sábado, 14 de junio de 2014

El Mundial olvidado


Ayer comenzó el Mundial de Fútbol que se celebra en Brasil, la patria del "jogo bonito". Bueno, eso era antes porque el partido de ayer de brasileiros frente a croatas de bonito tuvo poco.
Como el de hoy de España contra Holanda, la antaño vistosa "Naranja mecánica" (Cruyff, Krol, Neeskens, Resenbrick...). 
Visto el repaso tanto táctico como físico que nos han propinado los orange en Salvador de Bahía (1-5), será cuestión de ir recuperando el apodo.
Pero de lo que quería hablar hoy es del Mundial -no reconocido por la FIFA- que se jugó en 1942 en la Patagonia argentina mientras casi todo el mundo estaba en guerra y del que los directores italianos Lorenzo Garzella y Filippo Macelloni realizaron una película en 2011.
Desde hace algún tiempo tengo guardado en mis gavetas este curioso artículo acerca del mismo.


El Mundial olvidado 

Ezequiel Fernández Moores

Los primeros registros -contó una vez el Gordo Soriano- fueron a través de las memorias que escribió su tío Casimiro. Casimiro fue juez de línea de William Brett Cassidy. Hijo del pistolero Butch Cassidy, William Brett era estudiante de filosofía, lector de Hegel y Spinoza, desertor del Ejército argentino y prófugo de la Justicia. Se ganaba la vida dirigiendo partidos en la Patagonia, a balazo limpio, porque sabía poco de fútbol, pero era rápido con el revólver, como su padre. En sus memorias, el tío Casimiro cuenta que la idea del Mundial surgió de electrotécnicos nazis que llegaron a la Patagonia en 1942 para instalar la primera línea de teléfonos del Pacífico al Atlántico. Tenían la primera pelota del mundo a válvula automática. Y propusieron jugar el torneo que nadie quería hacer, porque el mundo estaba otra vez en guerra. Se trata de “un Mundial que la FIFA todavía se niega a reconocer”, según dicen, textual, crónicas publicadas la semana pasada por numerosos medios, tras la exhibición de un documental en el Festival de Cine de Venecia. Su título es El Mundial olvidado.

Los italianos, piamonteses y emilianos que construían la represa de Barda del Medio, rechazaron la propuesta de jugar el Mundial. Por un lado, los alemanes eran demasiado buenos. Por otro, si bien los italianos se jactaban de los títulos de 1934 y 1938, tampoco los querían reconocer de modo oficial. Para ellos, obreros antifascistas, esos Mundiales eran victorias de Mussolini. También vivían en la zona ingleses que alargaban el ferrocarril, curas y obreros polacos, intelectuales franceses, almaceneros españoles, guaraníes que podían representar a Paraguay, argentinos que avanzaban hacia Tierra del Fuego y mapuches. Una noche de juerga en un prostíbulo de Zapala bastó para quebrar la oposición italiana. El Mundial se convirtió en un hecho. Una compensación menor para una Argentina que, según registros oficiales, había pedido a la FIFA en 1939 la sede del Mundial de 1942. Hitler la había solicitado en 1936, feliz tras la experiencia de los Juegos Olímpicos de Berlín. La FIFA demoró la respuesta, hasta que estalló la Guerra y canceló el torneo, que recién se retomó en 1950 en Brasil. En 1942 el mundo seguía en guerra. En la Argentina gobernaba Ramón Castillo, La Máquina de River iniciaba su leyenda y en la Patagonia, según las memorias de Casimiro Soriano, se jugó un Mundial. Fue un torneo anárquico, con arcos de medidas aproximadas y sin redes, incidentes de arma blanca, piedrazos y el hijo de Buth Cassidy como árbitro.

