sábado, 10 de abril de 2010

Vacas



Vaca. Cornúpeta rumiante, personificación de la paciencia.
Como una dama decimonónica de las granjas, como una señorona de los prados, como una diva de los establos, lleva con elegancia y resignación el hecho de que sus tetas casi arrastren por el suelo.
Despensa móvil de leche, cuero y filetes.



Un libro: Un millón de vacas, de Manuel Rivas.




Una canción: Tengo una vaca lechera,
Los Melódicos
.






Una peli: Vacas, de Julio Medem.


viernes, 9 de abril de 2010

Rechiflao en mi tristeza - Tango (1923)

Para Javier Barreiro,
Académico del Tango,
de quien tanto aprendo.


Hoy me siento como en un tango:
sentimental y cursi, de lágrima fácil,
rechiflao en mi tristeza.




Mano a mano
Música: Carlos Gardel / José Razzano
Letra: Celedonio Flores

Rechiflao en mi tristeza, te evoco y veo que has sido
en mi pobre vida paria sólo una buena mujer;
tu presencia de bacana puso calor en mi nido,
fuiste buena, consecuente, y yo sé que me has querido
como no quisiste a nadie, como no podrás querer.

Se dio el juego de remanye cuando vos, pobre percanta,
gambeteabas la pobreza en la casa de pensión;
hoy sos toda una bacana, la vida te ríe y canta,
los morlacos del otario los tirás a la marchanta
como juega el gato maula con el mísero ratón.

Hoy tenés el mate lleno de infelices ilusiones,
te engrupieron los otarios, las amigas, el gavión;
la milonga, entre magnates, con sus locas tentaciones,
donde triunfan y claudican milongueras pretensiones,
se te ha entrao muy adentro en el pobre corazón.

Nada debo agradecerte, mano a mano hemos quedado;
no me importa lo que has hecho, lo que has hecho y lo que harás...;
los favores recibidos, creo habértelos pagado
y, si alguna deuda chica sin querer se me ha olvidado,
en la cuenta del otario que tenés se la cargás.

Mientras tanto, que tus triunfos, pobres triunfos pasajeros,
sean una larga fila de riquezas y placer;
que el bacán que te acamala tenga pesos duraderos,
que te abrás en las paradas con cafishios milongueros
y que digan los muchachos: es una buena mujer.

Y mañana, cuando seas descolado mueble viejo
y no tengas esperanzas en el pobre corazón,
si precisás una ayuda, si te hace falta un consejo,
acordate de este amigo que ha de jugarse el pellejo
pa'ayudarte en lo que pueda cuando llegue la ocasión.

Aquí podéis escucharlo en la voz del gran Carlos Gardel,
"El morocho del Abasto".

jueves, 8 de abril de 2010

De la escritura y las palabras


"Cada palabra dice lo que dice
y además más
y otra cosa."

Alejandra Pizarnik
La palabra que sana, 1971



"Tengo miedo de escribir, es tan peligroso.
Quien lo ha intentado, lo sabe."

Clarice Lispector
Un soplo de vida, 1978

2 micros con moscas dentro




Extinción

El día en que las moscas del vinagre supieron (tras sufrir una extraña mutación que las dotó de conciencia) que compartían gran parte de su código genético con el ser humano, empezaron a matarse unas a otras.



De lo que piensan las cosas

“Estoy harta de tanta muerte inútil, esta es una guerra perdida de antemano”, se dijo la paleta matamoscas antes de arrojarse al fuego desde el borde de la repisa.

miércoles, 7 de abril de 2010

El gran Sanmartín (Fernando)

En este blog ya se ha hablado en un ligero apunte, escuetamente pero con emoción, de Fernando Sanmartín a propósito de “Heridas causadas por tres rinocerontes”, un hermosísimo libro transido de dolor y esperanza -así titulé aquella entrada compartida con otro escritor amigo suyo, Miguel Mena- que te golpea el corazón con su hermosura.
Hoy me he acordado de él y he vuelto a sus páginas en el silencio de mi biblioteca, y esa lectura ha hecho esplendoroso este día.



