sábado, 8 de mayo de 2010

Aniversario





Hoy, ocho de mayo, se celebra el sexagésimo quinto aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial en Europa. Sesenta millones de muertos. La más terrible guerra en la historia de la humanidad, fruto de políticos megalómanos y políticos pusilánimes que no supieron dar un puñetazo en la mesa cuando tuvieron la ocasión.

Que no aprendimos nada de aquella catástrofe mundial, me parece evidente; el final de la misma, en contra de lo que la razón aconsejaba, dividió el mundo en bloques antagónicos que se mantuvieron en guerra permanente durante otros cuarenta y cuatro años, hasta la caída del Muro de Berlín.
Item más; yo creo que sus secuelas aún perduran, que aún seguimos en guerra en buena parte del mundo.

De que aquello no vuelva a repetirse todos somos responsables.


Me acuerdo de la batalla de Gallipoli, de Waterloo, de Stalingrado, de la sinrazón de los ejércitos.




Matanzas (sigloXX)
Armenia, Verdún, España, Stalingrado, Vietnam, Camboya, Srebenica, Ruanda…
Basta, basta; estoy lleno de sangre.



viernes, 7 de mayo de 2010

Buzón (2)



Acabo de levantarme de la siesta, de la que soy acérrimo practicante y fervoroso partidario. Pero ésta, desde luego, no ha sido de las mejores: la consabida llamada intempestiva que te pregunta si tienes internet en casa -¿y a usted qué coño le importa?-, o la de la encuesta insustancial, o el tipo que se ha equivocado de número y ni siquiera se disculpa. Así no vamos a ninguna parte; ¿a qué clase de genio se le ha ocurrido que si me despiertan durante la siesta con sus timbrazos y gilipolleces les voy a contratar algún servicio? No, no ha sido de mis mejores siestas.

Menos mal que al despertarme lo primero con que se encuentran mis ojos es la pila de libros que he recibido durante estos últimos días, bien en el buzón de casa, bien de manos de sus autores: libros que parecen estar diciéndome “léeme, léeme”, en franca batalla con los demás para ser los primeros.
Pero lo primero es un café; lo siento, amigos libros, pero si no me tomo ese café vespertino recién levantado, soy incapaz de haceros caso. Uno -qué le vamos a hacer- tiene sus pequeños y cotidianos ritos -insustanciales, dicen algunos, insanos, opinan otros- y, en la medida de lo posible, procura serles lo más fiel posible.

Ahora sí, ya estoy aquí con vosotros: cafelito, cigarrito…
A ver, vayan pasando:

El tiempo circular, de Pilar Galán, una reedición de los cuentos reunidos con el mismo título hace diez años, aumentada con algunos relatos posteriores.





El escondite, de Irene Sánchez Carrón, una feliz recuperación de los dos primeros libros publicados por la autora ("Porque no somos dioses" y "Escenas principales de un actor secundario", -Premio Adonáis, 1999-), ya prácticamente inencontrables en sus ediciones originales.



Retórica para zurdos, de José María Cumbreño, un volumen de aforismos y breves textos ensayísticos y metaliterarios que se bebe de un trago, pero que deja en la boca un regusto que perdura durante mucho tiempo gracias a la inteligencia y rigor de su escritura.



Agua quieta, de Cristina Grande. Un precioso libro de artículos ilustrados de la escritora aragonesa que ya dio sobradas muestras de talento anteriormente y donde uno, gracias a la generosidad de Cristina, ve su nombre impreso en el texto de contracubierta.



Vivir del aire, de Antón Castro, su primera y acertadísima incursión en el terreno poético después de dejarnos para nuestro regocijo, y entre otros muchos, títulos como "Golpes de mar" o "Fotografías veladas".



¿Qué hago, por cuál me decido? Como no soy capaz de elegir, me erijo en Salomón y los voy hojeando alternativamente: un cuento de Pilar, un poema de Irene, un artículo de Cristina, unos aforismos de Chema, otro poema de Antón…
Y, "nada por aquí, nada por allá", gracias a la magia de sus palabras, ya ni me acuerdo de quienes se empeñan en hacernos la vida más difícil despertándonos de la siesta.

Gracias, amigos.


Referencias:
Los tres primeros títulos en
Editora Regional de Extremadura.
"Agua quieta", en Ed. Traspiés, Col. Vagamundos.
"Vivir del aire", en Olifante. Col. Papeles de Trasmoz.

jueves, 6 de mayo de 2010

El oso




Si siempre nos parece sorprendente la actitud de esos perros que, una vez muertos sus amos, se dejan morir ellos mismos a los pies de las tumbas donde fueron enterrados, o esos otros que, abandonados y perdidos, aparecen al cabo del tiempo, a veces tras varios meses o años, en las casas de donde salieron, el suceso que ha llegado a mis oídos no debería preocuparme como lo hace desde que tengo noticias de él. En cierto zoológico europeo, el mismo día en que hubo que sacrificar por parte de los cuidadores un ejemplar de gamo hembra deformado y casi inmóvil por la falta de espacio y actividad, un enorme oso pardo de la jaula de enfrente atacó y despedazó a todos sus compañeros de cautiverio y a punto estuvo de arrancar, con una fuerza descomunal, las puertas de su prisión. Tuvo que ser abatido de dos certeros balazos.


