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sábado, 17 de diciembre de 2011

Pistola


Hay una pistola cargada encima de la cómoda.

Su frío tacto humilla la madera.

Alguien, es indudable, va a morir esta noche.

Estoy solo.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Sin futuro


Nuestro amor es sin futuro.

Ella es sorda y yo soy mudo.

Imposible decirle que la quiero.

jueves, 27 de octubre de 2011

Nunca nos atrevimos



Excepto fines de semana, festivos y vacaciones, nos veíamos todos los días, a la misma hora, en el mismo sitio.
Permanecíamos sin hablarnos nunca, a veces casi codo con codo, a veces a distancia.
Tiritando de frío o sudando la gota gorda cruzábamos fugaces miradas, leves roces con las yemas de los dedos, guiños minúsculos que sólo nosotros entendíamos y éramos capaces de descifrar, complicidades que procurábamos ocultar a la suspicacia y maledicencia de los demás.
Una extraña sensación a la que nos sentíamos incapaces de ponerle nombre.
Y así día tras día, mes tras mes, año tras año.
Tuve la certeza de que me había enamorado de ella cuando la cambiaron de ruta como conductora de mi autobús.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Cosiendo palabras (Sueños)


En el estupendo blog de Juan Yanes (Máquina de coser palabras), con tan sugerente mezcla de textos e imágenes, esos Sueños míos del título, ilustrados con una inquietante imagen de Willy Marthinussen, han encontrado un cálido y acogedor refugio.

Si queréis echarles un vistazo, pinchad aquí.

Gracias, Juan.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Ruptura


Por carta, me ha dejado por carta, como los antiguos, como si aún viajáramos en carruajes de postas, vistiéramos miriñaques o lleváramos camafeos de marfil prendidos en el pecho.
Así no, por favor, así no.
Ni siquiera ha tenido la valentía no digo ya de soltármelo a la cara, porque se la hubiera partido, pero al menos de llamarme por teléfono.
Cobarde, cobarde y mil veces cobarde.
Que ya no me quiere, que todo ha sido un error, que somos tan distintos, que lo nuestro no tiene futuro…
Mentira, todo mentira; nada más que lugares comunes para no confesarse a sí mismo que me sigue deseando a su pesar, que lo nuestro le perseguirá toda la vida, que siempre me querrá aunque ahora lo niegue.

He roto la carta en mil pedazos, tantos como su cobardía, y he tenido que sentarme a la mesa de la cocina para que no me diera un mareo.
Y porque sentada lloro mejor.

sábado, 2 de julio de 2011

Peligros del ayuno


Después de tres semanas de casi completo ayuno, con la tez más cadavérica que de costumbre de resultas del hambre, el conde Drácula andaba desesperado.

Habitualmente más tiernos y apetecibles los cuellos de fémina que los masculinos, y aunque prefería los de las primeras, ya no podía permitirse el lujo de andarse con remilgos aristocráticos: el primer gaznate que se pusiera a tiro esa noche sería su alimento.
De un tiempo a esta parte, sus festivos revoloteos nocturnos por la comarca en busca de sustento se habían revelado totalmente infructuosos: el toque de queda impuesto por las autoridades para combatir la oleada de crímenes recientes -en gran parte por culpa suya-, con la gente temerosa y encerrada a cal y canto en sus casas a partir de las cinco de la tarde, antes de la anochecida, le estaba pasando una dolorosa factura al negarle su ración cotidiana del rojo y nutritivo néctar.
Tras otra noche en blanco al acecho de sus cada vez más escasas víctimas, resignado ya a volver al ataúd en su castillo un poco más débil y macilento, unas fuertes pisadas que se escuchaban retumbando en el silencio y la quietud de la noche acercándose de prisa por el callejón en sombra, le hicieron concebir esperanzas de lograr al fin su ansiada pitanza.
Con la capa embozándole el rostro y todos los músculos en tensión por la emoción de la caza, con el estómago gruñéndole su urgencia y casi salivando de gusto por anticipado, el conde se emboscó en un zaguán y cuando el dueño de las pisadas llegó a su altura se lanzó de lleno y por sorpresa a la yugular de su desprevenida víctima.
En el silencio espeso de la noche se oyó un fuerte crujido y, al punto, un lamento desgarrador salió de la noble garganta atravesando de parte a parte la madrugada transilvana: se había partido un colmillo al morder con todas sus fuerzas en una de las tuercas del cuello de Frankestein.
Para aguantar una jornada más no le quedó otra que chupar de su propia sangre.
Aquel aciago suceso fue el inicio de su decadencia sin remedio.