¿Verdad que tiene cara de buena persona? Porque lo es; en Fernando Sanmartín toma cuerpo el viejo axioma de que la cara es el espejo del alma. Amén de un magnífico poeta, un escritor con el alma limpia. De su pluma han salido algunos de los mejores libros que me ha sido dado leer de unos años a esta parte; libros delgados, de apenas cien páginas cada uno, pequeños libros grandes llenos de vida.

Dejadme que os cuente algo:

Yo había publicado un libro y tenía el capricho y la ilusión de presentarlo en Zaragoza, su ciudad, sobre todo porque quería conocer en persona a alguno de esos amigos que se hacen a través de los libros.
-Para eso, habla con Fernando -me aconsejaron. Y lo hice.
Él no me conocía; y sin conocerme de nada, sólo de hablar por teléfono, me dijo: -Quédate tranquilo, yo me encargo de todo.
Esto alrededor de las once de la mañana de un día cualquiera en que se me ocurrió molestarle en su trabajo con mi deseo. Un par de horas más tarde me llama para decirme que ya estaba todo arreglado: el sitio (una de las mejores librerías de Zaragoza, Antígona, con unos libreros encantadores, Julia y Pepito), el día, las notas de prensa con la convocatoria del acto…
Yo podría haber resultado un asesino en serie, o un escritor frustrado y envidioso que le hubiera tomado a él como blanco de mi venganza, o un mala sangre y un desagradecido que le haría la vida imposible el tiempo que estuviéramos juntos. Sin hablar de que podría dejarle una fama en su ciudad como para que sus amigos de siempre le retiraran la palabra. Al fin y al cabo, no me conocía.
Pero eso a él no le importó; alguien le pedía un favor, y Fernando se lo hacía.
Así de simple, así de sencillo, así de generoso.

Y encima nos regala a todos los lectores textos como éstos, donde la buena literatura, la de verdad, la que no esconde artificios, aquella donde la claridad asoma, se hace presente con talento y nobleza:




JAVIER DE LA HOZ era vecino mío. Tenía aire rupestre y en su personalidad existía un contrabandista, un chico misterioso y un rompecristales.
Alguna tarde estudiábamos juntos, en su casa, sobre una mesa con hule de cuadros. A mí me gustaba su hermana, una especie de arcángel que iba a un colegio de monjas un curso por encima del nuestro. Las hermanas de mis amigos eran como un texto sagrado. Las veía tumbadas en el sofá, secándose el pelo o estudiando más que nosotros. Y entonces sabía que aquellas niñas poseían su pequeño mundo, su afilada rutina, su secreto discurso.
Javier de la Hoz blasfemaba cuando algo se le torcía. A mí, al principio, me producía perplejidad porque mi alma cristiana todavía no estaba encapotada.
Una vez participamos en un concurso de cometas. Él le dibujó a la suya una calavera pirata. Parecía un loco furioso corriendo con la cometa de un lado para otro. Hasta que se le rompió el bramante. Luego siguió corriendo para ver, ya desprendida de su mano, hacia dónde se dirigía. Los perdí de vista mientras el viento bronco soplaba sin parar.
Con Javier de la Hoz conocí mañanas de niebla espesa, comí lentejas con arroz, leí el Nuevo testamento, supe que los deberes escolares son sólo el inicio de otros deberes que llegan luego, me aprendí el nombre de jugadores del Benfica y del Manchester United, empecé a dudar de la inocencia y conocí licores que me cepillaban la mediocridad.
Los dos, tras leer una revista de su hermana en la que sólo salían actrices y cantantes melódicos, tomamos la decisión de ser cosmopolitas. El problema fue, tras la decisión, que no sabíamos lo que aquella palabra quería decir.

(De “La infancia y sus cómplices”, Xordica Editorial, 2002)



ESCRIBIR un poema. O emplear el folio en otra cosa. Escribir un poema. O utilizar el folio para una carta de amor, para un deseo, para una amenaza firmada que propicie nuestra detención. Escribir un poema. O no escribirlo nunca. Saltar de un tren en marcha o a un río de aguas bravas. Y lastimarnos. Para de este modo propiciar lo que el poema puede ser: un ejercicio de supervivencia.

