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sábado, 14 de diciembre de 2019

Pájaro, rama


Hay una rama seca y desnuda contra el frío, un pájaro aterido y rebelde frente al fragor incesante del viento.
Rama y aire, viento y frío, soledad del aire.
Cuando el pájaro se posa en la rama: eso es una greguería.

lunes, 14 de enero de 2019

Púlpito / Pulpito


Le quitas la tilde al púlpito y, ¿qué te queda?: un molusco cefalópodo octopodiforme de poca edad.

viernes, 21 de diciembre de 2018

2 joticas de barberos


"Robadas" a mi querido José Luis Melero


El barbero de mi pueblo
cuenta historias de terror:
pone los pelos de punta
y así los corta mejor.

* * * * *

El barbero de mi pueblo 
ha puesto en su barbería:
"Se afeita y se corta el pelo
tan bien que paice mentira".




domingo, 18 de noviembre de 2018

"Fili mei"


Con prólogo y edición de José Luis Trullo, ya está en casa este magnífico "Fili mei", bellamente editado por Libros al Albur.
Editor y resto de autores me han hecho un hueco para disfrutar de su compañía mientras reflexionamos, cada uno a su modo y manera, de esa experiencia vital que es la paternidad.
Para abrir boca:



"Su hijo es quien más se le parece, pero no sabe nada de él. Su hijo es quien más se le parece, pero no sabría reconocerlo".
Jordi Doce Chambrelan
*
"Tan solo me consuela un pensamiento,
el tiempo de que de mí se escapa
rumoroso fluye hacia ti".
León Molina
*
"Los hijos que no se ocupan de enterrar a sus padres comienzan pronto a desnacer".
Mario Pérez Antolín
*
"Título. El título de padre es uno de los pocos que se otorgan antes de haber demostrado nada".
Luis Acebes
*
"Ayer, cuando me abrazaba, fui el plano exacto de la idealización. la isla del tesoro de sus cuentos".
José Luis Morante
*
"Padre, tú que no has dado la sangre y el pecho a tu hijo, dale tu aliento y tus principios"..
Jesús Cotta
*
"No traicionaré la patria en que has convertido a tu madre; única que reconozco y en la que enajeno, voluntariamente, mi identidad".
Juan Manuel Uría Iriarte
*
"Ser padre es contemplar cómo crece otra memoria".
Jesús Montiel
*
"Uno empieza a envejecer sólo cuando sus hijos pierden su niñez".
Emilio López Medina
*
"No sobrevivir a mis hijas: ese es mi plan".
Elías Moro

jueves, 1 de noviembre de 2018

"Yo que bellotas comí..."


"Yo que bellotas comí,
y pan y galletas vos, 
gusanos ambos a dos
nos han de comer aquí".

"¡Oh, Muerte llena de daños,
que a los más seguros matas 
y a quien te llama dilatas 
con mill trabajos estraños!;
son tus lazos tan tacaños
que a los alegres enlazas
y a los tristes amenazas
y dexas bivir mill años!".

(Diego Sánchez de Badajoz  1479-1549)

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Bragas- (oído por ahí)


"Eres más basta que unas bragas de esparto".

domingo, 6 de mayo de 2018

Nómada en Béjar y Plasencia


Ayer estuve nomadeando un poco por las tierras altas extremeñas y las bajas salmantinas: con la fresca de la mañana me puse en marcha desde Mérida camino de Béjar para encontrarme después de más de un año con mi querido Luis Felipe Comendador, alias "Pipe", alias "Abuelo Canillas Blancas". 
Fui a llevarle unas cajas de libros fruto del expurgo que vengo haciendo en mi biblioteca desde hace tiempo y contribuir de esta manera con mi granito de arena (también me traje algunas cosillas de su mercadillo -un Max Aub, un Baroja, un jugador de futbolín de plomo, un pequeño hipopótamo de ébano, cojo de la siniestra, para mi bestiario particular, unos curiosos posavasos de cuero y cobre chilenos para regalárselos a mi hermano, una antigua esquila de oveja con un hermoso sonido...) al proyecto solidario (SBQ El Humanismo Pequeñito) en, y con, el que lleva batallando desde hace un montón de años casi sin tregua.

Alrededor de la hora del vermú, ya me encontraba en la Feria del Libro de Plasencia para presentar mi "De nómadas y guerreros" bellamente editado (aunque a Gonzalo no le guste el interlineado entre versos, jejeje) por Mario Quintana en LeTour1987.