La historia fascinó a Lorenzo Garzella y Filippo Macelloni. Los cineastas italianos, que hicieron documentales sobre Diego Maradona, Roberto Baggio y otros grandes cracks para La Gazzetta dello Sport, además de films de contenido social sobre inmigración o explotación de menores en Asia, profundizaron el relato. Su film, una investigación liderada por el periodista y sociólogo Sergio Levinsky, incluye entrevistas con João Havelange, Víctor Hugo Morales y Osvaldo Bayer, entre otros. “El mito está conectado con el misterio”, les dice Jorge Valdano. Hallaron el esqueleto de Guillermo Sandrini, abrazado a su cámara de 16 milímetros y con rollos de película. Sandrini, un fotógrafo de casamientos, había sido contratado por Vladimir Otz, un aristócrata de origen balcánico, iluminista y pacifista, cuyos dineros ayudaron a organizar el Mundial. Autores en 2010 del documental Rimet. La increíble historia de la Copa del Mundo, Garzella-Macelloni sabían muy bien que la verdadera Copa de la FIFA permaneció en los años 40 escondida debajo de la cama de Ottorino Barassi. El secretario de la Federación italiana y vice de la FIFA la ocultó para que no se la llevara el invasor nazi. El film cuenta que fue vista en la Patagonia. En sus memorias, el tío de Soriano dice que el partido más duro fue la semifinal que Alemania, con sus jugadores con cascos, ganó a Italia, que apeló al uso de alfileres y pimienta. Cassidy explicó antes del juego que no era bueno mezclar al fútbol con la política. Pero nazis alemanes y antifascistas italianos jugaron a matar o morir, y el árbitro debió recurrir al revólver. El Mundial olvidado devela a su vez que la final, arruinada por un aluvión, terminó en realidad con triunfo de los Mapuches sobre los alemanes. El gol decisivo estaba en el rollo de Sandrini.

“El Mundial nunca fue reconocido oficialmente por la FIFA”, dice, textual, un extenso cable que una de las agencias de noticias más importantes del mundo trasmitió la semana pasada, tras la presentación de Venecia. “Sacando a la luz esas imágenes, los autores de esta cinta pretenden que nunca más quede en el olvido ya no sólo la celebración de este torneo, sino tampoco el nombre de su vencedor, un combinado mapuche que consiguió recoger el trofeo instantes antes de que el agua arrasara con todo y ocultara su triunfo”, agrega el cable. Lo publicaron al día siguiente diarios de México, Perú, España y también de la Argentina. Algunos medios agregaron palabras y datos que dramatizaron la injusticia. Hubo lectores que reaccionaron por la web. “Buena historia para el mundo futbolístico, especialmente el sudamericano... ¿Perú participó en ese certamen?”, pregunta, por ejemplo, un aficionado de ese país. Perú no jugó. No lo hizo porque el Mundial de 1942 es un formidable delirio del Gordo Soriano en el cuento El hijo de Buth Cassidy. Garzella-Macelloni lo llevaron al cine a través de un falso documental (“mockumentary”). El resto corrió a cargo de algunos periodistas distraídos. Donde quiera que ande, el Gordo Soriano, que murió en 1997, está a pura carcajada.