HE comprado en el rastro de Tiergaten una pequeña fotografía, muy pequeña, de un traje de buzo, con escafandra y zapatos de plomo. Es de los años sesenta. La he comprado para mirarla en casa, algunos días en los que baje a las profundidades de lo cotidiano.

(De “Hacia la tormenta”, Xordica Editorial, “2005)



LAVO LAS MANOS DE YORGOS. Lavo sus manos llenas de arcilla porque esta tarde ha hecho figuras con arcillas. Sus manos son transparentes. El niño enfermo también deslumbra. El niño enfermo se deja lavar las manos. Y yo derramo el jabón para que la arcilla de sus dedos se vaya por el desagüe. Por ese desagüe donde yo no soy arcilla para desaparecer.

(De “Heridas causadas por tres rinocerontes”, Xordica Editorial, 2008)

Ahora, después de todo esto, después de todo aquello, me precio de ser su amigo.
Gracias, Fernando.


Esta última foto de Fernando es de Víctor Juan Borroy 










Camaleón



Camaleón

Como los hombres culpables,
troca su aspecto con el fin
de hacernos creer que él no ha sido.

Prudente hasta la exasperación,
con la mirada dispersa
en todos los puntos cardinales,
el negro es su color preferido
si se siente atacado por el pánico.

Es hermosamente incierto
que sólo viva del aire,
como afirman algunas leyendas.

martes, 6 de abril de 2010

El algodón no engaña (4)


Enchufa el Askar en el hogar.



222, la galleta que se pide por su número.

lunes, 5 de abril de 2010

Un poema de amor (Lali)


"Lali levitante"
(Imagen: Salvador Gómez)

Para Lali,
que me soporta
y me ilumina.

así como el alba agita sus colores
y los alza y de ese modo ilumina
el rostro de los días todos los días

igual que el sol establece su dominio
amarillo y cálido sobre todas las cosas
y seca la tierra y enloquece a los pájaros

de aquella manera en que el mar se pliega sobre sí
y endurece sus caminos y asalta sin remedio
las desoladas costas del crepúsculo

con esa plenitud tu voz golpea mi corazón
como una campana tocando a rebato en la noche
en un silencio a pechos descubiertos

Este poema pertenece al epígrafe 3 poemas de amor,
incluído en mi libro "La tabla del 3".

Burocracia y educación (siglo XVIII)




Por favor, leedlo hasta el final, no os lo perdáis. Lo recibí hace unos días remitido por un amigo, y me ha parecido tan hilarante y penoso a un tiempo que no he podido resistirme a compartirlo.
Da cumplida fe de que las cosas no han cambiado tanto cómo pudiera parecer.


El expediente de la viga

Vamos a transcribir aquí un informe realizado en una revista de Ohanes del año 1.944, llamada “ALETEOS”, en su número 7. El informe está copiado íntegramente, excepto su parte final por carecer de interés desde nuestro punto de vista.

Decía “ALETEOS”:
En los últimos días del pasado año 1943, rebuscando entre los papeles del archivo municipal de este pueblo, hicimos un asombroso descubrimiento.
Se trataba de un expediente del año 1734, y que transferimos íntegro:

Decía así:


Tengo el honor de poner en su conocimiento la inquietud que me produce ver la viga que media la clase que regento, pues está partida por medio, por lo cual el tejado ha cedido y ha formado una especie de embudo que recoge las aguas de las lluvias y las deja caer a chorro tieso sobre mi mesa de trabajo, mojándome los papeles y haciéndome coger unos dolores reumáticos que no me dejan mantenerme derecho.
En fin, señor Alcalde, espero de su amabilidad ponga coto a esto si no quiere que ocurra alguna desgracia con los niños y con su maestro, éste su muy seguro servidor.
Dios guarde a Vd. muchos años.
Ohanes, 15 de marzo de 1734.
El maestro, Zenón Garrido.