sábado, 18 de junio de 2011

Hablando en sueños


Era una mujer estupenda. Pero, como todas las mujeres, difícil de entender. La verdad es que los hombres no estamos hechos para eso. Para entenderlas, digo.
Amable, simpática, cariñosa, sacrificada… Con deciros que fue ella quien se me declaró. Vamos, una joya, una de esas mujeres de las que se puede decir, literalmente y sin faltar a la verdad, que nunca han roto un plato.
¿Por qué le daría entonces por romperme la sopera en la cabeza mientras estábamos en la mesa?
Todavía, mientras me cosen los puntos en el cuero cabelludo (han tenido que rapar gran parte de mi hermosa mata de pelo) y me aplican pomada para las quemaduras, me pregunto por qué lo hizo.
A menos, claro, que se haya enterado de…
Pero no, eso es imposible.
Si yo no se lo he contado a nadie.

miércoles, 27 de abril de 2011

Bebedor


En mis largas, frecuentes y, a menudo, también agotadoras jornadas anclado a los mostradores de los más diversos tugurios fatigando el brazo copa tras copa, he podido observar y catalogar diferentes tipos de bebedores de los que os pongo algunos ejemplos: el bebedor de ponche suele ser persona simpática y conversadora; el de ginebra es, por lo común, desabrido y faltón; el de whisky, presuntuoso y puñetero…

En algún momento de mi carrera como dipsómano yo fui, a buen seguro, la suma de todos ellos, pues nunca le hice ascos a ningún destilado.

Pero como ya no bebo, ahora mismo no tengo ni la más remota idea de cómo soy en realidad.

En todo caso, y por si las moscas, dejadme daros un consejo: no me provoquéis.

Nunca he tenido buena bebida.
Imagen: Los agachados - Manuel Alvárez Bravo

sábado, 22 de enero de 2011

Sábado, sabadete



Secretos*

Mi mujer es ninfómana. Y una mentirosa de campeonato. Y una actriz de primera.

Años haciéndose la mojigata y, a pesar de mi insistencia de kamikaze, a lo más que llegué fue a tocarle las tetas por encima del sujetador y el culete por encima de las bragas. Si el pudor tuviese nombre, sería el suyo. O eso creía yo.

“Te llevas una joya, ladrón”, me susurró mi inminente suegro al pie de altar con un tonillo sospechoso.

Ya, ya, menuda joya. De ochenta quilates.

¡Qué cabrón, mi suegro! Seguro que lo sabía.

La noche de bodas, Virginia me descubrió su verdadera naturaleza. La esperé en la cama con la bayoneta calada como un campeón, pensando "ahora sí te vas a enterar, cariño". Pero aquella fiera me dejó hecho unos zorros. Tuve que suplicarle que parara.

Dos años llevamos así, dale y dale y dale que te pego sin faltar ni un día, a cualquier hora, en cualquier sitio, en las posturas más inverosímiles…

Pero la verdad es que no puedo culparla; ella tenía su secreto y yo también tengo el mío: soy un necrófilo.

Y esta noche voy a hacer realidad mis sueños.
Con ella.

Y me importa un rábano, es más, me la trae floja si esto es una parafilia o una perversión, o algo contra natura, o vaya usted a saber qué.

Pero de hoy no pasa; ahora me toca a mí.

*El presente relato está incluido en el libro Perversiones (Breve Catálogo de Parafilias Ilustradas), editado por la editorial Traspiés en su colección Vagamundos de libros ilustrados.
La ilustración original es de Martín Pardo, a quien no puedo sino darle las gracias por su magnífica ilustración.

domingo, 2 de enero de 2011

Casa de Salud

 
Te quiero locamente.

Con locura, te quiero.

Me tienes loco, loco, loco de remate.

Perdóname, no sé decírtelo de otra manera.