Ofició de maestra de ceremonias con tino, suavidad y cariño, Judith Rico (me gustó mucho esa referencia a mi nacencia vallecana), a quien con estas líneas le doy las gracias por sus amables palabras. Y por allí mariposeaba también con su inquietud habitual Nagore, hija de Judith y mi "pequeño amor" placentino.

En la presentación, hice una especie de lectura comparada y compartida entre mi libro y esos otros dos de la imagen final ("Estampas de ultramar", de Aníbal Núñez y la "Antología de Poesía Primitiva", compilada por Ernesto Cardenal) y de los que le considero deudor en gran parte.

Entre el público, muy queridos amigos (Álvaro Valverde y Yolanda, Gonzalo Hidalgo Bayal, Álex Chico, Nicanor Gil y Julia, Juan Ramón Santos y Fátima, Jorge Ávila, Puri y Manuel -padres del gran Víctor Peña Dacosta-...) y un buen puñado de espectadores anónimos y atentos.

Rematamos como mejor supimos (procuré no alargar la cosa para no cansar al respetable), firmé algún que otro ejemplar y luego nos fuimos de bares y tapas, ea. 
Entre unos y otros, la cosa se alargó hasta casi la madrugada, no os digo más.

Muchas gracias a todos por regalarme tan hermosa jornada en vuestra compañía.


martes, 24 de abril de 2018

Greguerías en "La Rinconada"


Este pasado domingo celebré de manera medio imprevista y sorpresiva un fantástico Día del Libro por anticipado. Rodeado de la estupenda gente que veis en la fotografía (miembros todos del Club de Lectura de la Biblioteca "Torrente Ballester" de Salamanca), y en el lugar que dicen "La Rinconada", nos metimos entre pecho y espalda una barbacoa de mar y monte: verduritas variadas, chocos, pollo a la portuguesa -con cilantro- y costillas a la brasa, regadas todas las viandas con cerveza y el rico vino de la tierra extremeña.
Luego, en la sobremesa, improvisamos una especie de "taller literario" con la lectura de algunas de mis "morerías" y la escritura por parte de los oyentes de las suyas propias: la autora de la greguería ganadora -Mari Luz- se llevó como premio el libro "liliputiense" firmado por todos los asistentes.
La sobremesa, con la tarde dulce pasando lentamente, se alargó casi hasta las nueve de la noche entre risas, cante de coplas y romances, historias varias de unos y otros y viejas palabras en desuso.

Reproduzco a continuación el total de greguerías que surgieron "al amor de la lumbre", con la ganadora en primer lugar.

El juego que más le gusta a mis llaves es el del escondite.

Los zánganos son los gigolós de la naturaleza.

Los libros son las ventanas a las que nos asomamos para evadirnos de nuestro destino.

La corchea le dijo a la negra “nos vemos en el tresillo de tu casa”.

Las alubias con liebre es una comida muy ligera.

Por falta de ingenio, aflojas la mosca.

¡Cóncavo¡ ¡Convexo!, discutían uno enfrente del otro.

Tus ojos son las gafas de cerca con las que me miro. Mis gafas son los ojos de lejos con los que me miras tú.

El cielo es el lienzo de los poetas nocturnos.

No todas las preposiciones son deshonestas.

La falta de ideas se plasma en el papel en blanco.

La música es literatura que no necesita de traducción.

¡Mil gracias a todos -con mención especial a mi queridísima Isabel Sánchez, perfecta anfitriona en tan bello lugar- por el regalo de este maravilloso día, una de esas jornadas para atesorar en la memoria.


miércoles, 11 de abril de 2018

Un casco lleno de piojos (Simic)



"El mundo estaba envuelto en llamas y yo me dedicaba a sacarle ruidos chirriantes a mi violín. El niño Nerón. Una vez, de camino al mercado, pasé junto a una cuneta llena de gente a la que le habían cortado el cuello. Después cogí piojos por ponerme un casco alemán.
Esta es una historia que se contaba siempre entre los miembros de mi familia. Recuerdo aquellos inviernos posteriores a la guerra en los que pasábamos hambre y frío. Nos acurrucábamos todos en torno a una estufa de carbón y charlábamos preocupados sobre nuestra situación hasta altas horas de la noche. Tarde o temprano, inevitablemente, alguien sacaba a colación mi casco alemán infestado de piojos para relajar el ambiente con un toque de humor. A los mayores se les llenaban los ojos de lágrimas de tanto reír. Un muchacho lo bastante tonto para andar por ahí con un casco alemán lleno de piojos. ¡Está plagado de ellos! ¡Hasta un ciego los habría visto!
Yo les escuchaba sin decir nada, fingía que me hacía tanta gracia como a ellos, afirmaba con la cabeza mientras para mis adentros me decía que no eran más que un puñado de imbéciles. Ellos, por supuesto, no tenían ni idea de cómo me había hecho con el casco y no iba a ser yo quien se lo contase.
Fue al día siguiente a la liberación de Belgrado. Estaba en el recinto ferial junto a la iglesia de San Marcos con unos muchachos mayores que yo, sin mucho que hacer, husmeando por ahí. Entonces, de pronto, los vi: dos soldados alemanes, obviamente muertos, tendidos en el suelo. Nos acercamos para verlos mejor. No tenían armas. Les faltaban las botas, pero había un casco que había caído al suelo. No recuerdo qué hicieron los otros, pero yo fui directo a por el casco. Me acerqué de puntillas procurando que los soldados muertos no despertaran, mientras mantenía la mirada apartada. No llegué a verles la cara, aunque a veces tengo la sensación de que sí se la vi. De todo lo demás que sucedió en aquel momento guardo un recuerdo intensamente claro".