Sr Alcalde de Ohanes de las Alpuxarras




"Recibo con gran extrañeza el oficio que ha tenido a bien dirigirme y me apresuro a contestarle. Es cosa rara que los Agentes de mi autoridad no me hayan dado cuenta de nada referente a la viga, y es más, pongo en duda que se encuentre en esas condiciones, pues según me informa el Tío Sarmiento no hará sesenta años que se puso, y no creo una vez dadas esas explicaciones, que no tengo por qué, paso a decirle que eso no son más que excusas y pretextos para no dar golpe. En cuanto a lo de los papeles que se le mojan y el reúma que se le avecina, puede muy bien guardárselos, aquéllos en el cajón o en casa, y éste yendo a la escuela con una manta. No obstante lo que antecede, enviaré uno de estos días alguno de mis subordinados que mire lo que hay de eso. Y ojo, que su engaño le estaría estar otros seis años sin cobrar los 500 reales de su sueldo.

Dios guarde a Vd. muchos años
Ohanes 28 de noviembre de 1734.
El Alcalde Bartolomé Zancajo.

Sr. maestro de primeras letras de esta villa de Ohanes de las Alpuxarras.



"Tengo el honor de acusar recibo a su atento oficio de ayer donde tiene a bien poner en duda el estado de la viga. Desde mi oficio anterior, Sr. Alcalde, hace unos ocho meses, pasaron las lluvias del invierno; y yo siempre mirando la viga, con la inquietud consiguiente: ¿caerá?, ¿no caerá? Y así un día y otro, como el en vez de una viga fuera una margarita. Si Vd. no cree lo que le estoy diciendo, puede mandar dos personas peritas, o venir Vd. mismo dando un paseíto, si no le cuesta mucha molestia, que yo no le engaño, mas para darle una idea del estado de mi clase me permito acompañarle un dibujo, tomado del natural, que le dará una estampa real de ella. Y de lo del sueldo, no creo que se atreva a tocar los quinientos reales, porque ya sabe Vd. lo que dice el refrán "Al cajón ni..."

En fin, Sr. Alcalde, Dios le guarde muchos años de los efectos de la viga.
Ohanes de las Alpuxarras a 29 de noviembre de 1734.
El Maestro Zenón Garrido (firmado y rubricado).

Señor Alcalde de Ohanes de las Alpuxarras.
Partido de Uxíxar. Reino de Granada.


Acuso recibo de su oficio del 29 de noviembre del pasado año y me parece excesiva tanta machaconería, en el asunto de la viga. Sepa el Sr. Maestro, que si no le conviene la escuela puede pillar el camino e irse a otro sitio, que aquí para lo que enseña, falta no hace. ¿Qué le importa a estas gentes, ni a nadie, dónde está Marte, ni las vueltas que da la luna, ni que cuatro por seis son veintisiete ni que Miguel de Cervantes descubrió las Américas? Para coger un mancaje basta y sobra con tener fuerzas para ello No obstante, como soy amante de la curtura (sic) y no que digan que he echao (sic) al Maestro y que no lo trato, como se debe, nombraré una comisión que informe sobre el asunto de la viga, y si resulta que Vd. me ha engañao, sa caido (sic).

Dios guarde a V. muchos años.
Ohanes de las Alpuxarras a 15 de octubre de 1735.
El Alcalde, Bartolomé Zancajo (firmado y rubricado).


“Sr maestro de primeras Letras Localidad".


INFORME DE LOS PERITOS

"Antonio Fuentes Barranco y Juan González, maestros Albañiles graduados de la villa de Ohanes de la Alpuxarra, INFORMAN:
Que personados en el sitio denominado u llamado, sea con perdón, la Escuela de este lugar, a las doce de mañana del día 15 de mayo de 1736, acompañados por el Escribano de este Ayuntamiento, y mandados por el Sr alcalde, opinamos, pensamos, que la viga que ocupa el centro de la clase, aula o sala, que por estos tres nombres se le denomina o circunscribe, que la dicha viga no se haya movido, sólo que ha bajao cosa de diez o doce deos, sólo caer, pero nunca juntarse con el suelo aplastando a los que coja dentro. Pero como quiera que la madera es un cuerpo astilloso, tiene que crujir antes de pegar el golpazo dando tiempo a que se salven por lo menos siete u ocho, todo lo cual, y puesta la mano en el corazón y en conciencia, decimos, que el peligro que ofrece la aludida viga es un peligro leve, o sea de poca trascendencia. Todo lo cual firmamos y no sellamos, por no tener sello, en Ohanes a la fecha arriba indicada.
Antonio Fuentes y Juan González (firmado y rubricado).