Pero es que estando en el manicomio ya me dirás cómo si no.

lunes, 11 de octubre de 2010

Paraguas


Como un preso preventivo, sin ser culpable de nada mientras no se demuestre lo contrario, llevo meses atado de pies y manos y encerrado en esta jaula de madera junto a un bastón pretencioso.

Que digo yo que porque sea de caoba y tenga una cabeza de león de marfil, no es como para mirar a nadie por encima del hombro.

Poco a poco, sin que nadie lo notara (nadie me hace caso mientras no llueva) he ido aflojando este grillete de tela que me oprime.

Ya falta menos.

Estoy a punto de lograrlo.

En cuanto lo consiga y me abra de golpe, ya verás tú adónde va a ir a parar este puto bastón.

jueves, 26 de agosto de 2010

Los hermanos, una historia bíblica

 
Los hermanos

He cometido el gran error de mi vida al ceder mis derechos de primogenitura a este hermano que detesto por un mísero y repelente plato de legumbres.

Yo, que abomino de las lentejas.

Pero eso es lo que tiene dejarse llevar por el acaloramiento, la envidia y el orgullo.

Bueno, y el hambre.

lunes, 9 de agosto de 2010

Consulta



-Otra vez esas horribles pesadillas, doctor. Cada mañana me cruzo con mi vecino del quinto, y sólo veo sus horribles cicatrices, sus zapatones de muerto, sus movimientos pastosos, el letrero en el buzón con ese nombre tan extraño.
Y en la escalera, cuando marcho al trabajo justo antes del alba, todos los días tropiezo con un tipo que nadie conoce en el bloque, pálido como un cirio, con una capa negra sobre los hombros y unas gotitas púrpura en las comisuras que pasa veloz y angustiado camino del sótano sin ni siquiera saludar.

-Deje de leer esos libros, hombre de dios, deje de leer esos libros antes de dormirse; que ya no sé cómo decírselo.



miércoles, 28 de julio de 2010

Cuaderno

 
Cuaderno
Como cada noche desde hace años, ya está aquí de nuevo mi torturador. Aunque a primera vista, y dado su aspecto inocente, nadie lo diría, os puedo asegurar que es un sádico redomado.
Ahora está desenroscando lentamente su instrumento preferido -él lo llama pluma pero es más bien un bisturí inmisericorde-, el que me hace temblar nada más verlo. No es el único, por supuesto, pero es con este con el que con más frecuencia y rigor ejercita sobre mí con lacerante impericia, con hiriente tesón lo que él denomina, sin empacho ni remordimiento de conciencia algunos, “mi secreta vocación”.
¡He visto a tantos de mis hermanos sufrir espantosamente bajo su crueldad y torpeza!
Cuando acabe conmigo, lo sé, estaré lleno de sangre negra, de palabras muertas.

lunes, 19 de julio de 2010

De las cosas del tabaco

 
¡Lo conseguí!

Dejé de fumar para siempre cuando me agaché un momento a buscar un cigarrillo en el coche. Después de haberlo intentado de mil formas diferentes (con chicles, con parches, con las dichosas agujitas de los chinos, a palo seco…), nunca pude sospechar que sucedería de esta manera.
Pero lo que más rabia me da es que nadie pueda felicitarme por haberlo logrado tan rápidamente, tan en seco, tan de golpe y porrazo.




Me acuerdo de mi primer cigarrillo; era de una marca que ya no existe. Yo tenía ocho años y aquella noche me hice pis en la cama.

viernes, 14 de mayo de 2010

2 microrrelatos domésticos


Escoba 
Desde que tuve aquel percance, todo el mundo parece haberse puesto de acuerdo en que ya no soy el mismo. No les negaré la razón. Lo cierto es que a partir de ese momento adopto precauciones que rayan con la paranoia, cuando no me niego en redondo a realizar semejante tarea.
Pero es que cuando me puse a barrer por debajo de la cama y saqué la escoba, y solamente salió el palo de madera con marcas como de mordiscos, me dio un ataque de histeria. Por supuesto, el conjunto de cerdas de plástico azules y grises nunca apareció. Desde entonces, esta es la situación.
Y cuando mi mujer me dedica su mejor mueca de desprecio tildándome de cobarde sin decir palabra mientras me arranca la escoba de las manos y enfila el camino de nuestro dormitorio, albergo la secreta esperanza de que no regrese de la habitación y así sepa lo que es bueno.