Tan extraño comportamiento del plantígrado, hasta ese momento muy apreciado por cuidadores y visitantes por su mansedumbre, no ha podido ser explicado en modo alguno por los más afamados especialistas en el comportamiento animal. Como les hemos negado a los animales la posibilidad de la locura, porque ella implica la pérdida de la razón, que también les hemos negado, alguien aventuró la hipótesis, medio en serio, medio en broma, de que el oso, contraviniendo toda la teoría de la evolución y los instintos genéticos, se hubiera “enamorado” -así se dijo, “enamorado”-, de la hembra gamo y que no pudiendo soportar su ausencia, actuara como lo hizo para procurar su propia muerte. De modo que enamorado y suicida. Pero eso, nos dicen, es imposible, los animales no tienen esa clase de sentimientos. Y sin embargo, no puedo dejar de darle vueltas a este asunto.

El establecimiento, uno de los más prestigiosos del continente, permanece cerrado al público desde entonces y no por falta de atractivos -existen en él ejemplares de algunas de las más raras especies (cabe decir de las más amenazadas de extinción)-, sino por el absoluto mutismo e inmovilidad del resto de los animales que se niegan, en la mayoría de los casos, a salir de sus cubiles.


Y en estas circunstancias, que de prolongarse en el tiempo supondrá la muerte para muchos de ellos, los visitantes, que en los días y semanas posteriores al suceso antes citado se multiplicaron morbosamente, no encuentran el más mínimo atractivo para su visita.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Comisarios eran los de antes




[Los documentos que presentamos a continuación, una serie de actuaciones de la comisaría de Las Flores del año 1909, nos han sido enviados por nuestro colaborador Leonardo Castagnino.
Se ha respetado la ortografía original. No tienen desperdicio]



Comisaría de: Las Flores ATUACIÓN POLICIAL Nros 3 DE 1909 Del Señor Comisario Don Marcos Andrade.

Denuncia de Angélica Solores contra Bonifacio estrella, acusándolo de aber abusado de ella y de sus dos hijas.

El día de oy, 15 denero de 1909 se presenta ante mí, Marcos Andrade, Comisario de Policía de Las Flores, una mujer que dijo venía a levantar una denuncia, y que respondiendo a las preguntas que le hizo contestó llamarse Angélica Flores, viuda (no sabe de quién), santiagueña de treintaiocho años deedá quien vive en una casa blanqueada de verde que ay al otro lao de la estasión, en el camino que va pal matadero. Dispues deso "le pasé" la palabra a eya y dijo: que la primera me se casó con Francisco Carreño, de quién tuvo dos hijas, la Micaela, y la Dolores, de 18 y 15 añios deedá cada una deeyas, que eran mui felises pero un día el se fue a trabajar a la cosecha, pero como estuvo cuatro años sin volver palas casas ni dar señales de vida, eya creyéndolo muerto se volvió a casar con el Casimiro Reyes, con quién tuvo otros tres hijos más.
Que no sabe porque causa Reyes también la abandono hace ya mucho tiempo, y como no está sigura si dos maridos están muertos o no, es que no sabe de cuál deyos es viuda. Que hace un añio se conoció con el Bonifacio Estrella, foguista de tren, quién quiso casarse denseguida con ella, pero ladisente de miedo que le pasara lo mismo que con los otros maridos no le dio el sí y solo le asetó vivir arrimada con él pero guardandole el rispeto, como si fuera su esposo endeveras, que el Estrella se portó bien al prinsipio, era cariñioso con sus hijas y corría con los gastos de la casa. Pero muy pronto la disente, sedio cuenta que entre él y la Micaela, haiba algo y no está desasertada porque cuando aclaró las cosas resultó que su hija ya estaba gruesa y que el sedutor era su propio marido.
Que por supuesto ubo un gran baruyo entre ellos, pero como se habían acostumbrado a vivir todos juntos, arreglaron las cosas, pero como marido de la Micaela, con ella "nihablarse". Claro que eya sentía perderse un marido jóven y con empleo como Estrella, pero dispuso de lo que pasara "que iba aser" que la disente le entregó a la pareja su cama matrimonial y eya se fue a dormir en el catre que usaba antes la Micaela, que las cosas siguieron bien un tiempo nomás, porque el cartero Prutorio Gómez al verla libre a la disente empesó cortejarla, pero al enterarse Estrella de esos amores, le proibio Gómez, que se llegara a las casas, alegando que mientras él sostuviera la familia él mandaba.
Que la disente reconoce que Estrella tiene rasón en parte, pero que eya también la tiene, porque ya que él la dejó por su hija no puede proibirle a que eya busque la felicidad al lao de otro ombre. Que apesar de sus protestas Estrella se impuso y la disente le izo caso porque comprendía que apesar de sus caprichos el ombre no es malo del todo y le desía que por ay le acía unas caídas pero la disente no aflojó. Y cuando después de tantas desilusiones pensaba renunciar a los ombres buscando felicidad del nieto que la Micaela esta con filo, risulta que el Estrella se le manda mudar llevándose a la otra a la Dolores, de quinse añios deedá, y de yapa media sonsa, porque si nó no se explica como puede haberseido con un ombre así. Que si la disente etubiera en otras condiciones no pediría nada pero obligada a dar este paso teniendo en cuanta a que dispué de lo ocurrido es muy difícil encontrar otro ombre que se quiera ser cargo de la familia.
Que por eso presenta esta denuncia pidiendo a la autoridad que le hagan justicia obligando a Estrella a volver a la casa y que se cace con cualquiera de sus hijas. (subrayado en el original) asi se ciente más obligado a cumplir sus compromisos y que si el no quiere casarse con las muchachas la disente a pesar del resentimiento que le guarda estaría dispuesta a sacrificarse casándose con él nada más que para salbar el honor de la familia. Está todo lo que ha dicho, di por terminada la denuncia, firmando la disente conmigo y los testigos son Froilan Sombra, mas conocido por el Rengo Sombra, el peluquero Vitorio Avalos, vecinos de esta comisaría y ombres de toda mi confianza.

