sábado, 15 de noviembre de 2014

Paisanaje (29) Bando... (2)


Y las tres hermanas, pobrecinas, que bastante tenían con lo suyo. Coñazos, sí, vale; y cabezonas y más sosas que un pedrusco también, pero más buenas que un cacho pan untao con manteca colorá.
¿A qué coño viene cacarearlo en un libro a los cuatro vientos? ¿A quién puñetas le importa eso? Y siendo mentira, que es lo más grave. Ganas de hacer daño, de joder la marrana, de tocar los cojones a dos manos. Más claro, agua.
Y me pregunto yo, que pa algo soy la autoridá: ¿acaso en la capital son mejores? Pues anda que no hay hijoputas a porrillo trajinando las aceras y el subsuelo. Más que perros descalzos, ya os lo digo yo, que bien que lo sufrí en mis propias carnes, que la primera vez que tuve que ir al Ministerio pa lo de la cuestión del asfalto y las farolas, me mangaron la cartera en el Metro y me rajaron la jeta con una navaja del quince por lo menos. Y encima, manda güevos, dando gracias, que si no me dieron por culo o me caparon a lo vivo aquellos cabrones con greñas fue porque Dios no quiso.
Estos infundios sin sentío, estos embustes troleros, estas calumnias gratuitas nos han hecho pero que mucho daño. Si dende que ha salío el puto libro hasta nos han quitao las subvenciones pa lo del olivo y nos han dejao sin arreglar (después de tantas promesas del diputao, otro mamonazo que pa qué) los cinco kilómetros de agujeros y baches que hay entre la estación y la plaza. Al final, fijaros bien en lo que os digo, con la tontería hasta se acaba cayendo el techo de la iglesia. Y si no, al tiempo.
Y tó por un libro de mierda, lleno de patrañas y mala leche. Me cago mil veces en la madre que lo parió al “Bizco” y en los Tercios de Flandes si hace falta. Y encima quería el tío presentarlo en el Círculo Obrero. Con rechifla y alevosía, con un par. Si hombre. Por encima de mi cadáver. Pues ya lo que faltaba: cornúos, apaleaos y contentos, no te jode. Encima de puta, pagando la cama.
Y amás, el feo que le hizo a mi hermana delante de tós vosotros, que eso fue una puñalá trapera directa al riñón. Eso no se le hace a una señorita sin estrenar aunque pase de los sesenta, tenga alguna telaraña que otra por la parte de mear y no se acuerde de la regla más que cuando tiene que medir la tela pa hacerse una enagua o apañar una falda camilla.
Ca vé que m´acuerdo es que me pongo malo, tengo hasta pesadillas: si no me lo quita el Paquino de entre las manos cuando lo entallamos antes de que huyera como un conejo, por mis muertos que me hago un sonajero con sus pelotas y dos paipáis con las orejas. Más que ná, por no andarnos con follones de denuncias y querellas y recargar aún más la lenta maquinaria judicial. Y que vete tú a saber con los jueces y sus puñetitas de los cojones. ¡Que a gustito que me quedé con la somanta que le atizamos an cá la Domin antes de que saliera de naja el mariconazo! Pero anda y que le den al cacho cabrón. Mal grano le salga en el sobaco que le sirva de muleta. Mala diarrea le entre que lo más espeso que cague sea como la gaseosa. O como dice el chotis de su puto pueblo: “Anda y que te ondulen con la permanén”. Y quiera el cielo que no vuelva por aquí, eh. Como se le ocurra la ocurrencia lo estampo contra la fuente y lo ensarto con la horca como a una morcilla. Yo lo mismo voy a chirona, pero a él, como me lo tope otra vez frente por frente, lo mando a criar malvas con las tripas en las manos. Por estas que no lo salva ni el Cristo que lo fundó.
Como que soy el alcalde y me apellido Cipote dende que me parieron.
Pdta: de aquí p´alante, al primero que largue con los forasteros sin mi permiso le corto los güevos. Por estas. Avisaos quedáis y pa que tós os enteréis.
El Alcalde
Addenda:
Bando redactao por el señor Secretario del Municipio (el menda lerenda) tal cual le fue dictao, sin quitar ni añadir ná de su propia cosecha, excepción hecha de la presente nota y algunos (bueno, bastantes) signos ortográficos.
Que está hoy el Señor Alcalde como pa andarle con tontás.
Y que no me gusta ni un pelo cómo caza la perrina ni cómo le llora el ojo a la borrega.
Ni la orina del enfermo.
El Secretario

viernes, 14 de noviembre de 2014

Paisanaje (28) Bando... (1)