"Don Celedonio González-García, Escribano de la villa de Ohanes de las Alpuxarras, partido de Uxixar, reyno de Granada.

DIGO, declaro y doy fe, de cuanto en esta información del Maestro de primeras letras de esta localidad, sobre una viga que dice el primero al Sr Alcalde, o sea al segundo, está partida en el techo de su clase. Mi informe imparcial, desapasionado y verídico, como corresponde a mi profesión, es el siguiente: Si la viga cae y amenaza peligro, puede ocurrir:

a) Que mate al maestro, en cuyo caso esta digna Corporación se ahorraría los quinientos reales que le paga.
b) Que matase a los niños en cuyo caso sobraba el Maestro.
c) Que matase a los niños y al Maestro ocurriendo en este caso, como suele decirse, que se mataban dos pájaros de un tiro.
d) Que no matase a nadie, en cuyo supuesto no hay por qué alarmarse.

Examinados en derecho las causas y efectos que anteceden, emito este informe, honrado y leal, cumpliendo con ello un deber de conciencia.
En Ohanes de las Alpuxarras a 15 de mayo de 1736.
Celedonio Gronzález García (firmado y rubricado).


Hasta aquí el famoso expediente, que, deteriorado hasta lo indecible, no nos permitía descifrar sus últimas páginas. Pero nosotros, infatigables investigadores, como hemos dicho al principio, continuamos la búsqueda de todo cuanto se relacionase con este asunto, y en otro legajo del Archivo Municipal, encontramos este otro documento, que a continuación transcribimos, y que aclara, en un todo, cómo terminó el asunto de la viga.

Decía así:

"Yo, don Joseph Sancho Mengíbar, Cronista oficial de la villa de Ohanes de las Alpuxarras, declaro por mi honor ser ciertos los hechos que a continuación describo, para que de ellos quede constancia en el Histórico Archivo de esta villa, lamentando que la índole de los mismos ponga un hito trágico en los bucólicos anales de este pueblo. El día catorce de octubre, del año de Nuestro Señor Jesucristo de mil setecientos cuarenta, siendo Alcalde de esta villa don Bartolomé Zancajo y Zancajo, y siendo las doce de su mañana, se hundió el techo del salón de la Escuela de esta localidad, pereciendo en el siniestro, el señor Maestro de primeras letras, don Zenón Garrido Marín y los catorce niños que en aquellos momentos daban su clase. Después de laboriosos trabajos, fueron extraídos de entre los escombros, los restos de las víctimas y trasladados al Depósito del Cementerio Municipal, acompañados del pueblo en masa, que era partícipe por entero del dolor que significaba tal catástrofe, ya que todos, más o menos directamente, les alcanzaba, dado el número tan elevado de inmolados en aras de la cultura.
Abierto el oportuno expediente, se ha podido comprobar que por parte de la Autoridad competente se tomaban periódicamente todas las medidas encaminadas a velar por el buen funcionamiento del sagrado recinto; y como prueba concluyente, se presentó un Expediente, incoado al efecto, en que dos peritos albañiles y el Ilustre Escribano de esta villa, informaban sobre el buen estado del local, en fecha muy próxima al suceso, ya que los informes datan del día 15 de mayo de 1736; quedando plenamente demostrado que únicamente un accidente fortuito fue el responsable del hundimiento a que hemos hecho referencia.
Y para que quede constancia, lo redacto y lo firmo en Ohanes de las Alpuxarras a quince de diciembre de mil setecientos cuarenta.

Joseph Sancho.

Coda: Si en vez de maestro hubiera sido una maestra como ésta, seguro que tanto el alcalde como los albañiles, hubieran hecho bastante más caso a la demanda.

domingo, 4 de abril de 2010

Naranja




Naranja

en la piel sin mácula de las naranjas,
en el aliento de las vacas de leche,
en la claridad de la ternura,
en el cántico amargo de los mendigos,
en la duradera amenaza del ámbar,
en el uniforme de las azafatas,
en la multitud de los colegios,
ante las manos sin tiempo del silencio.

sábado, 3 de abril de 2010

Nazarenos


Para que quede claro desde ya: tampoco es que quisiera haber matado a ese en concreto.