Fdo: Marcos Andrade Angélica Solores Vitorio Avalos Froilan Sombra Nombrese: Al sargento Feliciano Troncoso para que pida prestados dos cabayos y en cuanto pueda salga atrás de la pareja y la agarre ande aya.

Fdo: Marcos Andrade

La Flores, veinte de enero de milnovecientos nueve: Abiendo vuelto el Sargento Troncoso trayendo la pareja que se disparó, resuelvo que se presenten ante mi presencia, para tomarle declaración.

Fdo: Marcos Andrade

Un rato mas tarde la ago trair a mi escritorio a la menor Dolores Carreño que estaba detenida por averse mandao a mudar con el marido de la hermana y habiendo prometido que contaría todo lo que hab sucedido, empesé por preguntarle por cuantos años tenía y las demas cosa que se preguntan a las personas que cain presos, contestando yamarse como ya lo dijo al principiar, hija de su madre Angélica Solores, santiagueña tamien, como toda la familia, tiene no mas de quince añios y no sabe escribir cartas ni leerlas y si firmar. El suscrito tiene la obligación de dejar constancia que la muchacha bien desarroyada y que a pesar dela edá que confiesa, ya es mujercita y buena. Prieguntada si sabe por que a caido presa contesta: que sabe que la an tomao poraberse fugado con Bonifacio Estrella , preguntada para que cuente todo lo que aiga pasado contesta: que eya lo quiere a Estrella deside que lo conoció y que el le correspondió denseguida pero como ella era algo chica todavía y el tenía compromiso con su madre y su hermana la Micaela, resolvieron esperar; que ase una semana Estrella la a probao como mujer y está muy conforme con ella y que si no la quieren creer que se lo pregunten a Estrella. Preguntada para que diga si está o no arripentida del paso que a dao contesa: que no se arripiente de nada, que Estrella ya ha cumplido con su madre y su ermana y bastante que a debido esperar mientras el las atendia a eyas antes que a la disente y lo justo es que aura se lo dejen a eya siquiera por un tiempo para que el pueda conocerla mejor y dispues diga con quien quiere quedarse. Que su madre ha hecho esta denuncia por despecho y no quiere desir otras cosa piores para que la gente no able. Ante la repentina salida de la muchacha termino con eya firmando los dos con los mismos testigos que usé la primera ves.

Fdo: Marcos Andrade Dolores Carreño Vitorio Avalos Froilan Sombra

Dispues lo ago pasar al causado que fue tomado prisionero junto a la mujer que disparó con él y como el ombre me prometiera decir la verdá de todo, emprincipié por preguntarle quien era, contestándome en presencia mía y del Sargento Troncoso que no me deja mentir, yamarse Bonifacio Estrella, Santafesino como de veinticinco añios, casado, bien parecido y buen empleado del Ferrocarril del Sur.
Apriguntas si se a estao preso y tiene antesedentes contesta: "nunca". Preguntao si sabe por que a caido preso contesta que sabe que loemos agarrao por lo que a echo y se pone a disposición de la autoridad. Preguntao para que cuente como an pasao los cosa, contestando: que lo único que a echo es fugarse con la Dolores porque la quiere y eya lo corresponde. Preguntado si antes vivía con la Micaela Carreño, contestó que es verdá, que ella está por tener un ijo del disente y que la quiere mucho tambien porque la muchacha es buena y no se habria sentido animada a meterlo en este enriedo sino que la madre qui a echo todo el baruyo enojada porque al prinsipio vivía con eya y dispues la dejó.
Preguntado si le ha dado palabra de casamiento a alguna de eyas, contestó que no, porque el disente ya es casado con la Rimualda Bustos, pero que si la mujer muere pronto como tiene esperansa, porque la pobre asi viendo questá enferma, entonses talves piensa cumplir con la Dolores, aunque sea, pero con la vieja nunca. Preguntado si su esposa sabía de sus relaciones con las Carreño, contesta: que sabía todo, pero que el disente cumple con sus obligacione y no tiene ningun visio, antes de ande chupando y jugando por los boliches, su mujer permite que tenga esas distracciones ajuera de la casa, pues como es mujer es sensata, comprende que esta eya enferma y siendo el disente ombre sano y joven, tiene que tener tentaciones. Preguntado si no se le a dao de decir alguna cosa contesta: que quiere desir ante al autorida que no se ciente culpable de nada, y que si bien reconoce que a echo vida marital con la Angelica Solores y sus dos hijas, tambien es cierto que sostenía a toda la familia con su trabajo y entonces lo justo es que eyas le pagaran de alguna forma el servicio que el les asía. Como ya se a echo tarde y no tenemos velas en la comisería terminamos con esta declarasión firmando los tres con el sargento Troncoso, porque los testigos que usamos siempre nos pidieron que los dejemos descansar por esta vuelta y les emos dado con el gusto.