De La vida de las imágenes (Charles Simic), Vaso Roto, 2018



viernes, 5 de enero de 2018

Insultos


En mi vida de lector, pocas veces, por no decir ninguna, me he tropezado con una sarta de insultos tan rica, tan extensa, tan con mala leche como esta del peruano Alberto Hidalgo dedicada al dos veces presidente del Perú Luis Miguel Sánchez-Cerro e incluida en este raro volumen, una edición privada que se editó en Buenos Aires en 1937.
No parece, no, que el de Arequipa tuviera en mucha estima al militar limeño.

Ahí va esa retahíla.

Esto es mucho. Basta ya de él. Hay que darle de una vez, como a los toros, el golpe de puntilla. En cuanto lo nombro, siento bajarme hasta la pluma, desde todos los extremos del alma, un tropel de adjetivos para califi­carlo mental, física y moralmente. Recitador de los dis­cursos que otros escriben, Sánchez-Cerro es el esfínter por donde se evacúa la estupidez de los secretarios. Por eso es chato, anodino, difuso, cursi, adocenado, digresi­vo, soporífero, ecoico, diluente, huero, ripioso, enriscado, banal, estólido, estulto, filatero, gárrulo, fruselero, gedeónico, blando, ezquerdeado, gelatinoso, vacío, hila­rante, burdo, bellaco, ignorante, charlatán, majadero, chirle, dengoso, zafio, diárrico, inane, cándido, latero, inconcino, minúsculo, nulo, insípido, farragoso, nescien­te, orillero, remedón, trefe, volatero, insignificante y ramplón. Es roñoso, pestilente, grosero, pusilánime, cochino, adefésico, eclámptico; fétido, escolimoso, hirsuto, fotófobo, zullón, lechuguino, currutaco, sotreta y huevón. Es arribista, pícaro, rapaz, trepador, venal, avieso, pi­llo, tunante, gregario; fanfarrón, embustero, tenebroso, hipócrita, taimado, escatológico, marrajo, cenagoso, men­daz, cínico, cocador, nocivo, atrabiliario, coccígeo, estú­pido, zorronglón, intruso, inmoral, deyectado, nepótico, zolocho, ambidextro, equívoco, zopenco, dingolondango­so, ruin, falaz, trapacero, fraudulento, lacroso, lúteo, intérlope, pravo, fecal, mazorral, lordósico, infando, im­púdico, histrión, siniestro, simulador, rastrero, pérfi­do, vitando, esquizofrénico, perillán, abyecto, mezquino, torpe, miserable, necio, ridículo, truhán, bribón, vene­noso, turbio, adulón, artero, apostático, servil, alevoso, epiléptico, perverso, funesto, protervo, cobarde y cana­lla. Todavía le hacen falta unos sustantivos: es un ba­cín, un microbio, un rufián, una bazofia, una calamidad, un cacaseno, un estropajo, un bufón, un cachivache, un sirle, un turiferario, un camaleón, una úlcera, una cloa­ca, un carnaval, un juglar, un Rigoletto, un insulto, un agravio, un cabrón, un comodín, un fariseo, una cu­caracha, un estantino, un gargajo, un piojo, un homini­caco, un monigote, un payaso, una posma, un vituperio, un ultraje, un galafate, un parásito, un sayón, un esbi­rro, un sátrapa, un fronterizo, un retardado, un esqui­zoide, un traidor, un degenerado, un baldón, un lacayo, un impostor y un perro.
Sé que lo he muerto. Sé que este artículo es su tum­ba. Ahora, encima de esos adjetivos y sustantivos que lo retratan de cuerpo entero, para que le sirva de lápida pongo una capa de mierda. Y luego, a fin de que el pa­sante advierta su presencia y se descubra, si quiere, planto una cruz sobre su fosa.


