Gracias a Miguel Ángel Lama y Paco Rebollo que me hicieron un hueco en sus páginas en este rico
menú gastronómico y cinematográfico, o viceversa, ha sido un suculento placer haber colaborado en este libro.
Mi texto no va
sobre ninguna película en concreto, pero al titularse "El arte de
comerse un zapato a veinticuatro fotogramas por segundo", ya os podéis
figurar que en él aparece el gran Chaplin.
Publicado por la Fundación Rebross en su colección "Versión Original", se presenta este próximo sábado, día 20, en el GastroBar "Mastropiero" de Cáceres a las 12:30h.
Ayer, mi buzón, tan acostumbrado a propaganda, facturas y memeces de ese estilo, se embelleció de repente con estas Flores deCalabaza, de Cristina Grande, hermoso volumen publicado por la joven y entusiasta Anorak Ediciones.
Venía, además, con una dedicatoria que me ablandó el corazón por el cariño que encierran sus palabras.
Flores de calabaza es una selección de las columnas publicadas por la escritora oscense -de Lanaja- en "Heraldo de Aragón" entre los años 2010 y 2104.
Empecé a leerlo ayer por la noche y ya voy por la mitad de sus más de 200 páginas. Me costó mucho trabajo soltarlo en la mesilla; así que sospecho que esta noche -mañana a más tardar- le habré dado fin.
Y también sospecho -no, estoy seguro de ello- que habrán sido tres intensos ratos de felicidad.
A saber qué puñetas habré soñado esta noche, que ha sido levantarme de la cama y venírseme esta melodía a la cabeza.
Indago un poco en internet y descubro que es el zapateado de la zarzuela "La Tempranica", de Gerónimo Giménez.
Y a saber también por qué puñetas no me la puedo quitar de la cabeza.
Mucho me temo que voy a estar viendo arañas todo el día.
La Tarántula
La tarántula
e´ un bicho mu malo,
no se mata con piedra ni palo;
que juye y se mete
por tós los rincones
y son mu malinas
sus picazones.
¡Ay mare! no zé que tengo,
que ayé pasé por la era
y ha prencipiaíto a entrame
er má de la temblaera.
¿Será que a mí me ha picao
la tarántula dañina,
y estoy toitico enfermao
por su sangre tan endina?
¡Te coman los mengues,
mardita la araña
que tié en la barriga
pintá una guitarra!
Bailando se cura
tan jondo doló...
Ay
¡Malhaya la araña
que a mí me picó!
No le temo a los rayos ni balas,
ni le temo a otra cosa más mala;
que me hizo mi pare
más guapo que er Gallo,
pero a ese bichito
lo parta un rayo.
¡Ay, mare! Yo estoy malito,
me está entrando unos suores
que m'han dejaito seco
y comio de picores.
¿Será que a
mí ma picao
la tarántula dañina,
y por eso me he quedao
más dergao que una sardina?
¡Te coman los mengues,
mardita la araña
que tié en la barriga
pintá una guitarra!
Bailando se cura
tan jondo doló...
Ay
¡Malhaya la araña
que a mí me picó!
Hoy se celebra San Antonio de Padua. Y se celebra especialmente en la bella Lisboa, de la que es su patrón.
Y hablando de Lisboa se me ha venido a la mente este precioso texto con tranvía dentro, que leí hace poco en el magnífico Diariode K, de Karmelo C. Iribarren:
En Lisboa, en el
tranvía, vi a una chica morena guapísima. Llevaba un cartapacio de estudiante,
y tenía una media melena de un negro muy intenso, y un pequeño lunar en la
mejilla derecha. Como el tranvía iba atestado, nuestras caras a veces se
acercaban hasta quedarse a diez centímetros de distancia. Pasé un mal rato muy
bueno, para explicarlo de alguna forma. Se bajó antes que yo, y, desde la
acera, me dedicó una sonrisa triste inolvidable.
Esta
noche, que no es antiquísima, ni
igual por dentro al
silencio, sino
apenas el lúcido abismo de
mi insomnio, sigo
desde la orilla el
río de tus versos. En
algún momento todos los poetas se
encuentran contigo. Aun
los menores como yo o mi
vecino de al lado que
es contable, no escribe versos y maltrata
el violín en las horas de ocio. Esta
noche miro y pienso los
versos reaccionarios en
que reinventaste el sentido de las palabras y te
negabas. Te
negabas en la irónica contradicción de
los conceptos diseccionados y aun en
la matemática cortesía de la correspondencia comercial, con
la misma soltura con
que un Einstein especula con espacios interestelares y la
diurna y misteriosa noche galáctica. Tu
genio desmedido frustraba
en ti al
burócrata para uso externo. Y reías,
en alto como
un insulto amargo, por
detrás del
Álvaro de Campos esnob, u oculto en
la frialdad geométrica y lejana de
Ricardo Reis. Cerebrales,
fríos, son, dicen, tus
versos. Lo
son como quien habla, lenta, pausadamente, disimulando
en la garganta el nudo de la angustia. Frente a la
ajena ignorancia del tiempo absurdo, con
la miopía y el bigote estrecho del
escribiente que se finge cómico, convivían el
genio y la náusea. Con
el gesto banal y repetido de quien enciende
el cigarro abriste
las puertas del asombro e hiciste
creer que eran las de la despensa. Por
eso hoy
nos limitamos a entrar, por
eso dormimos hoy con la cabeza en
tus versos, hablamos
con aire despreocupado de
Pessoa, a la hora del café, y te
visitamos con secreta religiosidad. Ahora
que te has ido, sin
que nos diéramos cuenta, desapercibido,
caminando de puntillas, como
hacías en vida, en
vano te buscamos, en
vano rezan por ti largas loas en
periódicos rezumantes de cultura, en
vano te imitamos, en
vano es la estridencia de nuestro arrepentimiento. Allá
donde habitas no hay sonido y ni
siquiera te incomodan en el lecho las
duras piedras y la tierra caliente de las raíces. El
día 30 de noviembre de 1935 aquí
el día estaba soleado y yo,
desde la orilla de la avenida, veía
pasar los tranvías sin entenderlos y resumía
el sueño en la nitidez golosa del
pan con mantequilla, sentado
a miles de quilómetros de tu muerte. Sabrás
perdonarme que no haya ido a tu
entierro anónimo.
Elías Moro (Madrid, "cosecha" del 59). Jugaba al baloncesto. Ahora quiere a sus mujeres (4) y a sus amigos, lee lo que le dejan, escribe como puede, baila salsa (aunque lo que le gusta de verdad es el tango). Algún enemigo tendrá también por ahí, no voy a decir que no. Estado actual: escéptico.
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"Cuando escribes te manchas de ti mismo". Tomás Sánchez Santiago Foto de Guillermo Gallego