Fdo: Marcos Andrade Bonifacio Estrella Troncoso Sargento

Las Flores, 25 de enero de 1909
Pareciendo al suscrito que la mujer Dolores Carreño se a disparado por su gusto con su sedutor Bonifacio Estrella y que entre eyos se quieren, resuelbo largarlos al los dos, ya que viviendo juntos no an echo mal a naides pues ay que tener en cuenta que aunque sea casado, su mujer es inferma y no le sierve para nada. Pero para que mi consencia quede tranquila voy a mandarle el sumario al mismo Jefe de Policía del Departamento para que lo rebise y diga si está bien o no lo echo por mi.

Fdo: Marcos Andrade

Las Flores, 25 de enero de 1.909

Señor Jefe de Policia Don Liberato Monje Querido Compadre: ……………………………Con el cartero Gomez que va a Mercedes a comprarse ropa y hacerse retratar para antes de casarse te mando la denuncia que a levantao nuestra comisaría doña Angélica Solores, viuda (no sabe de quien) contra Bonifacio Estrella, un buen muchacho de que a sido marido de la denunciante y de sus hijas, la Micaela y la Dolores, para que rebises el sumario y me digas si está bien o mal lo que el suscrito a resolvido por su cuenta. Como me parece que al tal Estrella le gusta mas la Dolores que es la mejor de las tres, yo los e dejao en libertá a los dos porque me parese que a nosotros que alguna ves fuimo tambien potros no tenemos derecho a estropear la felicidad de naides. Vos arás la que te paresca, porque para eso sos el jefe, pero mirá, pa mi que la vieja a echo denuncia por despecho nomas, dispue que el mosito la cambió por sus hijas y por eso me parese que si los dejamo en libertá, se an de volver arreglar entre ellos otra ves. Es sierto que el a sido marido de todas, pero pensá tambien que si el ombre les daba de comer, no es justo que las tres comieran de sus costiyas y de arriba nomas.
Total: que si lo metemo preso a él ellas se van a arreglar con el primer projimo que se arrime a pararles la oya y entonces, ante que anden cambiando de monta, me parese lo mejor dejar las cosas como están, asi eyas siguen viviendo con Estrella no mas y el cuidando la decencia de las casas (Que decis vos)

Escribime. Tu compadre.

Fdo: Marcos Andrade Jefatura de Policia Departamento de Mercedes Enero 26 de 1909

Y visto: El sumario instruido por denuncia de Angélca Solores acusando al Bonifacio Estrella de abusar de eya y de sus hijas.

Y considerando: que tanto la denunciante como sus dos hijas son tan mujeres en estado de merecer, las que deben ya saber lo que le conviene y puesto quean vivido muy a gusto con el acusado mientras él les daba de comer, y solo se quejan aora cuando cansado de sostener la familia las abandona para quedarse con una sola, lo que me parece muy bien echo, puesto que según se mire el abuso es mas de eyas que del él.
Resuelvo: Aprobar lo procedimiento del comisario de Flores Don Marcos Andrade y disponer el archivo de estas atuaciones. A ruego del Señor Jefe de Policía Don Liberto Monje por no saber hacerlo, firmado
Emilio Demilio Secretario y Comisario de Ordenes

Es copia fiel del sumario original.


Fuente: http://www.elortiba.org/

martes, 4 de mayo de 2010

Miscelánea


Deposición. Acto consistente en exonerar el vientre de una masa oscura, viscosa o fluida según casos y situaciones, y maloliente en extremo, en que se transforman por igual los alimentos ingeridos y algunas grandes ideas.
Su liberación en grandes dosis y al unísono por una masa de crédulos, puede ocasionar enormes problemas a la red de alcantarillado público, al entorno ecológico, y a la convivencia pacífica.
Justo después de nacer, deponer es una de las primeras cosas que hacemos, lo que ha llevado a muchos eximios pensadores a la conclusión de que dicho acto pudiera ser una temprana y profética metáfora de lo que nos espera en la vida.