BANDO ACERCA DE POR QUÉ EL AUTOR DE ESTE LIBELO INDECENTE, DE ESTA CANALLÁ SIN NOMBRE, DE ESTA GUARRÁ INFAME, DE ESTA PUÑALÁ TRAPERA, DE ESTA JOPUTADA DE LAS GORDAS, HAYA SÍO DECLARAO “PERSONA NON GRATA” PA LOS RESTOS POR EL PLENO MUNICIPAL DE LA VILLA

Querida Espe y parientes más cercanos, vecinos todos, paisanos míos que sois vosotros, forasteros en tránsito:

“El sitio no está mal, lo peor es la gente”. Esto fue lo primero que dijo el pollo na más llegar, haciéndose el gracioso y desparramando la mirada entre la concurrencia casi antes de poner pie en tierra mientras se hurgaba las caries con el capuchón del boli como si estuviera excavando una mina de oro. Luego se quejan de que les calienten los morros o les prueben la garrota en los costillares. Si es que vienen provocando, coño. Chascarrillos así son los que nos encabronan. Y claro, luego pasa lo que pasa, ¿no había de pasar pues? La gente de por aquí, ustedes vosotros mismamente, no es mala: la gente de por aquí, como en toas partes, es como es cuando no puede evitarlo o le andan enreando en los bajos de mala manera. Y si en este pueblo somos como somos y no tal y como salimos retrataos en esos papeles llenos de patrañas y embustes, no nos avergonzamos por ello ni vamos pidiendo perdón por ahí, sépanlo vuesas mercedes y metánselo bien metío en sus molleras de corcha. Que de tó hay en la viña del Señor, hijos míos, según nos tiene dicho don Senén (y su palabra “va a misa”, como hay Dios), y de grandes cenas están las sepulturas llenas por no haberte cobijao a la buena sombra de un árbol si has madrugao temprano. Dos verdades como dos castillos, aunque de la segunda no es que esté mu seguro de que se diga así, pero por ahí le anda. A ver quién es el guapo que me lo discute, venga, a ver quién es el valiente, que pase el primero si tiene pelotas, que vamos a tener unas palabritas yo y él.
El caso es que fuera del cachondeo que se montó cuando guipamos al fulano bajando del coche de línea (que es una cosa mu entretenía eso de bichear a los forasteros según llegan, qué voy a contaros que no sepáis), pues eso, que ni fú ni fá, ni tocino ni solomillo, ni molleja ni pellejo: un sujeto normalico, sin ná que destacar a simple vista. Bueno, quitando la gabardina llena de lamparones, el petate cuartelero remendao de colorines con más mierda qu´el palo un gallinero y el ojo derecho a la cuarenta y una. Un tío del montón, vamos, tampoco ná del otro mundo.

-Vale, alcalde, del montón, pero de la parte de abajo y mirando pa un lao, eh -soltó el Isaías con su gracejo innato en cuanto le echó el ojo encima del ojo. ¿Os acordáis?

Joé, qué pechá de reír con el joío Isaías, qué golpes tiene el condenao; no da puntá sin hilo el hijo de su madre. No os digo más que estoy hasta pensando ponerlo de alguacil. Y hasta aquí puedo leer, como decían en aquel concurso de la tele. Ahí lo dejo, pa que lo vayáis masticando despacito. Pero volvamos al asunto: la cosa es que el puto “Bizco”, después de ganarse nuestra confianza con rondas de vino y piropos, con risas y zalamerías, con cucamonas y halagos, adoptao ya como un vecino más del pueblo… zasca de la frasca: de golpe y porrazo, a traición, pero de la mala mala, se descubrió maquiavélico, artero, diabólico incluso. Un hijoputa con pintas, pa que me entendáis pronto y bien. Nos la pegó con queso, nos untó con pringue el agujerete y nos la metió lo que se dice bien doblá. Pero hasta el fondo. Y eso sí que no: por detrás, ni el bigote una gamba, que os lo tengo dicho muchas veces, que luego te tiras una semana llorando sangre pa poder cagar a gusto. ¿Qué como lo sé yo esto? ¿Y a vosotros qué coño os importa? Lo digo yo y punto pelota. Secreto de Estao, pecadillos de juventú, divino tesoro.