La verdad, yo no sé qué me pasa pero es ver a un nazareno con el cucurucho en la cabeza, la casulla ésa que se ponen cubriéndoles la cara, el ruido de las cadenas arrastrándose… y me entra un comecome insoportable.

Si a esto le sumamos ese espantoso estruendo de tambores y cornetas desafinadas, los que chillan saetas en los balcones, el humazo de los velones, que eso no puede ser bueno, pues…

Yo disparo al tuntún, a lo que salga. Pero claro, con tanta procesión, venga a pasar nazarenos unos detrás de otros, cofradía tras cofradía, penitentes y venga penitentes, pues a alguno le tiene que tocar, ya me diréis.

El loquero dice que esta fijación mía con las capuchas y los capirotes tiene que proceder de algún trauma de la infancia.

Pero vamos, que yo recuerde…

viernes, 2 de abril de 2010

Viernes Santo (cine y gastronomía)


Siempre que llega esta época del año, vuelvo a recordar cómo eran entonces estos días, cuando uno era un niño. Una mierda, hablando mal y pronto: un manto opaco de opresión eclesiástica -más del habitual-, en estrecha y provechosa alianza -más que de costumbre- con el estamento policial se cernía sobre toda la sociedad como nubarrón de tormenta que nos va a poner pingando, seguro. 
Diversión, la justa, hostia, que estamos celebrando la Pasión de Cristo. Celebrar, curioso término para denominar la muerte.
Así que tanto en cines como en TVE ("Televisión Española, la mejor televisión de España", rezaba -nunca mejor dicho- el eslogan que inventó un gracioso, teniendo en cuenta que era la única), y entre misa y procesión, entre saeta y penitencia, venga a pasar en las pantallas películas sobre el tema (Quo vadis, Los Diez Mandamientos, Marcelino pan y vino...), una tras otra casi sin descanso, que no veíamos la hora de que llegara el domingo y el cristo resucitara de una buena vez hasta el año siguiente.
Y algún reflejo atávico nos queda todavía de aquello, habida cuenta de que todos los años por estas fechas, en alguna que otra cadena siguen pasando las mismas películas con una obstinación digna de mejores causas.
Fueraparte, que diría un amigo mío con labia campechana, estaba el tema gastronómico, el siempre delicado asunto del condumio y la nutrición. Ahí sí que habíamos topado de frente y en toda regla con la Iglesia y sus absurdos mandatos: nada de comer carne o derivados (mortadela, salchichón, chorizo de cantimpalo...), al menos el pomposamente llamado "viernes de vigilia". Conque ni bula, ni leches, ni pollas en vinagre: potaje de garbanzos con bacalao seco y espinacas, cuando no, horror de los horrores, arroz con habas, "exquisiteces" culinarias que a los niños no es que nos volvieran locos precisamente. Entre algún sopapo que otro, amenazas varias y lágrimas a granel, tragábamos a la fuerza aquellos castigos emplatados que las madres (es curioso, incluso aquéllas que no eran creyentes ni pisaban jamás una iglesia) se esmeraban en preparar durante toda la mañana, y aún la tarde de vísperas, como contagiadas por magia divina o algún extraño milagro del plúmbeo ambiente general.
Mi reflejo atávico en este caso es que siguen sin gustarme, pero ni una mijita, ni las espinacas ni las habas. Se me pone la piel de gallina sólo de nombrarlas.
Menos mal que para endulzar la cosa -que Dios, dicen, aprieta pero no ahoga- estaba aquella exquisitez (ésta sin comillas irónicas) de las torrijas.
¡Ah, dulces torrijas empapadas en leche, coronadas de azúcar, con su fondo de canela o anís, con su aroma de limón! Todavía me relamo con su recuerdo en mi paladar.
Y aunque ya no saben igual ni con mucho, voy a comerme un par de ellas ahora mismo, que con la tontería me he puesto nostálgico y caprichoso de torrijas.

jueves, 1 de abril de 2010

Un calendario (Abril)