 
Toallas 
-Un cierto olor a moho ha empezado a adueñarse de mi superficie. Hace días que voy de mano en mano sin consideración alguna y, entre sudores de unos y humedades de otras, mi elegante aroma a lavanda ha desaparecido por completo. Yo, que hasta hace nada era tersa y suave como una caricia, he llegado a un estado deplorable de lasitud y abandono. Tengo la horrible sensación de que en esta casa todo el mundo me falta al respeto, de ser usada como si mi vida les importase un pimiento. Incluso vosotras, que os decís mis amigas y con las que estoy todo el día de palique, me rehuís sin disimulo, con un mohín de asco.
Ayer, sin ir más lejos y ante mi ya lamentable aspecto, fui usada para lo más bajo que se puede caer dentro de nuestro gremio: para secarse los pies.

-La verdad, no sé de qué te quejas tanto -le dijo con su vocecita infantil su colega del bidé-; si yo te contara….

lunes, 12 de abril de 2010

Suicidios

Imagen: Arthur Fellig (Weegee)


El suicidio es una rendición. Pero honrosa, no nos equivoquemos.

Cuando alguien se suicida, es su muerte lo que muere.

Tuvo siempre tan mala suerte que lo mataron el día que se iba a suicidar.

El suicida es el único de nosotros que dispone a su antojo del tiempo. Envidia me da algunas veces.

Si no estuviera seguro de que soy yo el que está cayendo por propia voluntad, pensaría que me he vuelto loco, que el suelo viene a mi encuentro con una rapidez asombrosa.


Ver:
"Los suicidas", de los geniales Les Luthiers.

jueves, 8 de abril de 2010

2 micros con moscas dentro




Extinción

El día en que las moscas del vinagre supieron (tras sufrir una extraña mutación que las dotó de conciencia) que compartían gran parte de su código genético con el ser humano, empezaron a matarse unas a otras.



De lo que piensan las cosas

“Estoy harta de tanta muerte inútil, esta es una guerra perdida de antemano”, se dijo la paleta matamoscas antes de arrojarse al fuego desde el borde de la repisa.

martes, 23 de febrero de 2010

Confidencia


“A mi padre lo mataron, ya ves tú, por un quítame allá esas pajas. Con lo que él era. Era muy pendenciero mi padre. Siempre enredado en broncas y peleas por su soberbia y mal pronto.
Que si tú qué miras; que si lo que me sale de ahí; que si mira que te doy; que si qué vas a dar tú, mierdecilla…
Ya sabes cómo empiezan estas cosas: machadas de gallitos que no soportan que otro escarbe en su corral.
Pues mira tú por dónde, aquella noche resultó que el otro gallito tenía los espolones más recios. Y quien dice espolones, dice una albaceteña de muelles como para quitar el hipo.
Tres navajazos, tres, le metió en el hígado, el cuello y el pulmón izquierdo.
El gallo que era mi padre dejó de cacarear de golpe, se le aflojó la cresta, y se quedó, en un pispás como suele decirse, pajarito, más tieso que la mojama, fiambre total.
Más tranquilos que nos quedamos en casa… Hasta los huevos estábamos de él.
Porque la verdad es que mi padre era un cabrón con pintas que bien se lo merecía.

Venga, hombre, tómate otra, no pongas esa cara.
Son cosas que pasan”.

domingo, 14 de febrero de 2010

Fregadero

(Imagen: Andy Warhol) 

Fregadero 

Cuando el teléfono sonó justo en mitad de la siesta supe que algo terrible estaba pasando. Era Juan. Su voz entrecortada no auguraba nada bueno, no lograba entender lo que me decía, tan solo percibía la angustia que me transmitía a través del auricular, de modo que me lancé corriendo a la calle, atrevesé la avenida y subí las escaleras de su casa con zancadas imposibles. Juan yacía en el suelo, aún aferrado al teléfono, y varios tajos con forma de sonrisa adornaban su garganta y su pecho desnudo.

No había nadie más. Sólo un rumor apagado y metálico venía de la cocina.

Era el grifo del fregadero, enjuagando con su chorro tibio y lento el primer cuchillo ensangrentado.

Los demás, el juego completo, esperaban turno junto a la pila, serenamente divertidos, como contándose en voz baja un jocoso secreto entre risitas.