“Queríamos que la leyenda, la memoria y la fantasía se confundieran, que cada uno trazara sus propios límites, que experimentaran con la percepción”, me cuenta Garzella desde Italia. Garzella, hincha de Inter, admira al Gordo Soriano, igual que los integrantes de la selección de escritores italianos, que forman desde 2001 el “Osvaldo Soriano Football Club”. El hijo de Buth Cassidy de Soriano siguió su itinerario dirigiendo en la altura de La Paz y en la Amazonia. Y murió acribillado en Texas, haciendo el camino inverso al de su padre. A Garzella le fascinó el falso Mundial de 1942. “Mantuvimos hasta el final el lenguaje riguroso del documental y la primera parte es más que creíble, pero luego todo se hace un poco surrealista. ¿Un árbitro que dispara, un arquero y un ejecutante que se juegan el amor de una mujer en un penal? Tan absurdo que, creíamos, no quedarían dudas. Pero encontramos mucha gente crédula, incluidos periodistas. Evidentemente -sigue Garzella- hoy la forma vale más que el contenido. Y esto es un dato interesante, y preocupante, para reflexionar.” Colegas de medios que publicaron como cierta la noticia siguen sorprendidos cuando les relato la historia. “Moderen las carcajadas”, pide uno, el primero que avisó del papelón. “Sí, leí diarios mexicanos que se tragaron la historia como real. Un amigo holandés me preguntó, y yo le dije que no sabía bien”, me dice Levinsky, actor improvisado, y que todavía se recuerda remando nervioso en un bote de goma en la Carhué inundada, porque se hacía de noche. El film, me confiesa Garzella, sufrió numerosas amenazas de cancelación por falta de fondos. La última escena, que fue girada gracias al último dinero personal que les quedaba en el cajero, casi termina en desgracia cuando el caballo enfureció y arrojó al piso al actor, que en realidad era un asistente de la dirección. Bien de Soriano. Todavía recuerdo el día en que Eduardo Galeano vino a casa buscando precisiones para su hermoso libro El fútbol a sol y sombra. Tuve que aclararle que no era cierto que José Sanfilippo había sido el máximo goleador en la historia del fútbol argentino, que sólo un fana de San Lorenzo podía engañarlo así. “¿Quién te dijo eso?”, le pregunté. Y me respondió riendo: “El hijo de puta del Gordo Soriano”.


viernes, 13 de junio de 2014

San Pessoa

 
¡Feliz cumpleaños, poeta!
 
Y gracias por todo lo que nos has dado.
 
Abraza también de nuestra parte a Álvaro, Alberto, Ricardo, Bernardo...

jueves, 12 de junio de 2014

Rotondas



Respuesta de un niño de unos seis o siete años al ser preguntado acerca de qué le gustaría hacer de mayor: “Arreglar rotondas”. 

Sorpresa, estupor, risas e incredulidad ante la infantil y espontánea salida. 

Y el caso es que no va tan desencaminado el chaval.

Que buena falta les hace un apaño.

miércoles, 11 de junio de 2014

Charles Simic en tranvía



Hace unos años, mi amigo José Ángel Cilleruelo, El Visir de Abisinia, en un rasgo de generosidad -él es así, generoso y cercano-, me nombró "Tranviario de servicio" de su también fantástico blog delostranvías.
Es un título que he incorporado a mi exiguo currículum y del que presumo con orgullo en cuanto se presenta la ocasión.
Hoy hago uso de él para colgar aquí este texto de Charles Simic con tranvía dentro que he encontrado en sus memorias, Una mosca en la sopa, publicadas por Vaso Roto en 2010.

"Había trabajado como conductor de tranvía de una línea que pasaba por delante de casa de mi abuelo. Cada vez que veía a algún miembro de la familia en la parada pasaba de largo y les amenazaba con el puño. Por suerte ese trabajo no le duró mucho. Una noche, cuando los tranvías habían dejado de circular, se le ocurrió sacar a su novia de paseo por las oscuras y tranquilas calles de Belgrado. Iban a toda velocidad, haciendo sonar la campana constantemente. Despertó a la ciudad entera. Le despidieron".




martes, 10 de junio de 2014

"Navegación sin rumbo" en Cáceres


Esta tarde en Los Siete Jardines, c/ Rincón de la Monja, Cáceres, a las 19:30h se presenta Navegación sin rumbo, del extraordinario poeta portugués Nuno Júdice -último ganador del Premio Reina Sofía de Poesía-, publicado por la Editora Regional de Extremadura.
La traducción ha corrido a cargo de Luis María Marina, mi diplomático favorito y poeta él mismo.
Ambos, autor y traductor, estarán presentes en el acto. Todo un lujo.

Para los amantes de la buena poesía, y también para los que no, dejo aquí, en su versión bilingüe, un adelanto del libro.