El tirachinas

Les juro, señores, que no doy crédito a lo que ha sucedido. Yo estaba tan tranquilo practicando con mi tirachinas contra unas latas viejas, usando como munición esas piedritas que saco del río porque son las que mejor vuelan, cuando ese tipo apareció de repente dando voces, provocando:

-¿A que no me das, a que no me das? -decía el imbécil, mientras cruzaba corriendo de lado a lado mi campo de tiro, como esos impasibles patitos de chapa dando vueltas y más vueltas en las casetas de feria.
 

Pues le di, vaya si le di.

Pero quién iba a pensar semejante cosa.

Si todo el mundo sabe que soy el peor tirador del mundo, que hasta los pájaros se ríen de mi puntería.

Todavía no salgo de mi asombro.

¿Están ustedes seguros de que está muerto?





¿Y tú qué miras?

lunes, 3 de mayo de 2010

Paisanaje (7) Roque



Que tenía tendencia al engorde, como los gatos capaos, era algo que saltaba a la vista, no podía negarlo. Desde que los mocos -verdes, espesos, gelatinosos...- le colgaban mansamente de la napia (y ya ha llovido, que hace una pila de años de eso), los kilos de grasa habían ido conquistando fronteras en su estuche de piel que antes ni sospechaba que existieran y que le fueron confiriendo poco a poco, con disimulo y como quien no quiere la cosa, una apariencia ovalada, casi esférica. Para ver de ponerle coto al desmán físico Roque había intentado de todo: desde dietas supuestamente infalibles (la de la alcachofa, la de la zanahoria, la de los pomelos, la de los hidratos…) hasta remedios de todo tipo inventados por mercachifles locos, a  cual más peregrino e inútil, y que se veía de lejos que no eran más que engañabobos. Con vistas a encubrir en lo posible su aspecto morcillón a ojos de los demás, el Roque no dudaba en comprarse la ropa bien holgada, al menos un par de tallas más grandes de lo necesario, de lo que nos enterábamos presto por boca de “La Prensa”, la cotilla más fiable del escalafón. Más de un choteo, y más de dos, tuvo que aguantar el gordinflas a cuenta de ello: -Roque, o te bajas el culo o te subes los pantalones, decídete de una vez que nos tienes en un sinvivir -le tirábamos con cartuchazos de sal en cuanto aparecía. -¿Y esa camisa? ¿Se la has quitao a los gigantes y cabezudos?

Cosas así, inocentonas y joviales, que tampoco era cuestión de hacer sangre de más con la desgracia ajena. Incluso, e impulsado acaso por el hartazgo ante nuestras constantes pullas irónicas, se apuntó a un gimnasio (ese invento del maligno fuente de tantos pesares y agujetas, de tanta concupiscencia y adulterio, de tanta ruina y encedad) donde mortificaba sus músculos tres horas al día, cinco veces por semana, en desigual e inútil batalla contra las arrobas sobrantes de manteca. Bueno, lo de gimnasio es un poco exagerao: iba a un establo medio en ruinas que habían arreglao buenamente entre unos cuantos, tan zumbaos como él,  pa practicar su tontuna. Aparte de eso, también compraba en la teletienda todo tipo de artilugios del género trapacero: medidores de grasa corporal, cinturones milagrosos  (y feos de cojones) que prometían reducir la papada, el abdomen y las cartucheras sin más esfuerzo que el de enchufarlos a la corriente, pelotitas esponjosas de tacto divino pa aliviar el estrés… Menudos camelos.

Cuando se le calentaba la lengua después de hincarse un par de copazos de cazalla, el Damián recetaba el remedio a lo bruto: -Un pico y una pala le daba yo a ese tragón. Y venga a picar y a palear hasta que los desgastara. Y de menú, pan y agua día sí, día no; ya veríais como se le quitaban de golpe las pamplinas y le bajaban los sebos a toa mecha.

Bien es cierto que el Roque tenía sentido del humor, que es una cualidad que empieza por saber reírse de uno mismo y no tan valorada como debiera, por lo que echaba en saco roto nuestros consejos, sin rencor ni mala baba, con razonamientos de esta guisa:
-Esto no es barriga, caballeretes, que no entendéis de la misa la media: esto es que me s´ha caío el pecho y entoavía no he tenío tiempo de levantarlo -nos soltaba tranquilo, acariciándose la tripaza a dos manos como un fraile zumbón satisfecho tras la cuchipanda. O este otro, muy bueno, y en nada parecido al anterior en cuanto al léxico se refiere: -Yo no estoy obeso, señores: soy rotundo y armónico de formas, como del canon helénico. Admirar, no sin envidia y estupefacción, la elegancia sin parangón de mi curva abdominal y praxiteliana. Y ahora, discúlpenme usías el mutis repentino; es la hora de mi deposición vespertina y he de dirigirme al excusado con premura pues me noto el intestino con una leve, mas ciertamente insidiosa y molesta, turbación. Con permiso.
¿Ein? ¿Mande? Boquiabiertos nos dejaba con su labia cambiante.

¿Tenía sentido del humor el tío o no? Eso sí, siempre y cuando no le salieras con aquello de “El perro de san Roque no tiene rabo porque Ramón Ramírez se lo ha cortado”. Le ponía de los nervios el puto chascarrillo. Le encabronaba el genio hasta no te imaginas cuánto y arremetía sin ton ni son contra cualquier bocazas puñetero que le buscara las cosquillas por ese lado.

