Otro cumpleaños, sí; este mes de agosto es pródigo en efemérides de mis amigos. En esta ocasión el de Jesús García Calderón, magnífico amigo y poeta, otro compinche de la "cosecha del 59", que desde su actual Granada nos viene regalando a los lectores unos libros de poemas dignos de ser guardados en las esquinas del corazón.
Conozco a Jesús desde hace al menos 25 años y siempre ha habido entre nosotros una corriente de afecto que el tiempo y la distancia no han hecho más que acrecentar, algo de lo que uno se siente orgulloso y de lo que presume en cuanto se presenta la ocasión.
En el nº 2 los Pliegos Adversos que encartaba la revista Capela (boletín de información personal de un hombre que vive en el campo) de nuestro querido Bernardo Víctor Carande, Jesús me publicó hace ya dos décadas Siete olas y un brindis, unos poemillas playeros y un brindis en prosa en honor a muchos de los personajes, reales y ficiticios, que hasta aquel momento habían ido forjando mi memoria vital y sentimental.
El titulo de la entrada es un juego entre el del espléndido poema de más abajo y el de su último libro -Las visitas de Caronte- publicado recientemente en la colección Tierra de una de las más pujantes editoriales de la actualidad: La Isla de Siltolá. No os lo perdáis.
Cuando lo leáis os daréis cuenta de que no estoy errado en el adjetivo.
Ojos del agua
El
agua no tiene ojos
pero
parece mirar
el
camino que recorre
nuestro
sueño. Soledad
es
querer pervivir sin ilusiones,
abandonar
la estela que se borra
para
siempre en las aguas,
dirigir
la esperanza torpemente,
vivir
para alcanzar,
bajo
la espesa bruma que recorre
la
noche de la aurora,
esa
nada feroz de los antiguos.
¡Felicidades, Jesús!
Y gracias por todo.