueblo natal, Miguel Ángel Lama, uno de sus mejores amigos, y acaso quien mejor conozca su obra, intervendrá en un acto en su memoria organizado por la Asociación Cultural "Vicente Rellano".


Otro de sus grandes amigos, Luis Arroyo, le recuerda en su programa radiofónico La luz de las palabras.


Ilustración: Javier Fernández de Molina

martes, 10 de mayo de 2011

Poeta


Para Ángel Campos Pámpano, in memorian. Hoy hubiera cumplido 54. 
Todo poeta que se precie debería llevar, como Machado en el abrigo a la hora de su muerte (“Estos días azules / y este sol de la infancia…”), un par de versos arrugados en los fondillos de la memoria.

lunes, 10 de mayo de 2010

Ángel Campos Pámpano, maestro y amigo

Para Carmen, Paula y Ángela.



Ángel Campos Pámpano hubiera cumplido hoy 53 años. En algún momento de este día hubiera recibido mi llamada para darle un tirón de orejas, un abrazo desde la distancia, y también para recordarle que seguía siendo casi tres años más viejo que yo, él, que era tan coqueto.
No podrá ser: su muerte impide las llamadas: mas no su memoria, el eco de su voz, su constante presencia en mi vida.

Conocí a Ángel apenas un año y medio después de mi llegada a Extremadura. No recuerdo la fecha exacta, pero en todo caso sería en los meses finales de 1983. Lo único que yo tenía por aquellas fechas era una difusa vocación literaria -acaso esto sea un tanto pretencioso, digamos que me gustaba mucho leer y que de vez en cuando perpetraba poemas sin ton ni son-, pero escasos conocimientos de la materia por la que sentía una inexplicable pasión.

Conocer a Ángel lo cambió todo para mí; justo desde ese momento, él se erigió en mi maestro, mi mentor, me mostró el camino a seguir con sus atajos y dificultades, me tomó a su cargo, como suele decirse. Desde sus manos llegaron hasta las mías escritores de los que jamás había oído hablar y que se han convertido en imprescindibles, lecturas y obras de otros autores que me prestaron sus versos o sus párrafos para que yo intuyese la materia y la maestría de que estaban hechos.
Durante años fue cotidiano mi peregrinaje vespertino hasta sus casas en Mérida -en la Travesía de La Rambla, en la calle Morerías-, más que nada para empaparme de sus palabras y su sabiduría poética y vital. Casi siempre salía de allí con al menos un par de libros en la mochila; libros que, en el plazo tácito de una o dos semanas -más o menos, aquí había una cierta flexibilidad tácita-, yo le devolvía ya leídos. Comentábamos aquellos libros y, según su gesto, ya podía yo sospechar si su lectura me había supuesto algún enriquecimiento. Me hacía ver mis muchos errores, mis pocos aciertos, con una inusual sinceridad -no era dado al elogio gratuito que tanto halaga los oídos y tanto socava- y, al tiempo, con una delicadeza que nunca podré olvidar.
Sin pedir nada a cambio, sin tributos ni peajes, fui acogido en su vida con una generosidad digna de mayores empeños que el de enseñar a un casi iletrado, dio sentido a la palabra amistad.

Gracias a él conocí también a algunos de quienes también se han convertido en magníficos amigos -que me perdonen los demás, que saben que también los quiero, pero quiero citar aquí expresamente al pintor Javier Fernández de Molina, casi otro hermano para él, y con quien creó algunos de los más bellos libros -Cal i grafías, Toros, Por aprender del aire...- que uno ha podido contemplar-, aquellos que también le lloran todos los días desde entonces.
Poeta -La ciudad blanca, Siquiera este refugio, La voz en espiral, De Ángela, Como el color azul de las vocales, La semilla en la nieve (una estremecedora y bellísima elegía escrita a raíz de la muerte de su madre y que le dejó desolado largo tiempo), La vida de otro modo…-, traductor -Fernando Pessoa, Carlos de Oliveira, Sophia de Mello Breyner, Eugenio de Andrade…-, editor -Los Libros del Oeste-, profesor en diversas localidades extremeñas y en el Instituto Español de Lisboa, director literario -Espacio/Espaço Escrito, Hablar/Falar de Poesía, fundador de las Aulas Literarias en Extremadura…-, su extraordinaria labor en la difusión de la cultura, su entusiasmo en promover y llevar a cabo actividades relacionadas con la literatura y la poesía, su incansable trabajo de gestión en el hermanamiento entre España y Portugal a través de su faceta de traductor, su propia labor de creación poética, son hitos en la historia literaria de esta Extremadura donde tuvimos la suerte de conocerle.

Su temprana y casi súbita desaparición hace un año y medio, justo cuando estaba en su mejor madurez intelectual y poética, me ha hecho perder del todo el respeto a la muerte. Esa muerte a la que, por su empeño en llevarse siempre a los mejores antes de tiempo, sólo puedo calificar de inepta además de injusta.

En sus poemas y en las miradas de Carmen, Paula, Ángela nos queda lo mejor de Ángel.

Gracias eternas, “Pámpano”.

Como recuerdo de su memoria, dejo aquí el poema más doloroso de cuantos he escrito, el poema que nunca me hubiera gustado escribir.

Fue publicado en el número extraordinario de homenaje de la revista Espacio/Espaço Escrito que él fundó y dirigió hasta su muerte, y leído por primera vez hace apenas unos días en el I.E.S. "Eugenio Futos" de Guareña, donde Ángel trabajó unos años en los ochenta, y donde Ana del Mazo ha organizado unas jornadas para recordar su paso por allí.

Poema con Ángel

y mañana no estarás;

como quien es esclavo de un destino que se le ha impuesto,
como cuando exagero el dolor para ver si alcanza al dolor que siento,
como un gusano horadándome el pecho y las manos,
mañana no estarás

mas sí, para siempre en la memoria, ese verso que me mostrabas
sobre lo excesivo de una estatua en la ciudad que aprendí a amar a lo lejos
mientras tu escribías sobre do Carmo y yo enredaba en tus estantes
robándote libros a plazos semanales

porque uno nunca sabe qué hacer con la muerte,
dejarla inerme a los pies, enterrarla bajo una capa de olvido,
ahora es este quedarme aquí tan solo,
pensando en la alta alegría del poema
de haber podido caminar a tu lado

ahora, fiebre y dolor, no soy más que lo que dejaste atrás;
estos versos apenas si contienen
el aliento de tu voz rotunda,
tu amistad sin aristas ni dobleces

(tú has dicho mi nombre
con tu letra,
con tus labios,
con tu abrazo)

ahora, desamparo y tristeza, ya sabes que la muerte era eso:
apenas unos gramos de ceniza sobre el agua,
al pie de un árbol en la frontera,
entre la mirada entre perpleja y errática de los amigos
y el llanto inconsolable de las hijas

herido por el hombre, este tiempo de errores y tropiezos
se desquita con la inquina de los mediocres

qué sola se queda
-ahora sí-
la casa de la madre