Un día apareció alardeando por la taberna sin el anillo de casao, lo que le costó un disgusto de los gordos con la parienta: -Que no hay que ir presumiendo de cónyuge, ni dando pistas al enemigo, que se espantan las solteras, macho -decía el tío, displicente y feliz, con esa pachorra tan suya. Habló el Adonis, no te jode. Si todos sabíamos que se lo había quitado el “Roy” en su taller porque ya no le cabía en el deo, que casi se le gangrena por la presión; una morcilla de Burgos parecía el anular.

Pero lo peor de todo, y en lo que había un acuerdo casi unánime en el pueblo, era el terrible impacto visual (y emocional) que provocaba su cotidiana actividad: ver al Roque embutío como al vacío en plástico de envolver o en papel de plata arrastrando su exceso de arrobas con ese trotecillo cansino y cochinero, enfundao en un chándal zarrapastroso del año del cancán morado y amarillo (mira, como Los Ángeles Lakers), vuelta va y vuelta viene sudando la gota gorda, congestionao como un gorrino cuando ventea al matarife, y a la vista de quien quisiera verlo, era una experiencia difícil de olvidar: nos ponía los pelos igual que bics de punta fina, un nudo corredizo y bien gordo (como de ahorcao en noche de luna llena) apretando la nuez, y el ánima tal que racimo de uvas pasas. Una experiencia, ya te digo, que no se la deseo ni a mi peor enemigo por mu mal que se haya portao.
-Ponme otro chato, Tomasín, que me s´ha quedao la boca seca como el esparto con la visión.

Entre la era del tío Cirilo y los perales de la Antonia (cosa de media legua a ojo de buen cubero), el bueno del Roque, a fuerza de zapatilla y perseverancia, a base de trote y sudor, entre idas y venidas, había hecho un surco mu aparente en el trayecto. Nos puso el apodo en bandeja: “El Arao”. Roque “El Arao”. ¡Virgen santa, qué jartera de reír se pegó cuando se lo dijimos la primera vez apoyaos en la barra de la taberna! Se le bamboleaban la tripa, la papada y los mofletes cosa fina. El chato de tintorro que se estaba tomando se le fue por el camino equivocao y le dio un ataque de tos que daba miedo. Temblaban hasta los vasos. No te digo más que estuvo a punto de pegarle una congestión. ¡Qué tío! Más salao que las pesetas era. Tan en gracia le cayó el mote que cuando se repuso del percance hasta nos invitó a unas rondas y unas raciones, él, que siempre fue de los de la Cofradía del Puño Cerrao y la Cartera Apretá. No salíamos de nuestro asombro. Verlo pa creerlo.

Pero cuando la cosa está de pasar… Y mira que se lo machacamos mil veces del derecho y del revés: -“Arao”, hombre, déjalo ya. No te obceques. No marees más la perdiz. Si el que ha salío gordo, gordo se va a morir. Y además, y pa que te enteres, según unos estudios de la Universidá de (y aquí nos inventábamos un nombre cualquiera, pero en inglés, que da más credibilidad, porque la verdad es que no teníamos ni puñetera idea, sólo tratábamos de quitarle esa obsesión insana de la cabeza), está más que demostrao científicamente que los gordos son más felices que el resto del personal. Pues disfruta, coño, Roque, carpe diem; hazlo aunque sólo sea por nosotros, que nos tienes en un sinvivir. 

Pues de nada nos valió el argumento, no hubo manera humana de que diera marcha atrás. Y es que cuando la mente se trastoca y te pica la araña del desvarío…

Así que cuando habló de pasar por el quirófano y pronunció las palabras líftin y bótox (-Pa quitarme lo que sobra, poca cosa, un poquino de aquí y otro de allí, un pinchacino en esta parte pa alisar las arrugas… -argumentaba convencío de su razón), tuvimos que ponernos serios y tomar cartas en el asunto:
-Eso sí que no, Roque; hasta aquí hemos llegao. Sandeces, las justas. Si a nosotros nos gustas así y te tenemos buena ley, que eres mu entretenío y buena gente. Déjalo estar como está, que vete tú a saber si sales con bien de la anestesia o los del bisturí te cortan lo que no deben, que no serías el primero que casca o se desgracia pa los restos por esa tontá -pontificó el Miguelillo en nombre de todos.
Pero como no daba su brazo a torcer, que también era más terco que un mulo cojo, no hubo más remedio que mover algunos papeles en el juzgao de la capital e ingresarlo en la Casa de Salud. En el manicomio, vamos. Valiente chalaura, un líftin. Una pena, porque nos perdimos lo de tapear de gorra de cuando en cuando a su costa,  pero es que el asunto era ya de fuerza mayor, un tema de conciencia. Y por un amigo ya se sabe: lo que haga falta.

El perímetro de la institución lo tiene pateao, pero a base de bien, de arriba a abajo y de pe a pa, como un topógrafo recién diplomao en su primer currele cartografiando al milímetro una finca virgen.