Mi biblioteca particular se va pareciendo cada vez más, en su particular totum revolotum, a ese “taller del hechicero” del que hablaba el gran Aníbal Núñez en el hermoso título de uno de sus libros. En momentos determinados, pareciera que le gustara jugar conmigo y mi paciencia. Entre sus baldas y estantes, entre sus escondrijos y rincones -cabría decir entre sus retortas y matraces-, no me cabe duda de que ocurren cosas de las que no me entero, asuntos en los que no tengo voz ni voto, como esos tristes secretarios de los jurados de los concursos literarios.
Pondría la mano en el fuego apostando que tal volumen está en tal sitio -¡Pero si yo lo dejé allí!-, pero es seguro que me quemaría los dedos más de una vez.

Hoy, buscando un libro de poemas donde estaba seguro de haberlo visto por última vez -no estaba allí, por supuesto, era de esperar; y ahora mismo no tengo ni idea de dónde se encontrará agazapado, a buen seguro que riéndose de mí- tropiezo con unas ajadas fotocopias de textos de Antonio Tabucchi -“Campanas de mi aldea -Campane del mio villaggio”-, que ya no recuerdo cuándo ni de dónde saqué. Es un calendario de “prosas en prosa”, como él los subtitula; desdeño el esquivo libro que poemas que andaba buscando (del que ya no me acuerdo) y que me rehúye guasón -No hay mejor desprecio que no hacer aprecio, me digo para mí; El que no se consuela es porque no quiere, remato filosófico- y me pongo a releer estos textos que ya no recordaba. Y resulta que me gustan, me gustan mucho. Ahora entiendo por qué los guardé en su momento.

De golpe y porrazo, decido empezar a colgarlos en esta página coincidiendo con el inicio de cada mes.

Y me agrada pensar que a ese desagradecido libro de poemas -¿de quién sería?- se le borra la sonrisa de un plumazo.


Abril
La palabra, la palabra que me falta. El alma de las yemas de los árboles me ha arrebatado la palabra, y yo tropiezo como un niño entre las sílabas. Miro a través de las ventanas del jardín. Al fondo, un letrero que reza: domingo. ¡Ah, domingo de mis sueños, domingo de los deseos, domingo que sigue al sábado de mi aldea! Y he aquí a Laforgue que pasa en bicicleta por delante de mi puerta. Y tristeza y tedio se desvanecen como la niebla matutina, porque el spleen ha de ser ahogado en un guiso campesino.




Aprile
La parola, la parola che mi manca. L´anima delle gemme degli alberi mi ha taglieto via la aprola, e io inciampo come un bambino fra le sillabe. Guardo oltre i vetri del giardino. Sul fondo un cartello reca scritto: domenica. ¡Ah, domenica dei miei sogni, domenica di desideri, domenica che fa seguito al sabato del mio villaggio! Ed ecco Laforgue che arriba in bicicletta davanti al mio cancello. E tristeza e noia svaniscono come nebbia mottutina, perché lo
spleen va affogato in una zuppa contadina.

Antonio Tabucchi


Coda: Ya he averiguado de dónde saqué estos textos; fueron publicados como separata, en el nº 4 de Sibila, Revista de arte, música y literatura, en enero de 1996.

Capirote


Capirote. Especie de aterradora capucha de forma cónica y variados colores que se embuten en la cabeza algunos sujetos para taparse el rostro -acaso por vergüenza- durante cierto rito religioso católico. 
Como complemento a tal atentado contra la estética, suelen portar velas encendidas, instrumentos para flagelarse los lomos, arrastrar cadenas por el empedrado, caminar descalzos hasta llagarse los pies… Un espanto.
La primera vez que los vi desfilar de tal guisa -y de cuya espeluznante impresión aún no me he repuesto del todo- entendí al punto lo acertado de la expresión popular, “tonto de capirote”.
Porque hay que estar un poco así para ponerse semejante horror y salir a la calle, no solo como si nada, sino encima haciendo alarde de ello.

Imagen: Cristina Quicler

El faro (una greguería)


Para Lola Padilla, por su pasión farera.




Cuando el faro se queda ciego,

se producen los naufragios.