miércoles, 19 de julio de 2017

Desván


A veces tenemos recuerdos que no sabemos. De golpe nos asaltan imágenes y sensaciones que estaban ahí como en suspenso, arrumbadas en algún archivador polvoriento en el desván de la memoria pero pendientes de su oportunidad para salir de nuevo a escena; son como esos peces del fango que se tiran años y años sepultados en el barro reseco esperando una lluvia benefactora que los libere de su sarcófago de olvido y tierra resquebrajada; como esa actriz en declive que un joven director rescata de su retiro y pone de nuevo en escena para alegría de sus fans; como esas plantas prehistóricas que florecen una vez cada decenios tan solo para morir un día después y comenzar un nuevo ciclo vital desde el germen que han dejado. O tal vez son más semejantes a minúsculas carcomas que, armadas de paciencia y tercas en su voracidad, un día cualquiera empiezan a horadar laberintos y túneles en la viga de madera (la memoria) minando la materia que es su morada y alimento hasta derrumbarla entre nubes de serrín y morir con ella.
Un olor, una mirada, el vuelo de una falda, una canción… son motivos suficientes para que ese pez del fango, esa planta antigua renazcan y florezcan de nuevo.

Foto de Emmanuel Sougez

jueves, 13 de julio de 2017

Saberse derrotado


Saberse derrotado, sí. 
Pero hay que reconocer que nadie como el ejército italiano (Brigada Littorio) para retirarse con elegancia de los campos de batalla de Guadalajara durante la Guerra Civil Española.

Como muestra, dos botones:

Huimos a la desbandada con valor increíble.

Nos retiraremos valerosamente seguidos de cerca por el enemigo, pero no permitiremos que nos alcance.

A ver quién lo mejora.

Citas leídas en La felicidad de la tierra, diario de Manu Leguineche publicado por Alfaguara en 1999.

viernes, 2 de junio de 2017

Libros, libros, queridos libros


Hace un rato, mi cartero (un tipo alto, simpático, competente... no todo está perdido en Correos) me ha entregado en mano tres paquetes con los libros de las imágenes.

A los de Cristian Bobin les tenía muchas ganas: es un autor que he descubierto recientemente a través de Facebook gracias a los textos suyos (auténticas perlas literarias) que ha ido colgando en ella Francisco Rodríguez, algunas de ellas recogidas en estas dos espléndidas muestras de Ediciones El Gallo de Oro.

Los restantes (los dos volúmenes de "Baluerna" y ese "Cuando el mundo se convirtió en mundo") comparten la curiosa circunstancia de haber sido editados por la Estación de Autobuses de Cáceres los primeros, y el Ayto. de Málaga el de Jordi Doce (ilustrado con unas viñetas del gran Rafael Pérez Estrada) para ser repartidos de manera gratuita a los usuarios del transporte público de esa ciudad.
Poesía sobre ruedas, como si dijéramos.
Voy a disfrutar con todos ellos como un bendito.

¿Y cómo demostrar mi agradecimiento a mis queridos Juan Manuel Uría, Jordi Doce y Antonio Carmelo P. Mendo por su generosidad conmigo?
Algo se me ocurrirá, seguro.

Mil gracias, amigos.



viernes, 26 de mayo de 2017

Paralelismos librescos




Hace un par de años, en primavera, y en el plazo de dos semanas, publiqué dos libros: Algo que perder (La Isla de Siltolá) y Hay un rastro (delalunalibros).

Dos años después se repite la misma historia: también en primavera, también en el plazo de dos semanas, vuelvo a publicar otros dos libros: Microrrelatos domésticos (Takara Editorial) y Álbum de sombras (Eolas Ediciones).
Cada uno de ellos, por cierto, en un registro diferente: aforismos, poemas, microrrelatos y, digámoslo así, textos biográficos adobados con un poco de imaginación.

Que esta casualidad se haya dado de esta manera no implica, ni mucho menos, que dentro de otros dos años vaya a suceder lo mismo. 
Aunque nunca se sabe.




martes, 16 de mayo de 2017

Clausura


He pedido mi ingreso en esta orden en calidad de novicio y dispuesto para hacer todo lo que se tercie y tengan a bien ordenarme las sores:  jardinero, pinche de cocina, hermano portero, chico de los recados... Incluso de palafrenero, les he puesto en la instancia para que vean mi buena disposición.
No sé, que me gustan el hábito y los hábitos.
Que lo iban a estudiar, me dijeron. Que muchas gracias, mozo, me dijeron. Que ya le llamaremos, me dijeron.
Y las hermanas (¡las muy descocadas!), se están jugando mi petición a las cartas.
Sin prisas y cada vez más fresquitas, como bien se ve.
¡Me carcome la espera!

jueves, 27 de abril de 2017

Cosas que se escuchan en la radio

Hace un rato he escuchado estas dos "tuiterías" en la sección Todo por la radio del programa La ventana de la SER.
Y me he estado riendo un buen rato.