Las monjitas se ocupan de él con abnegación y le dejan tranquilo con su tontuna: le dieron unas playeras, un niqui y un consejo: -Hala, a correr, “Arao”, que el airecillo de la tarde topando contra el rostro viene mu bien pa la circulación y despeja los malos pensamientos.

Dicen las hermanas que no da ni miajita de guerra: se hace su circuito por el huerto y los claustros, llega, se ducha, cena lo que toque de rancho esa noche y se mete en la piltra a dormir como un bendito.

Y mientras no moleste.


domingo, 2 de mayo de 2010

Un baile a beneficio (La podrida)



Milonga (1950)

Música: Juan Carlos Caccaviello
Letra: José Alfredo Fernández


Con el lungo Pantaleón,
Pepino y el Loco Juan,
el Peludo Santillán,
Tito y el Chueco Ramón
salimos con la intención
de ir a un bailongo fulero
a beneficio de un reo
que se hallaba engayolao
en Devoto, y acusao
por asuntos del choreo.

Resulta que el loco es de buena familia,
pero tiene un inconveniente el hombre:
es coleccionista de gallinas.


Al buffet por la bebida
fui yo, Tito y el Peludo,
que ya estaba medio mudo
de la curda que tenía.
Pero allí encontré una cría
chupando que daba gusto;
estaba el guitarrero Augusto,
Gatillo, el cortao Potranca,
y el Sordo tenía una tranca
que de verlo daba susto.

Este amigo siempre borracho.
¡Y pensar que nació en La Martona, el loco!


En el ambiente de minas
estaban las de Mendieta,
con la flaca Pañoleta,
la Paja Brava y la China,
Pichuta la golondrina,
la mechera Encarnación,
la gorda del corralón,
Sarita de la cortada,
la grela de Puñalada
y la parda 'el callejón.

Era un ambiente bastante,
bastante somería, el ambiente.


Entre el baile meta y ponga
que era brava la negrada,
y entre cortes y quebradas
se mandaban la milonga.
Una negra media conga,
bailando con un chabón,
le dio al Loco un pisotón
propiamente en el juanete...
Si Santillán no se mete
el Loco, el Loco le da un piñón.

Pero hay que ver amigo, siempre le pisan el juanete al Loco.
También, si el Loco tiene un juanete que parece una milanesa.

Pero el chabón muy careta
al Loco le dio un sopapo,
cayó el Loco como un sapo
haciendo sonar la jeta.
Intervino Pañoleta
para aliviar la cuestión,
el chabón para un rincón
se las quería picar,
pero lo hizo sonar
de un tortazo Pantaleón.


Pronto se armó la podrida,
piña, trompada, tortazo,
Santillán tiró un balazo
con un chumbo que traía;
toda la gente corría,
quedó la casa pelada.
Pa' terminar la velada
yo me chorié un bandoneón,
un piloto Pantaleón,
y el Loco la jeta hinchada.

Ver aquí

sábado, 1 de mayo de 2010

Un calendario (Mayo)


Mayo
Ha llegado mayo. Estalla con las glicinias en el emparrado del jardín. Son corolas violetas, como campanas violetas. Campanas de mi aldea, pregunto a las glicinias, ¿por qué no sonáis ya? Me responden las campanas de Metato, al otro lado del río, diciendo: delelén, delelén, adivina quién es. ¿Quién es?, pregunto yo. Y ellas responden: delelén, delelén, delelén, adivina quién es.




Maggio
Ecco arrivato ilmaggio. Scoppia col glicine nella pergola del giardino. Sono pigne violette, come campane violette. Campane del mio villaggio, chiedo al glicine, perché non suonate più? Mi rispondono le campane di Metato, dall´altra parte del fiume, che dicono: delelén, delelén, indovina chi è? Chi è?, chiedo io. E loro rispondono: delelén, delelén, delelén, indovina chi è?

Antonio Tabuchhi



viernes, 30 de abril de 2010

El algodón no engaña (5)


Es el Cola-Cao desayuno y merienda ideal.




Lave su ropa con Persil.



Escuchar: "La canción del Cola-Cao".

jueves, 29 de abril de 2010

Cementerio Alemán de Yuste (Una antología)





En la hermosa comarca de la Vera cacereña, en el norte extremeño, en la subida desde el pueblo de Cuacos de Yuste hasta el Monasterio del mismo nombre donde Carlos V pasó sus últimos días, existe un lugar singular y mágico: el Cementerio Alemán.

En la entrada del mismo hay una placa donde, traducido del alemán, aparece el siguiente texto:

En este cementerio de soldados descansan 28 soldados de la Primera Guerra Mundial y 154 de la Segunda Guerra Mundial. Pertenecieron a tripulaciones de aviones que cayeron sobre España, submarinos y otros navíos de la armada hundidos. Algunos de ellos murieron en hospitales españoles a causa de sus heridas. Sus tumbas estaban repartidas por toda España, allí donde el mar los arrojó a tierra, donde cayeron sus aviones o donde murieron. El Volksbund en los años 1980–1988 los reunió en esta última morada inaugurada en presencia del embajador de la República Federal de Alemania en un acto conmemorativo hispano-alemán el 1 de junio de 1988.
Recordad a los muertos con profundo respeto y humildad.