Y mientras tanto nosotros como unos imbéciles, jijí, jajá, tómate otra “Bizco”, vente a comer a casa, llévate unos pimientitos de mi huerta, bailándole el agua al cabronazo, contándole sucesos y anécdotas, hinchándole el macuto y la libretita de historias y chismes que luego él sacaba en los papeles de la capital pa que tó el mundo se enterase de nuestras cosas. Y ninguna buena, no. ¿Pa qué?, pensaría él. Pero, ¿cómo íbamos a sospechar semejante cochiná, tan ruin traición, tal puñalá trapera en los higadillos si somos de natural confiaos, de labia facilona, con el abrazo dispuesto y, a la vista está, más inocentes qu´el asa un cubo?

Tenemos nuestras cosillas, vale, no voy a decir que no, eso tampoco, pero, ¿quién no las tiene, eh? La Encarni, un suponer: que era de carácter agrio tó el mundo lo sabe, como también es verdá que al Ramón lo traía por la calle de la amargura y le negaba la coyunda cuando le venía en gana (o sea, que no le venían las ganas, que ya le valía a la Encarni), pero no es cierto lo de sus brazos de jabalí ni que pegara tan fuerte (puedo dar fe y la doy) como dice este Judas, este filisteo felón, este hijo de mil padres borrachos. Item más, el Genaro: pues sí, un viejo verde y un guarro (en lo que viene siendo la cosa del agua y el jabón en las partes escondías y con pelo), pero cuando el tema le apretaba se iba de putas como se ha hecho toa la vía y sin meterse con naide. Más suave que un guante que volvía el joío de la excursión, con una medio sonrisilla… Qué sabia y qué inteligente que es la naturaleza, oye. Cómo templa el ánimo el asunto este del fornicio, del frote de bajos, del metisaca rico, del dale que te pego, del ven pacá, jamona, que te voy a poner mirando pa la parte de los montes de Toledo y luego pa la torre ifel. ¿Verdá que sí? Y que conste en acta (secretario, toma nota) que lo enterramos en sagrao con tós los que l´han diñao de aquí p´atrás. Que pa eso llevaba pagando sin fallar ni uno, que lo sé de buena tinta, los recibos de El Ocaso desde la guerra de Ifni, y esta es una firma seria y respetable como pocas en el ramo de decesos. Otrosí, el Urbano: el Urbano no ha jugao a las cartas en su puta vida, que lo suyo de siempre es el dominó. Ahí sí que no hay ná que hacer, macho: como no salgas de mano y te lo quites de encima a la primera, te comes el seis doble como mi pobre hermana se va a quedar soltera por la cosa del bigote y la verruga, que mira que no ha habío manera no ya de casarla, que ya he perdío no solo toa esperanza de tener algún sobrinico, sino ni siquiera de secar el mostacho ni la verruga. Y también doy fe de esto, que pa eso soy el primogénito y el alcalde. ¿Estamos?
(Continuará...)

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Caracol, col, col...



Me acuerdo del rastro translúcido de los caracoles sobre las piedras al sol.
Y de la filosófica lentitud de su efímera existencia.

martes, 11 de noviembre de 2014

Páramo



Páramo. Siendo piadoso, y aun benevolente, representación geofísica de la mente de un político. Dicho erial tiene la facultad de expandirse a una escala mayor, denominada desierto, en menos que canta un gallo, si al mentado ganapán se le ocurre formular alguna propuesta legislativa, absurda y penosa de común, con el único objeto de justificar sus escandalosos emolumentos y prebendas.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Perdón



El perdón del sacerdote es como un jabón de manos: huele bien durante un rato, pero el aroma se disipa rápido.

viernes, 7 de noviembre de 2014

"El Tigre Millán" (un tango bien malevo)



El Tigre Millán


Picao de viruela, bastante morocho,
encrespao el pelo lo mismo que mota,
un hondo barbijo en su cara rota,
le daba el aspecto de taita matón.
De carácter hosco, bien fornido y fuerte,
afrontó el peligro cual bravo titán;
jamás tuvo miedo ni aún ante la muerte
porque era muy hombre “El Tigre Millán”.


Pobre Tigre que una noche en Puente Alsina
dos cobardes lo mataron a traición.
Era guapo, de esos guapos bien temidos

cual la punta desgarrante de un facón.
Mala suerte, pobre Tigre, siempre tuvo
en cuestiones de escolazos y de amor.
Pues no era bien parecido
y fatalmente metido
con la mujer que adoró,
nunca fue correspondido
y ella al fin lo traicionó.

Cuentan que una noche, bramó como fiera
en un entrevero que hasta hoy se comenta;
repartiendo hachazos era una tormenta,
mostró su coraje venciendo a un malón.
¡Parece mentira que hombres de su laya
mueran siempre a manos de un ruin cobardón!
¡Hoy la muchachada, Tigre, te recuerda
y aquella cobarde llora su traición!