Por cierto, que me identifico bastante del todo con la segunda. 

-Manolo, ya no hablamos como antes...
¡¿En castellano antiguo?!


* * * * *

Yo no soy "runner" porque se me derramaría la cerveza.


viernes, 21 de abril de 2017

Auge y decadencia de la tortilla


O como decía mi padre: ¡”Cuánta puta payasá”!

1960. Bar Paco. Tortilla y judías con chorizo.

1970. Café Bar Paco. Tortillas y fabada asturiana.

1980 Mesón Paco. Ración de tortilla y ración de fabada para compartir.

1990. El Rincón de Paco. Tortillitas guisadas en su salsa campera y judías al sabor de la abuela de Segundo.

2000. Paco´s Delicatessen. Tortilla cuajada con cebolla roja del Penedés y alubias en salsa chantillí.

2010. Gastrobar Francis. Degustación de tortilla con huevos ecológicos de corral de primavera adornados con alubias minué.

2017. Can Françes. Deconstrucción de tortilla con esferificaciones de alubia macha sobre su cama de musgo.

Enviado por mi queridísimo Tomás Sánchez Santiago.




miércoles, 22 de marzo de 2017

Compuesto y sin novia



Hoy he tenido el barrunto, y la ilusión, de que me había sido dada la fortuna de escribir un nuevo poema. ¡Por fin!, me he dicho, con un entusiasmo casi olvidado. Y me he puesto a ello con afán y mi mejor disposición de ánimo. Pero cuando más engolosinado estaba pensando encabalgamientos, heptasilabando versillos con los dedos, amigando estrofas entre sí, ha llegado una musa, inclemente, cruel, y me ha quitado el caramelo de la boca para dárselo a otro.  Ni un verso me ha dejado, la muy puñetera.
Y me he quedado con una cara de panoli que para qué.
Vamos, eso que siempre se ha dicho de “compuesto y sin novia”.

Imagen: "El poeta pobre", Carl Spitzweg

miércoles, 15 de marzo de 2017

Acerca de los poetas (Gil-Albert dixit)



“En primer lugar: tengamos en cuenta que yo soy un intuitivo. Y que lo que voy a decir es de mi cosecha propia. No es, por tanto, que yo sepa sobre lo que os digo todo lo que se sabe y que se escribió. No soy un sabio ni un profesor, mucho menos un erudito; soy un poeta. Existen, claro, profesores poetas, y hasta poetas profesores. Son respetables. Un poeta nunca es respetable, es vital. Su don no ha conseguido ser atrapado en la red de las conveniencias. Ya Platón, que era un gran poeta metido a redentor, expulsó a los poetas de la República porque sabía bien que eran los únicos ciudadanos que, como excepciones que son, podían desarticularle sus inflexibles esquemas. Excepciones a toda regla, ya que ellos llevan en sí, constitutivamente, una regla propia, esotérica y fatal; seres sin utilidad ni provecho, dentro del fariseísmo que caracteriza las sociedades humanas, van pregonando, desde su intimidad, los proyectos eternos: la libertad y la belleza y, con ellas, como encarnaciones, su conspicuo cortejo terrenal, el Amor, la Felicidad, el Arrebato, la Rebeldía y la Muerte”.


(De Breviarium vitae)

jueves, 16 de febrero de 2017

Kafka en Isla Decepción


"Bajo la Torre de la Pólvora acabo de ver escabullirse, aérea y espectral, con gabán de vampiro y borsalino flexible, la sombra filosa de Franz Kafka. Ha escapado a buen paso, casi corriendo, hacia la calle Celetná.
Kafka es uno de los fantasmas más populares de Praga. No merece la pena siquiera reseñarlo. No es raro ver su sombra bajando del tranvía, sentada en un banco en la Staroměstská, la cabeza agachada y jugando con las manos, girando nerviosamente los pulgares. O, bajo la campanita de piedra de la plaza, consultar su reloj de bolsillo con asfixiada ansiedad. O caminar hacia los altos del Belvedere en compañía de un amigo de aire sonámbulo”.

Rafael Fombellida (Isla Decepción, pág. 52, Pre-Textos, 2010)