Unas sencillas cruces de granito oscuro, con el nombre, rango y fechas de nacimiento y muerte, señalan las tumbas.

Su sencillez y serenidad, ha inspirado la obra de varios poetas y literatos, con textos y poemas que son los que me propongo recoger en esta antología.

Comienzo la misma con un hermoso poema de Álvaro Valverde, iniciador de esta saga de poemas en su libro Una oculta razón (IV Premio Loewe, Visor, 1991).

Agradezco de corazón los permisos de los autores para reproducir aquí sus textos sobre tan evocador lugar.


Cementerio Alemán


Tiene la muerte una medida exacta.
En línea, los túmulos recuerdan
los nombres y las fechas de los héroes.
La edad ignora cuándo
podría haber llegado el dulce fruto
final de la derrota.
Nada preserva, en cambio, la memoria
de aquellos que cayeron en combate.
Sus rostros son anónimos. Sus vidas,
hermosas y lejanas como el sueño
que habita las ciudades que dejaron.

Nos trae a este lugar una costumbre
de ausencia y de sosiego.
Hacia el sur, bajo el muro,
duermen viñas caídas
y a la sombra sin sombra de los viejos olivos
el silencio es solemne.
Con las últimas luces, la mirada se pierde,
luminosa de eterno.

Álvaro Valverde

miércoles, 28 de abril de 2010

Hiena (Definición y poema)

Hiena. El perro soñado por Quasimodo, patrón laico de los jorobetas.
Este cánido salvaje, feo como un dolor y astuto como un banquero, emite una especie de sonido gutural, de risa macabra e inquietante que da bastante que pensar, pues es muy posible que esté riéndose de nosotros por anticipado mientras trama alguna sucia jugarreta de las suyas.




Cuarteto para hiena sola

Incierta la estupidez que aparenta
y la cobardía que se le atribuye.

Quasimodo de la sabana,
no logro entender de qué se ríe.

martes, 27 de abril de 2010

Culo de botella



-Pero, ¿tú no te ibas a operar de la vista?
-Iba, tú lo has dicho. Pero me lo he pensado mejor, y me he dicho que para lo que hay que ver muchas veces, ni corro el riesgo ni hago el gasto.

lunes, 26 de abril de 2010

Dibujos animados


Entre el Coyote




y el Correcaminos...




...me quedo con La Pantera Rosa.


domingo, 25 de abril de 2010

Revoluçao



25 de abril

Tarde de primavera: un trío de músicos callejeros (por más señas, rumanos, los latinos del Este) toca con pasión una arrebatada melodía carioca y universal: Brazil.
Y entre la riada de gente que deambula por la calle arriba y abajo me parece distinguir que algunos viandantes lo hacen marcando el ritmo casi clandestinamente, como con vergüenza.

Por la mañana, en la misma calle, me han regalado un clavel rojo y este texto es un intermedio en la lectura de un libro sobre Portugal escrito por alguien que se dice -y lo parece- medio español en Portugal, medio portugués en España.


sábado, 24 de abril de 2010

Marino (Halitosis - Mal de ojo)

 
Hoy, 24 de abril, y según el Calendario Zaragozano, festividad de Ss. Fidel de Sigmaringen, Gregorio, Eusebio, Leoncio y Sabas, mártires, mi amigo Marino González Montero cumple años.
Titantos, como suele decirse con cierta coquetería.

Es así, tal como lo veis en la foto: seguramente aquí está riéndose de algún chiste que le acaban de contar, o está a punto de contar uno él mismo y ya está abriendo boca a la risa y la amistad.

Dejando aparte, claro, que es también un magnífico escritor -mejor de lo que él mismo se cree- y un editor exquisito.

Mi manera de felicitarle es colgar aquí dos pequeños "crímenes" de los que vengo cometiendo desde hace un tiempo porque sé que le gustan especialmente.

Va por ti, maestro.



Halitosis

Lo maté porque el aliento le olía a rayos.

No se puede figurar usted cómo le olía. 


Para que se haga una somera idea, le diré que era como una mezcla diabólica y letal de amoniaco y heces.
 
Y una será lo que sea, pero también soy de confesión diaria y de olfato delicado.




Mal de ojo
No había acabado de cerrarse la puerta de barrotes detrás de mí, yo todavía con el equipo reglamentario del talego en las manos, cuando al tipo con el que iba a compartir el rancho y la celda durante algunos años le faltó tiempo para hacerme la pregunta:
-Tío ¿a ti por qué te han encerrao?
-Por matar a un ciego.
-¡No jodas, un ciego! -exclamó con sorpresa el colega-. ¿¡Pero qué coño te hizo!?
-Es que me echó mal de ojo -contesté.
-Aaaah -respondió el tipo, vacilante, rematando la conversación-; entonces se comprende.



Imágenes:
Marino: Esther Muntañola.
Confesión: Cristina García Rodero.