Estética de la monotonía

para Vasco Graça Moura

El paisaje es siempre igual: un río, un bosque,
unas rocas, y al fondo, muy al fondo, el humo
que sale de lo que podría ser una chimenea, sugiriendo
una casa, una población o, en la mejor de las hipótesis, una
ciudad. En cada cuadro, éste es el escenario, y
ya nadie lo ve, de tan repetido. Pero en primer
plano hay un cuerpo que va cambiando: un rostro de
frente, cabellos rubios, los labios tristes pero carnosos,
traduciendo con su silencio la insatisfecha sensualidad
de la magdalena penitente; o los cabellos negros que
caen hasta los senos, y casi los ocultan, y los
ojos salvajes de una salomé inquieta, que no sabe
qué pedir a cambio de su desnudez; o esa larga
eva de finas caderas como la serpiente que conversa
con ella sobre un asunto que es siempre el mismo, distrayéndonos
de la belleza de sus manos, con sus largos dedos
que sujetan la manzana aún sin morder. Pero todas ellas
muestran la expresión de quien se aburre de aquellas
soledades, de los árboles que comienzan a perder
su verdor, del agua del río cuyo azul hace mucho se ha secado,
del humo que se dispersa en el cielo, borrando la ilusión
de una casa, y el abrigo de su techo. Y me miran,
con la esperanza de que las saque de allí: la magdalena para
hablarme de los burdeles de jerusalén, y de las tardes en
que se jugaba el dinero ganado la víspera con las
negras nubias de la última noche; salomé, cansada
de bailar sin saber por qué, para sentarse
a mi lado y pedirme, con un murmullo, que
apague el cd donde se repite “la danza de los siete velos”;
y eva, harta de manzanas, para despojarse de
las hojas secas con que la han cubierto desde que
descubriese el pecado original.




Estética da monotonia

para o Vasco Graça Moura

A paisagem é sempre a mesma: um rio, uma floresta,
uns rochedos, e ao fundo, muito ao fundo, um fumo
que sai do que pode ser uma chaminé, sugerindo uma
casa, uma povoação ou, na melhor das hipóteses, uma
cidade. De quadro para quadro, é este o cenário, e
já ninguém o vê, de tanto se repetir. Mas em primeiro
plano há um corpo que vai mudando: um rosto de
frente, de cabelos louros, os lábios tristes mas cheios,
traduzindo com o seu silêncio a insatisfeita sensualidade
de madalena penitente; ou os cabelos negros que
escorrem para os seios, e quase os escondem, e os
olhos selvagens de uma salomé inquieta, sem saber
o que pedir em troca da sua nudez; ou essa longa
eva de ancas esguias como a serpente que conversa
com ela, e o assunto é sempre o mesmo, distraindo-nos
da beleza das suas mãos, com os dedos longos
que seguram a maçã por comer. Todas elas, porém,
mostram a expressão de quem se aborrece com aqueles
campos, com as árvores que começam a perder
o verde, com a água do rio cujo azul há muito secou,
com o fumo que se dispersa no céu, apagando a ilusão
de uma casa, com o abrigo do seu tecto. E olham-me,
na esperança de que as tire dali: madalena para me
falar dos bordéis de jerusalém, e das tardes em
que jogava o dinheiro ganho na véspera com as
negras núbias da última noite; salomé, cansada
de dançar sem saber para quê, para se sentar
ao meu lado e pedir-me, num murmúrio, para
desligar o cd onde se repete «a dança dos sete véus»;
e eva, enjoada de maçãs, tirando de cima de si
as folhas secas com que a cobriram, desde que
ela descobriu o pecado original.
 


viernes, 6 de junio de 2014

Tango en Lisboa




 
¡Allá que vamos!

Las dos primeras fotos de 2012.
Las dos últimas de 2013.

Haiku del perro



He encontrado esta maravilla en el facebook de un amigo y no me resisto a compartirla aquí con vosotros.

Desfallecido
como un sauce llorón
me mira el perro.


*Espero que sepas perdonarme por el robo, querido Emilio.
No he podido resistirme.